Isaac Y Rebeca Una Historia De Amor - Por Saúl Guevara (Estudio No. 800)

 


Esta historia comienza en Génesis 24, (léelo antes de continuar), ahí Abraham se da cuenta que tiene que buscarle una esposa a su hijo Isaac, que tenía 40 años de edad y comisiona a su siervo para encontrarle una esposa a su hijo.

 Ahora bien, como todo padre de familia Abraham se trata de asegurar de que no se trate de cualquier mujer. Así instruye a su siervo a ir donde vive su familia para encontrar una mujer, pues no podía ser una mujer de los cananeos que habitaban entre ellos en aquel tiempo. Para él era vital encontrar una mujer que sirviera al mismo Dios.

 Así que el siervo emprendió un largo viaje para buscar una esposa para el hijo de su señor. Este siervo se encontraba completamente solo y sin ayuda para esta misión, él sabía que la tarea no era sencilla, y probablemente llegó a sentirse confundido y hasta tal vez perdido como para saber, siquiera, por dónde empezar… así que, hace lo que ha visto hacer a su señor: se pone a orar.

 Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi señor Abraham. He aquí, estoy de pie junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua. Que sea la joven a quien yo diga: “Por favor, baje su cántaro para que yo beba”, y que responda: “Beba, y también daré de beber a sus camellos”, la que Tú has designado para Tu siervo Isaac. Por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor. Y sucedió que antes de haber terminado de hablar, Rebeca…salió con el cántaro en su hombro (Genesis 24:12…15).

 Ahora bien, para la hermana lectora casadera que nos lee, es muy probable que su oración por un esposo no sea respondida antes de que haya dicho “amén” como en esta historia; pero es un buen recordatorio de que debemos orar por un esposo antes de conocer a alguien y no comenzar a orar una vez que conocemos a alguien para que ese muchacho sea nuestro esposo.

 Ahora, vamos a conocer a esta mujer que estaba sacando agua del pozo, Rebeca. Este día era probablemente igual que cualquier día normal para ella. Ella estaba haciendo sus tareas cotidianas. A medida que Rebeca se acerca al pozo para llenar su cántaro, el siervo de Abraham (un extraño) se acerca a ella para beber agua, y ella rápidamente le insta a beber.

 Lo que ella hace después es asombroso, pues también le ofrece agua a sus diez camellos (v. 19). Darles agua a los camellos no es una tarea pequeña; un solo camello puede beber 200 litros (53 galones) en tres minutos. ¡Eso habla de un corazón de sierva! Ella hizo exactamente todo aquello por lo que él había orado.

 Aparte hay que considerar que ella no se ofreció a servir a un hombre por el que estuviera interesada; a Isaac, ni siquiera lo había visto aún. Ella se ofreció a servir a un extraño mientras terminaba con sus tareas diarias.

 Solamente Dios pudo haber dirigido la historia de una manera tan perfecta, ya que resulta que Rebeca pertenecía a la familia de Abraham. ¡Realmente, podemos decir que Él es el verdadero casamentero!

 «Ella le respondió: “Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a luz a Nacor”» (v. 24).

 Así que el siervo va a la casa de ella para contarle a toda su familia acerca de Abraham y de cómo Dios le ha dirigido a su propósito (vv. 29-49).

 ¿Dónde estaba Isaac en todo esto?

 Leemos que él era un hombre trabajador y que también pasaba tiempo de meditación con Dios (v. 63). Isaac había venido a Beer-lajai-roi, pues habitaba en la tierra del Neguev. Y por la tarde Isaac salió al campo a meditar. Alzó los ojos y vio que venían unos camellos. Rebeca alzó los ojos, y cuando vio a Isaac, bajó del camello, y dijo al siervo: “¿Quién es ese hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?”. “Es mi señor”, le respondió el siervo. Y ella tomó el velo y se cubrió. El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho (vv. 62-66).

 “Entonces Isaac la trajo a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca y ella fue su mujer, y la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre” (v. 67). Las Escrituras no nos dan muchos detalles de la boda, pero sí leemos que Isaac amó a Rebeca.

 ¿Isaac amó a Rebeca a primera vista? No podemos estar seguras de eso, pero la forma en que las Escrituras nos cuentan cómo se conocieron, pareciera como si ellos hubieran sido felices para siempre...

 ¿Qué es realmente ser felices para siempre?

 La historia de Isaac y Rebeca comenzó de una manera maravillosa, pero a medida que continúas leyendo, en los capítulos siguientes de Génesis, ves que definitivamente no todo es color y olor a rosas.

 Hay una lucha por tener hijos durante los primeros veinte años de su matrimonio. Hay favoritismo con sus gemelos. Hay deshonestidad y engaño entre el marido y la mujer.

 Ellos debieron haber puesto su confianza en la total certeza de la fidelidad de Dios a la hora de escribir la historia de ambos. Era tan claro que ellos tenían que ser el uno para el otro y Dios hizo que así sucediera “Del Señor ha salido esto” (v. 50). El haber tenido bebés no resolvió sus problemas y mostrar favoritismo con sus hijos en un intento de sustituir lo que faltaba en su relación tampoco funcionó.

 La historia de Isaac y Rebeca nos recuerda lo siguiente: hallar un esposo no nos satisfará completamente en la vida ni nos evitará las luchas que esta trae consigo.

 De lo anterior de esta historia hay que aprender que tratar de intervenir en cómo tiene que ser el amor en mi vida, solo se hace daño a uno mismo. A medida que he crecido en mi relación con Dios, he experimentado un amor verdadero que satisface mis anhelos y necesidades más profundas, algo que nadie puede hacer. La certeza del amor de Dios me motiva a amar a los demás sin importar las dificultades.

 Y tú mi hermana casadera, ¿estás orando por el amor verdadero que solo Dios puede dar?

S.A.G. – 01 –SEP – 2024

(Estudio No. 800)

 

 

 

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