Hechos 3:6 “…pero lo que tengo te doy. En el nombre de
Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!”
Para efecto de mejor comprensión y ubicación, es
recomendable el leer Hechos 3:1…10.
A veces pensamos que impactar algo que nos rodea dentro
del ámbito en que nos desempleamos necesita de mucho cuando en realidad empieza
y requiere de muy poco, creo que lo que está a tu disponibilidad es suficiente.
Este relato nos habla del segundo milagro que hicieron
los discípulos después de la ascensión del Señor. El primero que leemos en
Hechos 2. fue el hablar en lenguas inteligentes sin conocerlas. Y notemos que,
debido al primer milagro, tres mil personas fueron salvas. Hechos 2:41. Ahora en
este segundo relato, nos habla que, debido a la sanación de aquel hombre cojo
delante del Templo a las tres de la tarde, cinco mil personas fueron salvas y
bautizadas. Hechos 4:4
Lo que me ha parecido relevante en esta ocasión es la
frase que Pedro expreso al cojo: “…lo que tengo te doy”. El cojo le estaba
pidiendo limosna, que es algo físico, y podría ser, dinero. Pero ni Pedro ni Juan tenían dinero para darle.
Le dieron de lo que tenían. Y le dieron lo mejor que podían darle. La sanación
de su problema. El cojo estaba allí, sentado a la puerta llamada La Hermosa.
Nos dice el Ver.2: “Y era traído un hombre cojo de
nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la
Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo”.
Notamos que era un hombre totalmente dependiente. Le
llevaban y le traían. No se valía por sí mismo. Un hombre sin esperanza de
andar en toda su vida. Era cojo de
nacimiento. Toda su vida la había vivido esperando que le llevasen y le
trajesen. Y esa era su esperanza también para el resto de su vida.
Pero en este hombre se cumplió la palabra que dice el
Señor: Pedid y recibiréis. Este hombre recibió tras haber pedido. Sin embargo,
no recibió lo que pedía. Él pedía dinero, pero recibió algo mucho mejor de lo
que pedía. ¡Fue sanado! Pedro y Juan no tenían más que una cosa: El poder de
Dios para sanarle.
“No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el
nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”.
Este hombre puede ser como cualquier tipo del hombre de
hoy. Un hombre dependiente de las religiones que le llevan y le traen; un
hombre esclavo de su mal.
La religión solamente le llevaba a la puerta del Templo.
No le podía llevar a los atrios de Dios. Impedido como estaba, tenía que
conformarse con lo que hacían con él.
De igual manera amigos lectores, estamos en un mundo sin
esperanza. Un mundo que se tiene que conformar con estar a la puerta del
Templo. A las puertas hermosas de la religión. Y que nunca entra en la
presencia de Dios.
Sin embargo, este mundo puede recibir algo mucho más
importante que el dinero, el poder y la fama.
El poder para ser independiente de sus pecados, de sus egoísmos, de sus
intereses materiales. Puede recibir el don de la salvación que le liberta de
sus ataduras y le hace libre. ¡Verdaderamente libre! El Señor dijo: “y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Y también: “Así que, si el
Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.
El hombre pedía dinero, lo que Pedro y Juan no tenían.
Pero lo único que tenían era precisamente lo que necesitaba. El poder de Dios
que está en el Hijo para dar libertad a los cautivos.
Es cierto que la gente en nuestro país y en el mundo, no
anda pidiendo limosnas, aunque si hay algunos. Una cosa es lo que pide y otra
muy distinta, lo que realmente necesita. Nosotros podemos y debemos hacer lo
que hizo Pedro: “lo que tengo te doy”.
Y ¿qué es lo que tenemos?
·
No
tenemos oro ni plata, pero tenemos a Jesús de Nazaret.
·
Tenemos
el evangelio que es poder de Dios para salvación.
·
Tenemos
las buenas nuevas de salvación para este mundo sin esperanza. Conocemos al
Cristo de toda esperanza, en quien hay poder para libertad de la esclavitud.
Amados, alrededor nuestro hay muchos que están pidiendo
con gritos silenciosos alguna limosna: Un poco de comprensión, un poco de
atención, un poco de amistad… Pero
nosotros, además de todo esto podemos darles algo mucho mejor. Algo que
tenemos. El evangelio de la salvación. Todos tenemos gente alrededor nuestro:
vecinos, familiares, compañeros de Colegio, de Instituto, de Universidad, de
trabajo… Es necesario que oigamos que están pidiendo. Es cierto que no piden lo
que realmente necesitan.
Bueno es que pensemos en alguien por unos momentos,
Alguien que sabes que está pidiendo en silencio. Y oremos por él o ella unos
momentos. Y luego vayamos a ellos para darles lo que necesitan.
Este milagro es particularmente apropiado en reunir todos
los elementos y características, mostrando así cómo son los milagros de verdad
en la Biblia. Así se puede notar claramente la diferencia con los “supuestos milagros
realizados hoy día”. Si los milagros, que “dice la gente que suceden hoy día”,
no son iguales a los de la Biblia, si no reúne las mismas características, son
falsos. Uno no tiene que saber por qué son falsos, solo hay que saber cuáles
son los verdaderos y rechazar los falsos. A manera de ilustración: Lo mismo
haría uno con un billete falso hoy día, uno no tiene que entender por qué es
falso, solo hay que reconocer cuál es verdadero, por sus características.
El que cree en Dios, no duda de los milagros de la Biblia.
S.A.G.
– 29 – SEP – 2024
(Estudio
No. 804)
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