La amargura es como una planta que va creciendo en
nuestro corazón y va echando raíces, hasta que te das cuenta que ha crecido
demasiado y es muy difícil (aunque no imposible) de erradicar.
La amargura es un descaro rencoroso que se traduce en una
intensa discordia o aversión hacia los demás.
La Biblia nos dice: "Quítense de vosotros toda
amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia". Y a
continuación nos dice cómo lidiar con esa amargura y sus frutos, siendo
"benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo " (Efesios 4:31…32).
Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta que la amargura
es parte nuestra.
Pablo dice que se abandone toda amargura y que seamos
bondadosos y compasivos unos con otros. Pero, antes de poder deshacernos de la
amargura es necesario comprender lo que es y reconocer que se encuentra allí.
Es relativamente fácil ver cuando otras personas están
amargas. Pero no es tan fácil reconocer este mal en nosotros mismos. Por eso, es
importante comprender la definición bíblica de este problema.
Mas sin embargo la persona que es amargada a menudo es:
·
resentida
·
cínica o
insolente
·
cruel e
indiferente
·
La
amargura viene acompañada de ciertos peligros
·
perjudica
la salvación
·
roba el
entusiasmo de vivir
·
despierta
envidia y celos
·
se
apodera de la persona un espíritu que se niega a la reconciliación.
La persona que esta amargada se resiste a aceptar que la
amargura es parte de su vida, generalmente se mantiene en negación por mucho
tiempo. Como resultado, la amargura conduce a la ira, que es la explosión
externa de los sentimientos internos. La amargura nos convierte en una persona
sarcástica y déspota.
Cualquier expresión de estas características es pecado
contra Dios; son características de la carne y no de su espíritu (Gálatas 5:19…21)
Como adjetivo, la palabra amargo puede significar,
"afilado como una flecha o picante al gusto, desagradable, venenoso".
La idea es la del agua amarga que se le da la mujer sospechosa de haber
cometido adulterio en Números 5:18: "las aguas amargas que acarrean
maldición". En su sentido figurado, la amargura se refiere a un estado
mental o emocional que corroe o "carcome". La amargura puede afectar
a alguien que experimenta una profunda tristeza o cualquier cosa que actúa
sobre la mente, de la misma forma como el veneno actúa sobre el cuerpo. La
amargura es ese estado mental que intencionalmente se aferra a los sentimientos
de enojo, listo para ofenderse, capaz de estallar en ira en cualquier momento.
El principal peligro de sucumbir a la amargura y permitir
que gobierne nuestros corazones, es que es un espíritu que se niega a la
reconciliación. Como resultado, la amargura conduce a la ira, que es la
explosión externa de los sentimientos internos. Esa ira y enojo desenfrenado, a
menudo conducen a la "riña", que es el egoísmo impulsivo de una
persona furiosa que necesita que todo el mundo escuche sus quejas. Otro mal
provocado por la amargura, es la calumnia. Tal como se usa en Efesios 4, no se
está refiriendo a la blasfemia contra Dios, o simplemente una calumnia contra
los hombres, sino cualquier comentario que brota de la ira y está pensado para
herir o lastimar a otros.
Todo esto conduce a un espíritu de maldad, que simboliza
una mentalidad perversa o sentimientos de odio intenso. Esta clase de actitud
es carnal y diabólica en sus influencias. La maldad es un intento deliberado de
dañar a otra persona. Por lo tanto, "toda forma de maldad" debe
desaparecer (Efesios 4:31).

La persona que es amargada a menudo es resentida, cínica,
cruel, indiferente, implacable y desagradable como para estar con ella.
Cualquier expresión de estas características es pecado contra Dios; son
características de la carne y no de Su Espíritu (Gálatas 5:19…21). Hebreos
12:15 nos advierte: "Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la
gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella
muchos sean contaminados". Siempre debemos tener cuidado de no permitir
que las "raíces de amargura" crezcan en nuestros corazones; esas
raíces harán que estemos lejos de la gracia de Dios. Dios desea que Su pueblo
viva en amor, gozo, paz y santidad; no en amargura. Por tanto, el creyente debe
siempre vigilar diligentemente, estando en guardia contra los peligros de la
amargura.
¿Por qué rechazar la amargura?
Debemos rechazar la amargura porque esta perjudica
nuestra relación con Dios, y la Biblia nos enseña que una raíz de amargura nos
puede robar la salvación.
Hebreos 12:15 dice; Mirad bien, no sea que alguno deje de
alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe,
y por ella muchos sean contaminados;
Dios desea que vivamos en amor, paz y gozo. Para eso es
necesario que rechaces toda amargura y te vistas de la humildad de Jesús
optando por perdonar y creer que tu vida está en las manos de Dios.
S.A.G.
– 20 – OCT – 2024
(Estudio
No. 807)
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