Exterminando La Preocupación - Por Saúl Guevara (Estudio No. 808)

 


 "Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría" Salmo 94:19 NVI

 Vivimos en una época en la que la presión alta y el paso rápido del tiempo, nos han atrapado entre las bebidas frías, el chicle y pastillas para sanar. Somos una generación que come rápido el desayuno o lo lleva para comer en el ir de prisa a la oficina o negocio, de regresar a casa a través de mucho tráfico o un aglomerado autobús, que mira por largo tiempo la televisión y toma una pastilla para la gastritis para luego irse a acostar. Vivimos en un caldo de stress y preocupaciones.

 Pero Dios nunca dijo que quería a sus fieles mostrándose o siendo almas derrotadas y desanimadas, buscando en vano paz de corazón y de mente. Sin embargo, parece que los cristianos somos propensos a la enfermedad de la preocupación. Y es que hemos hecho de los quehaceres de la vida una preocupación. Preocupaciones del hogar, del trabajo y del negocio, preocupación por la mala salud, problemas financieros todos producen bastante preocupación hoy día.

 Otra causa de la preocupación es un desconocimiento serio de la naturaleza de Dios. Vivimos de lo que nos predican y no nos gusta ahondar en la lectura bíblica, por lo tanto, muchos viven de la forma en que el predicador interpreto la Biblia y no de lo que Dios quiso decir.

 Jesús dice que no debemos afanarnos por el mañana. Él quiere decir que no debemos preocuparnos por el día de mañana, que debemos encomendar cada día en las manos de nuestro Padre celestial. Jesús dice que debemos recordar las aves y las flores. Dios provee por ellas y un Dios que cuida las aves ciertamente proveerá por los santos.

 La preocupación es una maldición, nunca mejora las cosas; Usualmente las empeora y daña a aquel que se preocupa. Mentalmente, él llega a ser incapaz de pensar y actuar con cuidado, porque llegan a controlar su mente.

 El desánimo y la preocupación nublan nuestra visión espiritual y debilitan nuestro deseo de orar y meditar. Jesús dice, “Pero los afanes de este siglo . . . ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mateo 4.19).

 En este mundo, más cuando somos cristianos, amigos y vecinos nos observan para ver como soportamos nuestras pruebas. Si ellos observan como algunos de nosotros nos preocupamos, andamos como alma en pena, perdimos esperanza y nos derrumbamos desesperados, como si no tuviéramos una fuente de ayuda, entonces ellos tienen todo el derecho de dudar la realidad de nuestra fe.

 La preocupación es dañosa también a la reputación de Dios como un Padre que realmente cuida a sus hijos. Dios es omnisciente. Él sabe todo. Ninguna necesidad puede venir en nuestras vidas que a Él le tomará por sorpresa.

 Las Escrituras ofrecen una vida de paz, una vida libre de preocupación. Jesús dice, “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido el mundo” (Juan 16.33).

 Los que están en Cristo pueden tener paz, primeramente, por medio de confiar. “Confiar” significa “Esperar con seguridad y credulidad que algo suceda o que alguien se comporte como se desea.” Uno no puede confiar en Dios y preocuparse al mismo tiempo. Los cristianos hemos de creer en la promesa de Hebreos 13.5…6 que dice, “Sean contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.”

Podemos tener paz por medio de orar. La Biblia dice, “Por nada estéis afanoso, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4.6…7). ¡Muchos se preocupan acerca de mañana como que Dios no contesta oración! Pero las Escrituras nos aseguran que podemos tener paz por medio de la oración.

 La oración no requiere un talento especial. No se requiere la experiencia anterior. La primera oración de un cristiano recién nacido puede ser tan eficaz que la oración refinada de un profesional. No se preocupe por nada, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego.

 Cuentan que un hombre caminaba al lado de una carretera y cargaba un saco de papas en la espalda. Otro hombre pasando en carreta le invitó a acompañarle en la carreta. El peatón subió la carreta y se sentó. Pero mantuvo el saco de papas en la espalda. El cochero notó que el hombre estaba incómodo y le dijo al peatón, “Pon el saco de papas en el piso de la carreta. No tienes que llevarlo en sus hombros.” “Oh no, señor”, respondió, “Es muy amable de usted ofrecernos este jalón, pero es demasiado hacer que esos caballos carguen el pesor de estas papas también.” Hay muchos hijos de Dios como ese hombre. El Señor le está llevando, pero él no deja que el Señor lleve sus cargas. Eche todas sus cargas en el Señor. Deje que Él lleve su carga pesada.

 Por otro lado, escuche una historia en la que una niña estaba perdida en el bosque. Ella andaba todo el día, escuchando sus propios sollozos, el susurro de las hojas bajo sus pies y los palos al desgarrar su ropa. Por fin, totalmente cansada, ella se sentó. Entonces, en la calma ella escuchó los llamados de sus salvadores. Ella tal vez hubiera podido escucharlos antes si ella hubiera estado quieta porque ellos le habían estado buscando y llamando todo el día.

 Muchas veces si nosotros dejáramos de quejarnos, podríamos escuchar a Cristo llamándonos a la paz y al servicio. Nosotros podríamos escucharle llamándonos de las distracciones del mundo a la realidad eterna de su presencia.

 Dios guía nuestro universo inmenso en su viaje espacial y sabe cuándo se cae un pájaro y que ve cada pelo que se cae de nuestra cabeza, Él controla todo. Sin embargo, si usted no es un cristiano, tiene algo por lo cual preocuparse. La Biblia dice “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10.31). Usted puede tener la paz que sobrepasa todo entendimiento si usted entrega su propia voluntad inquieta a la voluntad de Dios e inclinarse en sumisión a Jesucristo (Juan 6.47). Y si usted ya es cristiano… demuéstrelo, confíe en su Dios. Demuéstrelo con verdadera fe, “que es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.”

S.A.G. – 27 – OCT – 2024

(Estudio No. 808)

 

 

 

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