Nadie, a acepción que este mintiendo, puede decir que
nunca se ha sentido agobiado por una carga; todos experimentamos esos momentos
cuando nuestra paciencia y esperanza se agotan y sentimos desfallecer ante el peso
de las responsabilidades. Estamos como dicen “por tirar la toalla” sentimos ser
impotentes, desanimados y estamos a punto de salir huyendo como una manera de
salir de escapar de nuestros problemas. Al experimentar lo anterior, ¿a dónde acude?
¿Busca un escape? ¿Dónde busca alivio?
En el Antiguo Testamento, el mensaje de Dios que recibía
el profeta era llamado profecía o carga; creaba en el profeta una impresión de
peso, necesidad y responsabilidad de difundir a los otros las palabras recibidas
y como esos mensajes venían del Señor, quedaron escritos en la Biblia.
Al vivir en un mundo caído, a todo momento estamos
expuestos a pruebas. Estas vienen de varias maneras, tales como problemas
económicos, familiares, laborales, de salud, abusos, errores y pecados del
pasado o la muerte de un ser querido. Estas pruebas pueden hacernos sentir más
cargados de lo que podemos soportar.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y
yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El Hijo del Dios quien es magnificente
sobre todo lo que existe y tiene el poder, está dispuesto y puede ayudarnos. No
hay nada difícil para Él.
Esta invitación es para creyentes y no creyentes. A los
que no creen, les ofrece salvación y a todos los que creemos en Él, nos ofrece
el perdón de los pecados, la justificación y la vida eterna. “Quien llevó él
mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando
muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis
sanados” (1 Pedro 2:24).
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí… porque
mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29…30). El yugo es una pieza de
madera que se coloca sobre el cuello de dos bueyes, para distribuir el peso y
avanzar al mismo ritmo. En el tiempo de Jesús, se vivía bajo el yugo religioso
de los fariseos, los que imponían cargas pesadas de legalismo que ni siquiera
ellos mismos podían cumplir. El Señor declaró, que aquellos que estuvieran
agotados por esas cargas legalistas, tenían la opción de intercambiar yugo al
tomar el suyo y aprender de Él.
“que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Él nunca
condena, ni aleja a sus discípulos que vienen ante su presencia en tiempo de
necesidad (Juan 6:37). Nos trata con amor y se humilla para ayudarnos a llevar
nuestras pesadas cargas.
“y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).
Cuando confiamos en Jesús para salvación y llevar nuestras cargas, Él nos da la
seguridad de la vida eterna y llena de paz nuestros corazones. El mantener la
mirada en el Señor, reemplaza la tempestad, el miedo, la ansiedad, el enojo y
la frustración. Nos ayuda a llevar las cargas, para que no sentirlas pesadas. Nuestras
almas estarán en paz, pues confiamos en el Señor incluso ante lo que no
comprendemos.
¿Qué papel juega su mente en este proceso?
¿Qué debe hacer para dejar de pensar en la carga y poner
su mirada en el Señor?
En ocasiones se nos hace difícil entregarle las cargas a Dios porque queremos mantener el control. Pero… ¿Prefiere tener el control o la paz de su alma?
S.A.G.
– 13 – OCT – 2024
(Estudio
No. 806)


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