Ya No Soportas La Carga - Por Saúl Guevara (Estudio No. 806)

 


Nadie, a acepción que este mintiendo, puede decir que nunca se ha sentido agobiado por una carga; todos experimentamos esos momentos cuando nuestra paciencia y esperanza se agotan y sentimos desfallecer ante el peso de las responsabilidades. Estamos como dicen “por tirar la toalla” sentimos ser impotentes, desanimados y estamos a punto de salir huyendo como una manera de salir de escapar de nuestros problemas. Al experimentar lo anterior, ¿a dónde acude? ¿Busca un escape? ¿Dónde busca alivio?

 Mateo 11.28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.

 Recordemos que, al momento de esta expresión de Jesús, se dirigía a personas que pasaban en su vida momentos difíciles; en aquellos momentos estaban siendo oprimidos por Roma, muchos de ellos viviendo en situación de pobreza y hasta esclavitud. El judaísmo había cambiado y era religión legalista, con cargas pesadas.

 Y aun en nuestro tiempo existen muchos que se sienten angustiados, abrumados, preocupados, oprimidos, ... algunos a punto de darse por vencidos.

 La Biblia contiene dos clases de cargas:

 1.    La carga del Señor.

En el Antiguo Testamento, el mensaje de Dios que recibía el profeta era llamado profecía o carga; creaba en el profeta una impresión de peso, necesidad y responsabilidad de difundir a los otros las palabras recibidas y como esos mensajes venían del Señor, quedaron escritos en la Biblia.

 Hoy, Dios nos habla por la Biblia y muchos al leerlos sienten una inquietud por orar o ayudar a personas que el Espíritu del Señor pone en nuestros corazones. A veces sentimos que debemos compartir el evangelio con alguien. Ese llamado produce en nosotros una inquietud espiritual urgente y una responsabilidad parecida a la que tenían los profetas. Estos son métodos que el Señor usa para que ministremos a nuestros hermanos.

 2.    Cargas domésticas.

Al vivir en un mundo caído, a todo momento estamos expuestos a pruebas. Estas vienen de varias maneras, tales como problemas económicos, familiares, laborales, de salud, abusos, errores y pecados del pasado o la muerte de un ser querido. Estas pruebas pueden hacernos sentir más cargados de lo que podemos soportar.

 Pero Jesucristo ofrece solución:

 1. La invitación.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). El Hijo del Dios quien es magnificente sobre todo lo que existe y tiene el poder, está dispuesto y puede ayudarnos. No hay nada difícil para Él.

Esta invitación es para creyentes y no creyentes. A los que no creen, les ofrece salvación y a todos los que creemos en Él, nos ofrece el perdón de los pecados, la justificación y la vida eterna. “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

 Una vez que somos creyentes el Señor ya llevó nuestros pecados en la cruz, también llevará nuestras cargas. Por eso nos invita a venir ante Él con todo aquello que nos hace sentir abrumados.

 En oración humillémonos ante el Señor reconozcamos nuestras debilidades, contémosle aquello que nos agobia y pidamos que nos ayude. Depositemos en Él nuestras cargas y en lugar de enfocarnos en la dificultad, pongamos nuestra mirada en Cristo.

 Pongamos nuestra ansiedad sobre Él, pues nos cuida (1 Pedro 5:7). También promete sustentarnos en todo momento para que no caigamos (Salmo 55:22). Quizás no nos quite la carga que nos agobia, pero nos fortalecerá para que podamos sobrellevarla.

 2.    La Orden.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí… porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:29…30). El yugo es una pieza de madera que se coloca sobre el cuello de dos bueyes, para distribuir el peso y avanzar al mismo ritmo. En el tiempo de Jesús, se vivía bajo el yugo religioso de los fariseos, los que imponían cargas pesadas de legalismo que ni siquiera ellos mismos podían cumplir. El Señor declaró, que aquellos que estuvieran agotados por esas cargas legalistas, tenían la opción de intercambiar yugo al tomar el suyo y aprender de Él.

 Para tomar su yugo, debemos confesar nuestros pecados y reconocer que Cristo es nuestro Señor y Salvador. Cuando somos confrontados por las cargas diarias, Él nos ayuda a enfrentarlas y nos muestra cómo mantener nuestra paz y confianza para que esas cargas no se vuelvan insoportables.

 3.    La convicción.

“que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Él nunca condena, ni aleja a sus discípulos que vienen ante su presencia en tiempo de necesidad (Juan 6:37). Nos trata con amor y se humilla para ayudarnos a llevar nuestras pesadas cargas.

 4. La promesa.

“y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Cuando confiamos en Jesús para salvación y llevar nuestras cargas, Él nos da la seguridad de la vida eterna y llena de paz nuestros corazones. El mantener la mirada en el Señor, reemplaza la tempestad, el miedo, la ansiedad, el enojo y la frustración. Nos ayuda a llevar las cargas, para que no sentirlas pesadas. Nuestras almas estarán en paz, pues confiamos en el Señor incluso ante lo que no comprendemos.

 Lo primero que debemos hacer cuando sentimos que las cargas de la vida están muy pesadas, es venir ante Él, llevar su yugo y aprender de Él. Sin importar lo que enfrentemos, el Señor provee consuelo y fortaleza.

 Como creyentes hemos sido llamados a servirnos unos a otros, y parte de ese servicio consiste en apoyarnos con las cargas (Gálatas 6:2). Incluso el Señor Jesús les pidió a tres de sus discípulos más cercanos que oraran con Él en el huerto de Getsemaní (Mateo 26:36…38). Cuando buscamos ayuda en otros creyentes, nuestras cargas se aligeran y ambas partes somos bendecidas.

 ¿Le ha entregado alguna carga al Señor, pero al terminar de orar vuelve a sentirla?

¿Qué papel juega su mente en este proceso?

¿Qué debe hacer para dejar de pensar en la carga y poner su mirada en el Señor?

En ocasiones se nos hace difícil entregarle las cargas a Dios porque queremos mantener el control. Pero… ¿Prefiere tener el control o la paz de su alma?

S.A.G. – 13 – OCT – 2024

(Estudio No. 806)

 

 

 

 

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