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La Niñez Principal Responsabilidad De Los Padres – Por Saúl Guevara

 

"Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella" Hebreos 12:11 NVI

 Nuestra cultura no acepta la autoridad. No es solo que no nos gusta estar bajo autoridad; tampoco nos gusta ser autoridad. Uno de los lugares donde esto se hace más evidente es el hogar. Necesitamos un entendimiento bíblico de la autoridad.

 Como padre o madre, tienes la autoridad, porque Dios te ha llamado a ser una autoridad en la vida de tu hijo. Ese hijo no decidió venir a este mundo por iniciativa propia, lo trajiste tu. Por tanto, tienes la obligación ineludible de actuar como representante de Dios. Un padre o una madre no ejerce gobierno en la jurisdicción suya, sino en la de Dios, por lo cual actúa de acuerdo a Sus mandamientos, cumple el deber que Él le ha dado. No debes tratar de moldear a tus hijos como te parece, sino como Dios dice.

 Todo lo que hagas en tu tarea como padre debe ser hecho desde esta perspectiva. Debes tomar a tu cargo toda la instrucción, el cuidado y la crianza, la corrección y la disciplina, porque Dios te ha llamado a esto y debes actuar con la convicción de que Él te ha llamado a actuar en Su nombre.

 La etapa cronológica de la niñez que cada niño vive, en cuanto a tiempo, es un período breve en comparación con el resto de la vida, pero también es un período muy exigente y de mucho cuidado, dándole mucho valor a la inversión de tiempo que este conlleva, pues, aunque cada niño lo vive en su espacio, este habrá de hacer la diferencia en el tipo de vida que se habrá de vivir. “Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto” Genesis 18:19 NVI

 Los daños y beneficios vividos en el tiempo de la niñez siguen acompañándolos por toda la vida.

 Cuando hablamos de lo formativo en el niño, tiene que ver con los hábitos y costumbres que se van adquiriendo para que la vida sea productiva y gratificante hasta el último día que Dios le conceda vivir.

 Cuántos de nosotros podemos hacer una retrospección, recordar la época de la niñez y una sonrisa de gratificación se nos pinta porque nuestros mayores tomaron el tiempo y el cuidado para que no solo fuera gratificante y divertida, sino que el aprendizaje que pudimos asimilar lo podemos usar para pasar el legado a una nueva generación. También posiblemente están aquellos que cuando recuerdan su niñez, recuerdan una nebulosa de tiempos tristes y talvez desagradables porque no tuvieron el cuidado y atención de las necesidades básicas que todo niño necesita para que lo formativo sea el fundamento sobre el cual se edificara el resto de la vida.

 Cuántos adultos de nuestros días (claro, no todos, pero una buena cantidad), si pudieran, quisieran regresar y reconstruir su niñez para quitar traumas de los que no se han podido deshacer. Como eso no es posible, se debe reestructurar la vida, y si hace falta tener la ayuda necesaria para que no nos afecte, sino que nos permita trazar un nuevo horizonte.

 Sin lugar a duda, es responsabilidad de cada adulto que hoy está acompañando a un niño estar con la apertura y disponibilidad de ser un agente propositivo para que los niños que están en su derredor visualicen un porvenir lleno de retos y desafíos que habrán de hacer realidad todos los sueños que lleva en su corazón.

 Debería ser la meta de cada generación, crear los medios y las alternativas para que cada nueva generación de niñez no simplemente tenga cubierta sus necesidades básicas, sino mucho más para que nuestras sociedades en lugar de ir en decadencia puedan revertir el proceso y podamos ofrecer otras alternativas.

 Es tan fácil gratificar a un niño con un dulce o con un momento de distracción por un momento, que no es que sea algo malo, sino que no debe ser lo único. Además de ello debemos crear puentes para que ellos, con mayor facilidad que nosotros, los puedan cruzar y así alcanzar metas que posiblemente nosotros nunca soñamos. Esto implica que se le debe permitir a cada niño soñar y no ser de los que, con una mirada de adulto o una frase muy lógicamente elaborada, les desbaratemos las fantasías infantiles que tienen. 

Deberíamos hacer los ensayos mentales necesarios para poder tener la habilidad de pintarles panoramas, sin negar la realidad de nuestros tiempos y las limitaciones que a todos nos tocan vivir, de los cuales ellos no son ajenos, que posiblemente para ellos, en su sencillez infantil, puedan representar alternativas que nosotros no conocemos. En este universo que estamos no todo se ha dicho y no todo se ha inventado, nuestros niños pueden ser los que tengan algo nuevo que aportar.

Deuteronomio 6 resalta esta perspectiva de la responsabilidad de los padres. En el versículo 2, Dios dice que su meta es que los israelitas, sus hijos y sus nietos teman al Señor guardando Sus decretos. Los padres son las personas por medio de las cuales los decretos de Dios son comunicados, a quienes Dios llama a formar a los hijos cuando se sientan en casa, cuando andan en el camino, cuando se acuestan y cuando se levantan. Dios tiene un objetivo: Él quiere que una generación siga a la otra en Sus caminos. Dios logra este objetivo por medio de los padres.

 Efesios 6:4 nos manda a criar a los hijos en la instrucción y el temor del Señor. Este es un mandato a proveer una formación esencial e impartir la instrucción del Señor; a funcionar en el nombre de Dios.

 Comprender este simple principio te ayudará a pensar claramente sobre tu tarea. Si eres un agente de Dios en esta tarea de proveer una formación esencial y la instrucción del Señor, entonces también eres una persona bajo autoridad. Tú y tu hijo están en el mismo bote, pues ambos están bajo la autoridad de Dios. Ambos tienen diferentes papeles, pero el mismo Amo.

 Si dejas que una ira pecaminosa empañe el proceso de la disciplina, estarás mal y deberás pedir perdón. Tu derecho de disciplinar a tu hijo está ligado a lo que Dios te ha llamado a hacer, no a tu propia agenda.

S.A.G. – 24 – OCT – 2022

 

 

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