Páginas

Que Amargura – Saúl Guevara

 

Dios mío, cuanta amargura es derramada utilizando las redes sociales, cristianos o no cristianos derramando su amargura… 

 ¿No será usted, alguno de ellos?

 Hebreos 12:15 NVI "Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos"

 La “amargura” está generalmente asociada con la agresividad y el rencor. Muchas veces la amargura es el resultado de un resentimiento. Se vive una ofensa, al no perdonar la ofensa se convierte en ira o en dolor, y esto se convierte en odio. Este odio se convierte en amargura, que es la aflicción del alma. Nadie puede ser feliz o tener paz si su corazón está lleno de amargura.

 Es un sentimiento de frustración, resentimiento, falta de perdón, tristeza, rencor, que es duradero; se produce principalmente por alguna desilusión, o quizás una injusticia de la cual hemos sido víctimas. La Biblia nos dice: “Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia”

 Muchos hermanos, quizás amargados, en repetidas ocasiones me escriben e increpan a que como sé las cosas y siempre contesto que simplemente escribo lo que veo, sé u oigo, de ese accionar puedo apuntar ocho actitudes comunes en las personas amargadas y si usted se identifica con alguna, no pelee conmigo, pida al Espíritu Santo que consuma esa raíz de amargura; veamos esas ocho actitudes:

1. Mensajes autodestructivos

2. Pensar que lo vas a hacer mal

3. Las comparaciones nunca fueron buenas

4. La idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor

5. La culpa de (todos) mis problemas, es de los demás

6. El victimismo como modo de vida

7. Regodearse en la culpa

8. El miedo al fracaso y a cometer errores

 En una persona amargada, los motivos para ello, son variados pues cosas como la falta de afecto en la infancia, muertes de seres queridos o cualquier catástrofe de carácter personal ha podido marcar una huella profunda en la vida de una persona. Cabe mencionar que un único hito no cambia a una persona, pero sí la acumulación de ellos. siempre hemos de estar seguros que: Un amargado no nace, se hace.

 ¿A quién no le han herido las acciones o las palabras de otra persona? Tal vez uno de tus padres te criticó constantemente cuando crecías, un colega saboteó uno de tus proyectos o tu pareja te engañó. O quizás tuviste una experiencia traumática, como abuso físico o emocional de parte de una persona en quien confiabas. Esas heridas pueden causar sentimientos persistentes de resentimiento, amargura e ira, y, a veces, incluso odio. Pero si te aferras a ese dolor, quizá seas tú quien pague el precio más alto, mueras amargado y sin salvación.

 El cristiano siempre anhela el perdón de Dios, pero no todos han entendido la parte de la palabra que dice “perdónanos como nosotros perdonamos a nuestros deudores” … Todos queremos ser perdonados por Dios, pero…  ¿sabemos perdonar?

Perdonar significa diferentes cosas para las distintas personas, pero, en general, implica una decisión intencional de dejar atrás el resentimiento y la ira.

 Es posible que nunca olvides la acción que te hirió u ofendió, pero esforzarte en el perdón puede disminuir la influencia que esa acción tiene en ti. Puede ayudar a liberarte del control de la persona que te hirió. A veces, el perdón puede incluso derivar en sentimientos de comprensión, empatía y compasión hacia la persona que te hirió.

 Perdonar no significa olvidar o justificar el daño que te hicieron, ni reconciliarte con la persona que te causó el daño. Te trae un tipo de paz que te permite enfocarte en ti mismo y te ayuda a continuar con tu vida.

 Dejar atrás los rencores y la amargura puede dar lugar a mejor salud y más tranquilidad. El perdón puede llevar a lo siguiente:

·         Relaciones más sanas.

·         Mejor salud mental.

·         Menor grado de ansiedad, estrés y hostilidad.

·         Menos síntomas de depresión.

·         Disminución de la presión arterial.

·         Sistema inmunitario más fuerte.

·         Mejor salud del corazón.

·         Mayor autoestima.

 Como Cristo te ha perdonado a ti, así también tú debes perdonar. El perdón involucra una elección de tu parte. Debemos escoger el perdonar. Es posible que no sintamos deseos de perdonar a otra persona, pero Dios trata con nuestras elecciones, no con nuestros sentimientos.

 Puedes decir: “esa persona no pide perdón y ni siquiera admite que ha hecho mal. ¿Cómo puedo perdonarla?”

 Por lo que sabemos de las Escrituras, jamás vino nadie a Jesús para pedirle que perdonara sus pecados. Sin embargo, Jesús sí perdonó a la gente. Les perdonó de una manera muy especial. Les perdonó unilateralmente.

La palabra “unilateral” parece una palabra muy difícil, pero en realidad no cuesta entenderla. Significa “de un solo lado”. Perdonar a alguien unilateralmente significa que tú lo perdonas por tu lado, no importa lo que él haga. Puede ser que él te pida perdón y puede ser que ni siquiera sepa que necesita ser perdonado. Pero, de todas maneras, tú puedes elegir perdonarlo.

 Los que crucificaron al Señor Jesucristo no pidieron perdón, pero Jesús les perdonó de todos modos. Él oró: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El perdón fluyó de Su corazón para aquellos que no lo habían pedido ni lo merecían. Esto es el perdón unilateral.

 De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Cuando acudimos al Señor buscando la salvación. No pedimos Su perdón por cada pecado. Y sin embargo el Señor nos recibió y nos perdonó por cada pecado que habíamos cometido. Ahora nos manda perdonar a otros, tal como Él nos perdonó a nosotros. La Biblia dice: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” Colosenses 3:12…13.

 En cuanto a nuestra situación, no podemos cambiar los hechos. Lo que ha sucedido, ha sucedido y no podemos cambiarlo. Pero podemos confiar en que Dios hará algo bueno de la situación. Cuando creemos que Dios está usando todas las cosas, incluso aquellas que nos parecen malas, para nuestro eterno bien, podemos verlas de una manera diferente. Podemos realmente agradecerle a Dios por las cosas que nos han sucedido y ver como desaparece en nosotros aquella amargura que nos consumía.

S.A.G. – 29 – MAY - 2023

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario