La iglesia es cada uno de nosotros,
quienes sumamos y somos parte del cuerpo de Cristo. A veces mencionamos la
palabra iglesia para referirnos al templo, a la construcción, el recurso físico
para congregarnos, pero cuando la Biblia habla de iglesia se refiere a la
congregación, al pueblo del Dios, tal como 1 Corintios 12:12...27 lo explica.
Todos somos parte vital del cuerpo de Cristo, tenemos una función que nadie más
puede ejercer. Por eso somos diferentes y cada cual tiene habilidades
particulares. Imagina, sería extraño que nuestro cuerpo fuera un inmenso ojo o
una gran oreja, pero no es así, Dios nos ha diseñado íntegros, con pequeñas
partes que al relacionarse funcionan a la perfección. Así que el cuerpo de
Cristo está conformado por todas las iglesias o congregaciones que creen en Él
como Señor y Salvador. Por eso, debemos valorarnos, reconocernos y respetarnos.
Tú y cada uno de los hijos de Dios,
específicamente, fuimos llamados para formar parte de una congregación
especial. El Señor nos llevó a este lugar porque tenemos una función que
cumplir aquí. Hay una razón divina para formar parte de esta iglesia donde Él
te ha puesto. Así que intégrate con pasión a la iglesia y participa activamente
del trabajo que Él nos ha encomendado.
Al conocer cómo funcionaba la iglesia
primitiva, podemos descubrir los valores que les permitieron avanzar en esos
tiempos difíciles, cuando la fe en nuestro Señor Jesucristo era una pequeña
semilla que creció hasta alcanzarnos. La Biblia explica que los creyentes
perseveraban en el templo, daban alabanza a Dios y compartían en las casas con
alegría y sencillez. Entonces, Dios añadía a otros miembros para que la iglesia
creciera y diera fruto. Ellos cumplían su parte y el Padre cumplía la Suya. Así
es como funciona, cada cual se ocupa de lo que le corresponde y confía en la
obra del Señor.
Pertenecer a una congregación en
particular es un designio de Dios. Él nos ha guardado un lugar especial y nos
pide que no desmayemos, que seamos perseverantes en crecer y compartir en este
lugar. Él conoce lo que necesitas, lo que anhelas y sus planes se cumplirán en
la congregación donde ha deseado que te desarrolles.
Asistir a una iglesia y pertenecer no es
lo mismo. Asistir significa llegar, ocupar un asiento, escuchar, participar,
recibir y retirarse. Pero pertenecer a una iglesia es mucho más que asistir
porque implica una identificación y un compromiso con la visión que los líderes
han recibido de parte de Dios.
Nuestro Señor desea que pertenezcas a una congregación,
que establezcas vínculos de identidad y amor. Él definió a la iglesia con
autoridades para que el trabajo sea ordenado. Así ha sido siempre. Noé fue el
designado para dirigir la construcción del arca y los animales no habrían
subido a ninguna otra. Lo mismo sucedió con Moisés a quien Dios designó para
sacar al pueblo de la esclavitud. A él le hablaba y le daba instrucciones.
Reconocer que Dios nos colocó en una congregación implica respetar la autoridad
que ha designado en esta.
Reflexiona por un momento en todo lo que
has recibido de Dios a través de la iglesia donde te ha puesto. Has recibido
amor, fe, prosperidad, milagros, carácter, sabiduría, paz, diligencia,
convicción y compromiso.
Muchos dicen amar a la iglesia, pero en
los momentos de crisis desaparecen y volverán porque Dios nos quiere enseñar a
perseverar en la congregación que te ha puesto, porque ese es el lugar que Dios
ha diseñado para ti. Todo es cuestión de saber pertenecer a un lugar y escuchar
la voz del Señor.
Tú eres la iglesia. Eres parte de los
ojos, oídos, manos y corazón de Dios. No te avergüences de identificarte ante
el mundo como hijo de Dios y fiel seguidor de Sus instrucciones. Él te plantó
en la iglesia donde estás para que crezcas, te fortalezcas y produzcas mucho
fruto. Dale gracias por hacerte parte de Su iglesia, porque eres Su templo y
porque eres testigo de Su presencia. Asegúrale de ser perseverante en dar, en
crecer y en compartir lo que has recibido de Sus manos. Dile: "Gracias
Padre por hacerme parte de Tu cuerpo".
Aprendamos de nuestros antepasados Hechos
2:46...47 explica: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo
el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando
a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la
iglesia los que habían de ser salvos”
S.A.G. – 03 - JUL
– 2023
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