Lucas
19:3 “Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía,
pues era de baja estatura”
Encontramos
la conversación entre Jesús y Zaqueo en el Nuevo Testamento, en Lucas 19:1…10.
Ahí se nos cuenta cómo Zaqueo, el jefe de los recaudadores de impuestos de su
ciudad, se encontró con Jesús. Conocer a Jesús transformó su vida y en ese
momento Zaqueo decidió modificar su forma de vivir. Decidió corregir lo que
había hecho mal ante Dios y ante los demás.
Zaqueo
era un hombre rico. Él era un publicano, encargado de la recaudación de
impuestos de su ciudad. Los del pueblo lo detestaban, pues él trabajaba para
los romanos, la fuerza de ocupación. Para colmo, los recaudadores de impuestos
no eran muy honestos, acostumbraban cobrar más impuestos de lo que se suponía.
Aumentaban su riqueza personal a expensas del pueblo. Decir que un recaudador
de impuestos era rico, era igual a decir que era corrupto.
Un
día, Jesús pasó por Jericó de camino a Jerusalén. Zaqueo vivía en Jericó. Al
parecer, él había oído sobre los milagros de Jesús y anhelaba conocerlo. Pero
como Zaqueo era de baja estatura, le resultaba difícil ver a Jesús en medio de
la multitud. Por eso decidió subirse a un árbol sicomoro, algo un poco ridículo
teniendo en cuenta que era un adulto con cierta posición social. Pero a Zaqueo
no le importaba eso. Él tenía muchos deseos de conocer a Jesús y dejó de lado
su sentido del ridículo. ¡Lo más importante era ver a Jesús!
Desde
su rama Zaqueo podía ver bien el recorrido de Jesús. De momento, Jesús se
acercó al árbol, miró hacia arriba y le dijo a Zaqueo: «Zaqueo, baja en
seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa» (Lucas 19:5). Zaqueo se puso muy
feliz. ¡De todas las casas de la ciudad, Jesús había escogido ir a la suya!
¡Qué privilegio! Sin embargo, las demás personas comenzaron a murmurar. No
podían entender cómo Jesús había elegido hospedarse con Zaqueo.
Al ver
esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador».
(Lucas
19:7)
La
alegría de Zaqueo era inmensa y recibió a Jesús en su casa lleno de gozo. Pero
la presencia de Jesús tuvo un efecto más profundo. ¡Algo cambió en el corazón
de Zaqueo! Para empezar, él llamó a Jesús, «Señor» (Lucas 19:8). ¡Reconoció a
Jesús como Dios y Señor de su vida!
Sin
embargo, la transformación del corazón de Zaqueo no fue solo interna; su efecto
se vio de inmediato. Él tomó una decisión: daría la mitad de sus bienes a los
pobres. Y no solo eso. También se comprometió a devolver hasta cuatro veces la
cantidad de dinero defraudada a otras personas. La vida de Zaqueo había sufrido
una gran transformación. Ya el dinero no era lo más importante para él. Su
mayor deseo era agradar a Dios y hacer su voluntad.
Jesús,
al ver la reacción de Zaqueo y su respuesta ante su presencia, dijo:
Hoy ha
llegado la salvación a esta casa, ya que este también es hijo de Abraham.
Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
(Lucas 19:9…10)
La
visita de Jesús a Zaqueo había sido con ese propósito: para llevar la
salvación. Solo a través de Jesús obtenemos el perdón de nuestros pecados y la
salvación de nuestras almas. La presencia de Jesús en la casa y en la vida de
Zaqueo lo liberó del pecado de la avaricia y eso se manifestó en sus palabras y
en sus acciones.
¿Qué
es la salvación y cómo se obtiene?
Jesús
también afirmó la identidad de Zaqueo al llamarlo “hijo de Abraham”. Quizás
muchos menospreciaban a Zaqueo por causa de su trabajo. Puede que lo vieran
como un traidor o un mal judío. Pero Zaqueo reconoció de inmediato a Jesús como
el Mesías esperado por Israel y abrió su corazón a él. Mostró tener una gran
sensibilidad espiritual ante la presencia del Salvador, algo que Jesús resaltó
al llamarlo «hijo de Abraham».
Jesús
explicó que su misión era buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas
19:10). Él buscó a Zaqueo cuando levantó su mirada hacia el árbol y luego le
ofreció la salvación de su alma. Jesús no se dejó llevar por la opinión de los
demás o lo que pensaban sobre Zaqueo. Él miró su corazón receptivo, no su
pasado o sus acciones hasta ese momento.
De
entre toda la multitud, Jesús sabía que el corazón de Zaqueo era el que estaba
abierto y dispuesto a recibir la salvación que él vino a dar. Por eso volcó su
atención hacia él y decidió pasar tiempo en su casa, en su entorno,
compartiendo con él la verdad del Evangelio.
¿Qué
aprender de la actitud de Zaqueo?
·
Zaqueo fue humilde y salió en busca de Jesús. Deseaba
conocerlo personalmente. Se comportó como un niño al subirse al árbol y a Dios
le agrada que nos acerquemos a él con un corazón tierno como el de los niños
(Mateo 18:3).
·
Zaqueo perseveró, no se dio por vencido. Él
quería ver a Jesús y se esforzó hasta lograrlo. En Génesis 32 vemos otra
persona perseverante en buscar la bendición de Dios: Jacob. Luchó físicamente
con Dios una noche y exclamó “¡No te soltaré hasta que me bendigas!”. Dios lo
bendijo y le cambió su nombre por el de Israel. Su vida no fue igual a partir
de ese momento.
·
Finalmente, Zaqueo mostró con acciones lo que
había sucedido en su corazón al conocer a Jesús. Él no dejó pasar ese momento
como una experiencia bonita y ya. Él se movió a la acción como prueba del
cambio que había surgido en su corazón al conocer a Jesús y reconocerlo como
Señor de su vida.
Reflexione:
·
¿Nos acercamos a Dios con humildad?
·
¿Estamos perseverando en la fe y en nuestra
búsqueda del Señor?
·
¿Mostramos con nuestras acciones que Jesús ha
transformado nuestra vida?
Aprendamos
con el ejemplo de Zaqueo y vivamos como Jesús quiere.
S.A.G.
– 18 – SEP – 2023
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