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Cuidado Con Ese Enojo – Por Saúl Guevara

 

El enojo es una emoción que Dios mismo siente; pero por nuestra naturaleza humana, es corrompida por el pecado. Enojo es sinónimo de inquietud, molestia, ira, rabia, furia. Es una fuerza invisible, que circula por el interior de las personas y los lleva a decir y hacer cosas que dañan. Se trata de una debilidad del alma que afecta a todos en mayor o menor grado. Es habitual ver personas enojadas, malhumoradas, con ira, usando lenguaje sucio, llenos de amargura e incluso odio.

 ¿Cuántos accidentes, conflictos, homicidios, asesinatos, se han producido por el enojo o por el carácter iracundo de algunas personas, sean o no creyentes? ¿Cuántos malos entendidos producto del enojo y del mal carácter podrían prevenirse? Todos experimentamos el enojo, por eso debemos aprender a tratarlo.

 Hay quienes piensan que el enojo es natural, innato, congénito y por tanto imposible de dominar. Sin embargo, no es así. En la mayoría de los casos es una respuesta aprendida. Y como tal, mediante procesos de adiestramiento, podemos aprender a reaccionar de otras maneras. Las causas de la ira pueden ser diversas. Nos enojamos porque nos parece tener motivos. Aunque algunas personas no necesitan que se les de ningún motivo.

 ·         Generalmente las causas suelen ser:

 Internas: Sucede cuando tenemos recuerdos del pasado que nos producen dolor. Conflictos no solucionados de pareja, familia, trabajo, amigos, economía, abusos, etc. Todo esto provoca un monólogo interno autodestructivo: No es justo, no hay derecho, yo merezco… esto termina envenenando el alma. Hace que la ira la dirigimos hacia nosotros mismos hasta que: Nos roba la paz y la felicidad, haciéndonos daño. Nos auto mutilamos, menospreciamos, insultamos, devaluamos o reprimimos. Este enojo puede convertirse en depresión.

 Externas: Es la ira relacionada con lo que sucede a nuestro alrededor. Es la que dirigimos hacia los demás. Porque el mundo no es perfecto y sufrimos injusticias. Por injurias. Cuando la sufrimos o creemos sufrirla. Porque no siempre las cosas se hacen como queremos. Porque no siempre conseguimos lo que deseamos. Porque no siempre cada persona piensa y actúa como nosotros. Pensamos diferente, sentimos diferente, actuamos diferente. Y no lo podemos evitar. A esto se le llama antagonismo. Porque somos o nos sentimos incompletos, rechazados.

 Con toda seguridad, quien se enoja, podría darte una larga lista de razones por las cuales cree tener derecho a enojarse. El enojo, casi siempre, tiene su origen en la soberbia, el orgullo, los celos, la envidia, el egoísmo, la falta de amor al prójimo, en definitiva, en la desobediencia a Dios, el pecado.

 El enojo cambia tu manera ver las cosas, produce rencillas, contiendas, divisiones, heridas, ya sean físicas o emocionales, rompe amistades, matrimonios, sociedades. Además, el enojo está relacionado con problemas cardíacos, hipertensión, desequilibrios emocionales, etc. Pero sobre todo daña nuestras relaciones con los demás y con Dios.

 Efesios 4:26…27 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” Da lugar a la justa indignación, pero con tres condiciones:

 1.    No pequéis.

 O controlas tu enojo o él te controlará a ti. Si no pones límites el enojo te destrozará la vida y la de aquellos que te rodean. El enojo te lleva al descontrol. A actuar impulsivamente. Incluso a hacer cosas que jamás hubieras pensado que fueras capaz de hacer.

 Muchos intentan ocultar su enojo, no lo ocultes, no lo justifiques. Cuando caen en el error de ocultarlo acaba manifestándose en chismes o cosas peores. ¿Han oído a alguien gritar “No estoy enojado”? Hay quienes intentan justificarlo, contra el gobierno, la corrupción, la discriminación, etc. Pero la Biblia nos enseña a ser pacificadores y no fomentadores del enojo contra lo que no estamos de acuerdo.

 No digas: Así soy yo. No puedo controlarme. Dios me cambiará si quiere hacerlo. Hay quienes piensan que el enojo no hay que reprimirlo, sino dejarlo salir. Pero es mejor tratarlo a la luz de la Palabra de Dios. El enojo debe ser enfrentado. Debe ser tratado. Especialmente si siempre estás enojado. Porque afectas a otras personas.

 El enojo es en muchas ocasiones causa de división en la iglesia. Gente que no se dejan usar por Dios, sino por el diablo. Aunque tenga mucho tiempo en la iglesia, se enojan y causan problemas. Hay quienes a todo lo que se hace le encuentran faltas, siempre se quejan y se enojan, como dice el dicho "no hacen ni dejan hacer”. Con su conducta "insoportable" crean mal ambiente. Siembran cizaña y en vez de edificar, destruyen.

 2.    No se ponga el sol sobre vuestro enojo.

 El enojo puede llegar a ser como una droga. Cuando intentamos superarlo, sufrimos emocional o mentalmente, porque dejamos de sentirnos como la víctima, y no podemos seguir ocultando otras emociones negativas como la ansiedad, el temor, los complejos, etc. La carne nos lleva a seguir enojados, pero Dios quiere que lo solucionemos cuanto antes. Porque si nos vamos a la cama enojados acabará dejando huella en nosotros.

 No sólo hay que tratarlo, sino además rápido. Las consecuencias del enojo hay que tratarlas sobre la marcha. No debes guardarlas porque se harán mayores. El hogar esta designado por Dios para ser un lugar de descanso, donde ampararse de la hostilidad del mundo. Y déjame decirte algo: Lo que eres en casa es lo que realmente eres.

3.    Ni deis lugar al diablo.

 Pablo nos enseña que el enojo es una puerta por la que puede entrar el diablo a nuestra vida. Si le damos lugar, lo ocupará y estará presente en todo lo que hagamos o digamos.

 Lo primero que necesitamos para vencer el enojo es la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Él nos da poder para vencer el pecado. La victoria, no viene de una manera automática. El Espíritu actúa como un consejero que nos enseña cómo responder. Con el tiempo aprendemos a protegernos. (lea: Proverbios 14:17; Proverbios 21:19; Proverbios 22:24…25; Salmo 37:8)

 Hay quienes piensan que los cristianos no pueden tener problemas espirituales, sin embargo, las Escrituras nos exhortan a protegernos del diablo y los demonios. El cristiano está absolutamente protegido mientras permanece en fe y obediencia a Dios. Pero no debemos dar lugar al diablo, o lo ocupará.

S.A.G. – 28 – NOV – 2022

 

 

 

 

 

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