El
enojo es una emoción que Dios mismo siente; pero por nuestra naturaleza humana,
es corrompida por el pecado. Enojo es sinónimo de inquietud, molestia, ira,
rabia, furia. Es una fuerza invisible, que circula por el interior de las
personas y los lleva a decir y hacer cosas que dañan. Se trata de una debilidad
del alma que afecta a todos en mayor o menor grado. Es habitual ver personas
enojadas, malhumoradas, con ira, usando lenguaje sucio, llenos de amargura e
incluso odio.
¿Cuántos
accidentes, conflictos, homicidios, asesinatos, se han producido por el enojo o
por el carácter iracundo de algunas personas, sean o no creyentes? ¿Cuántos
malos entendidos producto del enojo y del mal carácter podrían prevenirse? Todos
experimentamos el enojo, por eso debemos aprender a tratarlo.
Hay
quienes piensan que el enojo es natural, innato, congénito y por tanto
imposible de dominar. Sin embargo, no es así. En la mayoría de los casos es una
respuesta aprendida. Y como tal, mediante procesos de adiestramiento, podemos
aprender a reaccionar de otras maneras. Las causas de la ira pueden ser
diversas. Nos enojamos porque nos parece tener motivos. Aunque algunas personas
no necesitan que se les de ningún motivo.
·
Generalmente las causas suelen ser:
Internas:
Sucede
cuando tenemos recuerdos del pasado que nos producen dolor. Conflictos no
solucionados de pareja, familia, trabajo, amigos, economía, abusos, etc. Todo
esto provoca un monólogo interno autodestructivo: No es justo, no hay derecho,
yo merezco… esto termina envenenando el alma. Hace que la ira la dirigimos
hacia nosotros mismos hasta que: Nos roba la paz y la felicidad, haciéndonos
daño. Nos auto mutilamos, menospreciamos, insultamos, devaluamos o reprimimos.
Este enojo puede convertirse en depresión.
Externas:
Es
la ira relacionada con lo que sucede a nuestro alrededor. Es la que dirigimos
hacia los demás. Porque el mundo no es perfecto y sufrimos injusticias. Por
injurias. Cuando la sufrimos o creemos sufrirla. Porque no siempre las cosas se
hacen como queremos. Porque no siempre conseguimos lo que deseamos. Porque no
siempre cada persona piensa y actúa como nosotros. Pensamos diferente, sentimos
diferente, actuamos diferente. Y no lo podemos evitar. A esto se le llama
antagonismo. Porque somos o nos sentimos incompletos, rechazados.
Con
toda seguridad, quien se enoja, podría darte una larga lista de razones por las
cuales cree tener derecho a enojarse. El enojo, casi siempre, tiene su origen
en la soberbia, el orgullo, los celos, la envidia, el egoísmo, la falta de amor
al prójimo, en definitiva, en la desobediencia a Dios, el pecado.
El
enojo cambia tu manera ver las cosas, produce rencillas, contiendas,
divisiones, heridas, ya sean físicas o emocionales, rompe amistades,
matrimonios, sociedades. Además, el enojo está relacionado con problemas
cardíacos, hipertensión, desequilibrios emocionales, etc. Pero sobre todo daña
nuestras relaciones con los demás y con Dios.
Efesios
4:26…27 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni
deis lugar al diablo” Da lugar a la justa indignación, pero con tres
condiciones:
1. No
pequéis.
O
controlas tu enojo o él te controlará a ti. Si no pones límites el enojo te
destrozará la vida y la de aquellos que te rodean. El enojo te lleva al
descontrol. A actuar impulsivamente. Incluso a hacer cosas que jamás hubieras
pensado que fueras capaz de hacer.
Muchos
intentan ocultar su enojo, no lo ocultes, no lo justifiques. Cuando caen en el
error de ocultarlo acaba manifestándose en chismes o cosas peores. ¿Han oído a
alguien gritar “No estoy enojado”? Hay quienes intentan justificarlo, contra el
gobierno, la corrupción, la discriminación, etc. Pero la Biblia nos enseña a
ser pacificadores y no fomentadores del enojo contra lo que no estamos de
acuerdo.
No
digas: Así soy yo. No puedo controlarme. Dios me cambiará si quiere hacerlo. Hay
quienes piensan que el enojo no hay que reprimirlo, sino dejarlo salir. Pero es
mejor tratarlo a la luz de la Palabra de Dios. El enojo debe ser enfrentado.
Debe ser tratado. Especialmente si siempre estás enojado. Porque afectas a
otras personas.
El
enojo es en muchas ocasiones causa de división en la iglesia. Gente que no se
dejan usar por Dios, sino por el diablo. Aunque tenga mucho tiempo en la
iglesia, se enojan y causan problemas. Hay quienes a todo lo que se hace le
encuentran faltas, siempre se quejan y se enojan, como dice el dicho "no
hacen ni dejan hacer”. Con su conducta "insoportable" crean mal
ambiente. Siembran cizaña y en vez de edificar, destruyen.
2. No se
ponga el sol sobre vuestro enojo.
El
enojo puede llegar a ser como una droga. Cuando intentamos superarlo, sufrimos
emocional o mentalmente, porque dejamos de sentirnos como la víctima, y no
podemos seguir ocultando otras emociones negativas como la ansiedad, el temor,
los complejos, etc. La carne nos lleva a seguir enojados, pero Dios quiere que
lo solucionemos cuanto antes. Porque si nos vamos a la cama enojados acabará
dejando huella en nosotros.
No
sólo hay que tratarlo, sino además rápido. Las consecuencias del enojo hay que
tratarlas sobre la marcha. No debes guardarlas porque se harán mayores. El
hogar esta designado por Dios para ser un lugar de descanso, donde ampararse de
la hostilidad del mundo. Y déjame decirte algo: Lo que eres en casa es lo que
realmente eres.
3. Ni
deis lugar al diablo.
Pablo
nos enseña que el enojo es una puerta por la que puede entrar el diablo a
nuestra vida. Si le damos lugar, lo ocupará y estará presente en todo lo que
hagamos o digamos.
Lo
primero que necesitamos para vencer el enojo es la presencia del Espíritu Santo
en nuestras vidas. Él nos da poder para vencer el pecado. La victoria, no viene
de una manera automática. El Espíritu actúa como un consejero que nos enseña
cómo responder. Con el tiempo aprendemos a protegernos. (lea: Proverbios 14:17;
Proverbios 21:19; Proverbios 22:24…25; Salmo 37:8)
Hay quienes
piensan que los cristianos no pueden tener problemas espirituales, sin embargo,
las Escrituras nos exhortan a protegernos del diablo y los demonios. El
cristiano está absolutamente protegido mientras permanece en fe y obediencia a
Dios. Pero no debemos dar lugar al diablo, o lo ocupará.
S.A.G.
– 28 – NOV – 2022
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