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Dios Mío, Dios Mío – Saúl Guevara

 

Mateo 27:46 - Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani?, Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

 Lo invito a que me acompañe a un viaje imaginario al Calvario: Dirigimos la vista hacia el monte de la Calavera, en aquel monte sin vegetación resalta la figura de tres cruces, observemos atentamente la de en medio, observemos atentamente al hombre que está ahí, ahí está el Hijo de Dios crucificado.

 Observémosle detenidamente: Tiene la carne lacerada por los azotes de aquel látigo romano... tiene moretones por todas partes, en su cabeza están marcadas las punzadas de una corona de espinas... jadea, jadea, le cuesta respirar... sus manos y pies están hinchados, han sido atravesados por clavos de casi seis pulgadas de largo y media pulgada de ancho... le han dado vinagre con hiel por agua... esta ahí expuesto a todos, casi desnudo y recibiendo aun insultos y burla. Ese es el espectáculo que, de Él, han hecho sus enemigos.

 

1.  Dice la palabra que el sol había escondido su luz: Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Mateo 27:45.

 

2.  Desde las doce del día, hasta las tres de la tarde... una sábana de oscuridad arropaba al Hijo de Dios, que absorbía todo el pecado de la humanidad, la tristeza de la naturaleza, para redimir al hombre.

 

3.  Cristo... el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo como nos dice Juan 1:29 está tomando en su ser el pecado del ser humano, está recibiendo el pecado de los que vivieron antes de Él, en el tiempo de Él, y después de Él. Está recibiendo todo el pecado y enfermedades del mundo, y se siente solo, porque el pecado separa de Dios. Dios no está donde está el pecado.

 

4.  Por amor a la humanidad, a Usted, a mí, se corre el riesgo, se expone, a una separación eterna.

 

5.  Solo Jesús, podía expiar el pecado humano y resistir la ira de la justicia divina. Isaías 53:4...5 relata: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”

 

6.  Él se separaba del Padre eterno, para acercarnos a nosotros al Padre como hijos redimidos, librados.

 

7.  Ciertamente hermanos, lo que ahí sucedía y no comprendemos muchos, es que, si los presentes hubiesen tenido ojos espirituales, habrían visto al Padre con sus ángeles, escondidos en aquella oscuridad, juntos a la cruz, mirando y llorando por el Hijo.

 

8.  De repente, dentro de aquel cuadro de angustia, de dolor, de muerte... se levanta la voz del moribundo.... Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?...

 

9.  En este clamor salpicado por la angustia y el dolor humano, encontramos aún, una lección de ánimo que Jesucristo nos deja: En los momentos más difíciles, de pruebas, de sufrimientos y angustias, de cielos con nubarrones negros en nuestra vida, podemos estar seguros de que ese mismo Padre celestial, que estuvo junto a Jesús en el Calvario, esta también junto a nosotros.

 Amado lector, Dios permite que las lluvias torrenciales del sufrimiento azoten nuestras vidas, porque quiere poner un arco iris de consuelo sobre nuestros corazones, Dios solo quiere de usted Fe de que Él está junto a usted.

 Yo no sé cuál será su carga este día, ni conozco su necesidad, ni sufrimiento, pero sí sé que Él, quiere poner consuelo, yo sé que aun cuando ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Él está conmigo.

En este momento Dios quiere poner consuelo en su corazón, Dios quiere sanar heridas, enfermedades, dar valor al abatido, fortalecer al débil, Él quiere saber que aprovechamos la muerte de su hijo Jesucristo, invito a todo el que tenga necesidades de cualquier índole orar este día, Jehová, el pastor, junto a aguas de reposo nos quiere ministrar, y según vamos leyendo diciendo en voz audible, en voz que se oiga:

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando... vamos diciendo en voz audible, en voz que se oiga, Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando... 

 Dios quiere poner consuelo en su corazón, Dios quiere sanar heridas, enfermedades, dar valor al abatido, fortalecer al débil, Él quiere saber que aprovechamos la muerte de su hijo Jesucristo, invito a todo el que tenga necesidades de cualquier índole a orar, Jehová, nuestro pastor, junto a aguas de reposo nos quiere ministrar. 

S.A.G. – 10 – ABR – 2023



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