Eclesiastés8:15
NVI "Por tanto, celebro la alegría, pues no hay para el hombre nada mejor
en esta vida que comer, beber y divertirse, pues solo eso le queda de tanto
afanarse en esta vida que Dios le ha dado"
Hay
muchas personas que piensan que una persona cristiana tiene que ser mal
encarada, silenciosa y de rostro impávido, pero nuestro Dios nos quiere
alegres. Los que piensan lo contrario, sienten que, si se hacen cristianos, no
van a poder ser alegres, no podrán ya cantar o bailar, en fin, que van a tener
que cumplir una serie de normas y leyes. Pero están alejados de la realidad. Lo
cierto es que cuando nos hacemos cristianos, nos liberamos de las ataduras del
mundo que, por lo general, nos han traído malos momentos y muchos pesares.
Nos complace
el poder saber que aun cuando somos tan testarudos, tan necios, tan incorrectos,
tan egoístas y hemos cometido tantos errores, Dios nos ama y nos perdona.
Debe
haber arrepentimiento, pero no sufrimiento. Nuestro Dios nos quiere alegres.
Nuestra mayor alegría como cristianos es saber la promesa de vida eterna junto
a Dios cuando partamos de este mundo.
La
frase "coros celestiales" generalmente se refiere a las jerarquías de
ángeles, o los grupos de ángeles, estos grupos de ángeles son llamados coros
porque su principal ocupación es cantar en alabanza a Dios. De ellos nosotros
debemos aprender mucho y cantar alabanza en todo momento.
En su
travesía por el cielo, Enoc vio ángeles que cantaban melodías imposibles de
describir. Los ángeles caídos eran los únicos que no cantaban. También vio que
los arcángeles arreglaban la música y así armonizaban toda la existencia tanto
en el cielo como en la tierra.
La
música de los ángeles es una metáfora de unión y armonía en la creación. Se
interpreta como una manera de reconocer la presencia de Dios en todo lo creado
por Él.
Cuando
las personas en la Tierra cantan a Dios, se entiende que se unen a los ángeles
en su canción y ayudan a crear armonía en la Tierra. En los templos, desde la
antigüedad se ha utilizado la música para invitar y reconocer la presencia de
Dios en la Tierra.
En la
tradición judía, el Rey David invitó a los Levitas a crear música ante el arca
como una manera de alabar, dar gracias al Señor e invocar su presencia.
Cuando
el Rey Salomón dedicó el templo, músicos y cantantes alabaron a Dios con una
sola voz y de esta manera la presencia de Dios llenó el lugar.
La
música de los ángeles fue parte del proceso de la creación. La creación ocurrió
en armonía y por eso, desde el principio, los ángeles cantaron con unidad y
concordia, con una voz, un lenguaje, un conocimiento y un sonido.
Cierto
es, y no me lo pueden negar, que somos templo y morada del Espíritu Santo y el
Salmo 150 aconseja a los músicos a que alaben a Dios en su santuario con
trompetas, laudes, harpas, panderetas, cuerdas, gaitas y címbalos. Por eso hemos
de mostrar nuestra alegría de dar cabida en nosotros al Espíritu de Dios.
El
Salmo 148 describe las alabanzas de toda la creación. Los cielos, los ángeles,
el Sol y la Luna. La gente de la época de Jesucristo entendía la frase
"los cielos se regocijan" como el cantar de los ángeles. El Salmo 144
asocia la música de los ángeles con la renovación. El Salmo 19 describe las
alabanzas de los ángeles que no podemos oír.
Por
ello, muchos estudiosos bíblicos expresan que cuando los cristianos cantamos,
demostramos que nos convertimos en ángeles. El canto de los ángeles es el
llamado a la armonía y la conexión con lo divino. Escuchar a los coros
celestiales es estar cerca de Dios.
Siendo
cristianos, nos encanta la música al igual que a la mayoría y, la verdad, Dios
no tiene un solo tipo de música que le guste. Él disfruta todas nuestras
creaciones. No hay nada que nos alegre más, una vez que nos hacemos cristianos,
que cantarle alabanzas a nuestro Dios, que nos quiere alegres. Nos llena el
corazón de júbilo y de alegría porque sentimos Su gozo y su satisfacción.
“Pero
alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque
tú los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre.” Salmos 5:11 RVR
1960.
El
apóstol Pablo escribe a la comunidad de la ciudad de Filipo cuando él mismo es
objeto de una persecución que lo pone en grave dificultad. Y, sin embargo, a
estos queridos amigos suyos él les aconseja: “Estad siempre alegres en el Señor”
Filipenses 4, 4; es más, casi les ordena; que estén “siempre alegres”.
Pero
¿se puede dar semejante mandato? Si miramos a nuestro alrededor, no es fácil
encontrar motivos de serenidad, ¡y mucho menos de alegría!
Ante
las preocupaciones de la vida, las injusticias de la sociedad y las tensiones
entre pueblos, es ya un gran esfuerzo no dejarnos llevar por el desánimo,
darnos por vencidos y replegarnos en nosotros mismos.
“Mas
los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.” Salmos
68:3 RVR 1960. Dios nos creó para darle honra, pero es cierto que cuando las
cosas no nos salen bien, no tenemos ganas de alabarlo. Sin embargo, teniendo
claro que fuimos creados para alabarlo, debemos tener alabanza en nuestro
corazón. Aun cuando las circunstancias no sean las mejores. Porque Dios siempre
está ahí para nosotros. No lo olvidemos y nuestro Dios nos ama tanto que nos quiere
alegres. Estrecha tu relación con Él y recuerda que nos quiere felices,
sonrientes, alegres.
No
olvide, Él Nos Quiere Alegres, por ello Pablo nos invita a: “Estad
siempre alegres en el Señor”.
S.A.G.
– 03 - ABR – 2023
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