1 Timoteo 6:9 "Porque los que quieren enriquecerse,
caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden á
los hombres en perdición y muerte"
Mucha gente cree que los juegos de azar no hacen daño a
nadie siempre que se practiquen dentro de la ley. Las loterías
organizadas por el gobierno incluso destinan parte del dinero a programas de
ayuda social. Los juegos de azar, como cualquier otro mal, pueden convertirse
en una adicción, la cual es una condición contraria a la enseñanza de la Escritura.
La Palabra de Dios indica que un cristiano debe negarse a ser esclavo incluso
de actividades legales y permitidas o dejarse dominar por ellas y para ellos
leamos: 1 Corintios 6:12 "Todas las cosas me son lícitas, mas no todas
convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de
ninguna"
Los
juegos de azar, son esos juegos en los que no podemos hacer nada para conocer
el resultado. Todo nuestro pensamiento y reflexiones no sirven, el resultado
del juego depende puramente del azar. Son el bingo, las loterías, quiniela, los
dados, tragaperras, la ruleta, los rascas, etc.
La
Biblia no habla directamente de los juegos de azar y ese silencio proporciona
un terreno fértil para la discusión y el desacuerdo. Las opiniones sobre la conveniencia
de apostar van desde la aceptación con moderación hasta la abstinencia total.
Existe
una clara distinción entre el Azar referido en la Biblia y los Juegos de Azar:
En primer lugar, el hecho de que Dios utilizó en ciertos momentos históricos un
instrumento u objeto vinculado al azar, no significa que hoy estamos
autorizados para usarlos, precisamente esta es la sentencia final que cierra la
antigua dispensación (con todos sus modos y maneras) confirmada en Hebreos 1:1…2:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los
padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…”
En
segundo lugar, el Azar utilizado en la Biblia es distinto en su propósito y
fines. La única coincidencia sería el método utilizado, “el azar”. Los Juegos
de Azar ofrecen un estímulo consistente en dinero, bienes o algún servicio a
cambio de que el involucrado someta al riesgo y azar como contrapartida dinero,
un bien o servicio. Lo que obviamente, no concuerda con el azar utilizado en
Las Escrituras.
No es
necesario utilizar dinero para que sea un Juego de Azar, puede utilizarse un
bien o un servicio para obtener el premio, el bazar, rifa u otro nombre
pintoresco que pongamos para que parezca bíblico, aunque no lo es. Debemos
revisar constantemente nuestras prácticas y actitudes a la luz de la Palabra de
Dios para comprobar si son acordes a ella.
Es
preocupante que hoy en día muchas iglesias practican con otro nombre el Juego de
Azar que critican en las Loterías. No he encontrado en la Biblia, en ningún
caso, que la Iglesia Primitiva recurriera a Juegos de Azar para suplir sus
necesidades o para ayudar a otras Iglesias, ni de manera colectiva ni
particular. Las porciones, recursos y sustentos se daban, nunca se dejó a la suerte
que decidiera, ni siquiera cuando hubo queja en la repartición (Hechos: 6:1).
La
razón de ser del juego es ganar dinero a costa de los demás, y eso es
incompatible con lo que Jesús dijo: “Guárdense de toda suerte de codicia”
(Lucas 12:15). En realidad, la gente juega por codicia. Aunque las
probabilidades de ganar son pocas, la industria del juego anuncia premios
millonarios. El sueño de ser ricos hace que la gente apueste grandes cantidades
en los casinos. En lugar de ayudar a las personas a evitar la codicia, el juego
promueve el deseo por el dinero fácil.
El
objetivo del juego es egoísta, se trata de ganar el dinero que otros jugadores
pierden. En cambio, la Biblia anima a “que cada uno siga buscando, no su propia
ventaja, sino la de la otra persona” 1 Corintios 10:24. Un jugador resuelto a
ganar, en realidad espera que los demás pierdan su dinero para quedarse con él.
Es
verdad, en algunos países parte de los fondos que se recaudan del juego legal sirve
para pagar programas de ayuda pública; por ejemplo, programas de educación y de
desarrollo económico. Pero eso no cambia de dónde salieron: de actividades que
promueven abiertamente la codicia, el egoísmo y la idea de conseguir algo a
cambio de nada.
Dios,
aborrece las prácticas que promuevan las creencias supersticiosas en la suerte
"sortílego", y de por sí los juegos de azar fomentan una adoración y
confianza ciega al dios de la fortuna. Multitud, de jugadores confían en su
suerte o en amuletos.
Incluso
hay quienes piden a Dios que les ayude a ganar. No obstante, la Biblia indica
que Dios condenará a quienes afirman adorarlo y no se apartan de estos juegos
de suerte y azar. Hay cristianos que dicen creer en Jesucristo, pero también creen
en la suerte, ¿decídete a quién le vas a depositar tu fe, decídete en quién vas
a creer, en la suerte o en Jesucristo? (Lea Deuteronomio 18:10,11).
El
deseo de «obtener algo por nada» es la base psicológica fundamental que los
artistas del timo usan para perpetrar una serie de engaños con el fin de robar
y hurtar. Este mismo impulso se encuentra en la raíz de los juegos de azar. El
hecho de perder por lo general nos hace querer intentar de nuevo con la
esperanza de que la próxima vez nos redimirá financieramente. Las ganancias a
menudo nos abren el apetito por las emociones y nos alientan a tomar riesgos
cada vez mayores. Irónicamente, tanto el ganar como el perder nos puede llevar
a perder nuestra dependencia en Cristo. Los juegos de azar, bien sea que uno
gane o que pierda, ponen en riesgo la vitalidad de la relación de la persona
con Cristo. Como la súplica de Pablo a los Corintios nos dice: “así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2
Corintios 7:1).
Los
riesgos personales de los juegos de azar pueden ir más allá de la pérdida de
dinero. Muchos han perdido el respeto de sí mismos, su libertad, sus familias,
su trabajo, etc. Como es siempre el caso, la persona involucrada en la conducta
incorrecta no es la única que sufre. Los hijos, el cónyuge, los amigos, los
familiares y la sociedad en general pagan un precio enorme por los efectos
negativos cumulativos de los juegos de azar. Los juegos de azar son especialmente
dañinos para los pobres, y los juegos promocionados por los gobiernos son una
carga para la gente que menos tiene en nuestra sociedad.
Por lo
tanto, nosotros, como una comunidad de fe, nos oponemos fuertemente a los
juegos de azar, bien sean legales o ilegales. Como individuos tenemos cierto
nivel de libertad en Cristo con relación a nuestros puntos de vista y nuestras
prácticas personales. Pero al hacerlo, recomendamos que tenga cuidado de no
tomar una decisión con la cual pudiésemos hacer que otra persona sufra.
Somos
una comunidad de “llamados”. Se nos ha llamado para que reflejemos la luz y la
verdad de Cristo en nuestra vida cotidiana. Debemos cuestionar toda práctica
que nos evite vivir nuestra vida como testimonio al Señor o que disminuya
nuestra confianza plena en que Dios puede proveer nuestras necesidades diarias.
Los juegos de azar son una de esas prácticas.
S.A.G.
– SEP – 09 – 2023
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