Apocalipsis 3:15 "Yo conozco tus obras, que ni eres
frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!"
Un cristiano tibio es alguien que afirma ser un creyente
en Jesús pero que no está realmente entregado a Él. Hablando en forma general,
los cristianos tibios tienen un pie en el mundo y otro en el reino.
Los cristianos verdaderos y maduros seguirán al Señor
buscando su voluntad. Ellos tratan de evitar el pecado y crecen en una relación
diaria con Jesús.
En Apocalipsis 3:14…21, Jesús describe la disposición del
corazón "tibio" en la iglesia de Laodicea, disposición que se
manifiesta por sus obras. Los
Laodicenses ni eran fríos ni calientes en su relación con Dios, ellos
simplemente eran tibios. El agua caliente puede limpiar y purificar; el agua
fría puede refrescar y dar vida. Pero el agua tibia no tiene un valor similar.
A diferencia de nosotros, los laodicenses entendieron rápidamente
la analogía del Señor porque su agua potable, la cual bebían, llegaba a la
ciudad por medio de un acueducto desde un manantial localizado seis millas al
sur y llegaba asquerosamente tibia. El agua de Laodicea no era caliente como
las aguas termales cercanas en las que la gente se bañaba, ni era
refrescantemente fría para beber. Era tibia, buena para nada. De hecho, era
nauseabunda y esa fue la respuesta del Señor a los laodicenses: los enfermaba y
Él dijo: "Estoy a punto de vomitarte de mi boca"
Jesús casi siempre compara las obras con el verdadero
estado espiritual de una persona: "Por sus frutos los conoceréis" y
"Todo buen árbol da buenos frutos" (Mateo 7:16…17). Claramente, las
obras tibias de los laodicenses no estaban acordes con la verdadera salvación.
Las obras del verdadero creyente serán "calientes" o
"frías"; es decir, beneficiarán al mundo de alguna manera y
reflejarán la pasión espiritual de una vida transformada. Las obras tibias,
aquellas realizadas sin alegría, sin amor y sin fuego del Espíritu, hacen daño
al mundo que las ve. Los tibios son aquellos que afirman conocer a Dios, pero
viven como si Él no existiera. Pueden ir a la iglesia y practicar una forma de
religión, pero su estado interno es uno de complacencia auto justificada.
Afirman ser cristianos, pero sus corazones no han cambiado y su hipocresía es
desagradable para Dios.
Estar plagados de cristianos tibios es donde la mayoría
de iglesias tienen problemas con sus miembros. La persona tibia es la que se
interesa más por la carne y no el Espíritu (Romanos 8:5), están más preocupados
de los que hace el otro y no lo que ellos hacen. Tales personas conocen a Dios,
pero no lo involucran en sus vidas; hacen todo con sus propias fuerzas. Los
tibios sufren porque saben lo que tienen que hacer, pero no lo hacen pues
tienen su propio modo de hacer las cosas. La prioridad de ellos no es Dios sino
su propio ego; creen que pueden servir a Dios sin tener que rendir algunas áreas
de sus vidas.
Ahí es donde muchos cristianos se encuentran en el peor
estado. Dios prefiere que seamos fríos a que seamos tibios; aborrece la tibieza
a tal grado que hasta le causa náuseas. Todos los cristianos tenemos que
aborrecer el ser tibios. Debemos acercarnos más a Jesús para que nos dé de su
calor y podamos ser “calientes”. Así podremos agradarlo y trabajar como al Señor
le agrada.
Cualquier bebida caliente se volverá tibia si no se
recalienta. Del mismo modo, nosotros los cristianos necesitamos avivarnos para
Él Señor y permanecer ardientes para agradar a nuestro bendito Dios. La palabra
calor se puede describir en la Biblia como “ferviente”. Realmente necesitamos
mantenernos fervientes. La palabra ferviente se define como muy caliente
(Ardiente); mostrado o marcado por un gran entusiasmo y celo por nuestro dios.
En otras palabras, cristianos que estén ardiendo por Dios.
La preocupación del Señor con la iglesia de Laodicea es
que ellos estaban pasando por los movimientos espirituales. Estaban contentos
con su riqueza y materialismo y no eran conscientes de su pobreza espiritual.
El Señor utiliza algunas de sus palabras más fuertes de crítica en las
Escrituras al llamarlos “desdichados, lamentables, pobres, ciegos y desnudos”
(Apocalipsis 3:17).
Quizás las palabras, “Yo conozco tus obras, que no eres
ni frío ni caliente”, presentan la característica más reveladora de este grupo
de personas. Su servicio para el Señor no estaba siendo hecho con un deseo
genuino de complacerlo. Sus “obras” hipócritas y pretenciosas no eran sinceras
y por lo tanto no eran lo que Dios quería. Dios quiere que su pueblo le sirva
con un corazón puro.
Los lectores pueden encontrar una solución práctica e importante
entretejida a lo largo de los nueve versículos de esta descripción de la
iglesia de Laodicea en Apocalipsis 3:14…22. Este pasaje contiene uno de los
versos más conocidos de toda la Biblia: “He aquí que estoy a la puerta y llamo.
Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en él y cenaré con él, y él
conmigo” (Apocalipsis 3:20).
El contexto de estos versículos deja claro que no se
trata de un llamamiento a los incrédulos. El Señor aquí no está pidiendo a
aquellos que no han puesto su fe y confianza en Cristo que abran la puerta de
sus corazones para aceptarlo como su propio Salvador personal.
Estas personas a las que se refiere, ya eran miembros de
la iglesia y formaban parte de la familia de Dios. Su problema aquí no era que
no fueran salvos, sino que eran cristianos “tibios” y sólo estaban pasándola.
Cristo está pidiendo a su pueblo que abra la puerta de
sus corazones a un camino genuino y consistente con Él. Él quiere que sus
seguidores disfruten voluntariamente de una profunda comunión con Él que puede
ser tanto ferviente como refrescante.
Quiere que los creyentes le escuchen y sigan su ejemplo.
Quiere que su pueblo le sirva de buena gana y con entusiasmo, con corazones
sinceros.
Este pasaje contiene una apasionada súplica del Salvador
a los tibios de Laodicea: “… sed celosos y arrepentíos”, escribe en el
versículo 19. La palabra “celo” significa estar profundamente comprometido con
algo y la palabra “arrepentirse” significa dar la vuelta o retroceder.
La idea aquí es que el Señor está pidiendo a sus
seguidores en esta iglesia que hagan su fe real, que sean seguidores genuinos y
de corazón de Cristo. Les está pidiendo que abandonen sus vidas, que se limiten
a pasar por el aro espiritualmente.
Es por eso que Él les instruye a “arrepentirse” a
entender que sus vidas de juegos espirituales deben terminar. Él está buscando
seguidores “celosos” o totalmente comprometidos que sean siervos fervientes y
refrescantes del Dios Altísimo.
Los cristianos tibios, en efecto, enferman a Dios. Es
hora de que todos los seguidores de Cristo se comprometan totalmente a
servirle.
S.A.G.
– 30 – JUN – 2024
(Estudio
No. 791)
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