En estos tiempos estamos viendo casos múltiples de falta
de honradez por todas partes, en todo tipo de sectores e instituciones: los
vemos en el mundo de la política, los vemos en el deporte, los vemos en la banca,
los vemos en el mundo de la cultura, los vemos en el hacer de las familias, en
los negocios y los vemos incluso en el seno de la Iglesia.
Ser honrado significa ser sincero, veraz y sin engaño en todo momento. En los Diez Mandamientos, el Señor declaró: “No hurtarás. No dirás contra tu prójimo falso testimonio” Éxodo 20:15…16.
Pero estamos inmersos en un mundo de plagios, titulaciones académicas irregulares, medias verdades, mentiras, fraudes a hacienda, enriquecimientos poco íntegros o traiciones son tan solo algunas de las nuevas, ahora ya viejas, con las que nos desayunamos cada día. Son comportamientos poco ejemplares y en ocasiones incluso delictivos, que cometen personas que tienen un perfil público y que en muchos casos son referentes para nosotros.
Al revelar los Diez Mandamientos, el Señor declaró: “No hurtarás. No dirás contra tu prójimo falso testimonio”.
A muchos de nosotros se nos llena la boca criticando la falta de honradez de algunos de nuestros personajes públicos y no nos falta razón… Pero ¿es acaso ejemplar nuestro comportamiento?
En la mayoría de los casos no lo es. Y lo peor es que incluso no somos ni siquiera conscientes de ello; porque hay malas prácticas que están tan sumamente extendidas que por comunes nos parecen normales e incluso correctas, ejemplo de ello es que:
·
Pirateamos
películas
·
Pirateamos
libros electrónicos
·
Pagamos
sin factura y sin IVA el trabajo de los obreros que nos hacen alguna reparación
en casa
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Hacemos
trampas para que nuestros hijos poniéndolos en los colegios por amistades y no
por capacidad
·
Contamos entre
nosotros medias verdades cuando nos interesa
·
¿No
mentimos?
·
¿No
copiamos en los exámenes?
·
¿No
decimos en ocasiones una cosa cuando pensamos otra?
·
¿No
abusamos de los débiles?
·
¿No nos
inventamos excusas con tal de salirnos con la nuestra?
Y si no somos de fiar en esas pequeñas cosas, ¿de verdad creemos que sí que seríamos de fiar si tuviésemos poder o un cargo público? Más de uno me temo que vemos la paja en el ojo ajeno y no somos capaces de ver la viga en el propio.
La honradez en todo sentido nos hará disfrutar de paz interior y nos permitirá conservar el respeto por nosotros mismos. De ese modo fortalecemos nuestro carácter, lo cual nos permitirá servir a Dios y a nuestros semejantes. Además, seremos dignos de confianza ante los ojos de Dios y de los que nos rodean.
Por otra parte, si somos deshonestos en nuestras palabras o acciones, nos perjudicamos a nosotros mismos y con frecuencia también a los demás. Si mentimos, robamos, engañamos o no hacemos todo lo que se nos requiera en el trabajo a fin de merecer nuestro sueldo, perderemos el respeto por nosotros mismos; perderemos la guía del Espíritu Santo y tal vez descubramos que hemos dañado la relación que tenemos con los miembros de nuestra familia, de nuestros amigos y que las personas ya no confiaran en nosotros.
El ser honrado requiere de valor y sacrificio,
especialmente cuando otras personas traten de persuadirnos a justificar una
conducta deshonesta. Si nos encontramos en una situación así, recordemos que la
paz duradera que deriva de ser honrados es más valiosa que el alivio momentáneo
de dejarse llevar por la corriente.
Creo que es preciso y hasta urgente, cambiar esta falta de honradez que ha llegado a convertirse ya en algo cultural.
¿Que uno solo no puede cambiar la cultura de un país? desde luego que no. Pero eso no puede convertirse en una excusa para no hacer nada. Lo que está a nuestro alcance es cambiar nosotros mismos: ¿no queremos los cristianos parecernos a Jesús? Aspiremos a ser honrados, aspiremos a ser rectos, aspiremos a ser coherentes, aspiremos a ser íntegros y aspiremos a ser personas en las que los demás puedan, de verdad, confiar. Y nos sorprenderá encontrarnos cómo, en la medida en la que cambiemos nosotros, cambia también el entorno que nos rodea.
Porque todos tenemos capacidad de influencia entre quienes están a nuestro alrededor. Y que vean en nosotros la integridad, que vean en nosotros una vida coherente y que vean en nosotros un corazón misericordioso, dispuesto a disculpar y perdonar, habitualmente será más eficaz que cualquier cosa que podamos decir.
Aprendamos a ser honestos en todas las áreas de nuestra vida, cuesta, pero la honestidad paga doble y abre puertas. Si usted tiene lo que tiene a pura deshonestidad, usted tendría diez veces más si fuera honesto; las personas deshonestas pasan con necesidades toda la vida, pero si usted se lo propone y dice en oración: “Señor yo quiero ser honesto para tu gloria y para tu honra, ayúdame Señor, quiero ser honesto, voy a comenzar con las cosas pequeñas, voy a comenzar diciendo la verdad”, verá cómo Dios lo ayuda.
El padre de la mentira es Satanás; razone, pida sabiduría a Dios, y no se ponga usted en posiciones de gente irrazonable, haga las cosas como tienen que ser. Un pastor contó un testimonio de cuando subió a un autobús, el pagó con un billete y el señor del autobús le dio más dinero de cambio. Cuando se dio cuenta, como pudo llegó donde el motorista y le dijo: “señor usted me dio más dinero del que le correspondía darme” a lo que el motorista respondió “qué bueno que regresó pastor, yo estuve en su iglesia ayer…”, hagamos el bien, tengamos el buen deseo y hagamos el esfuerzo de hacer las cosas como Dios nos manda.
S.A.G.
– 24 – NOV – 2024
(Estudio
No. 812)
Si
deseas escribirnos, puedes hacerlo a:
igelrenuevo@gmail.com


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