1 Juan 3:10…12 “En esto se manifiestan los hijos de Dios,
y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su
hermano, no es de Dios. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el
principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y
mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las
de su hermano justas".
Aquí Juan hace una distinción entre dos familias en que
están divididos los seres humanos en la tierra: la familia de Dios y la familia
del diablo.
Hay quien pueda pensar que todos los seres humanos son
hijos de Dios; sin embargo, ya Juan había hecho una distinción cuando dice: “Mirad
cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (v.1);
no obstante, aquí señala con toda claridad la existencia de estas dos familias
y dice que los que no son hijos de Dios caen automáticamente en la categoría de
hijos del diablo.
Por Su amor eterno, Dios nos llamó para ser Sus hijos.
Esta bendición increíble no es para todo el mundo porque hay unos que son hijos
del diablo, no de Dios.
He escuchado a personas argumentar que todos somos hijos
de Dios, sin embargo, la Biblia nos dice que eso es un error. La palabra de
Dios hace una distinción entre hijos de Dios e hijos del diablo.
Y aun de mayor impacto puede ser para muchos el darse
cuenta que todos en algún momento anduvimos en sombras, en el pecado y por lo
tanto fuimos hijos del diablo, hasta que por gracia el sacrificio de Jesús nos
dio potestad de ser llamados hijos de Dios juntamente con Él.
Es sustancial seguir a Cristo para evitar dar lugar al
diablo. En cuanto adoramos a alguien o algo que no es Dios, es como si
adoráramos a Satanás. Por eso Dios creó un pueblo apartado, al que le pidió que
no se mezclara con otras culturas y se mantuviera fiel al creador.
Y para ser parte de ese pueblo, es necesario nacer de
nuevo y evitar mezclarse con los que no le creen a Dios. La luz y la sombra no
deben juntos, al contrario, debemos esforzarnos por mantenernos puros, como
verdaderos hijos de Dios.
Los hijos suelen parecerse a sus padres. Por ello los
hijos del diablo son orgullosos como su padre, a menudo llegan a pensar que
pueden hacer las cosas por sí mismos (creen no necesitar a Dios), dan tal
importancia a la autoestima que llegan a alabarse a sí mismos, obedecen todas
sus concupiscencias, satisfacen todos sus deseos, juzgan todo a su rededor y
tienen muchas peculiaridades de este ángel caído, incluso se ven a sí mismos
como buenas personas.
Mientras que los hijos de Dios, aunque seguimos cometiendo
errores, nos empeñamos en mejorar siempre en función de querer parecernos a
Jesús. Estamos dispuestos a aceptar nuestros errores y a entregarnos a servir a
los demás, llenos de amor, dispuestos incluso orar por nuestros enemigos.
Las características tanto de unos como de otros son
muchas, pero se pueden resumir en luz y oscuridad, obediencia y rebeldía, en
creerle a Dios y en dudar de la palabra de Dios.
Dios nos ama tanto que nos deja decidir, evita imponerse,
pero siempre tratando de hacernos ver que Él nos ama como un padre y su intención
es salvarnos, mientras que el diablo sólo quiere rebelarse de Dios y hacer que
nosotros también lo hagamos, sin importar las consecuencias.
Cristo nos redimió para que reinemos sobre la tierra. El
Padre envió a Su Hijo al mundo para redimirnos del reino de la muerte. Redimió
en el idioma griego ‘exagorazo’, significa comprar, pagar por el rescate
(Gálatas 3:13).
El Señor Jesucristo, el enviado de Dios vino a cumplir
con el plan de Dios Padre Lucas 4:18…19: "El Espíritu del Señor está sobre
mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado
a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y
vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año
agradable del Señor"
Tenemos la autoridad y el poder sobre todas las fuerzas
del enemigo.
Cuando Jesús ascendió de nuevo a Su Padre, puso a un lado
sus derechos como el Hijo del Hombre y recobró para sí todos sus derechos como
el Hijo de Dios. El Padre le dio todo el dominio al Señor Jesucristo en el
cielo y en la tierra (Mateo 28:18) “…Toda potestad me es dada en el cielo y en
la tierra”.
El dominio sobre el cielo y la tierra que el Señor
Jesucristo recibió del Padre le fue conferido a la iglesia.
Es el creyente quien debe poner a Satanás bajo sus pies
aquí en la tierra y cumplir con la designación que le fue dada cuando Dios lo
creó. Cuando Dios creó al hombre le dio el poder y la autoridad para ejercer
dominio sobre la creación; con ese propósito fuimos creados.
Podemos estar seguros de que ninguna fuerza del enemigo
nos hará daño. El Señor Jesús dijo en Lucas 10:19 “He aquí os doy potestad de
hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará.”
Somos herederos de Dios. La herencia nos pertenece por
derecho de nacimiento. Isaías 54:14…17.
Que Dios nos bendiga a todos y nos ayude a volvernos y
mantenernos en Él por siempre y para siempre.
La victoria de Cristo es nuestra victoria; la Biblia
dice:
·
Con
justicia serás adornada.
·
Estarás
lejos de opresión.
·
No
temerás nada.
·
El temor
no se acercará a ti.
·
El que
conspire contra ti, caerá.
·
Ninguna
arma forjada contra ti prosperará.
·
Condenarás
toda lengua que se levante contra ti.
S.A.G.
– 01 – DIC – 2024
(Estudio
No. 813)
Si
deseas escribirnos, puedes hacerlo a:
igelrenuevo@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario