Fuiste O Eres Hijo Del Diablo - Por Saúl Guevara (Estudio No. 813)

 


1 Juan 3:10…12 “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas".

 Aquí Juan hace una distinción entre dos familias en que están divididos los seres humanos en la tierra: la familia de Dios y la familia del diablo.

 Hay quien pueda pensar que todos los seres humanos son hijos de Dios; sin embargo, ya Juan había hecho una distinción cuando dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (v.1); no obstante, aquí señala con toda claridad la existencia de estas dos familias y dice que los que no son hijos de Dios caen automáticamente en la categoría de hijos del diablo.

 Por Su amor eterno, Dios nos llamó para ser Sus hijos. Esta bendición increíble no es para todo el mundo porque hay unos que son hijos del diablo, no de Dios.

 He escuchado a personas argumentar que todos somos hijos de Dios, sin embargo, la Biblia nos dice que eso es un error. La palabra de Dios hace una distinción entre hijos de Dios e hijos del diablo.

 Y aun de mayor impacto puede ser para muchos el darse cuenta que todos en algún momento anduvimos en sombras, en el pecado y por lo tanto fuimos hijos del diablo, hasta que por gracia el sacrificio de Jesús nos dio potestad de ser llamados hijos de Dios juntamente con Él.

 Es sustancial seguir a Cristo para evitar dar lugar al diablo. En cuanto adoramos a alguien o algo que no es Dios, es como si adoráramos a Satanás. Por eso Dios creó un pueblo apartado, al que le pidió que no se mezclara con otras culturas y se mantuviera fiel al creador.

 Y para ser parte de ese pueblo, es necesario nacer de nuevo y evitar mezclarse con los que no le creen a Dios. La luz y la sombra no deben juntos, al contrario, debemos esforzarnos por mantenernos puros, como verdaderos hijos de Dios.

 Los hijos suelen parecerse a sus padres. Por ello los hijos del diablo son orgullosos como su padre, a menudo llegan a pensar que pueden hacer las cosas por sí mismos (creen no necesitar a Dios), dan tal importancia a la autoestima que llegan a alabarse a sí mismos, obedecen todas sus concupiscencias, satisfacen todos sus deseos, juzgan todo a su rededor y tienen muchas peculiaridades de este ángel caído, incluso se ven a sí mismos como buenas personas.

 Mientras que los hijos de Dios, aunque seguimos cometiendo errores, nos empeñamos en mejorar siempre en función de querer parecernos a Jesús. Estamos dispuestos a aceptar nuestros errores y a entregarnos a servir a los demás, llenos de amor, dispuestos incluso orar por nuestros enemigos.

 Las características tanto de unos como de otros son muchas, pero se pueden resumir en luz y oscuridad, obediencia y rebeldía, en creerle a Dios y en dudar de la palabra de Dios.

 Dios nos ama tanto que nos deja decidir, evita imponerse, pero siempre tratando de hacernos ver que Él nos ama como un padre y su intención es salvarnos, mientras que el diablo sólo quiere rebelarse de Dios y hacer que nosotros también lo hagamos, sin importar las consecuencias.

 Cristo nos redimió para que reinemos sobre la tierra. El Padre envió a Su Hijo al mundo para redimirnos del reino de la muerte. Redimió en el idioma griego ‘exagorazo’, significa comprar, pagar por el rescate (Gálatas 3:13).

 El Señor Jesucristo, el enviado de Dios vino a cumplir con el plan de Dios Padre Lucas 4:18…19: "El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor"

Tenemos la autoridad y el poder sobre todas las fuerzas del enemigo.

 Cuando Jesús ascendió de nuevo a Su Padre, puso a un lado sus derechos como el Hijo del Hombre y recobró para sí todos sus derechos como el Hijo de Dios. El Padre le dio todo el dominio al Señor Jesucristo en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) “…Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”.

 El dominio sobre el cielo y la tierra que el Señor Jesucristo recibió del Padre le fue conferido a la iglesia.

 Es el creyente quien debe poner a Satanás bajo sus pies aquí en la tierra y cumplir con la designación que le fue dada cuando Dios lo creó. Cuando Dios creó al hombre le dio el poder y la autoridad para ejercer dominio sobre la creación; con ese propósito fuimos creados.

 Podemos estar seguros de que ninguna fuerza del enemigo nos hará daño. El Señor Jesús dijo en Lucas 10:19 “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.”

 Somos herederos de Dios. La herencia nos pertenece por derecho de nacimiento. Isaías 54:14…17.

 Que Dios nos bendiga a todos y nos ayude a volvernos y mantenernos en Él por siempre y para siempre.

 La victoria de Cristo es nuestra victoria; la Biblia dice:

·         Con justicia serás adornada.

·         Estarás lejos de opresión.

·         No temerás nada.

·         El temor no se acercará a ti.

·         El que conspire contra ti, caerá.

·         Ninguna arma forjada contra ti prosperará.

·         Condenarás toda lengua que se levante contra ti.

S.A.G. – 01 – DIC – 2024

(Estudio No. 813)

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