Mateo
14: 22…24: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir
delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.
Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche,
estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas;
porque el viento era contrario.”
Jesús
tenía la capacidad de discernir los elementos de la naturaleza y envió a Sus
discípulos en una barca donde sabía que pasarían cierta aflicción.
Mateo
14:25…26 continúan con la historia: Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús
vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el
mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo.
No te
detengas por el Miedo
La
primera reacción que tenemos ante un tropiezo es el miedo. Nos da temor el
futuro y el miedo nos produce dudas, nos hace llegar a falsas deducciones y
tomar malas decisiones. Las circunstancias adversas nos hacen sobredimensionar
los problemas. Los apóstoles veían un fantasma que en verdad era Jesús. Cuando Él
vio su angustia los tranquilizó e inmediatamente Pedro reconoció la voz.
La
Palabra revela tres componentes: ánimo, identificación y dar apoyo para que el
temor desaparezca. Siendo estos elementos los que nos ayudan a recuperar las
fuerzas cuando las perdemos por el miedo. Existen dos tipos de agotamiento, el
físico y el espiritual. En el caso de los discípulos, efectivamente sentían
angustia por la tormenta, pero lo que más les afectó fue la falsa sensación de estar
frente a un fantasma. Tuvieron miedo por algo irreal, sufrían una fatiga
espiritual.
Para
restituirnos, primero hay que cobrar ánimo y esperanza. Tener la fe de ver las
cosas malas como buenas. Lo segundo es ver a la persona correcta. Cuando Él
dijo “soy yo”, Pedro inmediatamente situó su mirada en Jesús y las adversidades
pasaron a un plano secundario. El verso 28 dice: Entonces le respondió Pedro, y
dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Pedro
intentó hacer un trato con el Señor para que le demostrara lo que necesitaba.
Sucede lo mismo ahora. Cuando en una tribulación buscamos de Dios es porque
nuestros anhelos empiezan a recobrar fuerza. Por ridículo que parecía, Pedro
vio la posibilidad de caminar en el agua porque tenía el ejemplo de Jesús. Y el
verso 30 cuenta: Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a
hundirse, dio voces, diciendo: Señor, ¡sálvame!
El
verso 31 explica lo que Jesús hizo: “Al momento Jesús, extendiendo la mano,
asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe!”
Pedro
tenía la fuerza para empezar, pero no tuvo la fuerza para terminar. Necesitó un
empujoncito y pidió ayuda cuando sintió que se hundía. Si ahora sientes
angustia por alguna circunstancia y tienes el agua hasta el cuello, no esperes
para pedir ayuda. Si Pedro espera a que el agua le llegue a la boca no hubiera
podido gritar.
y en
medio, siento que el agua me llega al cuello.”
Nuevas
fuerzas
Renovar
nuestras fuerzas es un proceso. Ya vimos que debemos buscar a Dios. La Palabra
dice que debemos entender y tener misericordia para con Jesucristo, porque Él
murió para que nuestro ánimo no decayera y no desfallezcamos.
Jesús
no lo tomó en Sus brazos y lo consintió. Tampoco fue un líder agresivo que lo
agarró del pelo y con un puntapié lo metió de nuevo a la barca. Su actitud fue
tomarlo de la mano y dejarlo caminar por sus propios medios de nuevo hasta la
barca. Dios nos deja saborear el éxito cuando nos lo da. La gloria y honra son
para Él, pero la satisfacción es nuestra. Todos necesitamos renovar las
fuerzas, como si llenáramos el tanque de gasolina. Tener al Señor en nuestro
corazón es una fuente de poder, autoridad y redención de para nuestras fuerzas.
Dios
está pendiente incluso de nuestras tribulaciones y adversidades. Jesús veía a
Pedro y sabía que era un hombre hundiéndose por falta de fe, pero también veía
los elementos que influían: el viento y la marea que no cesaban. Dios nos
revela que tiene empatía con nosotros, nos comprende y ayuda a superar todo.
Jamás se fatiga o desmaya.
El
Señor puede darte nuevos ánimos. Jesucristo es el redentor de nuestras fuerzas.
No te
detengas
Salmo
92:10: “Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con
aceite fresco.
El
búfalo saca fuerzas cuando se siente acorralado. Su mayor energía aflora cuando
está en problemas. Es el enemigo número uno de los leones y el único que puede
darle pelea porque tiene mucha fuerza. Si no encuentra comida puede recorrer
kilómetros nadando, aunque es un animal de 1.500 libras con pezuñas y sin
aletas. Pero cuando tiene hambre, no mide riesgos para encontrar alimento.
Pelea y busca, es capaz de cargar casi el doble de su peso. En Asia se le
conoce como el tractor del oriente porque puede cargar grandes cantidades de
peso y es difícil que pare.
Esta
característica me llamó la atención porque nos son como los burros que,
empecinados, nadie los hace caminar. Por el contrario, al búfalo no le gusta
detenerse, por eso le ponen un yugo que lo obliga a parar. Tomemos este ejemplo
para que tu energía venga como consecuencia de seguir trabajando.
Imagina
que Pedro hubiera decidido detenerse y no pedir ayuda, seguramente se hunde,
pero Jesús dice “venid a mi todos los que están cansados”. Debemos ir donde Él
está.
Apoyo
incondicional
El
Salmo 46:1 asegura: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio
en las tribulaciones.”
Jesús
nunca dejó a Pedro tragar agua. No tuvo que resucitarlo, sólo tomó su mano y le
auxilió. Nosotros tenemos un Dios todopoderoso, creador de los cielos y la
tierra que todo lo tiene y todo lo puede. Él quiere regalarte el don de
trabajar, ser exitoso y poder disfrutar del fruto de tu esfuerzo. Isaías 41:10
continúa prometiendo: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque
yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con
la diestra de mi justicia.”
Si el
Señor lo dijo, es seguro que lo hará. Él tiene el poder y la autoridad para
sustentar cualquier cosa por adversa que sea.
Enfrenta
el miedo y dile en la cara que no te asusta porque Jesús está contigo Cuando
afrontas el temor y te abandonas en Sus brazos, Él te sustenta y dice: “no
desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo y siempre te ayudaré”.
S.A.G.
– 08 – DIC – 2024
(Estudio
No. 814)
Si deseas
escribirnos, puedes hacerlo a:
igelrenuevo@gmail.com
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