Salmos
42:6 "Dios mío, mi alma está en mí deprimida…"
Entramos
en las reuniones de la Iglesia los domingos y todos ponen cara de felicidad,
vienen vestidos con su ropa más alegre, aplauden y cantan, lo cual demuestra la
alegría que sienten. Existe la idea errónea en el mundo cristiano de que los
creyentes siempre tienen que estar felices. Sin embargo, muchos reconocemos que
lo que sentimos por dentro no cuadra con lo que mostramos por fuera. En muchos
círculos cristianos se cree que es imposible que un verdadero creyente esté
deprimido, a menos que esté en pecado, carezca de fe o de conocimiento bíblico.
Todos
nos sentimos tristes de vez en cuando, pero la depresión es otra cosa y
requiere un tratamiento especial. La confusión aumenta cuando utilizamos la
palabra “depresión” para referirnos a cosas distintas, como la pena o el duelo
por la muerte de un ser querido, la humillación que supone el fracaso y la
derrota, la frustración ante las expectativas no satisfechas de los demás u
otros problemas emocionales sin resolver.
La
depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo y se calcula que afecta
a más de trescientos millones de personas, creyentes y no creyentes. La
depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de
las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana, como la
tristeza. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando
es de intensidad moderada a grave y de larga duración, y puede causar un gran
sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el
peor de los casos puede llevar al suicidio.
Muchas
veces no prestamos demasiada atención a las historias del Antiguo Testamento,
quizá porque son difíciles de comprender debido a la forma literaria en la que
están escritas y al contexto en el que se escribieron, precisamente para poder
darles una interpretación correcta
Habían
oído hablar alguna vez del profeta Elías, que también sufrió sus momentos de
prueba, a pesar de ser un «elegido» de Dios y entrar en crisis. Elías había
matado a los profetas de Baal en el monte Carmelo, en un episodio en el que se
puso a prueba la lealtad de los seguidores del verdadero Dios.
Cuando
Jezabel, esposa del rey, se enteró de lo sucedido, mandó decir a Elías: “Que
los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora, no hago contigo lo que tú
hiciste con la de ellos”. Ante esa situación, lleno de miedo, Elías escapó y se
deprimió. La palabra dice: “Se fue por el desierto un día de camino y vino y se
sentó debajo de un enebro; y, deseando morirse, dijo: “Basta ya, oh Jehová,
quítame la vida”.
“Basta
ya”, una expresión que creo que muchas veces habremos utilizado en nuestras
vidas. ¿Cuántas veces nos sentimos cansados, agotados, sin esperanza,
desilusionados y sin ganas de vivir? Y no hablamos de suicidio, de hecho, Elías
no quería morir, sino que le pidió a Dios que lo llevara consigo, no renegó de
Él, sino que le pidió ayuda. Pero para Elías, la única solución era morir.
Luego,
la Palabra cuenta que se quedó dormido bajo un enebro esperando la muerte,
cuando se le apareció un ángel con comida y le dijo: «Levántate y come». Elías
se levantó, comió y se repuso, pero, sumido en la depresión, volvió a
acostarse. El ángel, insistente, le dijo: “Levántate y come, porque todavía te
queda mucho camino por delante”. ¡Qué situación tan común en estos días!
Cuántas personas conocemos que alguna vez han estado en una situación difícil y
ha aparecido algún amigo que nos dice: “¡Vamos! Hay que seguir”.
Finalmente,
llega el encuentro con Dios: Elías caminó hasta una cueva y se quedó allí. Dios
le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?». Él, aún afligido, le respondió: «Me
consumo de celo por el Señor, porque los israelitas han abandonado tu alianza,
han derribado tus altares y han matado a tus profetas con la espada. Me he
quedado solo y tratan de quitarme la vida. Dios le dijo: «Sal». Una palabra tan
simple que lo cambia todo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del
Señor». Entonces hubo un fuerte viento, un terremoto y un fuego, pero el Señor
no estaba en ninguno de esos lugares. En cambio, cuando Elías sintió una brisa
suave, se dio cuenta de que Dios estaba allí, en lo simple y lo sencillo.
Y Dios
le vuelve a preguntar: ¿Qué haces aquí Elías? y la respuesta es la misma, pero
la actitud es otra. A lo que inmediatamente Dios responde: "vuélvete por
tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey
de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás
por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que
sea profeta en tu lugar. Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo
matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. Y yo haré que
queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas
bocas no lo besaron"… Elías vuelve y cumple la misión.
Es una
gran historia con la que podemos aprender varias cosas. Como el profeta,
nosotros también vamos a tener pruebas y quizás también tengamos esos momentos
de desesperación en los que no queramos seguir, aunque tratemos de seguir el
camino de Dios. Sin embargo, Dios no nos abandona. Cuando estemos mal, él
vendrá y nos animará a seguir. Y vendrá en forma de brisa suave y sencilla,
porque Dios es así.
Quizás
necesitemos reconocer a Dios en las personas que nos rodean, en las cosas
sencillas. Son esas cosas las que nos hacen seguir adelante. Y no solo eso,
también tenemos el deber de cuidar de nuestros amigos y animarlos a no
desfallecer. Esa es la Iglesia también.
Así
que, si estás mal, no te preocupes, es solo un rato. Dios no se ha olvidado de
ti. Pronto enviará a su ángel para que te alimente y te dé fuerzas de nuevo.
Acuérdate de que hasta Jesús fue consolado por un ángel en el huerto de
Getsemaní antes de su entrega.
No
olvides que los momentos de prueba continuarán, tropezaremos muchas veces y nos
desanimaremos más de una vez. Pero Dios siempre viene a rescatarnos. Y
recordarás cada vez que Dios te ayudó y comprenderás que, si Dios está conmigo,
esto también pasará.
S.A.G.
– 19 – Ene – 2025
(Estudio
No. 820)
Si
deseas escribirnos, puedes hacerlo a:
igelrenuevo@gmail.com
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