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¿Qué Ves Tú? - Por Saúl Guevara (Estudio No. 822)

 


A modo de introducción, diré que hace unos días recibí un comentario de mi hija menor, (Nadia Sahilly) en el que me informaba de que los almendros de Iznate (Málaga, España) estaban en flor y me envió una fotografía que comparto más adelante. Esto me motivó a escribir este estudio, con la seguridad de que será de bendición para muchos.

 Jeremías 1:11 “La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro”

 El almendro es uno de los primeros árboles en florecer después del invierno, por eso florece antes de que salgan sus hojas.

 En invierno, los árboles suelen estar sin hojas, solo hay troncos y ramas aparentemente secas; los días son más cortos y oscurece más temprano. Estas comparaciones constantes que La Palabra hace con la naturaleza son también más que oportunas para nosotros, porque son fáciles de comprender y muy gráficas.

 Hacia el año 626 A.C., Jerusalén estaba viviendo un momento crítico de mucha tensión política y una fuerte declinación espiritual. Eran días apremiantes para la nación, que estaba siendo amenazada por las grandes potencias de la época, que deseaban anexar Judá a sus dominios. El pueblo, alejado de Dios y de sus principios, se había vuelto altamente corrupto, insensible a Dios y ciego ante la amenaza de un enemigo invisible.

 En medio de esta situación, Dios llamó a Jeremías. Este joven profeta se sintió con la misión de ayudar a su nación a volverse de los ídolos a Dios, pero no se sentía preparado para impulsar esos cambios. Dios trató con el muchacho, haciéndole entender su papel en los días históricos que vendrían y él aceptó su llamada y misión.

 Los tiempos actuales no difieren mucho de aquellos. Vivimos con la misma tensión política y una fuerte declinación espiritual y moral. En medio del tumulto de las circunstancias, el deseo que alberga en nuestros corazones sigue siendo el mismo que el de Jeremías: que se produzcan cambios profundos que hagan volver el corazón de la gente a Dios. Pero, al igual que él, también luchamos contra pensamientos que nos sumergen en una zona de incredulidad en la que nos sentimos sin liderazgo, sin capacidad de influencia y con muy poco poder para influir en la dirección que toman las naciones.

 Ante el gran desafío que tenemos por delante, Dios nos sitúa en la misma palabra en la que ubicó a Jeremías: “No eres insuficiente para producir cambios; la transformación de tu entorno empieza contigo”.  “No digas que eres niño”, porque te he dado capacidad y autoridad para producir un impacto en tu entorno. Así que lo determinante aquí es tu visión de las cosas.

 La Iglesia, a igual que nuestros hogares, afrontan desde hace tiempo una batalla de ideas, invadida por una política de género; por ideas de hombres que ahora inventan el manotazo santo, el evangelio de la gracia, el evangelio de la prosperidad, etc. Se trata de una guerra ideológica que nos obliga a preguntarnos con qué herramientas la enfrentamos, qué recursos tenemos para producir el cambio necesario y cómo nos preparamos para un tiempo de controversia.

Regresemos a las Escrituras: Jeremías 1:11...12 "La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra"

 Dios le preguntó a Jeremías: “¿Qué ves, Jeremías?”. Jeremías tenía que desarrollar rápidamente su fe. Esto implica ver por fe, no por vista. Jeremías tuvo una visión y dijo: “Veo una vara de almendro”. La vara de Aarón era de una rama de almendro, cuyo significado literal en hebreo es “el que despierta” (Números 17). Jeremías estaba viendo su destino por fe. Le habían llamado para ser un “despertador”. Dios le dijo que profetizara y desafiara al pueblo de Israel acerca de su vocación y su destino. Dios le dijo que fuera y los despertara. Dios te pregunta hoy: ¿qué ves? Dios quiere despertar los sueños, las promesas, la pasión, porque su Espíritu está soplando vida sobre ellos y derramando su favor para que se cumplan. Es tiempo de sacudirse el letargo espiritual y despertar a los planes y propósitos de Dios para tu vida.

 Cree que lo mejor de Dios para ti está disponible si tan solo crees.

 Lee esta palabra profética:

“No te dejaré donde estás. Debes estar preparado para esta temporada. Vive preparado. Busca mi presencia cada día. No permitas que tus pensamientos se desvíen ni se distraigan por las presiones, dificultades y provocaciones que el enemigo te lanzará. La estrategia del infierno contra tu vida ha sido derrotada, y mi gloria se está abriendo sobre ti como un cielo abierto para todas tus oraciones”.

“Conoce esto: yo no soy un Dios de retirada o disminución, sino de ampliación y aumento, y ese es el sello distintivo de la vida de todos aquellos que confían en mí. Las mentiras, la intimidación y las amenazas vacías del adversario no son más que humo y espejos. No permitas que el enemigo te aparte de la cosecha. Hay dones en ti y hay una vocación para tu vida. Presiona más allá del auto enfoque y la referencia personal y asegura tu vocación y elección. Es a través de mucha presión que ingresas a mi reino, así que no te desanimes. Mantente alineado cuando tomes decisiones en momentos de presión. No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda. Como dice en Mi Palabra: “El sabio tiene ojos en su cabeza” (Eclesiastés 2:14), así que no cedas ante esas influencias que te llevan a una situación de callejón sin salida, sin respuestas y sin retorno. “Yo estoy trabajando, dice el padre. Estoy trayendo un cambio. Has esperado el cambio, y el cambio está sobre ti. Las maldiciones generacionales del enemigo que buscan reproducirse en tu vida, las devastaciones del pasado, no tendrán éxito. Te has metido conmigo. Has salido de los caminos del hombre y has entrado en el camino de Dios. Persevera. No te desanimes ni te detengas. Tu recompensa está cerca. Mi espíritu se mueve. Tu regocijo será grande”.

"No dejes eso a un lado, porque, así como me has buscado, confiado en mí y puesto tus expectativas en mí, yo haré un trabajo rápido en tu vida que todos verán y sabrán que mi favor ha llegado a ti de una manera radical. El momento es ahora, el momento es ahora. Yo no te he rechazado ni retenido, por lo tanto, nadie te rechazará ni retendrá.  No permitas que el enemigo te diga: "Tu tiempo se acabó" o "Tu vida se acabó".  Tu vida no ha terminado, solo ha comenzado.  Este no es el capítulo final, sino el culminante en el que justificaré todas las aventuras y experiencias por las que pasaste, y en el que preguntarás: "Dios, ¿cuál era el propósito de todo esto?". Yo te llevaré y te convertiré en un odre nuevo de vino para mi nuevo vino". "La cosecha es tuya. La vara de almendro está brotando. Las hojas, los brotes, las flores y los almendros están ahí. ¡Los almendros están cayendo sobre ti!  Dice el Padre: "Están floreciendo los almendros, la primera cosecha es tuya, como lo prometí en mi palabra.  Yo estoy apresurando mi palabra para cumplirla, y tu gozo será grande.  Tu gozo será completo. Tu celebración será continua, porque ese es mi plan y propósito para tu vida".

S.A.G. – 2 – FEB – 2025

(Estudio No. 822)

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