No Sea Alarmista Religioso Por Saúl Guevara

 

Sabemos que Dios tiene el control de todo lo que ocurre en la tierra; sin embargo, en algunas ocasiones y frente a algunas circunstancias, malinterpretamos a Dios e incluso olvidamos que las respuestas a nuestras inquietudes e interrogantes las encontramos en su Santa Palabra.

 El carácter misterioso del proceder de Dios y la ignorancia de nuestro pobre entendimiento humano, provoca interpretaciones completamente ajenas a la realidad. Cada quien interpreta desde su posición y propia experiencia, olvidando que “sus pensamientos no son nuestros pensamientos” Isaías 55:8…9

 Es así, que cuando algo malo sucede en el mundo, instantáneamente surgen seudo interpretadores bíblicos con sus gritos angustiantes del fin del mundo. No son más que alarmistas farsantes y lamentablemente abundantes en nuestros días.

 Mateo 24:5…8 nos da importantes pistas para que podamos discernir la aproximación del fin de los tiempos, “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo; Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”.

 Un incremento en falsos Mesías, un incremento en guerras, un incremento en hambrunas, plagas y desastres naturales son “señales” del fin de los tiempos. Y aún así, en este pasaje, estamos siendo advertidos; no debemos dejarnos engañar (Mateo 24:4), porque estos eventos son sólo el principio de los dolores de parto (Mateo 24:8). El fin está aún por venir (Mateo 24:6).

 Muchos de estos alarmistas señalan cada terremoto, cada conmoción política, cada guerra y cada ataque sobre Israel, como una señal segura de que el fin de los tiempos se acerca rápidamente.

 Mientras que estos eventos son señales de que el fin de los tiempos se aproxima, no son necesariamente indicadores de que el final ha llegado.

 Pablo advierte que en los últimos días habrá un marcado incremento de falsas enseñanzas. “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” 1 Timoteo 4:1. Los últimos días son descritos como “tiempos peligrosos” por el incremento en el carácter maligno del hombre y las personas que conscientemente “resistirán la verdad” (2 Timoteo 3:1…9; 4:3…4, ver también 2 Tesalonicenses 2:3).

 Con estas señales en mente, podemos ser sabios y tener discernimiento con respecto a la expectativa del fin de los tiempos. Sin embargo, no debemos de ninguna manera interpretar ninguno de estos eventos singulares como una clara indicación de la pronta llegada del fin. Dios nos ha dado suficiente información para que podamos estar preparados y a eso es a lo que estamos llamados

 Dios no se detiene a consultarnos y todo acontece de acuerdo al “designio de su voluntad” (Efesios 1:11). Dios tiene su tiempo; tiene su propia manera de hacer las cosas y actúa de conformidad con ellos. La historia del mundo está ligada al reino divino y la clave de la historia mundial, es el reino de Dios.

 En última instancia, la historia actual, sólo es de importancia en la medida de su relación con la Iglesia cristiana. Lo que realmente importa en el mundo, es el reino de Dios. Desde el principio, desde la caída del hombre, Dios ha estado obrando para establecer un nuevo reino en el mundo, su propio reino y está llamando a personas para que salgan del mundo y entren en ese reino. Todo lo que acontece en el mundo está relacionado con este propósito central, que todavía está en su proceso de formación, pero finalmente llegará a su perfecta consumación. Otros eventos cobran importancia en la medida en que estén asociados con este evento. Los problemas de hoy sólo se han de entender a la luz de este propósito. Lo que Dios está permitiendo en la Iglesia y en el mundo actual, está relacionado con su gran propósito para su Iglesia y su reino.

 Por lo tanto, no tropecemos cuando vemos que ocurren acontecimientos sorprendentes en el mundo. Más bien, hagamos la siguiente pregunta: ¿Cuál es la relación de este evento con el reino de Dios?

 De igual manera, si nos ocurren acontecimientos extraños en la esfera personal, no nos quejemos, sino que digamos: ¿Qué me está enseñando Dios por medio de esto? ¿Qué hay en mí que necesita ser corregido? ¿Dónde he procedido mal? ¿Por qué está permitiendo Dios estas cosas? Sin duda que en todo hay un significado si tan sólo podemos llegar a verlo.

 No es necesario turbarse y dudar del amor y la justicia de Dios. Si Dios contestara algunas de nuestras oraciones enseguida y a nuestra manera, seríamos cristianos muy empobrecidos. Afortunadamente, Dios a veces demora su respuesta a fin de proceder a la eliminación de nuestro egoísmo u otras actitudes que no deben estar en nosotros.

 Dios tiene interés en nosotros y se propone equiparnos para un lugar de mayor plenitud en su reino. Debemos entonces juzgar cada evento que acontece en el mundo, a la luz de la Palabra, ese es el propósito de Dios al entregárnosla.

El alarmista por lo general es pesimista y el pesimismo es la tendencia a ver lo peor de las cosas y esperar el peor resultado posible. Un pesimista es una persona que ve el vaso medio vacío y nunca lo vera medio lleno.

 Los pesimistas a veces prefieren llamarse a sí mismos "realistas"; sin embargo, la realidad no suele ser tan oscura como dicen. Algunas personas son por naturaleza optimistas. Ven la luz del sol todos los días y encuentran el lado positivo de cada nube. Otros parecen haber nacido con una disposición más oscura y no ven la necesidad de cambiarlo ya que "así es como soy yo".

 Lo opuesto al pesimismo es la esperanza y la Biblia es un libro de esperanza (Salmo 119: 105; Proverbios 6:23). El Señor es el Dios de toda esperanza (Romanos 15:13). Desde Génesis hasta el Apocalipsis, Dios teje su tema de esperanza. Si bien muchos de los eventos registrados en la Biblia parecían oscuros y sin esperanza en ese momento, Dios siempre ofreció una manera de ser restaurado (Deuteronomio 30:1…2; Zacarías 1:3). La oferta continua de restauración de Dios debería triunfar sobre nuestro pesimismo natural.

 No deje de escudriñar, examinar, inquirir y averiguar cuidadosamente algo y sus circunstancias revisando toda su Biblia y cuídese de esos charlatanes alarmistas recordando que “vendrán muchos en mi nombre, diciendo; Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán…” Mateo 24:5…8

S.A.G. – 21 – MAR – 2022

 

 

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