El
tema de los grupos de alabanza, con sus comportamientos cuestionables y
errores, va más allá de la música en sí. Este ministerio refleja tanto la salud
como la falta de salud de las congregaciones. En Romanos 15:1-2, se destaca la
importancia de que quienes son fuertes en la fe apoyen a los más débiles, en
lugar de buscar solo satisfacer sus propios deseos. Todos debemos apoyar al
prójimo para su bienestar y para edificarlo. Las iglesias tienen una cuota de
responsabilidad cuando los grupos de alabanza cometen fallos. Permíteme
intentar explicar esto mejor:
Normalmente
se sueña con un acople en que los cantos e instrumento suenen tal como los
grupos de alabanza del momento. La dificultad surge cuando algunos músicos del
grupo no viven de acuerdo a principios espirituales, otros participan por
razones poco sinceras, o cuando el conocimiento y la técnica de algunos son
insuficientes, sin mencionar las habilidades vocales y su modulación.
Para
algunos del grupo de alabanza, participar se ha convertido en una carga
obligatoria. Por esta razón, siempre se enfatiza la importancia del compromiso
y se enfrenta el desafío de que los integrantes asistan a los ensayos, oren,
lean su Biblia, se inscriban en cursos bíblicos o al menos permanezcan en la
reunión dominical después de su participación. Se espera que el compromiso se
reduzca principalmente a estar presentes durante el ensayo y practicar
disciplinas espirituales. Sin embargo, no entienden que se trata de una entrega
a Dios, no solo por ser parte del grupo de alabanza, sino por ser discípulos de
Jesucristo, a quien han declarado su Rey y Señor.
No se
les enseña lo que significa ser un líder y administrador de las cosas de Dios.
Los miembros del grupo de alabanza están allí no solo por saber tocar un
instrumento o cantar, ni por tener habilidades en dirección musical o coral,
sino para servir a Dios y a la comunidad de la iglesia.
En
ocasiones, los integrantes de los grupos de alabanza persisten en conductas que
claramente transgreden los principios divinos, y no obstante, reciben
indulgencia debido a la primacía otorgada a la presencia de música durante el
servicio dominical, en vez de a las condiciones de sus vidas personales o al
testimonio que ofrecen. Resulta particularmente alarmante la falta de atención
espiritual o la manifiesta intención de persistir en el pecado. Esto denota un
menosprecio por la excelencia en su desempeño, ya que no se comprometen
individualmente con el ensayo musical, olvidando que todo lo que realizan
constituye una forma de adoración hacia Dios.
·
La elección de las alabanzas.
Se
utiliza el criterio de seleccionar lo que es efectivo, aquello que logra poner
a la congregación en un estado de euforia o de gran emoción, incluso hasta las
lágrimas. Esto es particularmente relevante cuando no ha habido tiempo para
seleccionar o ensayar nuevas canciones de alabanza.
Este
es un tema que toca a todos y cada uno de quienes sirven a los creyentes y a la
misma congregación, pero hablemos específicamente de los grupos de alabanza.
Lo
esencial no es contar con un grupo de alabanza, sino que las vidas de sus
integrantes se conviertan en una razón y un medio para honrar a Dios, siendo
capaces de atraer Su gloria en ese instante. Así, serán utilizados para guiar a
la congregación hacia el lugar adecuado, evitando caer en un emocionalismo
estéril y efímero, y promoviendo que los creyentes entreguen sus vidas y se
conviertan en verdaderos adoradores de Dios.
S.A.G.
- 23 – AGO – 2026 (Estudio No. 899)
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