Si se me pidiera identificar una de las razones más
comunes por las que las personas deciden abandonar la Iglesia, la palabra
"hipocresía" suele ser la primera que surge.
Durante los años que he pasado siendo parte de una
congregación o al frente de ella, he presenciado situaciones que me han
desconcertado y me han llevado a cuestionar ciertas actitudes. Es difícil
contar las veces en que he visto a miembros de la iglesia actuar de maneras que
contradecían los valores que predicaban o desempeñarse de formas que ellos
mismos sabían que no eran correctas. Con el tiempo, ese tipo de comportamientos
suelen convertirse en tema de conversación dentro de la misma comunidad,
ganándose etiquetas como "hipócritas". Al final, muchos de los que
observan estas actitudes acaban alejándose de la Iglesia. Para algunos, el
argumento principal es: "Todos son unos hipócritas".
En una ocasión, hablé con mi pastor acerca de este
problema y sobre cómo enfrentar la aparente contradicción entre el mensaje de
fe y las acciones de quienes lo profesan. Su consejo fue claro: "Debemos
ser como caballos de carreras con anteojeras: mantener la mirada fija en la
meta, que es la vida eterna en el Reino de Dios". Los caballos usan esas
anteojeras para limitar su campo visual y concentrarse únicamente en lo que
tienen frente a ellos, dejando fuera cualquier distracción del entorno.
Si les pidiera que mencionaran una razón por la que la
gente abandona la Iglesia, la hipocresía suele ser la primera que viene a la
mente. Una encuesta realizada en 2019 por LifeWay Research concluyó que una de
las dos razones más frecuentes para dejar de asistir a la iglesia era que los
miembros de la iglesia parecían prejuiciosos o hipócritas. Cuando observamos
hipocresía, es fácil desilusionarse e incluso sentir la tentación de rechazar
la Iglesia por completo.
¿Qué es la hipocresía?
El diccionario de la Real Academia Española (RAE), define
la hipocresía como "Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a
los que verdaderamente se tienen o experimentan". La palabra hipocresía
describe un comportamiento, pero la palabra hipócrita describe a una persona.
Al analizar este tema, es importante distinguir entre observar comportamientos
que parecen ser hipocresía y etiquetar a alguien como hipócrita.
En el contexto cristiano, un hipócrita es aquel que
aparenta tener un carácter virtuoso, ser moralmente puro o practicar creencias
o principios religiosos, cuando en realidad no es así. La palabra griega
traducida como hipócrita, significa literalmente Como: actor que finge ser
alguien que no es: y aparece veinte veces en el Nuevo Testamento. En diecisiete
de esas ocasiones, Jesucristo la utiliza para reprender a los escribas y
fariseos.
En
Mateo 6, Jesús instruye sobre la caridad, la oración y el ayuno, enfatizando la
importancia de no imitar el comportamiento de los hipócritas (Mateo 6:1-2, 5,
16). El término "hipócrita" alcanza su mayor relevancia en el
capítulo 23 de Mateo, donde Jesús pronuncia siete "¡Ay!" contra los
escribas y fariseos, denunciándolos como hipócritas (Mateo 23:13-29). Estas
exclamaciones son expresiones de dolor o indignación por su conducta.
En el
Nuevo Testamento, la palabra "hipócrita" o "hipócritas" se
menciona veinte veces refiriéndose a personas o grupos, y siempre la utiliza
Jesús. ¿Nos dice esto algo? Tal vez sí. Recordemos la ocasión en que Dios envió
a Samuel a la casa de Jesé en busca de un rey. A medida que los siete hijos de
Jesé pasaron ante Samuel, Dios le recordó: “El hombre mira las apariencias,
pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
El
hecho de que algo nos parezca una muestra de hipocresía no garantiza que
realmente lo sea, ya que no podemos conocer las intenciones o el corazón de los
demás. Pablo, en varias de sus cartas a las iglesias, instó a los creyentes a
imitar a Dios. Como señala, “Por tanto, sean imitadores de Dios como hijos
amados” (Efesios 5:1; 1 Corintios 11:1). Esto nos llama a actuar con humildad y
a reflexionar sobre nuestras propias intenciones antes de juzgar.
La mayoría de los miembros de la Iglesia no son
hipócritas, sino que intentan ser como Jesucristo. Se esfuerzan por imitarlo
reflejando su naturaleza, carácter y comportamiento.
Estar en la Iglesia no nos hace perfectos, así que todos
luchamos por ser como Cristo y aun así pecamos (Romanos 3:23). Podemos observar
lo que creemos que es hipocresía, pero no vemos a esa persona en la intimidad
de su hogar, orando a Dios, arrepintiéndose de sus pecados y pidiendo perdón.
Cuando el arrepentimiento es sincero, Dios promete perdonar (1 Juan 1:9). Si no
tenemos cuidado, podríamos etiquetar erróneamente a alguien como hipócrita
cuando en realidad se esfuerza diariamente por ser como Cristo y simplemente no
lo logra.
Ninguno de nosotros tiene la capacidad de conocer el
corazón de otra persona. Aunque podamos percibir lo que parece ser hipocresía,
solo Dios y Jesucristo saben quién es hipócrita y quién intenta imitar a Cristo
con sinceridad.
¿Qué se puede hacer al respecto?
¿Cómo podemos ayudar a alguien que está a punto de
abandonar la Iglesia porque percibe hipocresía en la vida de sus miembros? ¿Qué
podemos decirle para que recapacite? Quizás tú mismo hayas enfrentado esta
misma lucha, así que ¿cómo resistir la tentación de renunciar?
Llamemos primero a las cosas por su nombre: una excusa.
No uses la hipocresía como pretexto para abandonar la Iglesia. Sí, es difícil
ver la hipocresía, pero Dios también la ve y se ocupará de ella cuando esté
listo. Recordemos que nadie es perfecto; todos pecamos. Incluso los cristianos
diligentes se equivocan de vez en cuando, así que ten paciencia y misericordia
con ellos. ¿No te alegra que Dios sea paciente contigo?
De los qué se van, lamentablemente, no pudieron superar
la hipocresía que veían y no tuvieron la paciencia suficiente para esperar a
que otros maduraran o dejar que Dios obrara. No fue fácil porque no les parecía
justo, y al final se dieron por vencidos con la Iglesia. Como si usáramos
anteojeras, debemos mantener la vista fija en la meta de la vida eterna en el
Reino de Dios. ¡No te fijes en cómo se comportan los demás para luego usar eso
como excusa para abandonar tu carrera! Sí, a veces es difícil, pero muchas
cosas en la vida requieren que hagamos cosas difíciles.
Recuerda lo que Pablo le escribió a Timoteo: "He
peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe.
Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me
otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que con amor
hayan esperado su venida" (2 Timoteo 4:7…8 NVI).
S.A.G.
- 24 – MAY – 2026 (Estudio No. 886)
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