Es un concepto bíblico que simboliza la disciplina física
o correctiva que los padres utilizan para enseñar, corregir la necedad y
proteger el carácter de los hijos. Se asocia con el amor, la guía y el
establecimiento de límites. Busca infundir sabiduría, salvar de la necedad y
evitar que el niño crezca consentido y cause vergüenza.
Aunque a menudo se interpreta como disciplina física,
algunos enfoques destacan que representa la corrección, la autoridad y la guía
constante, similar a un pastor con su vara. La Biblia indica que la corrección
temprana trae descanso, alegría y paz al hogar: Proverbios 22:15 menciona que
la necedad está ligada al corazón del muchacho, pero la vara de la corrección
la alejará de él.
Tradicionalmente se ve como un acto de amor y
responsabilidad paternal para formar el carácter, pero las perspectivas
contemporáneas debaten su aplicación física, enfocándose más en el propósito
correctivo y educativo de la disciplina y un concepto alcahuete de la
corrección.
La frase "el que evita la vara odia a su hijo"
significa que, si un padre se niega a disciplinar a un niño rebelde, ese niño
se acostumbrará a salirse con la suya. Llegará a ser, en el lenguaje común, un
mocoso malcriado. El dicho viene de Proverbios 13:24, "Él que escatima la
vara odia a su hijo, más el que lo ama lo disciplina con diligencia". El
Señor utiliza la disciplina para revelarnos nuestro pecado. Así es también como
los padres revelan a sus hijos la verdad de nuestra necesidad de un Salvador.
Cuando un niño no siente la consecuencia de su pecado, no entenderá que el
pecado requiere castigo.
Además, la corrección nos muestra que no estamos libres
de culpa y que somos responsables de nuestros actos. Los niños que respetan la
autoridad y sienten arrepentimiento por su pecado son mucho más propensos a
pedirle a Jesús que los perdone y se salven.
Los niños nacen pecadores (Romanos 5:12…19). Su
naturaleza es destructiva e injusta. Eso no significa que no sean valiosos y
dignos de amor (Salmo 127:3). Significa que no han nacido con ninguna
"bondad" natural en ellos. Por eso todos los niños necesitan
disciplina. Proverbios 22:15 dice: "La necedad está ligada en el corazón
del muchacho; más la vara de la corrección la alejará de él". La
disciplina es fundamental para la sabiduría (Proverbios 29:15), y un niño que
obedece a sus padres será sabio (Proverbios 13:1). E incluso los adultos que no
hacen caso de la corrección sentirán las consecuencias de su insensatez
(Proverbios 10:13).
Algunas personas creen en la disciplina, pero no en la
disciplina física como los azotes. Sin embargo, la Biblia es la última palabra
sobre lo que es verdad; no es una mera opinión o teoría. La palabra vara indica
un palo delgado que se puede usar para causar una mínima cantidad de dolor
físico sin que haya una lesión física permanente. Nunca se debe lastimar, herir
o provocar cortes a un niño mediante una corrección física. La Biblia advierte
que los padres nunca deben abusar del poder y la autoridad que tienen sobre sus
hijos cuando son pequeños, ya que esto provoca la rabia justificada de los
niños (Efesios 6:4; Colosenses 3:21). La disciplina física se hace siempre con
amor, nunca como desahogo de la frustración de los padres. También es sólo una
parte de la disciplina y debe usarse cuando el niño se muestra desafiante ante
un límite claro, y no en el momento de acaloramiento.
Dios instruye a los padres para que críen a sus hijos de
la manera en que Él lo hace. Hebreos 12:5…11 nos dice que Dios disciplina a los
que ama para perfeccionar su justicia. Dios sólo disciplina a los suyos, lo que
demuestra que los cristianos son Sus hijos amados. Fíjate que David dice que la
vara del Señor lo consuela en su tiempo de angustia (Salmo 23:4).
Sabemos que ninguna disciplina es agradable cuando se
lleva a cabo, pero después hay una gran recompensa (Hebreos 12:11). El carácter
piadoso, el fruto del Espíritu y la paz son recompensas de la disciplina de
Dios. Lo mismo ocurre con nuestros hijos naturales. Los niños que han aprendido
a asumir la responsabilidad de sus acciones son personas mucho más felices
(Proverbios 3:11…18).
La mejor manera de disciplinar a los niños puede ser una
tarea difícil de aprender, pero es crucialmente importante. Algunos afirman que
la disciplina física (castigo corporal), como las nalgadas, es el único método
que la Biblia apoya. Otros insisten en que los "tiempos donde no se les
permite hacer nada" y otros castigos que no implican disciplina física son
mucho más efectivos. ¿Qué dice la Biblia? La Biblia enseña que la disciplina
física es apropiada, beneficiosa y necesaria.
No hay que malentenderlo, de ninguna forma estamos
abogando por el maltrato infantil. Un niño jamás debe ser disciplinado
físicamente hasta el punto que pueda causarle un daño físico. Sin embargo, de
acuerdo con la Biblia, es bueno que el niño cuente con restricciones y una
apropiada disciplina física, que contribuya a su sano desarrollo y bienestar.
De hecho, muchas Escrituras promueven la disciplina
física. “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no
morirá” (Proverbios 23:13…14). Hay también otros versículos que apoyan la
corrección física (Proverbios 13:24, 22:5, 20:30). La Biblia habla
enfáticamente de la importancia de la disciplina; es algo que todos debemos
tener para ser personas productivas y es mucho más fácil aprenderlo mientras
aún somos pequeños. Los niños que no son disciplinados, crecen en rebelión, no
tienen respeto por la autoridad, y como obvio resultado, no estarán dispuestos
a obedecer y seguir a Dios. Él utiliza la disciplina para corregirnos y
guiarnos por el camino correcto; así como para llevarnos al arrepentimiento de
nuestras acciones (Salmo 94:12; Proverbios 1:7, 6:23, 12:1, 13:1, 15:5; Isaías
38:16; Hebreos 12:9).
Para poder aplicar la disciplina correctamente y de
acuerdo a los principios bíblicos, los padres deben estar familiarizados con
los consejos de las Escrituras con respecto a la disciplina. El libro de
Proverbios contiene abundante sabiduría con respecto a la crianza de los hijos
y por supuesto, la disciplina debe tener como objetivo el bien del niño y nunca
debe ser utilizada para justificar el abuso y el maltrato de los niños. Nunca
se debe usar para desahogar la ira o la frustración.
La disciplina se utiliza para corregir y guiar a la gente
por el camino correcto. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece
ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia
a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).
Algunos padres descubren que sus hijos no responden bien
a la disciplina física. se dan cuenta que el castigo y/o el quitarles algo a
los niños es más efectivo para fomentar el cambio de comportamiento. Si ese es
el caso, por supuesto, un padre debe emplear los métodos que mejor produzcan el
cambio de comportamiento necesario. Mientras que la Biblia innegablemente
recomienda la disciplina física, la Biblia está más preocupada con la meta de
construir un carácter piadoso que en el método preciso usado para producir ese
objetivo.
“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros
hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).
Criar a un niño en la “disciplina y amonestación del Señor” incluye la
disciplina correctiva, establecer límites, y sí, amorosa disciplina física.
S.A.G.
- 05 – ABR – 2026 (Estudio No. 879)
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