Hoy en
día, nos enfrentamos constantemente a presiones para aceptar información que no
es del todo cierta; información que carece de perspectiva o está incompleta.
Estamos en la era de la información y a pesar de que
llegó hace casi veinticinco años, a los mayores nos ha tomado desprevenidos. Por
ejemplo, un niño de cuatro o cinco años sabe bien que no hay que clicar nunca
en esos anuncios que aparecen de repente en su pantalla mientras navegas por
Internet, menos cuando te salen en medio de un capítulo o en un juego. Sin
embargo, los adultos vamos y clicamos.
Es
importante señalar que gran parte de lo que se encuentra en Internet puede ser
engañoso o manipulado. Muchas veces, la información se extrae de otros sitios y
se presenta solo para atraer la atención y generar ingresos publicitarios, sin
importar su veracidad. Este modelo de negocio busca recopilar esa información
para atraer visitantes, sin preocuparse por su precisión y/o veracidad.
Las
páginas que producen contenido viral suelen reproducir material de otros sitios
o de cuentas personales, simplemente para capturar emociones básicas. Los blogs
alarmistas también se benefician de nuestra curiosidad insaciable sin
retribuirnos nada a cambio, excepto miedos infundados y desinformación. Esto
nos quita tiempo y enfoque, dejándonos indefensos ante la información veraz.
Este período no es diferente de los desafíos que enfrentaron generaciones
anteriores; el cambio cultural ha sido rápido y radical, pero los problemas
humanos permanecen.
El
problema no radica en no compartir suficientes versículos en plataformas como
Facebook o X, sino más bien en nuestra falta de juicio y discernimiento al
interactuar en redes sociales.
En la
Biblia, se hallan numerosas exhortaciones a la sabiduría para evitar caer en
engaños. Proverbios menciona insistentemente la importancia de obtener
sabiduría y conocimiento. Mantener un aprendizaje constante es nuestra defensa
más eficaz en estos tiempos donde la información equivocada nos llega desde
diferentes frentes. Hace años, las noticias falsas sobre descubrimientos
arqueológicos bíblicos eran comunes; esa moda se extinguió, pero el escaso
discernimiento persiste en nuevas formas. Lo mismo ocurre con las profecías
sobre el fin del mundo inundando nuestros medios sociales sin un juicio sólido.
Para discernir la verdad en lo que nos llega por redes sociales, aquí algunos
consejos prácticos:
- No te
quedes solo con el titular. Observa la página detenidamente antes de leer. Si
es un blog o sitio con un diseño descuidado, pero con mucho contenido, podría
tratarse de información falsa.
- Desconfía
de los sitios con excesiva publicidad, especialmente de aquellas que aparecen
intrusivamente mientras navegas. Podría indicar contenido poco fiable.
- Si el
texto usa frases impactantes, pero carece de sustancia, sospecha. Esto suele
ser un indicativo de que el texto es solo un medio para productos comerciales.
- Un
artículo sin enlaces a fuentes fiables suele significar que lo que afirma es
falso. El escepticismo debe surgir ante frases como "Estudios científicos
han demostrado que…" sin citar los estudios.
- Pregúntate
cuál es el propósito detrás de lo que lees. ¿Informarte, alarmarte o incitarte
a comprar? Si el objetivo parece ser tu dinero, mantente alerta.
- Recuerda
que las ofertas demasiado buenas para ser verdad generalmente no son ciertas.
Nadie regala grandes premios ni vende artículos de lujo por cantidades
irrisorias.
Más
allá del engaño evidente, hay algo más perturbador. Es preocupante cómo a
menudo se busca manipularnos aprovechando nuestra fe y buena voluntad.
El título de artículo lo llame así, porque, por un lado,
nos manosean como a cualquiera cuando no deberían, pero por otro lado porque
parte de ese manoseo viene, precisamente, de que somos cristianos. Una hermana
para comprobárnoslo, compartió este mensaje: “¡Atención! Estemos muy atentos
porque el próximo domingo 12 de julio al culminar el culto en todas las
iglesias del mundo se cumplirá fielmente lo que está escrito en Juan 7:53.
¡Léalo por favor urgente y avisen a todos los que puedan!”. ¿Lo leyó?
Sin embargo, la realidad que hay detrás de la broma es
profunda e inquietante: ¿Por qué hay tantas advertencias y causas de
oración compartidas en redes sociales? Hace unos meses, se esparcieron falsos
llamados a oración por supuestas amenazas a comunidades cristianas, las cuales
resultaron ser inexistentes. Estos mensajes contaban historias vagas y
alarmantes sin detalles concretos, engañando a muchos y generando una gran
confusión. Es difícil entender el propósito detrás de estos engaños cuando no
hay beneficio económico claro. La intención parece ser crear confusión,
desviando nuestras oraciones de aquellos que realmente las necesitan y
sembrando ansiedad. En esta era digital, muchas veces oramos impulsivamente por
situaciones mostradas en redes sociales sin encontrar verdadera paz en Dios.
Esto no es malo en sí, pero la acumulación de tales contenidos en nuestras
redes puede alejarnos de lo importante: la comprensión y la tranquilidad basada
en la fe genuina.
Un
terremoto, una masacre en un centro educativo, ya sea en un colegio o
universidad, un secuestro masivo en el corazón de África, un accidente aéreo,
una revuelta social, un conflicto civil... El mundo está perpetuamente marcado
por tragedias. Frecuentemente dirigimos nuestras oraciones hacia las noticias
más recientes, pero ¿estamos realmente convencidos de que estas deben ser
siempre las prioridades en nuestras plegarias? Planteo la cuestión de si
nuestras oraciones dependen exclusivamente de lo que se destaca en las redes
sociales o los medios de comunicación. ¿Acaso introducimos en nuestras
oraciones aquello que no se refleja en los titulares?
Mi
intención no es promover una proliferación de peticiones de oración en nuestros
círculos, sino enfatizar la necesidad de prudencia y discernimiento al
interceder por los demás.
Existe
una fina línea entre ser cristianos dedicados y conscientes del don que nos ha
sido otorgado y permitirnos ser manoseados, reaccionando más desde la ansiedad
que desde la guía del Espíritu Santo. Únicamente Dios puede revelarnos dónde se
encuentra esa línea. Recordemos Oseas 4:6, que dice: "Mi pueblo fue
destruido porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento,
yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo
me olvidaré de tus hijos."
S.A.G.
- 05 – JUL – 2026 (Estudio No. 892)
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