Fallas En El Grupo De Alabanza Por Saúl Guevara (Estudio No. 899)

 


El tema de los grupos de alabanza, con sus comportamientos cuestionables y errores, va más allá de la música en sí. Este ministerio refleja tanto la salud como la falta de salud de las congregaciones. En Romanos 15:1-2, se destaca la importancia de que quienes son fuertes en la fe apoyen a los más débiles, en lugar de buscar solo satisfacer sus propios deseos. Todos debemos apoyar al prójimo para su bienestar y para edificarlo. Las iglesias tienen una cuota de responsabilidad cuando los grupos de alabanza cometen fallos. Permíteme intentar explicar esto mejor:

 ·         Creencia que, entre más, mejor.

Normalmente se sueña con un acople en que los cantos e instrumento suenen tal como los grupos de alabanza del momento. La dificultad surge cuando algunos músicos del grupo no viven de acuerdo a principios espirituales, otros participan por razones poco sinceras, o cuando el conocimiento y la técnica de algunos son insuficientes, sin mencionar las habilidades vocales y su modulación.

 Por lo general, reclutamos sin haber realizado un trabajo espiritual previo, convencidos de que cuantos más miembros haya, mejor sonará el grupo, con la esperanza de que la dedicación espiritual llegará con el tiempo.

 ·         El tema de la responsabilidad.

Para algunos del grupo de alabanza, participar se ha convertido en una carga obligatoria. Por esta razón, siempre se enfatiza la importancia del compromiso y se enfrenta el desafío de que los integrantes asistan a los ensayos, oren, lean su Biblia, se inscriban en cursos bíblicos o al menos permanezcan en la reunión dominical después de su participación. Se espera que el compromiso se reduzca principalmente a estar presentes durante el ensayo y practicar disciplinas espirituales. Sin embargo, no entienden que se trata de una entrega a Dios, no solo por ser parte del grupo de alabanza, sino por ser discípulos de Jesucristo, a quien han declarado su Rey y Señor.

 ·         No entienden el rol de ser un líder.

No se les enseña lo que significa ser un líder y administrador de las cosas de Dios. Los miembros del grupo de alabanza están allí no solo por saber tocar un instrumento o cantar, ni por tener habilidades en dirección musical o coral, sino para servir a Dios y a la comunidad de la iglesia.

 Un siervo de Dios disfruta de una vida en sumisión a la voluntad de su Señor. La dedicación de cada creyente es esencial para ejercer su fe, y no se puede esperar menos de un líder. Eso es todo lo que Dios requiere.

 Muchos no comprenden que no deberían ocupar un lugar si su propósito no es el servicio genuino, sometiendo sus deseos a aquel a quien sirven, y viviendo de manera irreprensible para que, primero, sus vidas sean motivo de alabanza a Dios, y luego sus talentos y dones.

 ·         Casi nula responsabilidad de ser lideres.

En ocasiones, los integrantes de los grupos de alabanza persisten en conductas que claramente transgreden los principios divinos, y no obstante, reciben indulgencia debido a la primacía otorgada a la presencia de música durante el servicio dominical, en vez de a las condiciones de sus vidas personales o al testimonio que ofrecen. Resulta particularmente alarmante la falta de atención espiritual o la manifiesta intención de persistir en el pecado. Esto denota un menosprecio por la excelencia en su desempeño, ya que no se comprometen individualmente con el ensayo musical, olvidando que todo lo que realizan constituye una forma de adoración hacia Dios.

 Prepararse debidamente para realizar nuestras labores cotidianas o para rendir bien en un examen subraya la obligación de ofrecer lo mejor de nosotros mismos a quien es digno de toda gloria. Sin embargo, no cumplimos con esta exaltación cuando fallamos incluso en realizar lo estrictamente necesario. En consecuencia, se evidencia una marcada carencia de responsabilidad en quienes ostentan un rol de liderazgo.

·         La elección de las alabanzas.

Se utiliza el criterio de seleccionar lo que es efectivo, aquello que logra poner a la congregación en un estado de euforia o de gran emoción, incluso hasta las lágrimas. Esto es particularmente relevante cuando no ha habido tiempo para seleccionar o ensayar nuevas canciones de alabanza.

 ¿Cuál es la importancia si las letras entran en conflicto con las enseñanzas bíblicas? Parecería que ninguna. ¿Es relevante si nunca mencionan los términos “Dios”, “Jesús” o si queda incierto a quién están dirigidas? Tampoco parece serlo.

 Si la persona responsable de dirigir la alabanza no tiene el hábito de leer la Biblia ni busca conocer al Dios al que afirma adorar, como sucede en muchos casos, ¿qué criterios empleará entonces para seleccionar el repertorio?

 ·         Las iglesias no cuidan de sus vidas.

Este es un tema que toca a todos y cada uno de quienes sirven a los creyentes y a la misma congregación, pero hablemos específicamente de los grupos de alabanza.

 En la iglesia somos todos responsables de la salud espiritual de los miembros del grupo de alabanza, bíblicamente porque son parte del cuerpo del Señor. Nadie puede atribuir que es problema del músico, cantante o director. Es problema de todos porque somos un cuerpo.

 En ese sentido, debemos procurar la restauración de quienes han ejercido el ministerio aun sin ser dignos. Si implica disciplina, con disciplina, pero siempre procurando que el pecador restaure su comunión con Dios.

 ·         Saber lo anterior y no hacer nada.

Lo esencial no es contar con un grupo de alabanza, sino que las vidas de sus integrantes se conviertan en una razón y un medio para honrar a Dios, siendo capaces de atraer Su gloria en ese instante. Así, serán utilizados para guiar a la congregación hacia el lugar adecuado, evitando caer en un emocionalismo estéril y efímero, y promoviendo que los creyentes entreguen sus vidas y se conviertan en verdaderos adoradores de Dios.

 De lo contrario estaremos buscando la gloria que solamente pertenece al Rey y Señor de todos.

 Finalmente, tener conocimiento de que todo lo anterior está ocurriendo en nuestras congregaciones y no hacer algo al respecto nos hace cómplices. Así que pongamos manos a la obra como dice la Escritura: "Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado" Gálatas 6:1, NVI

S.A.G. - 23 – AGO – 2026 (Estudio No. 899)

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