¿Apedrearías Al Hijo Rebelde? Por Saúl Guevara (Estudio No. 904)

 



Deuteronomio 21:18…21 aborda una legislación estricta respecto al hijo obstinado y desobediente. Este precepto no promovía la ira familiar, sino que servía como una medida legal para resguardar a la comunidad de comportamientos descontrolados y nocivos. Su propósito era destacar que una desobediencia extrema puede desintegrar el hogar y distorsionar la fe, señalando la importancia de implementar correcciones oportunas. En la versión NVI, el pasaje se presenta de la siguiente manera: "Si un hombre tiene un hijo obstinado y rebelde, que no escucha a su padre ni a su madre, ni los obedece cuando lo disciplinan, su padre y su madre lo llevarán a la puerta de la ciudad y lo presentarán ante los jefes. Y dirán los padres a los jefes: «Este hijo nuestro es obstinado y rebelde, glotón y borracho. No nos obedece». Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán hasta matarlo. Así erradicarás el mal que haya en medio de ti. Y todos en Israel lo sabrán y tendrán temor"

 Por un instante, imagina la escena en la que tú y tu esposa llevan al hijo a la puerta de la ciudad porque ya no pueden soportar su comportamiento. Ante esta difícil decisión, según las Escrituras, Dios ofrece una solución drástica para el hijo rebelde: apedrearlo. Este mandato proviene directamente del corazón de Dios, tal como se encuentra en la Biblia. Gracias a la bendición de Dios, ya no vivimos bajo el estricto cumplimiento de la ley antigua, ya que eso resultaría en la muerte de muchos jóvenes. Por ejemplo, en el año 2026, solo en El Salvador hay más de 50,000 jóvenes encarcelados por actividades relacionadas con pandillas. La realidad es que hay aspectos en la Palabra que se nos escapan, pero nuestra tarea no es juzgar, sino obedecer. En la actualidad, debemos interpretar el significado de la Ley de Dios y entender cómo aplicarla para mantenernos fieles a Él.

 El quinto mandamiento es: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12).   Dios es serio con esto, y no solamente en el Antiguo Testamento. Mira lo que Jesús dijo en Marcos 7:8…13 afirmando los mandamientos: "Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas"

 ¿Hemos caído en el mismo error? ¿Hemos dejado de lado los mandamientos? Jesús no especifica como una medida extrema que se deba castigar al hijo que maldice a su padre. No sugiero que apedreemos a hijos rebeldes, pero estamos enfrentando un problema grave en nuestras familias, base de la sociedad. Hemos descuidado la Palabra de Dios y estamos pagando un precio muy alto. Honrar a los padres es fundamental. Si un hijo no honra a sus padres, difícilmente honrará a Dios o se someterá a su autoridad. Jesús señala que un hijo tiene la obligación de ayudar a sus padres; aquellos que no hacen nada por su madre o por su padre están en falta.

 Un hijo que sería merecedor de un castigo tan severo sería:

• Terco

• Rebelde

• Aquel que no escucha ni a su padre ni a su madre

• Aquel que no obedece cuando lo disciplinan

• Libertino (en otras palabras: licencioso, impúdico, obsceno, vicioso, libidinoso)

 • Borracho

 Sus padres le han hablado y enseñado, pero no los hace caso. Lo han corregido y disciplinado, pero él no lo recibe ni cambia.

Es responsabilidad de los padres criar a sus hijos con amor y disciplina, asegurando así que los hijos honren a sus padres. Los problemas tanto comienzan como se resuelven en el hogar. Desafortunadamente, hoy en día muchas familias carecen de disciplina. Los niños tienden a ser obstinados y rebeldes, y esta rebeldía solo aumenta durante la adolescencia. Muchos se alejan del Señor y no sienten temor de Dios.

 Los padres no enfrentan solos el desafío de lidiar con este joven problemático; Dios nos ubicó dentro de una comunidad, en su iglesia. En esa comunidad, hay ancianos que brindan apoyo y ayudan a mantener el orden y la voluntad de Dios. Según la Biblia, todos los hombres de la comunidad participan en la corrección.

 Dios intenta que seamos parte de una comunidad de fe. Más que nunca, necesitamos el apoyo de la iglesia, la escuela, y la sociedad para criar a jóvenes responsables. La iglesia debe hacer todo lo posible para ayudar a los padres y enseñarlos como criar a sus hijos. En una época cuando muchos hombres no conocen a sus padres ni tienen un buen modelo de cómo ser padre, la iglesia debe suplir mentores para ayudarlos.

 Para mí, tal vez la parte más impresionante de este pasaje es el rol de la comunidad. Dios no espera que criemos a nuestros hijos solos. Perdemos algo muy importante si los abuelos, tíos, y otros familiares no participan en la crianza de nuestros hijos. Pero va más allá de la familia.  En el pasaje, los ancianos pueden representar los líderes de la iglesia, que ejercen la disciplina del pecador. Todos los hombres representan a toda la comunidad: la policía, los jueces, y el sistema judicial. Los jóvenes en una comunidad tienen que ser conscientes que los hombres están unidos en un compromiso para levantar a hombres responsables y rectos; los animarían a portarse bien, y los darían mucha fuerza. Tal como necesitaban el apoyo de los hombres antes de llegar a ser apedreado, hoy necesitan su apoyo antes de caer preso o muerto.

 El propósito de Dios al emplear un castigo tan severo es preservar la santidad dentro de la comunidad. Reiteradamente, Dios solicita que enfrentemos nuestras debilidades y apartemos a aquellos creyentes que persisten en el pecado, separándonos de las influencias del mundo para ser un pueblo santo. Además, esto actúa como una advertencia para los jóvenes; saber sobre tales consecuencias haría que tomen en serio el deber de respetar a sus padres. Dios tiene un profundo amor por los jóvenes y reconoce la importancia de formar individuos íntegros para mantener una comunidad saludable. Ignorar los pecados conduce a la destrucción de dicha comunidad, como podemos observar actualmente.

 Ahora pregunto; Padres, ¿cómo les va con su hijo? ¿Hay veces que quieres llevarlo a los ancianos en la puerta? ¿Estás haciendo tu parte, pasando tiempos juntos, ensenándole la palabra y los caminos del Señor? ¿Cómo está la disciplina en tu hogar? ¿Están unidos tú y tu esposa en la crianza de los niños?... Y también pregunto, Joven, ¿honras a tus padres? ¿Los ayudas? ¿Recibes sus consejos?

 ¡Oremos juntos por nuestras familias!

S.A.G. - 27 – SEP – 2026 (Estudio No. 904)

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