"Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley,
sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a
todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y
todo te saldrá bien." Josué 1:8
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Alimento
Espiritual: La lectura constante de
la Biblia nutre el espíritu, permitiendo crecer y fortalecerse espiritualmente.
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Conocimiento
de Dios: Es el medio principal
para conocer el carácter, las promesas, el amor y la fidelidad de Dios,
profundizando la relación con Él.
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Guía y
Sabiduría: Ofrece dirección en todas
las áreas de la vida y sabiduría para tomar decisiones.
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Defensa y
Protección: Actúa como un arma
espiritual contra el enemigo, las tentaciones y las falsas doctrinas,
fortaleciendo la fe.
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Santificación: La palabra de Dios limpia y santifica, ayudando al
creyente a vivir conforme a su voluntad.
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Comprensión
de la Verdad: La lectura de la Biblia,
junto con una buena interpretación, libera y mantiene en el camino de Cristo.
1. Sé muy selectivo con lo que lees.
“No pierdas tiempo, dinero y energías leyendo algo que no
está conforme a la Palabra de Dios”, esto es clave, y sin embargo, pocos
cristianos tienen esto en cuenta. Muchos leen cosas que en realidad no son
bíblicas ni edificantes a pesar de que son vendidas como cristianas. No pierdas
tiempo, dinero y energías leyendo algo que no está conforme a la Palabra de
Dios. Te recomiendo inicies leas los clásicos. Lo mismo aplica con artículos en
Internet.
Mucha lectura rápida y poca meditación conducen al
orgullo. Nos da la impresión de que hemos leído y aprendido mucho, cuando en
realidad no hemos leído ni aprendido correctamente. Creo que este es uno de los
peores peligros a los cuales se exponen los cristianos que aman leer y
aprender. Considero que por esta razón hay tantos “súper-teólogos” orgullosos.
Se les llena el cerebro, pero el conocimiento no baja al corazón.
“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios
y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los
montes, y no tengo amor, nada soy”. (1 Corintios 13:2). Charles Spurgeon, el
príncipe de los predicadores, decía que “lo que pienses o lo que sepas no
importa, a menos que te lleve a glorificar a Dios y a ser agradecido”. Eso es
cierto, “creerse súper-cristiano por conocer mucho es prueba de que se conoce
poco”
Si estás leyendo un libro que creías que iba a ser
conforme a la Palabra de Dios, pero a cada página que pasas está cada vez peor,
no temas abandonarlo y ponerte a leer algo mejor. Estamos llamados a hacer un
buen uso del tiempo que tenemos (Efesios 5:15-16). Muchos cristianos terminan
de leer libros mediocres y de esa forma se exponen a más basura, porque
piensan: “Ya empecé este libro, no es bíblico, pero no me queda de otra que
terminarlo”. Te equivocas. Nada te detiene abandonar ese libro y ponerte a leer
otro mucho mejor.
Recordemos que los autores que buscan ser realmente
bíblicos no son infalibles. Sí, estamos llamados a aprender de maestros (1
Timoteo 3:2), pero ninguno de ellos es perfecto. No hay una sola decisión,
lectura, conversación, relación, etc. en nuestra vida, para la cual no
necesitemos discernimiento. Así que oremos por discernimiento, y por sabiduría
a la hora de leer. Seamos como los bereanos (Hechos 17:10…11).
Charles Spurgeon solía dar este consejo: “Visita muchos
buenos libros, pero vive en la Biblia”. Es necesario que recordemos eso porque
muchas veces somos propensos a olvidar que tenemos la Palabra de Dios escrita. “Los
mejores libros son los que te llevan a leer más El Libro”
Tenga presente que la lectura bíblica y su
escudriñamiento, es un acto de resistencia y liberación, que permite al ser
humano analizar críticamente su realidad y transformarla, porque Dios busca
eso… transformar al hombre viejo en un hombre nuevo. Acción que representa una
transformación espiritual profunda: abandonar la antigua manera de vivir basada
en deseos engañosos, pecado y egoísmo, para adoptar una nueva naturaleza creada
en justicia y santidad conforme a la verdad de Dios.
S.A.G.
- 08 – MAR – 2026 (Estudio No. 875)
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