Proverbios 25:23…24 NVI "Con el viento del norte vienen las lluvias; con la lengua viperina, las malas caras"
Siempre han existido, existen y seguirán existiendo, personas mediocres que pretende, alcanzan o mantienen posiciones laborales, a base de su mala lengua, raíz de este problema es la envidia. La envidia en el trabajo es un sentimiento de dolor ante el éxito ajeno que genera ambientes tóxicos, estrés y sabotaje. Se manifiesta mediante chismes, aislamiento y menosprecio de logros, a menudo impulsado por baja autoestima o poca competitividad ante los buenos empleados.
Muchas veces nos cruzamos en la vida con personas que parecen tener tiempo disponible para observar lo que hacemos; y no solo eso: se especializan en tener una especie de radar que deforma todo acerca de nosotros y de todos cuantos se le crucen en la vida. Este comportamiento se expresa también en el ámbito laboral.
Las personas chismosas no discriminan compañeros de trabajo, que pasan a formar parte de sus envidias y poca capacidad competitiva. Sus críticas son, por lo general, dañinas y ponzoñosas. Los chismosos son una raza que quiere construir su vida en base a la de los demás. Así, lo que en otros puede ser un rasgo de admiración, en ellos se disfraza de envidia. Lo cierto es que los chismosos y chismosas en la oficina son sumamente dañinos bajo toda circunstancia. Y esto resulta así porque drenan tu energía positiva, te cargan de negatividad y, además, hay siempre algún grupo dispuesto a dar crédito a pie juntillas de lo que se encargan de vociferar a los cuatro vientos.
· La dinámica de los chismes
El chismoso tiene una intención clara detrás de cada
enunciación o preguntas capciosas que te realizan: quiere apoderarse de un
poquito de ti. Además, no dudan en conformar opiniones generalmente crueles; a
partir de esos elementos sueltos y al pasar y comentárselas a terceros: así es
como nutre su lengua viperina. Lo hacen porque no tienen otra cosa en su vida
de la que preocuparse, o porque quieren darse de supuestamente “sábelo todo”, o
erigirse como dueños de la verdad, o de la moral, las costumbres, lo que se
debe o no se debe hacer, el chismoso destruye a su paso con todo lo que se
presenta.
Un pequeño comentario dicho al pasar y circunstancialmente, puede transformarse en un tornado. La saña y mala intención es lo que atraviesa ese mensaje que busca manchar, porque ningún chisme es inocuo.
Otro condimento de los chismosos es la exageración. Como si fuese una bola de nieve, siempre le agregan algún detalle adicional, para agigantar su percepción sobre las cosas. Lo que el chismoso no acepta es su ruindad y mezquindad; es tan pobre su vida interior y su realidad personal, que necesita proyectar hacia afuera, en otros. Pero jamás te dará la razón si lo confrontas: se ofenderán, y, por supuesto, propinarán su asestada y más filosa daga: un chisme de proporciones mayores.
El ejemplo típico es en el trabajo, cuando de repente
escuchan algo y corren al jefe a contarlo con agregado de patas, cola y alas,
luego salen y dicen a los demás “el jefe dice que fulanito bla, bla y bla”. Y
el jefe no ha dicho nada.
Cómo frenar los chismes
Algunas ideas como para encarar el asunto:
a) Evalúa si eres chismoso. Si en las últimas horas te has interesado por asuntos que no son tuyos ni te involucran y has prestado oídos y tal vez opinión sobre los mismos, quizás estés en el borde de ser un chismoso. Y si te pasas gran parte del día en el famoso “lleva y trae”, ya sabes la respuesta.
b) Otra forma de medir si estás en el chisme, es reflexionar internamente si de alguna forma estás eludiendo tu responsabilidad personal sobre los problemas. Y para hacerlo, apuntas con tu dedo acusador a todo aquel que osa recordarte tu condición de ser humano responsable para asumir tus cosas y no pasárselos a otro. Este es el caso de aquellos que viven justificándose todo el tiempo por tareas que asumen y no cumplen. Y cuando se les pone un “no” o un límite por delante, no dudan en acudir al chisme entre conocidos para ensuciarte.
c) Cuan sepas de un chisme apártate de la persona. Déjala hablando sola. Es la mejor forma de expresarle que no entras en su juego: no hace falta enojarse ni perder la calma. Esto, posiblemente, despierte sentimientos de enojo y frustración en el otro y te hará algún chisme, pero a la vuelta del camino se cuidará muy bien de saber que contigo no cuenta para el juego del chisme. El pone dedo necesita de un público que lo acompañe y replique, si no, pierde sentido esta conducta tan dañina.
d) No reproduzcas chismes. Es lo peor que le puedes hacer a un chismoso. Mira fijamente sus ojos, no pronuncies palabra; y verás cómo va mermando la excitación del chismoso porque no le das la emocionalidad que el otro había esperado.
e) No reproduzcas la emocionalidad e intencionalidad negativa del chisme. Se trata de desactivarlo, o, en caso contrario, utilizarlo para evolucionar hacia una solución de los problemas.
f) No te lo tomes como personal. El hecho de que el chismoso te agreda por supuesto que es una afrenta; sin embargo, lo que busca el otro es catalizar a través de su lengua viperina su enorme frustración y envidia por lo que tú o el protagonista de su chisme representa frente a él, Puede ser tu calidad profesional, tu salario, tu desarrollo, o cualquier otra cosa que al otro le moleste. Como no se anima a expresarlo de una forma positiva, e incluso, pedir ayuda si quiere desarrollar alguna de estas áreas, busca destruirte.
g) Recuerda que el envidioso no quiere ser como tú: lo que quiere es que tu no tengas más “eso” que tanto le molesta.
h) Evita compartir temas personales ni laborales delicados con personas chismosas. Es preferible guardar silencio, y rodearte sólo de los que te apoyan.
i) Si el chisme produce un gran problema en el trabajo: lo mejor es desactivarlo, confrontando a las personas involucradas. Una charla franca, honesta y sin rodeos, bastará por lo general para derribar las barreras. Busca siempre fijar los límites de este encuentro: no agresiones, no interrupciones; y dejar muy en claro el resultado final de esta reunión.
j) No trabajes con amigos. Si quieres tener una mejor vida, no contrates personas para desempeñarse contigo en posiciones de responsabilidad, porque, a la larga, no funcionará. Mucho menos si intuyes que son chismosos. Las personas allegadas harán uso y abuso de ciertos atributos de confianza y no sabrán en su mayoría como poner límites entre la amistad y el trabajo: allí empiezan los problemas. Lo mejor es reemplazarlas, aunque duela o genere conflictos.
Hay una diferencia entre chismes y rumores; sin embargo, en ambos casos, con el efecto bola de nieve, se agigantan y tienden a estropearlo todo. Es mejor, siempre, pararlos a tiempo; tomarlos uno por uno; y pasarlos por el tamiz de la razón (no del corazón), y cerrar ese círculo abierto tan poco virtuoso: el del chismoso y sus enormes ansias de ganar protagonismo… aunque sea diciendo cosas que no son ciertas, y lastimando a los demás.
S.A.G.
- 01 – FEB– 2026 (Estudio No. 870)
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