Mujer Fuerza Y Honor Deben Ser Tus Vestiduras – Por Saúl Guevara

 


Dios nos transforma y nos capacita para bendecir a los demás en su nombre. No hacemos esto por nuestras propias fuerzas, para ello, necesitamos tener una comunión con Dios y permitir que su Espíritu Santo nos llene. Cuando abrimos nuestro corazón a su mover, Él comienza a limar las asperezas de nuestra vida y a capacitarnos para que seamos de bendición a otros. Puede que sea un proceso largo y doloroso, pero vale la pena.

 La Biblia tiene versículos que nos hablan sobre la mujer que teme al Señor, por Ej.: Proverbios 31:10…31. A algunas mujeres les intimida ese capítulo, porque lo ven como una lista inacabable de deberes; sin embargo, este capítulo contiene las enseñanzas de una madre para su hijo "el rey Lemuel". En los versículos 1…9 ella le advierte sobre la inmoralidad sexual y el resto habla de la mujer virtuosa, la que sería buena como esposa para el rey Lemuel.

 El mundo de hoy pone mucho énfasis en el aspecto exterior: la ropa, el cabello, el maquillaje, los zapatos y hasta la uñas. Se valora excesivamente cómo nos vemos, lo que llevamos puesto, las marcas que usamos. Gracias a Dios que Él, no se fija en eso. A nuestro Padre celestial le interesa más nuestro crecimiento espiritual.

 Proverbios 31:25…26 "Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua"

 Estos dos versículos de Proverbios hablan de la mejor vestimenta que podemos llevar. Hablan de fuerza, de dignidad y de una gran seguridad. Luego, en el versículo 26, leemos sobre la sabiduría y la instrucción amorosa. Veamos cada una de las frases en detalle.

La mujer que teme al Señor está vestida de fuerza y de dignidad. ¿Cuántas veces va por la vida cargada de problemas, pensando que no podremos salir adelante? Los afanes del hogar y del trabajo, los problemas sociales nos rodean. Necesitamos detenernos a orar y pedir al Señor que nos dé su fuerza, esa que nos ayuda a fijar nuestros ojos en Dios y no en los problemas o dificultades de la vida.

 Al detenernos en su presencia logramos sentir el abrazo del Señor llenándonos de fuerza y de ánimo. Nuestra confianza en Él crece y vemos las cosas de otra manera. Entendemos que Dios obra a su debido momento. Mientras esperamos, recibimos el ánimo y la fuerza necesarios para seguir adelante con la frente alta, con dignidad. Porque sabemos que en Él estamos completos como nos dice Colosenses 2:10.

 Esta mujer no teme al futuro, más bien lo afronta con seguridad porque sabe quién tiene el control. Como un bebé que duerme en los brazos protectores de su papá, descansa confiada sabiendo que Dios tiene nuestro futuro en sus manos. Nuestro Padre nos ayudará venga lo que venga.

 En la sociedad de hoy nos enteramos de los problemas del otro lado del mundo casi tan rápido como si ocurrieran en nuestro propio barrio. Esto nos puede causar ansiedad: las enfermedades, las guerras, los conflictos, el desempleo... Puede ser una carga demasiado pesada para todos. Entreguemos todas nuestras preocupaciones al Señor. El futuro está en sus manos. No nos afanemos por lo que no podemos controlar o ni siquiera sabemos si sucederá. Confiemos en nuestro Señor y descansemos en Él.

¿Cómo son las palabras que salen de nuestra boca? ¿Son palabras de ansiedad? ¿Son palabras hirientes? ¿Son chismes? ¡Evaluemos nuestras palabras! Busquemos la sabiduría que viene de Dios y hablemos cosas que reflejen su corazón (Santiago 3:17). Nuestras palabras muestran nuestro nivel de madurez según crecemos en Dios nuestras palabras tienden más a edificar y bendecir.

 La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34…35). Por esta razón, si deseamos hablar con sabiduría necesitamos llenar nuestra mente y nuestro corazón con la sabiduría de la Palabra de Dios. ¿Cuánto tiempo pasamos al día leyendo cosas que no edifican o viendo cosas que no nos aportan gran cosa? Sí, está bien tener algo de tiempo de ocio, pero no bajemos la guardia. Vigilemos lo que dejamos entrar en nuestra mente y en nuestro corazón. Busquemos cosas que nos edifican. Crezcamos en el Señor y en su sabiduría. ¡Leamos su Palabra!

 Por último, la mujer que teme al Señor no solo crece en fuerza, en dignidad, en seguridad y en sabiduría, sino que aporta a la vida de otros enseñándoles con amor y con bondad. ¡Recibimos para dar! Podemos enseñar con nuestras palabras y con nuestras acciones. Podemos ser ejemplo de bondad y de amor a los que nos rodean. ¡Podemos marcar la diferencia en este mundo!

 Comenzamos con los más cercanos: nuestra familia, nuestros vecinos, los hermanos de la iglesia. De ahí, nuestra influencia se extiende a la gente con la que trabajamos y al vecindario en general.

 ¿Qué enseñamos a los demás? ¿Enseñamos a decir gracias y buenas tardes? ¿enseñamos a nuestros hijos el respeto a los mayores? ¿Honramos a los demás en nuestro trato diario? ¿Hablamos bendición sobre los demás? Hay muchas maneras de enseñar, probablemente la mejor es con nuestras acciones. Seamos bondadosas y demos amor. Podemos impactar a los demás con solo sonreír y tratarlos con dignidad. No sea perezosa en dar lo que nos gustaría recibir de parte de los demás.

 Son muchas las cosas buenas que podemos aportar a esta sociedad. ¡Hagámoslas!

 Bendigamos a los que nos rodean, movámonos en amor. Es verdad que no lo lograremos solos. Lo haremos con las fuerzas que el Señor nos da. Que nuestro deseo sea de vestirnos cada día más de Él, que su corazón y sus actitudes vengan a ser nuestra norma.

 Pidamos al Espíritu Santo que nos llene y nos capacite para impactar a nuestras familias y a la sociedad que nos rodea en el nombre de Jesús, con su amor y su poder. Mujer, estas llamada a restaurar el mundo, iniciemos ya.

S.A.G. – 04 – JUL – 2022

 

 

 

 

 

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