1
Corintios 3:2 "Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais
capaces, ni sois capaces todavía"
En 1
Corintios 3 y Hebreos 5, vemos que Dios no desea que bebamos leche solamente,
sino que aprendamos a comer carne. La idea es que entendamos que aquel que
procura robustecer su fe y profundizar en el conocimiento del Señor y de la
vida cristiana es el que come carne.
Los corintios
se habían convertido, pero no lograban aplicar bien la fe recién adquirida en
la vida práctica. Tenían dones espirituales extraordinarios, pero no los llegaban
a poner en práctica en la vida cotidiana; por consiguiente, comenzaban a
competir unos con otros para ver quién era el más espiritual. Estas divisiones
eran cada vez más frecuentes y enconadas y ponían en peligro a toda la iglesia
del lugar.
Era
tal la situación, que Pablo les dice que, por muchos dones espirituales que tengan,
él no los podía considerar gente espiritual y sólo podía hablarles como a
personas a niños en cuanto a las cosas de Cristo. Leer 1 Corintios 3:1…2.
Decía Pablo
que los cristianos espirituales eran dóciles a las mociones del Espíritu Santo
y se esforzaban por ajustar sus actitudes y criterios a lo que el Espíritu les
mostrara. En cambio, los que no eran espirituales actuaban de acuerdo con un
razonamiento puramente humano, diciéndoles: “El que no es espiritual no acepta
las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son tonterías. Y tampoco
las puede entender” 1 Corintios 2:14.
Es que
los pensamientos y procederes de una persona natural pueden ser buenos, pero
están sujetos a las limitaciones del razonamiento y el pensamiento de la
naturaleza humana. Para Pablo, la persona natural era un niño en Cristo, que
sólo puede alimentarse de la leche espiritual, no de carne. Pablo esperaba que
los corintios hubiesen madurado más en su fe y vivieran más de acuerdo con sus
propias motivaciones; quería que fueran capaces de pensar y actuar de acuerdo
con la voluntad de Dios y con el Espíritu Santo.
Con
las figuras de la leche y la carne, Pablo enseñaba a los corintios que era
preciso que escucharan, aprendieran y practicaran el Evangelio; les decía que
esta era la única manera de crecer en Cristo. Algunos iban creciendo en su fe,
pero otros se iban quedando atrás. Algunos estaban ansiosos de aprender y poner
en práctica las enseñanzas, pero a muchos les bastaba su sabiduría humana y sus
propias ideas.
Es
interesante analizar las ideas de la leche y la carne. Ambos provienen de la
misma fuente y tienen ciertas similitudes básicas. Las dos son excelentes
fuentes de proteínas y del tipo correcto de grasa; ambas se les considera
alimentos básicos y forman una gran parte de la dieta de muchas personas. Aun
con estas semejanzas, la leche y la carne muy diferentes. La leche es líquida,
la carne es sólida; para comer carne se usan los dientes; la leche se bebe. La
carne no se digiere con la misma facilidad que la leche, pero contiene más
nutrientes y, para muchas personas, sabe mejor. La leche se puede tomar sin
añadirle nada y sabe bien; la carne en cambio tiene que estar bien sazonada y
cocinada. La nutrición que proviene de la carne se demora más en asimilarse,
mientras que la leche refresca de inmediato y envía sus vitaminas y nutrientes
al organismo con mayor rapidez.

Piense
cómo sería la vida si a los bebés les diéramos de comer solo carne y a los
adultos solo leche. Los bebes se atragantarían y tal vez morirían; los adultos
se debilitarían y terminarían con desnutrición. Resultado: la carne no es para
todos y la leche no debe ser la única fuente de alimentación para el ser
humano.
Igual
en la vida cristiana. La leche del Evangelio no es muy diferente de la carne
que se ofrece a los maduros. Ambas tienen proceden de la misma fuente y ambas
llevan el mismo mensaje. Pero la leche y la carne del cristianismo también son
diferentes entre sí, y la diferencia consiste en la forma en que una persona
recibe el Evangelio y lo aplica en su propia vida.
Se
enseña a los niños a orar cada día, asistir al culto, no mentir, no robar,
perdonar a los demás y amarse los unos a los otros. Un cristiano adulto, que
tenga un fundamento básico de la fe, estará sin duda de acuerdo con todo esto,
pero uno que vive el Evangelio. comprende que estas enseñanzas son básicas y
elementales, porque forman el fundamento básico necesario para luego pasar a
enseñanzas más profundas y trascendentes, como la defensa de la justicia y la
paz, el respeto a la vida y el amor fraterno al necesitado.
¿Cuándo
es correcto beber la leche espiritual? Cuando se trata de un niño que comienza
su educación religiosa o de un recién convertido y ¿Cuándo pasar a la carne? cuando
el niño ha crecido y aprendido ya en el discipulado. ¿Cuándo es que el deseo de
beber solamente leche pasa a segundo plano? Cuando ya se ha construido el
fundamento de la fe cristiana y la persona está lista para edificar su vida de
fe, es decir, iniciar un compromiso serio y personal de entrega a Cristo.
En la práctica,
estos casos se ven cuando hay un muchos convertidos, pero que nunca buscan más
formación espiritual y se conforman con los rudimentos de la fe.
El
resultado se ve en sus actitudes, sus razonamientos, sus valores, su
conversación y sus diversiones, que no se diferencian de los ateos ni de los
incrédulos. Solamente se alimentan de leche y nunca han llegado a comer la
carne de la fe madura.
Pero
hay algo que es cierto: “Todos hemos de llegar a ser capaces de comer carne” Es
cierto que esto puede ser más difícil de aceptar y digerir, pero es el único
medio por el cual podemos comprender la profundidad y la amplitud del amor de
nuestro Padre; es el único camino por el cual podemos aprender a caminar por fe
en un mundo adverso como el presente.
Si nos
contentamos con fiarnos sólo de nuestra mente natural, que se alimenta nada más
que de leche espiritual, tendremos muchas dificultades, no seremos sensibles al
poder sanador del Espíritu Santo, ni podremos dar fruto para el Reino de Dios
en nuestros hogares ni comunidades.
¿A
dónde podemos ir? Una vez, Jesús dio de comer a una multitud con solo cinco
panes y dos pescados. Y les dijo: “Yo soy el Pan de vida” y añadió: “Las
palabras que les he dicho son espíritu y vida”. Muchos de sus seguidores lo
abandonaron y volvieron a su vida anterior diciendo, no pudieron entender lo
que les decía el Señor porque sólo se fiaban de su razonamiento natural. Pero
Pedro exclamó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.
Esto, deja entrever que el apóstol estaba deseoso de empezar a comer la carne
del mensaje de Jesús; estaba dispuesto a hacer todo lo posible para vivir
aquello. No había madurado mucho en su fe, pero quería recibir más.
Este
es el mismo Pedro que años más tarde, decía: “desead, como niños recién
nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para
salvación” 1 Pedro 2,2. La experiencia le había enseñado que era necesario
comenzar con humildad, bebiendo leche, para luego crecer hasta llegar a ser
aptos para comer carne. Sabía que tenía que aceptar y creer en las palabras de
Jesús y aplicarlas en su vida práctica cada vez con mayor decisión. Como
resultado, Pedro es hoy uno de los más grandes héroes de la Iglesia, un modelo
de santidad para los cristianos de todos los tiempos.
Quiera
Dios que todos tengamos el genuino anhelo de llegar a comer la carne del
Evangelio y madurar en la fe y en el conocimiento de nuestro Señor.
Solo
cuando comamos carne ayudaremos a transformar este mundo. Y tú, ¿ya comes carne?
S.A.G.
– 26 – SEP – 2022
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