Hoy examinaremos uno de los milagros de nuestro Señor Jesucristo; es quizás el más importante y significativo que podemos encontrar. Sucede yo diría que diariamente, pero no nos damos cuenta de él. La razón es porque todos tenemos un concepto diferente de lo que es un milagro. Estaremos leyendo Juan 11:1…45. les pido que cuando tengan una oportunidad lo lean. Escogeremos los versículos claves que nos demostrara el punto que queremos llegar a comprender.
Siempre digo que es necesario conocer un poco de historia para
poder tener un mejor entendimiento de lo que está aconteciendo. Cuando leemos
los versículos del 1 al 16, Juan está haciendo exactamente lo mismo que hacemos
nosotros aquí. Él nos está dando un poco de historia acerca de Lázaro, su
familia y la relación que existía entre ellos y Jesús. Nos demuestra que entre
ellos existía una relación muy personal y que se amaban los unos a los otros.
Con esto en mente continuemos estudiando lo que aconteció.
Vemos que cuando Lázaro cayó enfermo y ya estaba en su cama de muerte, Marta hizo un clamor a Jesús. Envío una persona que fuese a Jesús y le contara lo que estaba pasando. Lo que ella estaba haciendo era tratando de que Jesús regresara a Betania para que se despidiese de Lázaro quien iba a morir.
Cuando Jesús recibió la noticia, hizo algo que a muchos le lucio
como una cosa mal hecha; nos dice: Juan 11:4.6 “Oyéndolo Jesús, dijo: Esta
enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de
Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde
estaba”
Aquí tenemos una confirmación de la relación que existía entre
Jesús y la familia de Lázaro y una pequeña pista de lo que iba ha acontecer.
Les digo que a muchos no les pareció bien las acciones de Jesús (vs. 37), que
lo vieron como algo feo o malo y la razón fue porque ninguno tenía un
entendimiento de Su gloria y poder.
Sucede que en ocasiones nosotros podemos igual a ellos, las acciones de
Dios nos lucen como una cosa que no tiene sentido.
En los versículos del 17 a 27 vemos a Jesús estaba llegando a Betania, Marta salió a recibirle, pero María se quedó en casa. María no salió a recibirle porque seguramente ella estaba muy afligida por la muerte de su hermano. Marta le hablo a Jesús y existía un dolor muy grande en su corazón. Aunque ella le reconocía como el Cristo, había escuchado sus enseñanzas, ella no entendía la magnitud de Su poder. Fíjense como ella le dijo: Juan 11:21…24 “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”
En otras palabras, ella está reclamándole; estaba segura de que, si Jesús hubiese llegado antes de la muerte de Lázaro, Él le hubiera sanado. Pero Jesús llego cuatro días después de que fuese sepultado. Fíjense bien que ella estaba segura que resucitaría en los días postreros, pero no alcanzaba ver Su poder y gloria.
Nosotros nos frustramos con cosas que nos suceden diariamente y no nos damos cuenta de Su poder y gloria. En vez de confiar completamente en Él y reafirmar nuestra fe, lo que hacemos es protestar. Pensemos en esto un poco y nos daremos cuenta que siempre estamos protestando. Surge un problema, nos dirigimos a Dios y se lo contamos como en forma de protesta. Todos nos dirigimos a Él y le contamos la magnitud de nuestros problemas. Hoy estoy aquí para decirles que es hora de dejar de contarle a Dios cuan grande son nuestros problemas… ¡es hora que le contemos a nuestros problemas cuan grande es nuestro Dios!
Si seguimos leyendo vemos algo muy importante: Juan 11:33…35 “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró”
¡Jesús lloro!, Él se conmovió y lloro, pero no porque no vería más a Lázaro, razón por la cual todos lloraban. Él lloro al ver que, aunque Él les había enseñado, aunque Él había compartido con ellos, ellos todavía no tenían ni la menor idea del poder de Dios. Le habían reconocido como el Cristo, le habían reconocido como el Salvador, pero no conocían Su poder y majestad. Eso no es muy diferente a lo que acontece a diario con nosotros.¡Jesús lloro! y algo muy gande aconteció. Juan 11:38…44 “Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: Lázaro, ¡ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”Este es el milagro más importante que podemos encontrar en las escrituras, aquí en ese instante no habría nadie que pudiese dudar de Su majestad y poder. El hombre llevaba muerto cuatro días, su cuerpo se encontraba en un estado de pudrición. Este es el milagro que acontece a diario en todas partes del mundo y no solo en una ocasión, pero en numerosas de ellas.
¿Como así?
Pensemos en nosotros, cuando Jesús llego a nuestras vidas nosotros todos estábamos en un estado de pudrición, estábamos sepultados en una tumba de pecados, de vicios, de las cosas de este mundo, sin esperanza de poder salir de esa tumba. Entonces llego Jesús y removió esa piedra que nos sellaba en el sepulcro; que estaba puesta en la entrada y no podíamos mover. Y tal como hizo con Lázaro nos llamó a que saliéramos, a que tuviéramos una vida nueva. Este es el milagro que sucede cada vez que una persona le acepta y decide seguirle, este es el milagro que muchos toman por alto.
Fuimos resucitados espiritualmente. Estábamos como Lázaro en un
sepulcro, atados por las cosas del mundo. Pero Él hizo el milagro, Él nos
entregó la victoria con Su sacrificio en la cruz del Calvario.
Si al leer esto encuentras que tu vida no está como quieres, que te encuentras sepultado en una tumba, atado por las cosas de este mundo, no es muy tarde, clama al Señor y Él te hará resucitar..A.G.- 12 – SEP – 2022


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