Deseo
iniciar hoy con una experiencia vivida hace algún tiempo, que creo les ha
pasado a varios: “Caminaba por el parque y un hermano predicaba, lo hacia
con fortaleza, con mucho ahínco y proyectaba un conocimiento de que hacia algo
bueno (y claro que lo hacía)… pero poca gente se paraba a oírlo, casi nadie, me
senté y me dispuse a ser su escucha, aquel hombre se acercó y de repente
reparo, que andaba con sandalias, inmediatamente me condeno por andar
indebidamente vestido y me llamo criatura del averno por andar mal vestido… me
levante y me fui pensando a lo que lleva la ignorancia y el daño que causa
cuando nos fanatizamos.”
La
ignorancia es la falta de conocimiento o comprensión. Las personas ignorantes
no son conscientes o no están informadas. Algunas veces somos ignorantes porque
no sabíamos que había una necesidad de aprender algo. Otras veces, somos
ignorantes porque hemos optado por no aprender algo que necesitamos saber. En
Oseas 4:6, el Señor dice: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó
conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del
sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus
hijos".
Desechar
intencionalmente el conocimiento que Dios quiere que tengamos es una ignorancia
pecaminosa. Si bien la ignorancia no intencional sobre temas terrenales es
comprensible, la ignorancia intencional sobre asuntos espirituales puede llevar
a la destrucción eterna (Romanos 1:18…23).
La
Biblia hace una distinción entre la ignorancia y la inocencia. No tenemos que
ignorar el hecho del pecado; de hecho, podemos estar muy informados sobre el
pecado y aun así permanecer inocentes de él. En Mateo 10:16, Jesús nos advirtió:
“Te estoy enviando como ovejas en medio de lobos, así que sé prudente como
serpientes e inocente como paloma”.
Muchas
acciones del pueblo cristiano han sido atacadas constantemente por grupos que
juzgan nuestras creencias por las acciones cometidas por individuos ignorantes quienes
se autodenominan representantes de Dios en la tierra.
La
filosofía cristiana contiene poderosos pilares para llevar una vida equilibrada
en un mundo cada día más hostil. Se vive
en medio del dios falso del consumismo y la tenencia de objetos materiales los
cuales terminan corrompiendo el alma y la inteligencia de la ciudadanía.
La
cristiandad, desde un principio, se basó en el amor al prójimo. Jesús, en todas
sus enseñanzas, mostró el camino para llevar una vida basada en la humildad,
pero también la fuerza contra las injusticias de su tiempo bajo la presión
social de las instituciones como las impuestas al pueblo por el Imperio Romano
y sus aliados políticos en los sectores sacerdotales del Sanedrín formado por
Fariseos y Saduceos.
El
cristianismo debe formar personas con una fuerza en la esencia de la
solidaridad con las otras personas. El problema se da en la interpretación dada
en los últimos dos mil años por los poderes que monopolizaron sus enseñanzas en
pos del poder político-social. La religión se convirtió en una forma de mostrar
un mundo normal en medio de las crisis donde el final, la vida eterna, era la
recompensa a los sufrimientos.
Hasta
hace pocos años, era prohibido o eran mal vistas las personas que leían la
Biblia, ya que la posibilidad de leer los evangelios se transformó en un
peligro para algunos grupos que convirtieron su información en poder de
control.
La
Biblia, como fundamento cristiano, es un arma de conocimientos y de sabiduría
para aquellos que pueden analizarla e interpretarla con “libre albedrío”. Su
lectura racional y con una postura de libre pensador le da fuerza a la visión
liberadora en nuestra sociedad; estamos llamados a ser críticos, pero hasta
para estar en contra de una postura hay que conocer la lectura contraria, pues
no hay nada peor que un argumento sin profundidad cuando se toca el tema
religioso. De ahí la necesidad de leer, de estudiar, de instruirse.

La
primera crítica se basa en ir directo a los fanáticos. Ellos son los culpables
de haber provocado una deformación en las posturas cristianas. Sus acciones de
señalar todo como pecado y juzgar al prójimo va en contra los mismos pilares de
la cristiandad pura. Un buen cristiano debe verse como un representante
objetivo e intelectual en nuestra sociedad; no debe ser un repetidor de lo
dictado por individuos que no son iluminados, sino simples rateros mercaderes
de la fe que solo hacen de la religión un negocio. Estos falsos cristianos
cubren todas las acciones más oscuras desde estafar a sus seguidores hasta el
abuso sexual de menores. Hacen de una
iglesia un almacén de baratijas baratas y para promover la ignorancia ya que en
estos tiempos cualquier sujeto se puede llamar religioso o guía espiritual.
Para
no caer en el fanatismo, un cristiano debe escudriñar las escrituras y no ser
solo un lector, sino un hacedor de las enseñanzas, las cuales hablan, entre
otras cosas, del amor al prójimo, no la violencia ni la venganza y de ser
consecuente con los que no conocen la palabra de Dios. Se supone que el hombre
aprende a ser libre y no debe cerrar su corazón ante el dolor ajeno. Un
fanático tiene religión, es decir dogmas (letras muertas), leyes que esclavizan
al hombre; un cristiano que vive el evangelio predicado por Jesús practica la
palabra de Dios, respeta a sus semejantes, se aparta de los vicios y la usura,
no induce ni corrompe a su prójimo, no miente para sacar provecho. Estas son
sus metas en la búsqueda de ser un cristiano social comprometido con su
comunidad. De esta forma, afirma un rol vital en las realidades actuales y no
solo predica los conocimientos adquiridos es sus estudios.
En
nuestra sociedad actual, las personas poseen el derecho amparado en el
artículo 18 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos donde se afirma al principio que “Toda persona tiene
derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión…”
Por
eso, a la hora de culpar al cristianismo de acciones dañinas a la sociedad
realizadas por personas en su nombre hay que pensarlo bien, ya que un grupo no
representa la filosofía espiritual enseñada en los pensamientos de Jesús, sino intereses
particulares sin nada de una visión cristiana social.
Dios
tiene una gran paciencia, incluso con el ignorante. Incluso cuando somos
voluntariamente ignorantes, Él nos da una multitud de oportunidades para
aprender (2 Pedro 3: 9). Pablo dijo que Dios le mostró misericordia porque,
antes de que Jesús lo salvara, había "actuado en ignorancia e
incredulidad" (1 Timoteo 1:13; Hechos 3:17).
Dios
nos ordena que nos arrepintamos de nuestra ignorancia y que lo busquemos con
todo nuestro corazón (Hechos 17:30; Jeremías 29:13). Lo opuesto a la ignorancia
es la sabiduría, y se nos dice que busquemos la sabiduría sobre todas las cosas
(Proverbios 3:13…18). Afortunadamente, la sabiduría es fácilmente accesible; El
libro de Proverbios personifica la sabiduría como una dama noble que llama a
todos públicamente: “Oh hombres, a vosotros clamo; Dirijo mi voz a los hijos de
los hombres. Entended, oh simples, discreción; Y vosotros, necios, entrad en
cordura” Proverbios 8:4…5
Dios
nos da la oportunidad de intercambiar ignorancia por Su sabiduría.
S.A.G.
– 10 – OCT – 2022
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