La Vanidad Legalista - Por Saúl Guevara (Estudio No. 797)

 


Hoy los invito a leer juntos Gálatas 4:8…11: "Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; más ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros"

 Probablemente una de las mayores amenazas contra el evangelio es el legalismo. El legalismo desecha la gracia de Dios, destruye la iglesia.

 Hoy en dia con las redes sociales el peligro es más eminente, por ejemplo he observado en estos días, en una red social, como una “hermana” líder de una iglesia arremete en contra de quienes llaman pastora a la esposa del Pastor, puro legalismo de legalismo, mientras esta hermana arremete no se da cuenta de que se vuelve piedra de tropiezo para tantas mujeres, que como esposas de pastores y excelente ayudas idóneas, auxilian a su cónyuge en el ministerio y quizás también no se da cuenta que muchos feligreses lo hacen como muestra de cariño y reconocimiento a labor de esa esposa y como la ignorancia en la mayoría de legalista brilla, mucho menos conoce las acepciones idiomáticas de los idiomas predominantes de las traducciones bíblicas que nos han presidido antes.

 Pero, ¿qué es el legalismo? El legalismo es todo aquello que intenta ganar el favor, la aceptación y aprobación de Dios por medio de una obediencia y el cumplimiento de regulaciones basados en conceptos del mundo o en reglas propias. Ya pueden ser leyes o normas con una apariencia externa. Quizás son leyes en cuanto a nuestra forma de vestir, de adorar a Dios, del uso de maquillaje o el uso de joyería, normas en cuanto al peinado, en cuanto a nuestra dieta, formas de ayunar, forma y hasta posiciones para orar, etc.

 No negare que todos corremos el peligro de pensar que por el hecho de cumplir ciertas prácticas ganamos el favor de Dios. Los incrédulos piensan que esto es un medio para merecer el perdón de Dios, para merecer la gracia de Dios. Los creyentes, incluso, podemos llegar a pensar que el legalismo es un medio para avanzar, hacia una supuesta espiritualidad. Pero lo cierto es que el legalismo quita la gloria del evangelio y la pone en uno mismo.

 El legalista no confía en la obra de Cristo, sino que se deleita en el cumplimiento de su propia norma y que es la que predica. Siempre enarbola una lista, no discutible, de lo que debemos y lo que no debemos hacer. Este es el peligro del legalismo.

 Encontramos advertencias sobre este legalismo en el pasaje que consideraremos en este día.

 En este pasaje Pablo está reprendiendo y a la vez exhortando a los Gálatas debido a su regreso a la esclavitud. A esa misma esclavitud de la que ya fueron libertados. Encontramos en esta sección del capítulo 4 cómo Pablo contrasta el estado previo de los Gálatas. Antes eran esclavos viviendo bajo la autoridad de la ley y del pecado. Se encontraban bajo sentencia de condenación por su pecado. Por lo contrario, en Cristo ellos han sido rescatados y redimidos de la esclavitud.

 Pablo continúa explicándoles las características de la redención en Cristo, cómo está tiene el propósito de adoptarnos como hijos. Hemos, por tanto, pasado de ser esclavos a ser hijos, y como resultados herederos.

Sin embargo, habiendo sido rescatados, los Gálatas están volviendo a ser esclavos. Sucumbían ante el peligro del legalismo. Estaban siendo arrastrados por estas falsas enseñanzas de los judaizantes que trataban de imponerles una serie de estrictas normas de conducta, regulaciones judías que deben de cumplir, alejándoles del evangelio.

 Pablo, les dice al inicio de su carta: “estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.” (Gálatas 1:6) Este legalismo estaba estorbando y paralizando su crecimiento espiritual, por eso Pablo dice: “me temo de vosotros que haya trabajado en vano” (Gálatas 8:11). Pablo teme por el fruto espiritual, por la salvación genuina de estos Gálatas. La exhortación de estos versículos, y los que siguen hasta el final del capítulo cuatro conducen a que Pablo diga: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

 Todo el pasaje que hemos considerado conduce a exhortar contra el peligro de volver a caer en esclavitud. De dejarnos arrastrar por normas o por leyes.

 En aquel entonces, Pablo les decía a estos hermanos de Gálatas, como nos dice nosotros hoy, “Cuidado Con El Legalismo”.

 Este pasaje nos muestra cómo podemos llegar a confiar erróneamente en nuestro propio esfuerzo para alcanzar la justificación para con Dios.

 Pero quizás lo que es peor y que debemos de considerar, es como el legalismo se vuelve un arma del enemigo para distraernos y llevar contienda entre nuestros propios hermanos.

 Consideremos tres advertencias del peligro del legalismo:

  •  El legalismo esclaviza a la idolatría (v.8).
  • El legalismo ignora la redención (v.9).
  • El legalismo obliga a vanidad (v.10-11).

 Para evitar caer en la trampa del legalismo, podemos comenzar por sujetarnos firmemente a las palabras del apóstol Juan, “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo…” (Juan 1:7), y recordar el ser misericordiosos, especialmente hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo. “Tú, ¿quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Romanos 14:4). “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (Romanos 14:10).

 Aquí es necesaria una palabra de precaución. Mientras que necesitamos ser misericordiosos unos con otros y tolerantes sobre desacuerdos y asuntos disputables, no podemos aceptar la herejía. Somos exhortados a contender por la fe que una vez nos fue confiada a los santos (Judas 1:3). Si recordamos estos lineamientos y los aplicamos en amor y misericordia, no caeremos ni en el legalismo ni en la herejía. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

 

S.A.G. – 11 – AGO – 2024

(Estudio No. 797)

 

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