Permítame iniciar con la siguiente pregunta: ¿es posible
que el ser humano pueda redefinirse más allá de su condición creada “a imagen y
semejanza de Dios”?
En plataformas de redes sociales como Facebook, TikTok,
Instagram, YouTube y otras, el término “Therian” ha experimentado una notable
expansión y popularidad, asociado a individuos que adoptan una identidad
similar a la de los animales y exhiben comportamientos o apariencias similares.
Aunque muchos lo perciben como una tendencia estética o una moda pasajera, el
fenómeno en realidad tiene raíces más profundas en la identidad, la cultura
digital y la psicología.
La palabra “Therian” deriva del griego “thērion”, significa “bestia” o “animal salvaje”. En el
contexto actual, el término se utiliza para describir a individuos que
experimentan una conexión profunda o identidad espiritual/psicológica con un
animal específico, un fenómeno conocido como therianthropy.
Desde la óptica de la teología cristiana, esta
autopercepción suscita interrogantes fundamentales: ¿es posible que el ser
humano se redefina más allá de su condición creada “a imagen y semejanza de
Dios”?
La Biblia enseña que el ser humano fue creado “a imagen y
semejanza de Dios”, con una dignidad y propósito únicos dentro de la creación.
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo
creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27) La presente identidad conlleva
una responsabilidad moral, racional y espiritual, que nos distingue de los
animales, criaturas de Dios, pero no creadas a su imagen y semejanza. Desde
esta perspectiva, la autopercepción como un animal plantea un desafío teológico:
¿Cómo se puede entender sentirse como un animal con nuestra vocación humana de
reflejar a Dios en pensamiento, palabra y acción?
Los “therians” tienen la capacidad de interpretar su
experiencia de manera espiritual, sintiendo que ciertas cualidades animales,
tales como el instinto, la libertad o la astucia, reflejan aspectos de su alma
o de su vocación. Cuando la identificación con el animal reemplaza la identidad
humana y surge una relación con Dios, se produce un desorden en la vocación
espiritual, ya que el ser humano está llamado a ejercer dominio responsable
sobre la creación y a vivir conforme a los principios morales divinos.
"Y Dios les bendijo, diciendo: Fructificad y
multiplicaos; llenad la tierra, sojuzgadla y señoread sobre los peces del mar,
las aves del cielo y todas las bestias de la tierra" (Génesis 1:28). Según
las enseñanzas de la teología cristiana, la verdadera plenitud no se logra
imitando a los animales, sino a través de la vivencia de la auténtica identidad
en Cristo, el desarrollo de las virtudes inherentes a cada individuo según la
voluntad divina y la realización de la mayordomía sobre la creación con amor y
responsabilidad.
El fenómeno therian nos invita a reflexionar sobre
nuestra identidad personal, pero la verdad bíblica ofrece un marco claro y
firme: el ser humano no es un accidente biológico ni una conciencia atrapada en
un cuerpo equivocado, sino una criatura creada intencionalmente a imagen de
Dios, dotada de dignidad, propósito y un llamado eterno. La distorsión de la
identidad no contribuye al incremento de la libertad, sino que, por el
contrario, la subdivide.
La Biblia no niega la existencia de luchas internas o
momentos de confusión sobre nuestra identidad. Sin embargo, confronta cualquier
percepción que contradiga el diseño divino del Creador. La plenitud no se
alcanza mediante la reinterpretación de nuestra naturaleza, sino a través de su
redescubrimiento bajo la guía divina. Por lo tanto, no estamos destinados a
disolver lo humano en lo instintivo, sino a elevarlo hacia lo divino,
reflejando el carácter, la verdad y el amor de Dios.
La invitación bíblica es inequívoca y alentadora:
retornar al diseño original, reivindicar nuestra humanidad creada y hallar en
Dios, y no en símbolos animales o construcciones subjetivas, la fuente
auténtica de identidad y plenitud.
En lo que respecta a aquellos que se identifican como
therians, nuestra posición se fundamenta en la compasión, pero con la
determinación de defender la verdad establecida por Dios. No se trata de
burlarse o condenar, sino de presentar el Evangelio como la fuente verdadera de
identidad.
Es importante evitar la tendencia a actuar de manera
inestable o irracional, especialmente cuando se cuenta con los recursos y la
capacidad necesarios para hacerlo de manera efectiva.
En Efesios 2:10, la Biblia establece: "Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras". Esta verdad
bíblica proporciona una respuesta contundente a este fenómeno: no somos una
mera casualidad, sino una creación intencional con un propósito eterno que
ningún instinto animal puede satisfacer.
En un contexto de incertidumbre en torno a la identidad,
el Evangelio proporciona la única identidad confiable y perdurable. No es
necesario renunciar a nuestra identidad para encontrar nuestro lugar; es
necesario elevar nuestra mirada hacia Cristo, en quien "estamos
completos" (Colosenses 2:10).
Con el debido respeto, extiendo una cordial invitación a
reafirmar nuestra humanidad redimida, reconociendo que nuestra valía no depende
de sentirnos especiales por ser diferentes, sino de ser amados por Aquel que
nos formó.
S.A.G.
- 22 – FEB– 2026 (Estudio No. 873)
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