Si Prometiste Cumple – Por Saúl Guevara

 

Es propio de la naturaleza pecaminosa y carnal, el hacer promesas, pactos y enlaces con las palabras que decimos. Prometer y no cumplir, es propio de un carácter inmaduro e infantil. Dejarse guiar por las emociones y arranques momentáneos en los que nos comprometemos en cumplir y quedar bien con las otras personas, pero no lo hacemos, nos deja como personas incumplidas, falsas y mentirosas. No debe suceder esto entre los hijos de Dios, que en todo momento estamos llamados a alumbrar y testificar.

 Solemos prometer, jurar y garantizar que algo va a ser diferente y usualmente todas esas palabras pierden validez en menos de un mes (en algunos casos en menos de una semana) Esto me pone a pensar en el peso y valor que deben de tener nuestras palabras y me lleva a reflexionar sobre esta parte de las Escrituras:

 Mateo 5:33...37 “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”

 Como creyentes supuestamente fieles, sabemos que las Escrituras son claras en lo que concierne a nuestra actitud y responsabilidad en relación a las promesas y juramentos (Levíticos 19:2, Números 30:2, Deuteronomio 23:21, Salmo 50:14, Zacarías 8:17, etc.). Sin embargo, también es cierto que, para ese tiempo, a igual que ahora, el uso y abuso de juramentos se había vuelto bastante común entre el pueblo de Dios, especialmente en aquellos que querían presentar un carácter espiritual superior o darles un peso extra a sus palabras.

 Valga aclarar que Jesús no está diciendo que jurar es malo o está demonizando la acción; después de todo los juramentos y promesas son parte central en toda la Biblia. Lo que está presentando es que esa no debe ser nuestra reacción inicial al momento de querer validar nuestras palabras; nuestro carácter como individuo es lo que le debe dar peso a las mismas.

 También Jesús está resaltando el hecho de que los juramentos no son cosa que ha de tomarse a la ligera, ya que al final del día los mismos son una apelación, afirmación o confirmación publica para con Dios de algo que te propones hacer o estás haciendo y eso es algo serio. Incluso podemos ver en el pasaje que Jesús menciona varios ejemplos en la reprimenda (“…no juréis de ningún modo: ni por el cielo… ni por la tierra… ni hacia Jerusalén; no jures ni por tu cabeza…”). ¿Porque estos ejemplos en específico? La realidad es que cuando uno hace un juramento, o promesa, usualmente apela a algo que posee gran valor o importancia para uno y darles importancia y peso a nuestras palabras.

 ¿Cuántas veces hemos escuchado “lo juro por mi vida” o «lo juro por mi familia” o «lo juro ante Dios” de la boca de alguien que quiere darles peso a sus palabras?

 A igual que nosotros ahora, en aquel tiempo, el pueblo judío no era diferente. Un judío jamás iba a hacer un juramento usando el nombre de Dios. Pero a su entendimiento los mismos podían jurar por la creación que los rodeaba, la ciudad que los representaba o su propia vida y eso les daba peso a sus palabras. Sin embargo, Jesús les hace ver que al final del día todos esos juramentos eran vanos, ya que todo es de Dios y todo apunta a Él. Ni los cielos, ni la tierra, ni Jerusalén o su vida eran de ellos, por lo tanto, no debían tomarlos como muletilla para darle validez o peso a sus palabras.

 Jesús concluye haciéndonos ver cuál es la actitud correcta en lo que concierne a nuestras palabras y nuestras promesas: sea vuestro hablar: Sí, sí. No, no.

 En otras palabras, que seamos honestos y claros cuando decimos o prometemos algo. Que seamos personas de convicciones claras y directas y no estemos adornando nuestras palabras con juramentos o promesas que al final del día probablemente no vamos a cumplir. Palabrerías, letanías o juramentos no son lo que le debe dar peso a nuestras palabras, sino nuestro carácter que debe ser honesto, claro y preciso. Si vas a hacer algo hazlo, si no, no lo prometas. Si vamos a hacer algo o decimos que vamos a hacer algo, hagámoslo sin adornos o palabrerías. Esto refleja verdaderamente el peso de nuestras palabras, nuestro carácter personal y nuestras convicciones para con aquellos que nos rodean más que mil promesas o juramentos.

 Cumple Lo Que Prometes

 El padre de toda mentira es el enemigo de nuestras almas y se llama: Satanás. En el momento en que hacemos de las mentiras y la falsedad nuestro lenguaje cotidiano, nos hacemos semejantes a él. Quien promete y no cumple es un mentiroso. El arsenal de lisonjas a las que puede llegar alguien dual y falso es exponencial. Si le mentimos a un amigo, qué diferencia tiene que le mintamos a un cliente, a nuestros hijos, hermanos, padres, cónyuges y a Dios mismo. Todo esto es mentir y la mentira es un pecado. Cuida tus palabras de no atarte a promesas de que cuenten contigo, si no vas a cumplir. No prometas ser equipo o darle a aquel a quien vas a dejar tirado en el camino y con las manos vacías. Jesús nos enseña a darle a aquel que nos pide y cuánto más si comprometiste tu palabra en hacerlo, no tardes en cumplirlo.

 La Palabra de Dios nos insta, a que nuestro SI sea un SI, y que nuestro NO sea un NO.

 Cuando PROMETAS algo cúmplelo, si vas a ir a un lugar asiste y queda bien. Si le dijiste a alguien que ibas a ir, entonces ve. Si le dijiste a alguien que mañana le pagarías, págale, cumple tu palabra. Si tienes una cita no dejes esperando a quien citaste, no te hagas esperar, respeta el tiempo de los demás.

 Si prometiste bendecir y dar de lo que has recibido, hazlo. Es mejor no prometer que mentir diciendo cosas que no vas a cumplir.

 Piensa en Dios, Él todo lo que nos ha prometido lo cumplirá y no mentirá, porque Él es fiel. Prometer algo, habla de nuestra fidelidad hacia la gente con la que nos comprometemos.

 Recuerda que Dios no ha terminado contigo. ¿Con qué frases y a qué personas les prometiste algo que nunca cumpliste? Es un buen momento para reflexionar y pedir perdón a Dios por mentir y prometer lo que no podías cumplir.

 Renuncia a toda falsedad en el nombre de Jesús.

S.A.G. – 07 – NOV – 2022

 

 

 

 

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