Oseas,
el profeta que se casó con una prostituta. Algo insólito, algo como lo que le
paso a un fariseo llamado Simón, que invitó a Jesús a su casa y que cuando una
prostituta del pueblo entró y besó los pies de Jesús, no pudo evitar un
pensamiento de desprecio: “Si fuera de verdad un profeta, sabría quién y qué
clase de mujer le abraza los pies”.
A
Oseas Dios le dijo que se casara con Gomer, la prostituta, la cual dio a luz a
dos hijos, cuyos nombres representan las consecuencias del pecado del pueblo de
Israel. Oseas comenzó su ministerio en el tiempo en que las cosas eran
políticamente exitosas, económicamente prósperas, cuando el pueblo no buscaba
al Señor de la manera que debieran buscarlo. Las semillas de la idolatría, el
fracaso espiritual, y la corrupción moral sembradas en los días del rey
Jeroboam II produjo una siega trágica en los años posteriores.
Dijo
Jehová a Oseas: “Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación;
porque la tierra fornica apartándose de Jehová” Oseas 1:2. La primera palabra
de Dios para Oseas era algo para su propia vida. Quizás hubiera preferido que
Dios le diera una palabra para alguien más. Pero antes de que el profeta le
pudiera hablar a la nación, él debía de escuchar lo que Dios tenía para él. La
palabra de Dios para Oseas no era fácil. Se le dijo a Oseas que tomara a una
prostituta por mujer. ¿Por qué? Porque la tierra fornica apartándose de Jehová.
Así, Dios
trae a la vida una ilustración utilizada a través del Antiguo Testamento. En
esta ilustración Jehová es el marido de Israel y la atracción apasionada y
crónica por los ídolos era como la lujuria de un fornicario. Su pueblo era tan
infiel como lo era una prostituta. En esta ilustración, vemos como cuando
ponemos cualquier cosa delante del Señor, le duele como la infidelidad le duele
a la víctima de adulterio en el matrimonio. Al ordenarle a Oseas que tome una
mujer fornicaria, Dios pondrá a Oseas en el lugar donde él siente lo que Dios
siente … y no se sentirá bien.
Fue,
pues, y tomó a Gomer, la cual concibió y le dio a luz un hijo. “Y le dijo
Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo castigaré a la casa
de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de
Israel. Y en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel”
Oseas 1:4
Podemos
asumir que Oseas nunca se casaría con una prostituta, excepto por el mandato de
Jehová. Así lo hizo y mostró una gran obediencia. Cuando Oseas se casó con
Gomer, ella no cedió su profesión como prostituta. Él se casó con una
prostituta, sin duda esperando que ella cediera su pecado, y se dedicara
solamente hacia él, pero ella permaneció como prostituta. Cuando Oseas y Gomer
se casaron, ella probablemente le prometió amor y devoción eterno. Probablemente
mostró señales de estar comprometida con Oseas. Pero después de un rato, ella
cayó de nuevo en la prostitución. Tristemente, compartimos las mismas razones
inexcusables para nuestra idolatría, cuando preferimos a otro dios en lugar de
Dios.
Algunos
estudiosos dicen que esto jamás ocurrió porque Dios jamás hubiera hecho que un
profeta se casara con una prostituta. Pero Boice(1) correctamente observa, “Si
la historia de Oseas no puede ser real (debido a que ‘Dios no le podía pedir a
un hombre que se casara con una mujer infiel’), entonces la historia de
salvación tampoco es real, porque eso es precisamente lo que Cristo ha hecho
por nosotros.”
El
primogénito fue “Jezreel” y el nombre habla de dos cosas. Primero, Jezreel
significa “Dispersado,” e Israel pronto sería dispersado por un ejército
conquistador Asirio. Segundo, Jezreel se refiere al Valle de Jezreel, donde
Jehú, el fundador de la dinastía que puso a Jeroboam II en el trono, masacró a
todos los descendientes de Acab, estableciendo así su trono (2 Reyes 10:11).
Dios dirigió a Oseas a que nombrara a su hijo Jezreel, para confirmar Su
promesa por causa de la sangre de Jezreel, al juzgar a la casa de Jehú. Estas
no eran buenas noticias para Jeroboam II. Se dice que la dinastía de Jehú,
estaba llegando a su fin. De hecho, después de la muerte de Jeroboam II, su
hijo Zacarías apenas reinó por seis meses antes de ser asesinado (2 Reyes 15:8…10)
y fue el fin de la casa de Jehú.
“Concibió
ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre
Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los
quitaré del todo. Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por
Jehová su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni
con caballos ni jinetes” Oseas 1:6
El
nombre Lo-ruhama significa “Sin Misericordia.” Cada llamado de este infante con
este nombre le recordaría a Oseas y a todos los demás de un juicio y exilio
venidero. El ejército de Asiria que destruyó a Israel también atacó a Judá,
pero ellos no lo conquistaron. Dios milagrosamente peleó por parte de Judá en
contra de los Asirios cuando el ángel de Jehová mató a 185,000 soldados en el
campamento de los Asirios en una sola noche (2 Reyes 19:35).
El que
Dios no tuvo misericordia de Israel y si la tuvo hacia Judá muestra dos cosas.
Primero, es verdad que Judá y sus reyes eran más fieles hacia el Señor durante
esos años, ejemplo el Rey Ezequías (2 Reyes 18:1…8). Segundo, en realidad no
importa si Judá era más digno de la misericordia de lo que lo era Israel,
porque por su mera naturaleza la misericordia es misericordia. La misericordia
solamente es mostrada para con los culpables. Por lo tanto, está dentro del
corazón sabio y amoroso de Dios el mostrar misericordia a quien Él quiera
mostrar misericordia (Romanos 9:15).
Después
de Lo-ruhama, concibió y dio a luz otro hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre
Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios. El nombre
Lo-ammi significa “No es Mi Pueblo.” Cada llamado de este desafortunado nombre
del infante le recordaba a Oseas y a los demás que el pueblo de Israel había
desechado a Jehová Dios, y que no deberían de ser considerados Su pueblo.
Gomer
no cedió a su prostitución, debió de haber una cruel ironía en el nombre de
Lo-ammi. Quizás en verdad no era hijo de Oseas, sino de otro hombre. Quizás la
apariencia de este niño era evidente. El mensaje que Dios debía entregar a
Israel a través de Oseas era duro, pero Dios también hizo que Oseas lo viviera.
“Porque
vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios” Esto no es tanto un simple
hecho de declaración. El pueblo de Israel rechazó a Dios y aquí Jehová
simplemente reconoce ese hecho.
Una
promesa para una restauración futura: “Con todo, será el número de los hijos de
Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar en
donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos
del Dios viviente. Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán
un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande”
Oseas 1:10
Aunque
Dios ha prometido juicio, los días de juicio no durarán para siempre. Después
del juicio, llegará un día de prosperidad, grandeza y bendición. Dios cumplirá
la promesa de Lo-ammi (Oseas 1:9), el juicio no duraría para siempre. Un día
Israel regresaría a Jehová y una vez más serían llamados hijos del Dios
viviente.
Decid
a vuestros hermanos: Ammi y a vuestras hermanas Ruhama: Esto muestra que la
redención ha sido completada. El niño llamado Jezreel tiene su nombre redimido,
y los siguientes dos infantes (Lo-ruhama, “Sin Misericordia” y Lo-ammi, “No Mi
Pueblo”) tienen su nombre redimido mientras Israel es tenido nuevamente como
pueblo mío (Ammi) para el Jehová y les es mostrada misericordia (Ruhama) hacia
ellos. Lo que fue una señal de juicio ahora es una evidencia de redención.
S.A.G.
– 02 – OCT -2023
(1) James Montgomery Boice (7/JUL/1938 - 15/JUN/2000)
fue teólogo, profesor de Biblia, autor y orador cristiano reformado
estadounidense conocido por sus escritos sobre la autoridad de las Escrituras y
la defensa de la inerrancia bíblica. Fue ministro principal de la Décima Iglesia
Presbiteriana en Filadelfia desde 1968 hasta su muerte.
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