A modo de introducción, diré que hace unos días recibí un
comentario de mi hija menor, (Nadia Sahilly) en el que me informaba de que los
almendros de Iznate (Málaga, España) estaban en flor y me envió una fotografía
que comparto más adelante. Esto me motivó a escribir este estudio, con la
seguridad de que será de bendición para muchos.
Jeremías
1:11 “La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije:
Veo una vara de almendro”
El
almendro es uno de los primeros árboles en florecer después del invierno, por
eso florece antes de que salgan sus hojas.
En
invierno, los árboles suelen estar sin hojas, solo hay troncos y ramas
aparentemente secas; los días son más cortos y oscurece más temprano. Estas
comparaciones constantes que La Palabra hace con la naturaleza son también más
que oportunas para nosotros, porque son fáciles de comprender y muy gráficas.
Hacia
el año 626 A.C., Jerusalén estaba viviendo un momento crítico de mucha tensión
política y una fuerte declinación espiritual. Eran días apremiantes para la
nación, que estaba siendo amenazada por las grandes potencias de la época, que
deseaban anexar Judá a sus dominios. El pueblo, alejado de Dios y de sus
principios, se había vuelto altamente corrupto, insensible a Dios y ciego ante
la amenaza de un enemigo invisible.
En
medio de esta situación, Dios llamó a Jeremías. Este joven profeta se sintió
con la misión de ayudar a su nación a volverse de los ídolos a Dios, pero no se
sentía preparado para impulsar esos cambios. Dios trató con el muchacho,
haciéndole entender su papel en los días históricos que vendrían y él aceptó su
llamada y misión.
Los
tiempos actuales no difieren mucho de aquellos. Vivimos con la misma tensión
política y una fuerte declinación espiritual y moral. En medio del tumulto de
las circunstancias, el deseo que alberga en nuestros corazones sigue siendo el
mismo que el de Jeremías: que se produzcan cambios profundos que hagan volver
el corazón de la gente a Dios. Pero, al igual que él, también luchamos contra
pensamientos que nos sumergen en una zona de incredulidad en la que nos
sentimos sin liderazgo, sin capacidad de influencia y con muy poco poder para
influir en la dirección que toman las naciones.
Ante
el gran desafío que tenemos por delante, Dios nos sitúa en la misma palabra en
la que ubicó a Jeremías: “No eres insuficiente para producir cambios; la
transformación de tu entorno empieza contigo”.
“No digas que eres niño”, porque te he dado capacidad y autoridad para
producir un impacto en tu entorno. Así que lo determinante aquí es tu visión de
las cosas.
La
Iglesia, a igual que nuestros hogares, afrontan desde hace tiempo una batalla
de ideas, invadida por una política de género; por ideas de hombres que ahora
inventan el manotazo santo, el evangelio de la gracia, el evangelio de la
prosperidad, etc. Se trata de una guerra ideológica que nos obliga a preguntarnos
con qué herramientas la enfrentamos, qué recursos tenemos para producir el
cambio necesario y cómo nos preparamos para un tiempo de controversia.
Regresemos
a las Escrituras: Jeremías 1:11...12 "La palabra de Jehová vino a mí,
diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo
Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por
obra"
Dios
le preguntó a Jeremías: “¿Qué ves, Jeremías?”. Jeremías tenía que desarrollar
rápidamente su fe. Esto implica ver por fe, no por vista. Jeremías tuvo una
visión y dijo: “Veo una vara de almendro”. La vara de Aarón era de una rama de
almendro, cuyo significado literal en hebreo es “el que despierta” (Números
17). Jeremías estaba viendo su destino por fe. Le habían llamado para ser un “despertador”.
Dios le dijo que profetizara y desafiara al pueblo de Israel acerca de su
vocación y su destino. Dios le dijo que fuera y los despertara. Dios te
pregunta hoy: ¿qué ves? Dios quiere despertar los sueños, las promesas, la
pasión, porque su Espíritu está soplando vida sobre ellos y derramando su favor
para que se cumplan. Es tiempo de sacudirse el letargo espiritual y despertar a
los planes y propósitos de Dios para tu vida.
Cree
que lo mejor de Dios para ti está disponible si tan solo crees.
Lee
esta palabra profética:
“No te
dejaré donde estás. Debes estar preparado para esta temporada. Vive preparado.
Busca mi presencia cada día. No permitas que tus pensamientos se desvíen ni se
distraigan por las presiones, dificultades y provocaciones que el enemigo te
lanzará. La estrategia del infierno contra tu vida ha sido derrotada, y mi
gloria se está abriendo sobre ti como un cielo abierto para todas tus oraciones”.
“Conoce
esto: yo no soy un Dios de retirada o disminución, sino de ampliación y
aumento, y ese es el sello distintivo de la vida de todos aquellos que confían
en mí. Las mentiras, la intimidación y las amenazas vacías del adversario no
son más que humo y espejos. No permitas que el enemigo te aparte de la cosecha.
Hay dones en ti y hay una vocación para tu vida. Presiona más allá del auto
enfoque y la referencia personal y asegura tu vocación y elección. Es a través
de mucha presión que ingresas a mi reino, así que no te desanimes. Mantente
alineado cuando tomes decisiones en momentos de presión. No te desvíes ni a la
derecha ni a la izquierda. Como dice en Mi Palabra: “El sabio tiene ojos en su
cabeza” (Eclesiastés 2:14), así que no cedas ante esas influencias que te
llevan a una situación de callejón sin salida, sin respuestas y sin retorno. “Yo
estoy trabajando, dice el padre. Estoy trayendo un cambio. Has esperado el
cambio, y el cambio está sobre ti. Las maldiciones generacionales del enemigo
que buscan reproducirse en tu vida, las devastaciones del pasado, no tendrán
éxito. Te has metido conmigo. Has salido de los caminos del hombre y has
entrado en el camino de Dios. Persevera. No te desanimes ni te detengas. Tu
recompensa está cerca. Mi espíritu se mueve. Tu regocijo será grande”.
"No
dejes eso a un lado, porque, así como me has buscado, confiado en mí y puesto
tus expectativas en mí, yo haré un trabajo rápido en tu vida que todos verán y
sabrán que mi favor ha llegado a ti de una manera radical. El momento es ahora,
el momento es ahora. Yo no te he rechazado ni retenido, por lo tanto, nadie te
rechazará ni retendrá. No permitas que
el enemigo te diga: "Tu tiempo se acabó" o "Tu vida se
acabó". Tu vida no ha terminado,
solo ha comenzado. Este no es el
capítulo final, sino el culminante en el que justificaré todas las aventuras y
experiencias por las que pasaste, y en el que preguntarás: "Dios, ¿cuál
era el propósito de todo esto?". Yo te llevaré y te convertiré en un odre
nuevo de vino para mi nuevo vino". "La cosecha es tuya. La vara de
almendro está brotando. Las hojas, los brotes, las flores y los almendros están
ahí. ¡Los almendros están cayendo sobre ti!
Dice el Padre: "Están floreciendo los almendros, la primera cosecha
es tuya, como lo prometí en mi palabra.
Yo estoy apresurando mi palabra para cumplirla, y tu gozo será
grande. Tu gozo será completo. Tu
celebración será continua, porque ese es mi plan y propósito para tu
vida".
S.A.G. – 2 – FEB – 2025
(Estudio No. 822)
Si deseas escribirnos, puedes hacerlo a:
igelrenuevo@gmail.com
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