¿Existe
alguna relación entre la parábola de una higuera estéril y la forma en que
usted está manejando su vida? La respuesta es sí, y esa relación es muy estrecha.
La
parábola de la higuera estéril revela dos cosas: a) nos enseña que Dios es
misericordioso y está dispuesto a perdonarnos, y b) que incluso la
misericordiosa paciencia de Dios tiene límites. A nadie le conviene estar en el
lado opuesto al de Dios cuando se le acabe la paciencia. ¡Es mejor
arrepentirnos mientras aún tengamos la oportunidad de hacerlo!
La
parábola comienza así: “Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino
a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres
años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para
qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor,
déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si
diere fruto, bien; y si no, la cortarás después” (Lucas 13:6…9).
Los
frutales requieren de cuidado y trabajo para producir frutos año tras año. Es agradable
observar un árbol que se dobla por el peso de su fruto. Salir y recolectar los
frutos es una experiencia muy satisfactoria. El valor del árbol depende de la
cantidad y calidad de frutos que produce y esto es lo que justifica el valor
del espacio que ocupa. La satisfacción es tan importante en este proceso, que
cuando el árbol no da frutos uno se para frente a él tratando de entender qué
pasó.
Antes
de profundizar en la parábola, entendamos lo que Jesús estaba diciendo.
Al inicio
de Lucas 13, Jesús está siendo informado de “los galileos cuya sangre Pilato
había mezclado con los sacrificios de ellos” (v. 1). Pilato había cometido un
acto terrible contra los galileos, pero no queda claro si fue a consecuencia de
alguna provocación. ¿Fue aquel un acto de capricho del gobernador para hacer
alarde de su crueldad y así atemorizar a los ciudadanos? No lo sabemos; sin
embargo, Jesús aprovechó este incidente para enseñar una lección profunda. En
Lucas 13:2 leemos la respuesta de Jesús: “¿Pensáis que estos galileos, porque
padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No;
antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.
Jesús
quería demostrar que estas pobres personas eran como todos los seres humanos,
con debilidades y fortalezas, y que repentinamente se vieron enfrentadas a un
hecho que trastocó sus existencias.
En los
siguientes versículos Jesús se refiere a otro suceso reciente: la caída de una
torre sobre un grupo de personas que por casualidad pasaban por ahí: “O
aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató,
¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?
Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas
13:4…5).
Dos
historias y dos llamados al arrepentimiento a nuestra vida. Con la frase
“pereceréis igualmente”, les estaba advirtiendo que podrían correr la misma
suerte.
Este
tema debe llenarnos de humildad. No nos gusta pensar en ello y, para ser
honestos, la mayoría se resiste a creer que la vida sea así, pero lo es. La
vida no ofrece garantías de ninguna clase. Todos los días escuchamos noticias
acerca de accidentes, catástrofes naturales y ataques que cobran las vidas de
muchas personas inocentes. La gente pierde bienes y derechos por culpa de las
acciones de terceros que jamás piensan en lo que es bueno, malo o justo.
El
mundo funciona así. Jesús estaba siendo franco con los que lo escuchaban. En el
mundo suceden cosas sobre las que no tenemos ningún control y algunas veces,
personas decentes y bien intencionadas, como usted y yo, se ven afectadas. Él
quiere que entendamos y hagamos todo lo que está a nuestro alcance, porque
“tiempo y ocasión” pueden ocurrir en el momento menos esperado.
Arrepentimiento,
palabra que no es muy popular en este tiempo y tal vez tengamos que usar un
diccionario para entender que su significado central es cambiar; en otras
palabras, dejar de hacer lo que no es productivo o nos está llevando por mal camino.
Significa cambiar para seguir por un camino productivo. Bíblicamente significa
dejar de quebrantar la ley de Dios y comenzar a obedecerla. Jesús lo dijo
cuando predicó por primera vez: Marcos 1:15: “El tiempo se ha cumplido, y el
reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Esta
declaración suya quiere decir que un nuevo sistema de vida está al alcance de
la mano, significa producir “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8).
Esto
nos lleva nuevamente a la parábola. Una higuera que no da frutos es inservible
a menos que usted sea como Natanael y quiera usarla únicamente para que le dé
sombra (Juan 1:48). Y si no ha dado frutos por tres años seguidos, el dueño
quizá se vea forzado a tomar medidas. No es que el árbol esté seco, sino que le
ha faltado el cuidado adecuado. Lo mismo sucede con muchas personas: están
vivas y respirando, pero no producen ningún fruto.
¿Y qué
hay de usted? ¿Entiende el propósito de su existencia? ¿Puede encontrarle
sentido a esta vida? ¿Conoce el objetivo de su vida y lo que puede llegar a
ser? Olvídese un momento de la pregunta sobre “el significado de la vida” y
enfóquese solo en usted. ¿Qué finalidad tiene que usted respire, coma y ocupe
un espacio en este planeta? Si no lo sabe o si su respuesta es débil e
insegura, medite un momento y considere la posibilidad de que esta higuera seca
pudiera ser el símbolo de su vida. Usted está vivo y tiene “un lugar”, pero
¿está dando frutos? ¿Está vivo y formando parte del plan Dios que contempla a
toda la humanidad? Dios quiere que usted encuentre tales respuestas. Dios
alarga el tiempo para darnos oportunidad de cambiar. La respuesta del problema
de la higuera estéril fue radical: “córtala; ¿para qué inutiliza también la
tierra?” (Lucas 13:7).
Este
hecho nos demuestra una verdad acerca de Dios: Él, está lleno de misericordia y
compasión; es paciente y amoroso, pero también es un Dios de justicia, y Jesús
nos está advirtiendo que habrá un juicio final para todos los que hayan vivido,
especialmente si han recibido su oportunidad, advertencias, y el beneficio de
la duda. Cuando meditamos en el aviso anterior, “a menos que se arrepientan”,
aprendemos que hay una forma de evitar ser “cortados” y considerados sin valor.
Pero, ¡No
se desanime! El resto de la parábola nos enseña una salida.
El
cuidador de la higuera le dice a su dueño: “Señor, déjala todavía este año,
hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si
no, la cortarás después” (Lucas 13:8…9). El cuidador le pide un año más para
trabajar con el árbol, para hacerlo útil y productivo. Hay esperanza y
confianza en que la sabia y diligente atención del cuidador logrará un nuevo
brote de productividad, de manera que se puedan cosechar frutos en la próxima
temporada. Esta es la clave de todo.
La
parábola intenta enseñarnos una verdad fundamental: con la ayuda de Dios, el
arrepentimiento es necesario y posible. Él es paciente y nos concede tiempo
para cambiar y dar fruto. No obstante, ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo
tiene, por lo cual es mejor empezar desde ya. Cuando Dios juzga siempre lo hace
con justicia. Él está consciente de cuidar su “viña”, de hecho, Él sabe en qué
condiciones se encuentra cada árbol. ¡Su deseo es que ninguno perezca (2 Pedro
3:9), sino que todos produzcan abundante fruto y hereden la vida eterna
S.A.G. -
30 – MAR – 2025
(Estudio
No. 830)
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