Solo Con Fidelidad (Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida )


El Señor no dice lo anterior hablando de tu salvación, sino habla a nuestra fidelidad a Su servicio. La inquietud que nos plantea ese versículo es si vamos a hacer todo lo posible por complacer a Dios y obedecer Su Palabra desde ahora hasta el día en que muramos. Me va a decir que lo mira difícil... pero no es difícil, siempre he enseñado que la Palabra de Dios no es difícil ni rebuscada, es simple, sencilla, llana, sabia y profunda. La clave para ser "fiel hasta la muerte" es ser fiel día a día; no se puede ser fiel sino un día a la vez. No te mortifiques, si no fuiste fiel el día de ayer, ni te preocupes de si lo serás mañana. Simplemente haz todo lo posible por ser fiel hoy.

La Biblia en Filipenses 3:13 nos manda olvidar el pasado y nos dice en Mateo 6:34 que el mañana se resolverá solo y si no el Señor se encargará de él. Limítate a ser fiel hoy día. No te preocupes por el resto de tu vida. Deja de preguntarte si lograrás permanecer fiel hasta el día de tu muerte para heredar la corona de vida eterna. Sencillamente sé fiel todos los días, un día a la vez, el día de hoy, si, este día que estas viviendo. Así serás fiel hasta la muerte y recibirás una corona de vida eterna. He conocido y sé de muchos cristianos que inician su vida en Jesucristo con el llamado primer amor y después se van consumiendo hasta llegar a apagarse. Jesús no es difícil si hacemos las cosas en su debido tiempo y en su debido orden. “Se fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” es tanto como decir "termina bien lo que empezaste bien". A los que querían hacerse discípulos suyos, Jesús les decía que, primero hicieran los cálculos para saber si la obra que deseaban empezar la podrían terminar (Lucas 14:28..30)

La Biblia está llena de conversiones de personas a Dios que comenzaron felices y terminaron muy tristes. Podemos afirmar, queridos hermanos y amigos, que toda la vida de un discípulo de Cristo es una vida de continuos esfuerzos por mantenerse en la preciosa FE de Jesucristo. Como decía, la Biblia esta llena de ejemplos de creyentes que comenzaron a edificar, pero no terminaron lo que empezaron. Y no solo esto, sino que tuvieron unos comienzos muy bonitos y unos finales muy feos. Vamos a recordar algunos:

SALOMON. Es un hombre que, desde sus comienzos juveniles va de triunfo en triunfo. Un hombre muy sabio, muy trabajador, temeroso de Dios y al que el Señor le dio mucha prosperidad tanto material como espiritual. Pero no se mantuvo fiel al Señor hasta la muerte y por el contrario, hizo trasgresión de la Ley de Dios "uniéndose en yugo desigual con los incrédulos" Tomo mujeres por esposas de las cuales la Ley de Dios le tenía prohibido hacer. Estas mujeres inclinaron su corazón a la idolatría, el pecado más aborrecido de Dios, induciendo así al pueblo a pecar contra el primero de los Mandamientos de la Ley. De Salomón podemos decir que en él se cumplió lo que Cristo nos ha dicho en Lucas 14:30 "...este hombre comenzó a edificar pero no pudo acabar". Maravilloso comienzo y triste final. Salomón fue al final de su vida un triste derrotado. De nada le valió su gran sabiduría si al final se comporto como el más ignorante de los hombres más torpes.

USIAS. Desde los 16 años se convirtió a Dios, hizo lo recto y "persistió en buscar a Dios" (2 Crónicas 26:1..5) Y Dios le dio la victoria de sus enemigos y le dio prosperidad, haciendo de él un hombre altamente poderoso (2 Crónicas 26:8) Toda su vida de creyente fue bien hasta que se enalteció y esto fue su ruina (2 Crónicas 26:16) La piedra de tropiezo de este creyente fue el envanecimiento personal, no reconoció o se olvido de que si él era lo que era, solo se debía a la Gracia de Dios para con él. Que comienzo más feliz y que final más trágico. Aquí no hubo coronación de Dios y aunque fue rey en la tierra, no tubo corona en el cielo.

Del Nuevo Testamento podríamos tomar varios ejemplos, pero recordemos dos: Tres años estuvo Judas con Jesús, fue escogido por Jesús. ¿Pudo haber mejor comienzo?. Estuvo al lado de El tres años, escuchándolo, viendo sus prodigios y milagros, comiendo con él, durmiendo... de cuantas cosas fue testigo. Los comienzos de este discípulo no pudieron ser mejores. Sin embargo, que triste final el suyo. Tuvo un terrible enemigo al que no domino y del que se dejo vencer, "su amor al dinero". Este fue el gran enemigo de Judas. Él administraba el dinero de los doce, tenia la bolsa de las ofrendas y robaba de ella (Juan 12:6) Y fue por la avaricia, porque amaba el dinero que Satanás le puso lazo y cayo en él vendiendo a su Maestro por 30 piezas de plata (Mateo 26:15)

Cuantos en la actualidad después de aceptar a Jesús han vendido su primogenitura y cuan acertadas son las palabras de la Biblia cuando nos dice "Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición, porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la Fe y fueron traspasados de muchos dolores" (1 Timoteo 6:9..10). Judas cayo desde su posición de apóstol, su amor al dinero fue su perdición. Jesús enseño también que cuando el corazón adora al dios "Mamón" (riquezas) no puede mantenerse fiel al Señor (Mateo 6:24) “se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10) Judas es un triste ejemplo que por desgracia tiene muchos imitadores en el mundo cristiano actual. Otro ejemplo, recordemos a un cristiano llamado Demas, un hombre con unos comienzos preciosos. Colaborador de Pablo en Roma (Colosenses 4:14) Y cinco años más tarde el apóstol escribiría de este buen cristiano "Demas me ha desamparado, amando mas a este mundo" (2 Timoteo 4:10) No son pocos los cristianos que empezaron su vida de Fe con Cristo y no pudieron dejar de amar al mundo del que en principio habían salido. Así como los judíos salidos de Egipto deseaban volver al antiguo régimen de esclavitud y así podían gozar de los deleites temporales de aquel mundo.

El mundo sigue venciendo a muchos cristianos "los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida" que este mundo ofrece, no es algo a lo que muchos estén dispuestos a sacrificar. Dicen Cristo sí, pero el mundo también. Y esto es imposible. Santiago dice "cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Santiago 4:4) No hay términos medios. Muchos cristianos actuales tienen mas de mundano que de cristiano. Sé que este es un lenguaje que a muchos no les va a gustar, pero no les va a gustar porque les da directamente en la llaga.

Deseamos ser cristianos, Si, pero sin pagar el precio de la fidelidad exigida por Dios y su Palabra. Seamos y esforcemos por ser fieles cada día, no viendo el ayer, ni pensando si lo seremos mañana, tan solo el hoy requiere de nuestros esfuerzos y así cuando nuestra vida este en su recta final, podamos decir gozosamente: Como soldado he peleado bien y he vencido. Como atleta he corrido bien, por encima de todos los obstáculos y he logrado el triunfo. Como mayordomo he guardado el deposito que se me hizo de la Fe, siendo fiel hasta este mismo momento cuando mi vida llega al sacrificio por la Fe. Por lo tanto, no soy un perdedor, soy un vencedor que solo espera ser coronado por mi Señor Juez Justo. Mi fidelidad me unió a Cristo en sus padecimientos aquí en la tierra y ahora mi fidelidad me hará participe de todas sus gloriasAmado lector, la corona de la vida esta adelante, tan solo seamos hoy fieles a Dios, no importa si eres joven o viejo, si estas en la plenitud de tu vida o estas muriendo, tan solo seamos fieles a su iglesia, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

La Familia.. A Grandes Males, Solo Jesucristo


Qué difícil es cuando experimentamos diferentes problemas, enfermedades, necesidades económicas, afectivas, etc. Todos de una forma u otra somos buenos orientadores cuando no hay por el momento algo de lo anterior. Pero cuando estamos pasándola mal, nos faltan palabras para darnos un aliento a nosotros mismos y menos las tenemos para los demás. El desaliento, confusión, la tristeza y tantas cosas mas te invaden, pero lo que es peor te llega la falta de orar. La adversidad es parte de esta vida, tiene sus propósitos en el Señor, aunque en el instante que la estamos cruzando no lo vemos. Sumado a esto, se añaden incomprensiones, sientes que te dejan solo y a veces (no siempre) quedas momentáneamente sin familia y experimentas el desierto en toda su magnitud, pareciera que no hay aguas, porque nadie te comprende. Harás muchas cosas y acudirás a seres humanos por ayuda y no encontrarás solución o esperanza en ninguno de ellos. ¿No te ha pasado? Pero y entonces ¿Qué de la familia?, ¿Qué a pasado con ella?. 

La familia es la sociedad más antigua que existe. Lo vemos en la primera familia formada por Adán y por Eva, a partir de ellos, nosotros sus sucesores. Una familia indica un linaje, una misma sangre brotando por las venas, una misma raza, una misma ideología, en otros casos una misma creencia. Una familia consiste en miembros que conviven, relacionándose de la mejor manera posible, en armonía, para lograr un fin común, un bienestar común. El crecimiento y fortalecimiento de una familia, agrupadas en un núcleo de familias, viene a ser la base de la sociedad, si la familia falla en la unidad y búsqueda del bien común, dicha sociedad fallara también y sus resultados son sociedades violentas como las hay unas mas que otras en nuestro actual mundo.

Desde hace mas o menos treinta años, la visión familiar se fue convirtiendo más en un mito que en una realidad, a tal punto de que en los últimos diez años, vemos como muchísimas familias se han ido desmembrando por múltiples factores. Hijos rebeldes, padres divorciados, familias disfuncionales son el resultado de años de años de planeación estratégica por parte de Satanás. El diablo ha buscado siempre destruir toda forma de unidad del ser humano y qué mejor que destruir la piedra angular de toda sociedad civilizada, la cual es la familia. Una familia disfuncional es una familia en la que los conflictos, la mala conducta y muchas veces el abuso por parte de los miembros individuales se producen continua y regularmente, lo que lleva a otros miembros a acomodarse a tales acciones. A veces los niños crecen en tales familias con el entendimiento de que tal disposición es normal. Las familias disfuncionales son principalmente el resultado de adultos co-dependientes y también pueden verse afectados por las adicciones, como el abuso de sustancias (alcohol, drogas, etc.) Otros orígenes son las enfermedades sicosomáticas no tratadas y padres que emulan o intentan corregir sus propios padres disfuncionales.

Un error común de las familias disfuncionales es la creencia errónea de que los padres están al borde de la separación y el divorcio. Si bien esto es cierto en algunos casos, a menudo el vínculo matrimonial es muy fuerte ya que las faltas de los padres en realidad se complementan entre sí. En resumen, no tienen otro lugar a dónde ir. Sin embargo, esto no significa necesariamente que la situación familiar es estable. Cualquier factor de estrés importante, como la reubicación, el desempleo, enfermedad, desastres naturales, la inflación, etc., puede causar que los conflictos existentes que afectan a la familia empeoren mucho. 

Familias disfuncionales las encontramos en todos los estatus sociales, financieros e intelectuales. Sin embargo, hasta décadas recientes, el concepto de una familia disfuncional no fue tomado en serio por los profesionales (terapeutas, trabajadores sociales, maestros, consejeros, pastores, curas, etc.), especialmente entre las clases media y alta. Cualquier intervención habría sido vista como una violación de la santidad del matrimonio y un aumento en la probabilidad de divorcio (que era socialmente inaceptable en la época). Se esperaba que los niños obedecieran a sus padres (en última instancia, al papá), e hicieran frente a la situación solos.

La sociedad humana actualmente tiene diferentes definiciones de lo que es una familia disfuncional; pero desde el punto de vista cristiano tenemos que describir como disfuncional a cada familia cuyos miembros no asumen el papel que Dios ha provisto para ellos. Es Dios quien ha inventado la familia, entonces tenemos que recurrir a El para saber cómo funciona una familia sana. En forma muy resumida, podemos encontrar los siguientes principios:
  • El papel del esposo consiste en amar a su esposa y entregarse por ella. Esto lo declara Pablo en Efesios 5:25, donde Pablo compara el amor de un esposo con el amor de Cristo por su iglesia. ¡Esto significa la máxima entrega de la cual un ser humano es capaz!
  • El papel de la esposa consiste en respetar y apoyar a su esposo. "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él." (Génesis 2:18) - "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. ... y la mujer respete a su marido." (Efesios 5:22 y 33) - Cuando el esposo demuestra a su esposa amor y entrega "como Cristo", la sujeción y el respeto de la esposa es una respuesta lógica.
  • El papel de los padres consiste en proveer para la familia y educar a los hijos: "Pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos." (2 Corintios12:14) "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor." (Efesios 6:4) "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten." (Colosenses 3:21) Esto implica que los padres demuestren respeto por sus hijos. Dios no nos autoriza para administrar castigos arbitrarios o humillantes, ni para insultar o ridiculizar a los niños.
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes." (Deuteronomio. 6:4..7) Los padres son responsables de instruir a sus hijos constantemente en la Palabra de Dios.

El papel de los hijos consiste en honrar a sus padres y mientras son niños, obedecerles: "Niños, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa..." (Efesios 6:1..2) Aunque la versión Reina-Valera traduce "Hijos, obedeced ..."; el texto original dice "Niños". Hay una diferencia sutil entre "obedecer" y "honrar"; lo primero se aplica solamente a los niños, mientras lo segundo se aplica a los hijos durante toda su vida. A través de toda esta enseñanza observamos un equilibrio entre derechos y deberes. Cada miembro de la familia tiene sus derechos y también sus deberes. Es obvio que los principios bíblicos acerca de la familia exigen mucho a cada miembro. De hecho, humanamente es imposible cumplirlos a cabalidad. Necesitamos la ayuda de Dios para edificar una familia. Él es la fuente del amor y de la autoridad en la familia y necesitamos aprender a beber constantemente de esta fuente.

Cuando un miembro de la familia se empieza a salir del propósito sano de Dios, todos los demás miembros tienen que hacer ajustes para compensar lo que falta. Como resultado, toda la familia se vuelve disfuncional. Ejemplo: si el padre es alcohólico, deja de asumir su papel correspondiente como padre y esposo, como proveedor y educador. Entonces, los otros miembros de la familia se ven obligados a contribuir más de lo que deben. Cada miembro de la familia se siente obligado a asumir un papel que no le corresponde y que por tanto no puede cumplirlo a cabalidad. En tal hogar, muy pronto se hacen sentir la falta de amor y ánimo. Todos sienten que están viviendo en un desastre, todos se sienten culpables dentro de ellos, pero nadie quiere admitirlo. Entonces se echa la culpa unos a otros: el padre a la madre, la madre a los hijos y los hijos entre ellos. Además, todos conspiran para esconder hacia afuera el problema del padre alcohólico y aparentar una familia sana.

Lo mismo sucede en familias con otra clase de problemas: familias donde se comete maltrato o incesto, familias donde los padres viven separados, familias de delincuentes, etc. Es una pena que en estos tiempos, las familias ya están naciendo dañadas, a merced de las mismas carencias familiares que estas personas han vivido. La saña de Satanás ha dañado gran parte de nuestra sociedad y pareciera que en este tiempo él tiene la guerra ganada. Pero no todo está perdido. Muchos de nosotros, los que hemos aceptado a Cristo en nuestros corazones, hemos experimentado un amor especial por nuestras familias, sean creyentes o no (por lo menos así debería ser). Más aún, cada uno de nosotros ha experimentado la sensación de ganar una familia más grande aún.

Dentro de la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, encontramos una gran familia, llena de miembros de diferente género, clase, pero bajo un mismo linaje, una misma línea sanguínea, la de Jesucristo, que ha comprado nuestras vidas derramando su preciosa sangre. La Palabra de Dios nos muestra claramente que el único camino para las bendiciones familiares se da en que las familias sirvan al Señor (Josué 24:15). Si empezamos a caminar como familia dentro del ministerio, podemos asegurar que habrá bendiciones grandes para nuestras vidas y sobre todo, para nuestras familias. Es importante que tengamos amor entre nosotros, que podamos expresarlo, ayudarnos a seguir cumpliendo los propósitos de Dios para nosotros. Ya no es el tiempo para que hombres y mujeres solas realicen obras para Dios; es el tiempo de las familias trabajando juntos, en unidad, solamente así podremos ser los que cambien el destino de nuestro país.

¿Estás listo para ser parte de la gran familia de Dios? ¿SI?... ENTONCES CAMINA

Lideres Con Hijos Defectuosos


Tendido de un costado en la cantera de Aswam en el Sur de Egipto está un obelisco que nunca fue terminado. Allí ha permanecido por varios miles de años. Se cree ser el trabajo del Faraón Thothmes III y hubiera sido el obelisco más alto jamás construido. Mide 4.27 x 4.27 metros en la base y su peso estimado es de 1170 toneladas o sea 2,579,408.29 libras. ¿Por qué nunca alcanzó la gracia de ser parte de un templo egipcio o por qué nunca fue adorno de una ciudad moderna? Porque después que los hombres trabajaron en él por un tiempo y le dieron forma a tres de sus lados, un defecto fue encontrado en él. Por lo tanto, fue abandonado como impropio para la posición que iba a ocupar. Es una hermosa pieza de granito, pero defectuosa y los egipcios no quisieron poner un obelisco defectuoso ante uno de sus templos. De igual manera, nuestro Dios ha decretado que nada inmundo, nada defectuoso, nada pecaminoso, jamás entrará en el cielo: así que todos los hombres en su estado natural quedan excluidos. Mas el sacrificio de Jesucristo y nuestro renacer en Él, nos permiten garantizarnos nuestra entrada en ese cielo. Pero existen hijos de Dios e igualmente hijos de cristianos defectuosos, llegaron a Jesucristo pero el viejo hombre aun vive y rige en ellos y siguen siendo borrachos, drogadictos, ladrones o que sé yo otras tantos defectos del ser humano. 

¿Qué podemos hacer con los hijos que se drogan, abusan del alcohol o tienen otras adicciones igualmente pecaminosas? ¿Qué harías tú, como cristiano o como líder de la iglesia?. Sería maravilloso si cuando ejercemos algún tipo de liderazgo en la obra del Señor, nuestros hijos automáticamente recibieran una vacuna contra el pecado, de tal forma que se convierten en hijos perfectos, modelos de excelencia para siempre. Si eso sucediera, creo que todos anhelaríamos ser líderes para tener así hijos perfectos, pero la vida es muy compleja y llena de situaciones inesperadas.

Tal vacuna no existe y muchos cristianos siguen esperando que los hijos de los líderes sean el modelo perfecto, me consta que muchos lo son y ¿cuando no lo son?... entonces viene el reproche y la acusación de "que no sabe gobernar bien su propia casa". En mas de una ocasión, he oído comentar que Adán y Eva tuvieron un padre perfecto y aun así pecaron. Creo que es necesario enfrentar esas situaciones en las que nuestros líderes están luchando con hijos imperfectos con la misma gracia que Dios nos brinda. Debemos inicialmente tener presente que no hay padres perfectos en esta Tierra. Todos tuvimos padres y madres que cometieron errores con nosotros. A final de cuentas, lo que habla más fuerte es el ejemplo de vida. Aunque nuestros padres nos digan cómo debemos hacer las cosas bien, su vida es lo que imitamos. "Obedecemos" sus acciones mucho más que sus palabras. Sin embargo, tengamos en cuenta que ellos trataron de hacer lo mejor dentro de sus posibilidades.

Por otro lado debemos entender que muchos líderes provienen de hogares disfuncionales. Es un hecho comprobado que un numero grandes de personas que ejercen profesiones de ayuda crecieron en hogares disfuncionales donde hubo alcoholismo, adulterio, violencia, divorcios, etc. Lo irónico es que si sabemos que Dios nos rescató de allí, ¿por qué pensamos que al transformarnos en líderes la influencia de esos modelos sobre nosotros se terminó?. De no buscar la sanidad activamente, terminaremos repitiendo lo mismo en nuestras nuevas familias, aun cuando no queramos. Dios tiene poder para romper modelos pasados, pero nos toca a nosotros aprender nuevas maneras sanas y sanadoras para tratar con nuestros hijos. Sinceramente, tenemos que reconocer que a todo líder le da vergüenza confesar que sus hijos están en pecado. Reciben a soto voz la crítica de los miembros de la iglesia, su reproche, la acusación de que no han sabido criar a sus hijos.

En algunas ocasiones, aunque hagamos nuestro mejor esfuerzo, nuestros hijos no resultan ser ese modelo esperado. Sucede que Dios les dio también a ellos el don del libre albedrío y ellos pecan porque quieren. A pesar de todo lo que les enseñamos, el tiempo que invertimos en ellos, las oraciones constantes, la verdad es que algunas veces eligen otro camino. Ante esta situación, la primera pregunta que me formulo es: ¿Qué hace nuestro Padre celestial cuando pecamos? ¿Deja de amarnos? ¡Jamás! Sin embargo, tampoco hace de cuenta que no ha pasado nada. Dios nos trata con misericordia y justicia. ¿Qué podemos hacer, entonces? Probablemente la reacción de la mayoría de los padres sea llorar, enojarse o negarse a creer lo que pasa. Quizá algunos intenten esconder la verdad a fin de evitar la dura crítica que suele producirse cuando el pecado se hace público. Sin embargo, ¿es esto lo más conveniente?. Admitir lo que pasa es una de las realidades más duras en la vida de un padre o de una madre, pero es absolutamente necesario. Dios no niega nuestro pecado. Nosotros tampoco debemos hacer de cuenta que no pasa nada con nuestros hijos. Nuestro camino es amar a nuestros hijos sin aprobar su pecado.

Quizá este es el desafío más duro y difícil. Hay que confrontar a los hijos en amor, aunque tengamos ganas de darles una paliza o echarlos de la casa y crear un problema más grande en sus vidas. Tampoco debemos tragar nuestra ira, pero no es adecuado desahogarla sobre ellos. En momentos así, nuestros amigos y familiares constituyen nuestro apoyo más grande. Podemos derramar nuestro corazón en oración delante de Dios y debemos hacerlo, pero necesitamos, además, que aquellos que son sensibles a nuestro dolor estén con nosotros, esos amigos que nos aceptan sin juzgar, son los que brindan más apoyo y no nos hieren con sus opiniones. No nos es posible aprobar sus actos, pero tenemos que aceptar que ellos han tomado sus propias decisiones. Cuando ellos se arrepienten de sus acciones, podemos ocuparnos juntos en la restauración y ayudarles a recuperar sus vidas. Sin embargo, si insisten en seguir en su pecado, nos toca hablar menos y orar más. Finalmente, si los lideres pudieran ser más transparentes y admitir la situación de sus hijos frente a las personas con quienes convivimos, esto contribuiría a que los demás también aprendieran a ser honestos con sus problemas. Muchas veces la vergüenza impide enfrentar esa circunstancia, pero es preciso aclarar que esta no viene de Dios. La vergüenza proviene de nuestro orgullo herido: la noción de que soy incapaz de ser un modelo perfecto por mi propio esfuerzo.

No hace falta mantener las apariencias. Dios hace que el pecado salga a relucir para que pueda ser enfrentado, tanto en nuestra vida como en la de las personas que amamos. Él quiere que aprendamos a odiar el pecado a causa de las consecuencias dañinas que trae, pero sin dejar de amar al pecador. Es en esos momentos tan duros cuando se aprende a amar a los hijos como Dios nos ama, por gracia. Si Usted sabe de un caso de estos, acérquese en amor de Jesús y ayude en consuelo a quien lo necesite y en buscar fuentes regeneradoras a quien esta en el problema y si Usted vive un caso de estos, no lo oculte, enfréntelo con su dignidad puesta en Dios, busque y recurra a ayuda profesional y entréguese en oración a Dios, no estaría mal acercarse a su cobertura y/o un consejero cristiano. Amen.

La Herramienta Olvidada

Madre corrigiendo a su hijo
Vivimos en una cultura en la cual las controvertidas opiniones en cuanto a la disciplina de los niños son tan variadas, que muchos niños se crían sin disciplina, teniendo como resultado que son egoístas, exigentes y quejones. Las escuelas son cada día más desordenadas porque no pueden controlar a los niños, los cuales se crían muchas veces sin disciplina y sin Dios. Aun padres cristianos muchas veces no quieren disciplinar a sus hijos y ellos se convierten en rebeldes, dominando a sus padres y siendo los que controlan el hogar. En los pases latinoamericanos y el mío no es una excepción de la regla, tarde o temprano se promulgan leyes en el sentido de protección al niño y eso es bueno, pero no limita que un cristiano, aplique la enseñanza bíblica en cuanto a la corrección y si en algún momento el principio bíblico contradice el legal, en mi, como cristiano seguirá rigiendo el principio bíblico. La anterior posición, la doy como respuesta al conflicto que emerge cuando la ciencia y justicia del hombre, pueda generar un conflicto con el principio divino (bíblico). Y no debemos de olvidar que en la historia humana, las posiciones del hombre varían de una a otra época, mientras que la Palabra de Dios es eterna e inmutable.

Esa Palabra eterna e inmutable nos enseña:
  • "La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre." Proverbios 29:15
  • "La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él." Proverbios 22:15
  • "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige." Proverbios 13:24
Travieso y necio.
Los niños que no aprenden las consecuencias desagradables del mal comportamiento, se crían confundidos y sin la capacidad de distinguir entre lo malo y lo bueno. Llegan a ser consentidos y egoístas. Ahora bien, Tus hijos no son tus hijos, tus hijos son de Dios. Salmo 127:3 "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre." Esto significa que los hijos son posesión de Dios y están encargados a nuestro cuidado. Ya que somos sus guardianes, no debemos hacer con ellos lo que nos plazca.

La Vara Y La Corrección

La vara no debe ser un palo grande que haría daño serio al cuerpo del niño, sino una regla la cual resuena en la piel pero no daña el cuerpo. Y debe aplicarse de una a dos veces sin ira. Si la Biblia especifica la vara, creo que ella es mejor que la mano, la cual muchas veces no duele, especialmente si hay pañales o pantalones gruesos. He visto a madres que dan con la mano a sus niños los cuales se van riéndose. Así aprenden a burlarse de la disciplina y la autoridad. La vara es un instrumento importante en la disciplina de nuestros hijos. No es fácil de usar debido a que va contraria a la enseñanza moderna. El mundo ha corrompido el concepto "amor" de tal manera que declaran que dejar que un niño haga sus propias cosas es una expresión de amor. También declaran que el azotar al hijo desobediente, es equivalente a abuso de niños. Las Escrituras enseñan algo totalmente diferente. Pues el Dios que nos ordena a amar y no odiar, también declara: "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” Proverbios 13:24

Siempre pendiente de sus hijos
El amor está incompleto sin la corrección de la vara y la reprensión. Pero la vara siempre fue el instrumento usado para administrar disciplina correctiva y física. En algunas culturas talvez sea un palo, un cincho, una correa o una regla firme. Pero cualquiera que sea el instrumento, este es la vía usada para hacer regresar al camino correcto, al niño porfiado y caprichoso. Los verdaderos creyentes sabemos que desde el momento que estos niños son concebidos, ellos son pecadores. Si no somos segados por su preciosidad, podremos verlos proyectando desde su infancia, esa desgraciada naturaleza pecaminosa. Dios declara que el niño no disciplinado y consentido a su voluntad; trae vergüenza a su madre. No se puede concebir una representación mas clara de miseria y ruina. Usar la vara de la manera correcta, requiere amor (amor a Dios y amor al niño). Muy a menudo cuando la disciplina física es usada, esta es aplicada como resultado de enojo, y es allí cuando el abuso del niño sí se hace realidad.

Nosotros, los padres que tenemos la responsabilidad de disciplinar a nuestros hijos, debemos siempre hacerlo bajo la autoridad de Dios y de la manera que demuestre el amor de Dios y su actitud. Dios no nos abusa en Su castigo, El lo hace en amor. La disciplina bíblica también requiere palabras de amor. Cuando lleguemos a entender esa preciosa verdad entonces podremos expresar nuestro amor por nuestros hijos especialmente cuando somos llamados a usar la vara. Debemos asegurarles que la vara es administrada con un corazón lleno de amor por ellos. Es una cosa terrible cuando personas que declaran ser cristianos castigan corporalmente a sus hijos sin reprenderlos primeramente ni tampoco les enseñan del amor de Cristo. Tampoco debemos olvidar que acompañando a la reprensión está la oración, esta pone al padre como al niño cerca del Señor. No se puede sobre enfatizar la necesidad de la oración en la disciplina y la instrucción de nuestros hijos.

Hijo educado: cero enemigos, cero problemas.
Primeramente debemos repetidamente acercarnos a Dios buscando el sustento del Señor y como y cuando debemos disciplinarlos. Necesitamos pedir gracia para tener el deseo de obedecer Su Palabra y reverenciar humildemente ante Su instrucción sabia. Debemos orar por nuestros hijos. Debemos hacer eso personalmente mencionando a cada uno por su nombre y por sus necesidades específicas más de una vez. No hay mayor bendición para nuestros hijos como hijos de Dios, que el tener padres temerosos de Dios quienes obedecen a la Palabra de Dios. Padres quienes usan la vara y la reprensión cuando Dios la requiere. Amen.