En Época De Coronavirus Cuida Tu Iglesia Por Saúl Guevara


Estos días críticos que vivimos, son un excelente examen para el cristiano y la iglesia, en cuanto si algunos ves dijimos “heme aquí Señor”, poder en lo intimo de nuestra conciencia el cuestionarnos si estamos cumpliendo con ese “heme aquí”.

En un lugar, donde se honra a Dios, el Espíritu Santo vendrá y se derramará; sabemos que la obra es del Señor, pero a los integrantes de la iglesia nos toca cuidarla, cuidar nuestro corazón y mantenerlo sano para que la obra del Señor siga creciendo y alcance a los necesitados.

El libro de Hechos en el capítulo 2, narra el nacimiento de la iglesia de Cristo, mismo que sucedió cuando vino el Espíritu Santo sobre los que perseveraban en oración, unidos. Cuando Él vino hubo tal estruendo que la gente lejana vino a ver lo que estaba sucediendo y con esta llenura nació la iglesia.

Cincuenta días después de que Jesús fue crucificado, el día de las cosechas, nació la iglesia. El resultado fue el establecimiento del Espíritu Santo sobre ella. Nosotros le estamos dando lugar al Espíritu Santo.

Hechos 3:41 NVI: “Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas.”

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.

La iglesia estaba abrazada, dándole lugar al Espíritu Santo. Su fruto es que eran de un solo corazón y una sola alma.

Los apóstoles daban testimonio de la resurrección de Jesús y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad.

El corazón de la iglesia era de dar, era tener las cosas en común. Somos bendecidos para bendecir. Este es fruto del Espíritu Santo.

Hechos 6, nos cuenta que, en aquellos días, como crecía el número de los discípulos.

La iglesia le daba lugar al Espíritu Santo y como consecuencia hay fruto, el avivamiento trae fruto. Pero también trae basura, ya que, si este fruto no se recoge, se pudre. Es importante el fruto, pero también es importante que no se haga basura.

Es nuestra responsabilidad cuidar nuestra iglesia, porque crece en el número de discípulos. No todo el que entra por la puerta está preparado para comenzar a servir, tiene que pasar por un proceso de formación.

De todas las iglesias de las que habla Pablo, ya ninguna existe: Filipos, Tesalónica, Éfeso. Todas esas iglesias ya no están, ahora son tierras musulmanas. Y donde hubo un derramar del Espíritu Santo ahora ya no hay nada. Porque empezaron con murmuraciones, chismes, y fue siendo abandonada la labor de cuidar y servir en el mantenimientos, cuidado y embellecimiento del templo donde los discípulos se reunían.

Siempre decimos que la obra es de Dios, pero a nosotros nos toca cuidar a la iglesia. Una iglesia puede morir por la falta de cumplimiento de nuestra obligación de cuidarla y mantenerla.

Tenemos que cuidar la iglesia y debemos aprender a aceptar la disciplina de parte del Señor. Nos ofendemos cuando nos demandan no abandonarla y entonces damos lugar a un corazón sentido que puede caer en murmuración.

Cuando el pastor te discipline, no te ofendas, no te sientas, porque él es la imagen de Cristo en esta tierra para corregirnos. Hoy es tiempo de sanar cualquier situación, es tiempo de quitar el estar ofendidos, el estar sentidos.

Cuando en una iglesia no hay armonía, todo sale mal. El abandono de su casa, no es agradable delante de Dios. La armonía se compone de acordes y lo contrario a la armonía es la discordia. Esto no debe estar en casa, ni en la iglesia. Debemos buscar la armonía para que funcionen las cosas, debemos ser cumplidos y unidos.

Jesús constituye para cada congregación un lugar tangible de reunión que terminamos llamando iglesia.

La forma de cuidar nuestra iglesia es guardar la unidad el Espíritu en el vínculo de la paz. Estar dispuestos a guardar nuestras obligaciones para su cuidado. Y Dios va a añadir a quienes son fieles sus bendiciones y cumplimiento de sus promesas. Pero hay que guardar la unidad de la fe.

Es momento de adorar a Dios sin reservas, adorarle de manera completa, pero es necesario arreglar lo que está mal en el hacer de cada cristiano.


Vivimos a nivel mundial días de muerte, pareciera que la parca se pasea a sus anchas por el mundo entero, pero créalo: “Dios está aquí” guarda y cuida de tu iglesia, Dios se agrada en ello. Cuida tu iglesia.

Algunos desinformados o desconocedores bíblicos, (déjenme llamarlos así, por no decirles servidores de Satanás), critican y niegan la obligación de todo cristiano de mantener la Casa de Dios, diciendo que Dios nunca mando a levantarle casa alguna, permítanme decir lo siguiente:
“Cuando el Rey David termino de construir su casa, David observo que algo no estaba bien. Él vivía en un palacio, pero el arca del pacto se mantenía en una carpa provisional (primera casa que Dios se mandó a construir). Así que David expreso su deseo de construir un hogar glorioso y permanente para Dios. Dios le revelo a David que a pesar de que tal edificio era una buena idea, a Él no se le permitiría la construcción de la casa de Dios por haber derramado tanta sangre como guerrero y rey. Sin embargo, Dios le dijo a David que a su hijo Salomón se le concedería el derecho y el privilegio de construir el templo para el Señor. David proporciono todos los materiales necesarios para el templo, pero fue Salomón quien dirigió la construcción del mismo después de la muerte de David.”

Dios que todo lo sabe, previa ya y daba la guía o ejemplo para las reuniones de la iglesia de su hijo Jesús después de su sacrificio; ya vimos que de entrada sumo tres mil miembros nuevos y si sigue leyendo, después vinieron otros miles, al inicio fueron las casas, pero poco a poco se fueron construyendo las nuevas casas de Dios, las que ahora llamamos iglesias.

Tomar una actitud simplista de descartar el serio peligro de cerrar iglesias por el abandono de sus miembros y escudarse en un "Dios hará" suena a hipocresía.

Esta no es la primera pandemia en la historia de la iglesia, hay muchas pruebas que nos demuestran que los cristianos verdaderamente fieles pueden honrar el “heme aquí Señor” cumpliendo sus obligaciones para con la iglesia, aun cuando estén cerradas. Promover un mensaje enmascarado de prosperidad a las congregaciones en tiempo como este es algo más cruel de lo normal.

Entendemos mejor el impacto de grandes eventos como estos cuando vemos la aprobación y el favor que Dios en el estar aun vivos. “Dios está aquí” guarda y cuida de tu iglesia, Dios se agrada en ello. Cuida tu iglesia”
S.A.G. 08 JUL 2020

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