Estos
días críticos que vivimos, son un excelente examen para el cristiano y la
iglesia, en cuanto si algunos ves dijimos “heme aquí Señor”, poder en lo intimo
de nuestra conciencia el cuestionarnos si estamos cumpliendo con ese “heme
aquí”.
En
un lugar, donde se honra a Dios, el Espíritu Santo vendrá y se derramará;
sabemos que la obra es del Señor, pero a los integrantes de la iglesia nos toca
cuidarla, cuidar nuestro corazón y mantenerlo sano para que la obra del Señor
siga creciendo y alcance a los necesitados.
El
libro de Hechos en el capítulo 2, narra el nacimiento de la iglesia de Cristo,
mismo que sucedió cuando vino el Espíritu Santo sobre los que perseveraban en
oración, unidos. Cuando Él vino hubo tal estruendo que la gente lejana vino a
ver lo que estaba sucediendo y con esta llenura nació la iglesia.
Cincuenta
días después de que Jesús fue crucificado, el día de las cosechas, nació la
iglesia. El resultado fue el establecimiento del Espíritu Santo sobre ella.
Nosotros le estamos dando lugar al Espíritu Santo.
Hechos
3:41 NVI: “Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel
día se unieron a la iglesia unas tres mil personas.”
Y
la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno
decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en
común.
La
iglesia estaba abrazada, dándole lugar al Espíritu Santo. Su fruto es que eran
de un solo corazón y una sola alma.
Los
apóstoles daban testimonio de la resurrección de Jesús y abundante gracia era
sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos
los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo
vendido, lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según
su necesidad.
El
corazón de la iglesia era de dar, era tener las cosas en común. Somos
bendecidos para bendecir. Este es fruto del Espíritu Santo.
Hechos
6, nos cuenta que, en aquellos días, como crecía el número de los discípulos.
La
iglesia le daba lugar al Espíritu Santo y como consecuencia hay fruto, el
avivamiento trae fruto. Pero también trae basura, ya que, si este fruto no se
recoge, se pudre. Es importante el fruto, pero también es importante que no se
haga basura.
Es
nuestra responsabilidad cuidar nuestra iglesia, porque crece en el número de discípulos.
No todo el que entra por la puerta está preparado para comenzar a servir, tiene
que pasar por un proceso de formación.
De
todas las iglesias de las que habla Pablo, ya ninguna existe: Filipos,
Tesalónica, Éfeso. Todas esas iglesias ya no están, ahora son tierras
musulmanas. Y donde hubo un derramar del Espíritu Santo ahora ya no hay nada.
Porque empezaron con murmuraciones, chismes, y fue siendo abandonada la labor
de cuidar y servir en el mantenimientos, cuidado y embellecimiento del templo
donde los discípulos se reunían.
Siempre
decimos que la obra es de Dios, pero a nosotros nos toca cuidar a la iglesia.
Una iglesia puede morir por la falta de cumplimiento de nuestra obligación de
cuidarla y mantenerla.
Tenemos
que cuidar la iglesia y debemos aprender a aceptar la disciplina de parte del
Señor. Nos ofendemos cuando nos demandan no abandonarla y entonces damos lugar
a un corazón sentido que puede caer en murmuración.
Cuando
el pastor te discipline, no te ofendas, no te sientas, porque él es la imagen
de Cristo en esta tierra para corregirnos. Hoy es tiempo de sanar cualquier
situación, es tiempo de quitar el estar ofendidos, el estar sentidos.
Cuando
en una iglesia no hay armonía, todo sale mal. El abandono de su casa, no es
agradable delante de Dios. La armonía se compone de acordes y lo contrario a la
armonía es la discordia. Esto no debe estar en casa, ni en la iglesia. Debemos buscar
la armonía para que funcionen las cosas, debemos ser cumplidos y unidos.
Jesús
constituye para cada congregación un lugar tangible de reunión que terminamos
llamando iglesia.
La
forma de cuidar nuestra iglesia es guardar la unidad el Espíritu en el vínculo
de la paz. Estar dispuestos a guardar nuestras obligaciones para su cuidado. Y
Dios va a añadir a quienes son fieles sus bendiciones y cumplimiento de sus
promesas. Pero hay que guardar la unidad de la fe.
Es
momento de adorar a Dios sin reservas, adorarle de manera completa, pero es
necesario arreglar lo que está mal en el hacer de cada cristiano.
Vivimos
a nivel mundial días de muerte, pareciera que la parca se pasea a sus anchas
por el mundo entero, pero créalo: “Dios está aquí” guarda y cuida de tu
iglesia, Dios se agrada en ello. Cuida tu iglesia.
Algunos
desinformados o desconocedores bíblicos, (déjenme llamarlos así, por no
decirles servidores de Satanás), critican y niegan la obligación de todo
cristiano de mantener la Casa de Dios, diciendo que Dios nunca mando a
levantarle casa alguna, permítanme decir lo siguiente:
“Cuando
el Rey David termino de construir su casa, David observo que algo no estaba
bien. Él vivía en un palacio, pero el arca del pacto se mantenía en una carpa
provisional (primera casa que Dios se mandó a construir). Así que David expreso
su deseo de construir un hogar glorioso y permanente para Dios. Dios le revelo
a David que a pesar de que tal edificio era una buena idea, a Él no se le
permitiría la construcción de la casa de Dios por haber derramado tanta sangre
como guerrero y rey. Sin embargo, Dios le dijo a David que a su hijo Salomón se
le concedería el derecho y el privilegio de construir el templo para el Señor.
David proporciono todos los materiales necesarios para el templo, pero fue
Salomón quien dirigió la construcción del mismo después de la muerte de David.”
Dios
que todo lo sabe, previa ya y daba la guía o ejemplo para las reuniones de la
iglesia de su hijo Jesús después de su sacrificio; ya vimos que de entrada sumo
tres mil miembros nuevos y si sigue leyendo, después vinieron otros miles, al
inicio fueron las casas, pero poco a poco se fueron construyendo las nuevas
casas de Dios, las que ahora llamamos iglesias.
Tomar
una actitud simplista de descartar el serio peligro de cerrar iglesias por el
abandono de sus miembros y escudarse en un "Dios hará" suena a hipocresía.
Esta
no es la primera pandemia en la historia de la iglesia, hay muchas pruebas que
nos demuestran que los cristianos verdaderamente fieles pueden honrar el “heme
aquí Señor” cumpliendo sus obligaciones para con la iglesia, aun cuando estén
cerradas. Promover un mensaje enmascarado de prosperidad a las congregaciones
en tiempo como este es algo más cruel de lo normal.
Entendemos
mejor el impacto de grandes eventos como estos cuando vemos la aprobación y el
favor que Dios en el estar aun vivos. “Dios está aquí” guarda y cuida de tu
iglesia, Dios se agrada en ello. Cuida tu iglesia”
S.A.G.
08 JUL 2020


No hay comentarios:
Publicar un comentario