Animo Jesús Esta Ahí Por Saúl Guevara

 

Las vicisitudes de la vida, pueden hacernos pensar que Dios no es parte de nuestra vida. Cuando nuestro ánimo decae y no hay muchos cambios, es difícil identificar algún área en la que Dios haya intervenido directamente en nuestras circunstancias.

 Dios sabe que todos pasamos esos momentos y para cuando llegan esos sentimientos de insignificancia, Dios nos relata de una mujer del Nuevo Testamento que puede que se sintiera así. No da nombre de ella, se le conoce simplemente por el nombre de su pueblo y su estado civil. Ella es la viuda de Naín.   

 Solo Lucas registra su historia. Ella representa el ministerio sintetizado de Jesús y cómo Él atendía a las personas desanimadas de entonces. Este relato demuestra como Dios nos conoce, como se preocupa por nosotros y como está en el momento exacto, con el tiempo exacto, en el lugar exacto.

 El capítulo 7 de Lucas nos narra que Jesús detiene un cortejo fúnebre y vuelve a la vida a un joven que había muerto. Hay mucho que aprender, como sucede en todos los milagros, el contexto es vital para comprender ese incidente. Veamos:

 Naín era una pequeña aldea agrícola en tiempos de Jesús, situada cerca del monte Moré. El pueblo estaba apartado de las rutas transitadas. Solo se accedía a él, por un camino. En tiempos de Jesús, Naín era insignificante, era pequeño y pobre.

 Lucas inicia relatando que Jesús el día anterior estaba en Capernaúm y había sanado al siervo del centurión (Lucas 7:1…10). Al siguiente día (vers. 11), Jesús fue a la ciudad llamada Naín y con Él, un numeroso grupo de discípulos. Capernaúm está situada en la orilla norte del mar de Galilea y el trayecto hasta Naín, es cuesta arriba. Para ir a pie desde Capernaúm hasta Naín, se tardaba al menos uno o dos días. Lo que significa que Jesús probablemente tuvo que levantarse muy temprano o posiblemente viajar a pie durante la noche para encontrarse con el cortejo fúnebre.

 El encuentro del cortejo fúnebre con Jesús se da al momento que cargaban al joven sobre una losa funeraria. Lucas cuenta que este joven era el único hijo de una viuda y algunos estudiosos sugieren que no tenía ningún otro descendiente. Un numeroso grupo de aldeanos la acompañaba en esta tragedia de desgracia.

 Que se muera un hijo es una tragedia para cualquiera, pero consideren lo que suponía para esta viuda. ¿Qué significaba social, espiritual y económicamente estar viuda sin un heredero en el antiguo Israel?

 En el Antiguo Testamento, se creía que si un esposo moría antes de llegar a la vejez era una señal del juicio de Dios por un pecado. De ese modo, algunos creían que Dios estaba castigando a esa viuda que sobrevivía. No solo había dolor espiritual y emocional, la viuda de Naín también se enfrentaba a la ruina económica, incluso a pasar hambre. Al contraer matrimonio, la mujer era asignada a la familia de su esposo para que estuviera protegida económicamente. Si él fallecía, entonces era el hijo primogénito al que se encomendaba su cuidado. Ahora que este hijo primogénito y único estaba muerto, a ella no le quedaba protección económica.

En el preciso momento que los aldeanos sacaban al hijo de esta mujer para sepultarlo, Jesús se encontró con ellos y “se compadeció de ella” (Lucas 7:13). De alguna manera, Jesús percibió la situación desesperada de la viuda. Quizá ella había pasado la noche tumbada en el piso de tierra, suplicando al Padre Celestial o quizá se estaría preguntando por qué Dios quería que ella siguiera viviendo en esta tierra, pudiese ser que estaba aterrada ante la soledad a la que se iba a enfrentar. No lo sabemos. Sí sabemos que Jesús decidió salir de Capernaúm lo cual pudo haberle hecho caminar por la noche para encontrar el cortejo fúnebre antes de que enterrasen el cuerpo.

 Había llegado justamente en el momento exacto en que ella lo necesitaba.

 Jesús le dijo a la viuda: “No llores” (versículo 13). Él “tocó el féretro” y los del cortejo “se detuvieron”. Entonces mandó: “Joven, a ti te digo, ¡levántate!

 “Entonces se incorporó el que había muerto y comenzó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre” (vers. 14…15). Naturalmente, todos los ahí presentes se sorprendieron y poco a poco el dolor se transformaba en gozo. Todos ellos “glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (versículo 16).

 Este milagro también trata sobre el rescate de un alma desesperada. Jesús se preocupó por algo que era injusto para aquella mujer. La situación en que ella estaba, clamaba la atención inmediata de Jesús, aunque tuviera que viajar lejos para estar allí con exactitud en el momento justo. Conocía la desesperada situación de ella y acudió rápidamente.

 Este incidente debe ser para nosotros más que una historia de la Biblia. Sin lugar a dudas, que Jesús sabía de esa pobre, olvidada e indigente viuda. Especialmente cuando nos sintamos olvidados, ignorados o insignificantes, debemos recordar: Jesús acudió a la viuda en un momento en que lo necesitaba; así también acudirá en nuestra ayuda.

 Otra lección que podríamos aprender es la importancia de tender la mano para bendecir a las personas a nuestro alrededor. En este momento, personas que conocemos estarán desanimadas, necesitando un aliento. Si les puedes hablar sobre la viuda de Naín y de cómo el Señor conocía con exactitud su desánimo y su gran crisis personal, eso podría cambiarles la noche en día. Recuerden que Dios nos tiene en cuenta y vela por nosotros, pero por lo general, es por medio de otra persona que atiende a nuestras necesidades.

 De todos los milagros que hizo Jesús durante el tiempo que estuvo en la tierra, para mí, hay pocos tan tiernos y compasivos como este. Nos recuerda que somos importantes para Él y que nunca se olvidará de nosotros.

 Especialmente cuando sentimos que se olvidan de nosotros o nos ignoran, debemos recordar: Jesús acudió a ayudar a la viuda precisamente en un momento en que ella lo necesitaba y acudirá en nuestra ayuda también.

S.A.G. – 20 – SEP – 2021

 

 

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