Lo que hoy vamos a exponer, se relaciona con las tres personas que integran la divinidad. Estas tres personas no constituyen tres dioses. Hay tres personas, pero un solo Dios.
Iniciemos por conocer que existe una esencia de naturaleza espiritual llamada, en Hechos 17:29, la Divinidad. Y en Romanos 1:20, y Colosenses 2:9, se le llama la Deidad. Divinidad y Deidad son términos que se refieren a Dios; la Divinidad es singular. No hay tres divinidades, existe una sola. Pero esa sola y única divinidad se descompone en tres personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Estas tres Personas están conscientes de su independencia personal, así como de sus relaciones y responsabilidades para con las otras dos.
El Padre actúa como cabeza o gobernador del Universo. El Hijo declara que está subordinado al Padre. Y el Espíritu Santo aparece como subordinado al Padre y al Hijo. De esta manera la Divinidad nos da un ejemplo de autoridad, obediencia y armonía.
Hoy hablaremos del Espíritu Santo que es un ser de naturaleza divina, subordinado al Padre y al Hijo, pero en lo que a personalidad y funciones se refiere, es independiente de ellos.
En el presente, el Padre aparece sentado en su trono, en el cielo, como cabeza de la Trinidad y Señor del Universo. El Hijo está a la diestra del Padre, ejerciendo las funciones de mediador entre el Padre y los hombres. El Espíritu Santo está en el mundo convenciendo a los seres humanos de sus pecados, iluminando sus mentes para que entiendan las buenas nuevas del Evangelio, impartiendo, a los que quieren salvarse, la gracia del arrepentimiento y la fe; regenerando las almas de los que aceptan a Jesús como su salvador; guiando a la iglesia que Jesucristo rescató con su sangre y dando fortaleza a los hijos de Dios para que puedan perseverar, soportar las pruebas, vencer las tentaciones y dar testimonio del evangelio de Cristo.
En Mateo 12:31…32, dice: "Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero." Estas palabras las pronunció Jesús. Y es Jesucristo quien dice que a cualquiera que blasfeme contra Él, le será perdonado; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no le será perdonado jamás.
Ahora bien, si se perdona la blasfemia contra Jesucristo y no se perdona la blasfemia contra el Espíritu Santo, ¿qué quiere decir esto?
Ofender al Espíritu Santo, es ofender, negar, desestimar, invalidar, etc. la muerte de Jesús por nosotros. Jesús, consciente del desarrollo de los acontecimientos que iban a tener lugar, anunció a sus discípulos que le iban a crucificar, que resucitaría al tercer día y que ascendería a los cielos. Esto llenó de tristeza a los discípulos; pero el Maestro le impartió consuelo diciéndoles: "Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre" (Juan 14:16). "Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre...él dará testimonio de mí" (Juan 15:26). "Pero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo me vaya - al Padre -; porque si yo no fuere, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere os lo enviaré. Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio".
Cuando Jesús estaba en la tierra, era el encargado de consolar. Cuando llegó el tiempo de su ascensión, anunció que bajaría otro Consolador que tomaría su lugar en la tierra. Pero el otro Consolador no vendría al mundo hasta que Cristo subiese al cielo. Así que subió y el Espíritu Santo descendió para siempre, impartiéndonos consuelo, dirección, fortaleza y gracia.
La labor del Espíritu Santo es transformarnos a la semejanza de Cristo; impulsarnos a adorar al Padre y convertirnos en instrumentos de la gracia de Dios para dar testimonio de la verdad. La labor del Espíritu Santo pasa un poco inadvertida para muchos. Pero Él, es Consolador divino. Y es Él quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones.
De todos los dones dados por Dios al hombre, el mejor es la presencia del Espíritu Santo. El Espíritu tiene muchas funciones y actividades. Primero, Él trabaja en el corazón de toda la gente, en todas partes. Jesús les dijo a sus discípulos que Él enviaría al Espíritu al mundo para "convencer al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio" Juan 16:7...11. Todos tienen una "conciencia de Dios," ya sea que lo admitan o no, la respuesta a esa convicción lleva al hombre a la salvación.
Una vez que somos salvos y pertenecemos a Dios, el Espíritu hace su casa en nuestros corazones para siempre. Jesús dijo que Él nos enviaría al Espíritu para que fuera nuestro Ayudador, Consolador y Guía. La palabra griega traducida como "Consolador" significa “llamado al lado de" y tiene la idea de alguien que anima y exhorta. Jesús envió al Espíritu como una "compensación" por Su ausencia.
Entre sus funciones está la de revelar la verdad. La presencia del Espíritu dentro de nosotros nos permite comprender e interpretar la Palabra de Dios. Jesús les dijo a Sus discípulos "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad..." Juan 16:13. Él va delante de nosotros, mostrando el camino, removiendo obstáculos, abriendo el entendimiento, haciendo todas las cosas claras y evidentes. Él nos conduce por el camino que debemos andar.
Otra de sus funciones es la de conceder dones. 1 Corintios 12 describe los dones espirituales otorgados a los creyentes para que podamos funcionar como el cuerpo de Cristo. Todos estos dones, son dados por el Espíritu para que podamos ser Sus embajadores en el mundo.
El Espíritu también funciona como productor del fruto en nuestras vidas. Cuando Él habita en nosotros, Él comienza a trabajar para cosechar Su fruto en nuestras vidas: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22...23). Este es el producto de la presencia del Espíritu en nuestras vidas.
Para concluir, el papel del Espíritu Santo es primordial en la obra de la iglesia y el ser llenos del poder del Espíritu de Dios es de vital importancia para todo creyente. Jesús dijo a sus discípulos "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo" (Hechos 1:8).
Personalmente creo que Jesús habló estas palabras en referencia a la llenura que los creyentes habían de recibir cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos. Todos los creyentes están en la misma posición de poder ser llenos del Espíritu. Dios no tiene favoritos. Si usted busca de Dios será lleno de Dios.
S.A.G. – 15 – NOV – 2021


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