Salmo 119:1 NVI "Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor"
No está de más que hablemos sobre este tema que resulta bastante interesante. Se trata de aquel individuo que no se conforma con nada ni con nadie y corre el riesgo de transformarse en un ser ávido, porque quiere lo que el otro tiene, o quiere lo que no tiene, porque es su manera de decirle al mundo que vale por lo que tiene. Para ello iniciemos con una lectura que me encontré en algún lugar en estos días, pero que viene oportuna:
"Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa, encender entusiasmos, encender el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama".
Así pensaba en septiembre el agua de río de la montaña. Y, como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios para pedir que cambiara su identidad.
"Querido Dios: Tú me hiciste agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser?, Tú mismo Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego a la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal…".
El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo.
El agua lo abrió y leyó: "Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua. Yo lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua siempre es primero que el fuego..."
Mientras el agua estaba embobada leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella. Y Dios seguía sonriendo esperando una respuesta.
El agua comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios sólo lo tiene el agua limpia.... Suspiró y dijo: "Sí, Señor, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. Gracias".
1 Pedro 4:10 “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”
Cada uno... Dios espera que todos los creyentes en Cristo, con poco o mucho tiempo en el evangelio, con poco o mucho conocimiento bíblico, con poco o mucho sea productivo para Él. Nadie puede, ni debe quedarse rezagado cuando de servir a Dios se trata. Nadie puede decir que su misión en la vida es de ser espectador. Todos somos actores. En un sentido, el servicio cristiano es un buen antídoto contra la inactividad y la pereza.
Según el don que haya recibido... Otra cosa que vemos en estas palabras es que Dios espera de nosotros lo que Él nos ha dado. No sólo nos ha dado el regalo de la salvación, sino también el privilegio enorme de servirle. Aquí podemos mirar la bondad de Dios, pues además de darnos la disposición de servirle, nos da los recursos para ello. En otras palabras, Dios no nos obliga a trabajar en aquello para lo que no nos ha capacitado. Dios dice: haz lo que puedes hacer; ponte a trabajar con lo que te he dado. Usa la herramienta que he puesto en tus manos.
A veces pensamos cómo Dios puede llegar a usarnos. Hay muchas razones por las que Dios no lo debió haber llamado a Ud. Para servir. Pero no se preocupe. Ud. está en muy buena compañía: Moisés tartamudeaba. La armadura de David no le venía. Juan Marcos fue rechazado por Pablo. Timoteo tenía ulceras. La esposa de Oseas era una prostituta. Jacob era un mentiroso. David tuvo una aventura sexual. Salomón era demasiado rico. Jesús era demasiado pobre. Abraham demasiado viejo. David era demasiado joven. Pedro le tenía miedo a la muerte y era voluble. Juan se sentía muy recto. Noemí era viuda. Pablo era un asesino, al igual que Moisés. Jonás huyó de Dios. Miriam era una murmuradora. Gedeón y Tomás tenían sus dudas. Elías estaba desgastado y deprimido. Juan el bautista era un gritón. Martha era una afanada por los quehaceres. Sansón era débil con las mujeres. Noé se emborrachó. Pero fueron obedientes a Dios, se mejoraron e hicieron lo que Dios quería que hicieran.
Es necesario poner de nuestra parte en la cuestión de servir a Dios. Nacemos espiritualmente con un don, pero ese don hay que perfeccionarlo. Al igual que cualquier habilidad, se puede ir mejorando con el uso.
No es tu riqueza material ni individual la que te hace valioso como persona, son tus principios, tu actitud, tu entereza, lo que hace que te valoren y te respeten. Tus ostentaciones son para que las disfrutes, impresiónalos con tu talento, con tu brillo, con la luz que irradias, con tu alegría y buen humor, con tu capacidad de sobrellevar cualquier situación que se te presente.
A veces parece que no somos buenos para hacer algo, pero si persistimos, podremos tener mejores resultados. Su tarea para empezar es descubrir cuál es ese don o talento que ha recibido de Dios.
Pregúntese: ¿Qué me ha dado Dios para ponerlo a su servicio y al servicio de mis hermanos?
Piense en cómo ha de obedecer al Señor esta semana. ¿Qué hará por alguna persona? ¿qué hará para su iglesia?
Pregunte, observe, reflexione y actúe. Dios le dará dirección y fuerza
S.A.G. - 07 – ENE – 2022
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