Salmo 40:1…2 “Pacientemente esperé a Jehová, se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”
En la actualidad con la rapidez de los medios de comunicación y la inmediatez de todo que nos promete la publicidad, nos impacientamos por diferentes cosas de la vida y no nos gusta mucho esperar, haciendo de la paciencia una de las virtudes más difíciles de conseguir.
Salmo 40:1…2, precisamente nos invita a esperar, a ser pacientes.
A veces aprendemos más fácil con una anécdota así que permítanme contarles la siguiente:
“Se cuenta que una vez un hombre perdió un reloj en un granero. El reloj tenía gran valor sentimental para él así que busco ayuda para encontrarlo y prometió una recompensa. Muchos acudieron al llamado, pero nadie lo encontró. Al final del día, después de que todos se habían marchado, llegó un niño y le pidió que lo dejara también buscar el reloj. El hombre le dijo: la verdad no tiene caso, nadie lo encontró, pero si quieres hacerlo en esa dirección queda el granero.
Poco tiempo después el niño apareció con el reloj. El hombre no lo podía creer, así que le preguntó cómo lo había logrado. Así que, el niño dijo: Solamente, llegué al granero, me senté en silencio y esperé, cuando escuché el tic tac del reloj, busqué en esa dirección y lo hallé”
Parece sencillo pero la verdad es que el estar a la espera de las bendiciones o las repuestas de Dios puede no ser fácil, aunque si les puedo asegurar que es el mejor camino y muchas veces abandonamos el camino correcto por la desesperación y la falta de paciencia.
En el Salmo 40:1…2 David, nos invita a realizar lo que Él hizo. Esto no quiere decir que es infalible, sino recordarnos que Dios es fiel y está dispuesto a bendecirnos.
David nos cuenta de lo misericordioso que fue el Señor al librarlo de sus dificultades. Sin embargo, para esto él espero pacientemente. No quiere decir que se quedó sentado esperando las bendiciones, nos da a entender que él se mantuvo en oración constante confiando en la respuesta de su Creador. Al final, su espera tuvo éxito, por eso, al final del pasaje que nos ocupa, nos muestra un panorama contrastado y nos cuenta como después de sentirse en el pozo y en el lodo que lo absorbía, el salmista se siente afuera con sus pies firmes sobre la Roca.
La lectura no habla de cuánto tiempo estuvo David esperando, simplemente dice que espero pacientemente. Literalmente la frase dice “espere pacientemente,” es decir, fue una espera prolongada y activa, en la que no desconfió del poder de su Creador seguro de que en algún momento hallaría una respuesta.
Podemos ser como los que buscaron el reloj entre el bullicio y con el afán de todos no lograron obtener nada. A veces vamos por la vida con diferentes preocupaciones y problemas, pero no hallamos solución porque estamos desesperados por solucionarlo por nuestra cuenta y con nuestras fuerzas.
Debemos recordar que tenemos un Creador dispuesto a bendecirnos y actuar como el niño que esperó escuchar la señal del reloj para ir en su búsqueda. Nosotros debemos esperar la voz del Señor que nos indique cuál es la salida correcta.
Cuanto más desesperemos y más tratemos de solucionar nuestros inconvenientes por cuenta propia, más nos frustraremos y nos sentiremos ahogados en un pozo sin salida. A igual que David, debemos alzar nuestra voz en oración y clamar al único que todo lo puede y esperar confiando que Él nos escuchará y nos restaurará.
Salmo 37:7 dice: “…y espera en él. No te alteres..." Dios quiere que descansemos en Él. Eso significa estar completamente seguro de que Él hará lo que ha prometido, independientemente de las circunstancias.
Recordemos que Dios no necesita nuestra ayuda para cumplir sus planes. Dios no llega temprano. Dios no llega tarde. ¡Dios siempre está a tiempo! Podemos encontrarnos con situaciones angustiosas, pero aún podemos esperar en Dios. Jesús ha prometido nunca dejarnos y si buscamos humildemente su ayuda, Él nos dará la gracia de esperar cuando lo necesitemos.
Antes de que fuéramos hechos, Él nos conocía y Él sabe todo sobre nosotros. Incluso nuestros mismos cabellos han sido contados por Él. Él da fuerzas al cansado; y a los que no tienen ninguna, aumenta las fuerzas.
Aun los muchachos se fatigarán y se cansarán, y los muchachos caerán del todo; pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; y caminarán, y no se fatigarán. Estas son poderosas promesas de Dios. Podemos confiar en Dios; Nunca ha fallado.
Quizás ha estado esperando algo durante años. Tenga la seguridad de que Dios responderá a su oración. Leemos en 2 Pedro 3:9, "El Señor no se demora en su promesa".
¡Las promesas de Dios son seguras! No tengamos miedo ni nos turbemos, sino detengámonos y pidamos a Dios que nos dé fuerzas para esperar en Él, y seguramente Él nos bendecirá.
S.A.G. - 07 - MAR - 2022
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