La Predicación: Muletillas Y Otros Vicios Por Saúl Guevara (Estudio No. 877)

 


Dios ha sido muy misericordioso con los púlpitos actuales y nos ha regalado verdaderos maestros en la predicación; es decir, excelentes expositores bíblicos que el Espíritu Santo usa para ministrar los corazones de los oyentes con fortaleza, instrucción práctica, dirección divina, fe, esperanza, corrección, ánimo y muchos beneficios más que la buena predicación bíblica trae. Hemos observado que, progresivamente, se aborda con mayor seriedad y responsabilidad la exposición de la Palabra Sagrada, así como la responsabilidad que ello implica.

 Sin embargo, es importante señalar que algunos individuos han sucumbido a lo que se denomina vicios en la predicación. Estos, al igual que los vicios naturales, son perjudiciales y requieren una rehabilitación urgente.

 Con un sentido de humildad y fraternidad, como parte de una comunidad de predica, me permito compartir algunas reflexiones sobre esta situación. De igual manera que la policía efectúa una sesión identificatoria con el propósito de que los testigos señalen a los presuntos culpables entre los sospechosos, es necesario que realicemos un análisis de ciertos tipos de predicadores como:

 El ilustre: es aquel que, con frecuencia de dos o tres frases por cada oración, enfatiza su predica con muletillas como: “los expertos en análisis bíblico”, “según los eruditos en el idioma original” y otras afirmaciones similares. De tal manera, que una explicación sencilla y agradable de dos minutos se convierte en una tediosa clase de 10 minutos que no logra captar la atención del auditorio. El uso apropiado de la semántica textual de los idiomas bíblicos resulta enriquecedor, sin embargo, “mucha luz” puede llegar a cegar a quienes no están familiarizados con el contexto, dejando a algunos con una visión más limitada que al inicio.

 El muletólogo: son las palabras o frases interruptoras que el predicador intercala en su sermón como mal hábito. Dichas interrupciones se conocen como muletillas y su objetivo es permitirle a su mente un breve espacio de tiempo para reflexionar sobre lo que va a decir a continuación. Se les denomina muletillas, dado que se trata de una categoría de apoyaturas verbales. Entre las expresiones más comunes y utilizadas, podemos mencionar: “Amén, hermanos”, “¿Cuántos dicen Aleluya?” “¿Quién dice gloria a Dios?” o “¡Y a su nombre!”. También existe el “dígale al que tiene a la par…” y varias más. Si bien se puede recurrir a ellas de manera natural, discreta, medida e inteligentemente.

 El elegido: busca aumentar la autoridad del mensaje empleando frases tales como: “Dios me ha dicho hoy”, “dice Dios”, “En este preciso instante, no soy yo quien habla, sino que Dios ha tomado literalmente mi boca”. Se reviste de una teatralidad propia de un médium sagrado y simula un estado de trance espiritual. Esta situación puede suscitar desconfianza lógica entre los individuos y generar confusión, principalmente en los nuevos.

El gritón: cree que el grito puede derribar todos los muros. Esta práctica puede conducir a una predicación a todo volumen de la garganta, sin considerar el equilibrio entre el volumen de la voz y el del argumento. Al no presentar cambios en la voz, la modulación, el tono, la velocidad y otros aspectos relacionados con la oratoria, el mensaje adquiere la apariencia de una precipitación verbal abundante que en última instancia, resulta en una sobrecarga de información y dificulta la retención del mensaje.

 El animador espiritual: en los tiempos recientes, ha aparecido una nueva categoría de predicadores, conocidos como “porristas eclesiásticos”. Estos apoyan su ministración en el ánimo del auditorio, valiéndose de la exaltación, la euforia, el regocijo y la danza como expresiones de dicha y fervor. El predicador en mención no admite la pasividad del público y, ante su indiferencia, recurre a una auténtica exhibición de “changoneta espiritual”. Priorizando la “animosidad” sobre la esencia.

 El ególatra religioso: centra su sermón en torno a su propia figura, utilizando únicamente el texto bíblico leído al inicio como un punto de partida para abordar temas relacionados con su ego. Sus logros destacados y su comportamiento ejemplar son los puntos clave que sustentan su mensaje diciendo “miren mi ejemplo e imiten mis acciones”. El mensaje por lo general es rechazado y es objeto de incredulidad, ya que ha perdido su carácter cristocéntrico y se ha convertido en un simple cartel de propaganda de la figura del líder.

 Finalmente deseo compartir algunas sugerencias para evitar gran parte de los vicios en la predicación:

·         Es esencial mantener un profundo respeto y temor hacia el nombre del Señor y su Santa Palabra.

·         Es imperativo concientizarnos de la responsabilidad y seriedad que conlleva la noble tarea de la predicación bíblica.

·         Sería altamente beneficioso ampliar nuestro léxico, y por ello, es evidente que la lectura resulta imprescindible.

·         Resulta de vital importancia escuchar a otros predicadores, así como a nosotros mismos, con el objetivo de “examinarlo todo y retener lo bueno”.

·         Es crucial evitar la improvisación y, en su lugar, fomentar las pausas estratégicas.

·         Considero que la unción, la Biblia, el ayuno, la oración y la preparación dedicada son una fórmula infalible para elaborar el antídoto contra estos y otros vicios en la predicación, convirtiéndonos cada día en mejores predicadores de la Biblia. Es importante recordar que la predicación ha sido reconocida como el método elegido por Dios para comunicarse con la humanidad.

 No olvidemos que domar nuestra lengua es extremadamente difícil, pero no imposible. Al practicar predicar con amor y al ejercitar la disciplina de refrenar la lengua, el Espíritu Santo va a producir el fruto del dominio propio (Gálatas 5:23). Luego a medida que leemos, estudiamos y escudriñamos, crecemos en la gracia y conocimiento del Señor Jesús y vamos a ser más y más como el hombre perfecto (completo, maduro) que no tropieza en lo que dice (Santiago 3:2). Oremos para que seamos cada vez más como ese hombre.

 Al preparar su predicación no olvide que: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra"  2 Timoteo 3:16…17.

S.A.G. - 22 – MAR – 2026 (Estudio No. 877)

 

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