El momento de considerar dejar una iglesia es, sin duda,
delicado y profundo, ya que implica reflexionar sobre las razones que te
impulsan a tomar esta decisión y la manera más apropiada de proceder. Aunque
hay circunstancias legítimas para trasladarse a otra congregación, también es
fundamental evitar decisiones precipitadas basadas en motivos incorrectos que
no edifiquen ni fortalezcan tu fe.
Es innegable que las iglesias están formadas por personas
imperfectas. Si alguien peca dentro de la congregación, incluidas figuras de
autoridad, ¿es esto suficiente motivo para salir? La Biblia nos muestra que la
solución no es abandonar, sino abordar el pecado de manera adecuada. Por
ejemplo, Pablo instruyó a los corintios a confrontar el pecado en su iglesia y
buscar la restauración del pecador, no a huir, leer 1 Corintios 5:9…13. La
santidad no se promueve evitando el problema, sino enfrentándolo con ánimo de
redención, leer Gálatas 6:1…5.
Es importante defender la fe, pero no todos los
desacuerdos bíblicos justifican la separación. Pablo dijo a Timoteo, evita
discusiones innecesarias y presenta la palabra con verdad y rectitud es
esencial (2 Timoteo 2:14…16). No permitas que aspectos no fundamentales de la
doctrina destruyan la unidad espiritual.
Dios llama a sus hijos a preservar la unidad del Espíritu
mediante el amor y la paz (Efesios 4:1…3). Más bien, trabaja en tu disposición
para solucionar conflictos y cultivar relaciones de humildad y gracia
(Filipenses 2:3).
Habrá momentos en los que sentirás heridas o agravios
dentro de la comunidad cristiana. Sin embargo, Cristo nos ha mostrado cómo
manejar estos casos: confrontar con amor al hermano que pecó contra nosotros y
buscar reconciliación (Mateo 18:15…20). Abandonar una iglesia cada vez que
surgen problemas solo genera un ciclo sin fin de descontentos.
Aceptar el liderazgo pastoral es un acto de obediencia,
de humildad y madurez espiritual (Hebreos 13:7, 17). Aunque nadie está llamado
a someterse a líderes abusivos o inmorales, tampoco debemos usar nuestras
preferencias o tradiciones personales como excusa para criticar o abandonar a
los líderes instituidos por Dios (1 Timoteo 5:19…20).
La predicación fiel y verdadera puede incomodar a quienes
desean un mensaje que simplemente confirme sus propias ideas o deseos (2
Timoteo 4:2…4). En lugar de buscar verdades más agradables en otro lugar,
debemos ser agradecidos por aquellos líderes que proclaman con fidelidad la
palabra de Dios. Si estás siendo alimentado espiritualmente con sana doctrina,
considera esto como una razón poderosa para quedarte.
Si la iglesia a la que asistes no predica o enseña el
evangelio bíblico, es tiempo de partir. La salvación proviene exclusivamente de
la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Es un regalo gratuito, basado
enteramente en el sacrificio de Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y
resucitó para nuestra justificación. Según Gálatas 1:6…9, aquel que promueva un
evangelio diferente está en maldición. Una iglesia que adopte un falso
evangelio no es realmente una iglesia cristiana. En este caso, es mejor alejarse.
Si una iglesia te requiere negar tus convicciones o aceptar algo contrario a tu fe, debes considerar irte. Hay tres responsabilidades esenciales en lo que respecta a la fe: vivir según tus convicciones (Romanos 14:23), proteger tu conciencia contra el pecado (Santiago 4:17) y examinar todas las enseñanzas (1 Tesalonicenses 5:21). No minimices los asuntos doctrinales. Sacrificar la verdad para mantener la paz solo genera una apariencia superficial de armonía.
Existen situaciones personales que justifican dejar una
iglesia, siendo la más común la reubicación geográfica. Si te mudas a otra
ciudad o vives demasiado lejos, es natural buscar una congregación más cercana
para estar bajo el cuidado espiritual de esa comunidad, como sucedió con Febe
(Romanos 16:1…2). Otros motivos personales similares pueden también ser válidos
y necesarios.
Si decides salir de una iglesia, hay formas correctas y respetuosas de hacerlo, de manera que Cristo sea honrado en el proceso.
Analiza tus motivos, tu lugar en el ministerio y tus
relaciones dentro de la iglesia. Pide a Dios sabiduría (Santiago 1:5) y
protección para tu corazón (Proverbios 4:23). Enfócate en buscar Su voluntad
(Colosenses 1:9). Evita hablar precipitadamente mientras procesas tus
pensamientos, ya que esto puede generar malentendidos y divisiones
innecesarias.
·
Examina
tus motivos
No te límites a las respuestas políticamente correctas;
indaga en el fondo de tu corazón con honestidad y humildad, pidiendo a Dios que
revele tus verdaderas motivaciones (Salmos 139:23…24). Asegúrate de que no sean
razones equivocadas o caprichosas.
Si tienes responsabilidades en la iglesia, como liderar
un ministerio o ser parte activa de algún servicio, evalúa cómo tu partida
podría afectar estas áreas. Cumple con los compromisos ya asumidos antes de
irte, mostrando integridad y poniendo el honor de Cristo como prioridad (1
Corintios 15:58). Asegúrate de dejar todo en orden y no abandonar personas
desatendidas.
Nunca salgas de una iglesia motivado únicamente por enojo
o resentimiento hacia alguien. En su lugar, busca activamente la reconciliación
y el perdón: “Si vas a presentar tu ofrenda y recuerdas que alguien tiene algo
contra ti, ve primero y reconcíliate” (Mateo 5:23…24). Si hay comunión rota con
otros miembros, ésta debe repararse antes de partir.
El cristianismo no gira en torno a ti; se centra en
Cristo y en las personas que te rodean. Si tu corazón está bien orientado,
comprenderás el impacto que puede tener tu salida en quienes te rodean. Si
sientes que puedes marcharte sin influir en nadie, quizá sea señal de que no
has establecido conexiones profundas como miembro. En cambio, si tu presencia
es valiosa, medita en cómo tu ausencia afectará a otros. Tal como Pablo
escribió en Filipenses 2:4: “Cada uno debe mirar no solo por sus propios intereses,
sino también por los intereses de los demás”.
No es el diseño de Dios que sus hijos permanezcan
espiritualmente desarraigados. En Efesios 2:19, Pablo recuerda: “Ya no son
extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la
familia de Dios”. Por lo general, el Señor guía hacia un nuevo lugar, en lugar
de simplemente apartarnos de otro. Cuando dejes una iglesia, es importante
tener un “destino espiritual” claro en mente. Además, sería ideal llevar
contigo la recomendación y bendición de la comunidad que estás dejando atrás para
integrarte adecuadamente en la nueva iglesia.
Es fundamental abordar tu decisión de salir con tu pastor
antes de hacer cambios definitivos. Pregúntate: ¿él o ella es parte del motivo
por el que deseas partir? Si es así, esto refuerza aún más la importancia de
tener esa conversación. Como lo expresa Hebreos 13:17: “Obedezcan a sus
pastores y sométanse a ellos, porque ellos velan por sus almas como quienes
rendirán cuentas. Háganlo de manera que puedan cumplir su labor con alegría y
no con quejas, pues eso no sería provechoso para ustedes”. Ser transparente y
honesto fortalecerá tanto tu testimonio personal como la relación con tu
pastor, incluso al momento de partir.
S.A.G.
- 31 – MAY – 2026 (Estudio No. 887)
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