¿Hay Ingratitud Entre Nosotros? Por Saúl Guevara (Estudio No. 901)

 


La definición de ingratitud, según la Real Academia Española, se refiere al desagradecimiento o al olvido de los beneficios recibidos. Pero, ¿por qué parece tan común hoy en día y cómo podemos asegurarnos de ser agradecidos?

 La ingratitud está profundamente arraigada en nuestra sociedad. Si se le pregunta a la gente si son ingratos, la mayoría probablemente dirá que no. Sin embargo, esta actitud puede estar tan integrada en sus vidas que ni siquiera reconocen su propia falta de gratitud.

 ¿Cómo podemos reconocer la ingratitud en nosotros mismos? ¿Qué características la definen y cómo podemos abordarla?

 La ingratitud también puede entenderse como el olvido o el escaso reconocimiento de la bondad recibida. Se trata de no valorar o apreciar lo que poseemos o lo que hemos recibido. Incluso la gratitud que no se expresa se traduce en ingratitud.

 En el agitado mundo actual, muchas personas parecen no encontrar tiempo para el agradecimiento, aun cuando son conscientes de su importancia. Las prioridades como el trabajo, el tráfico, la familia y las citas médicas suelen eclipsar el acto de dar las gracias a los demás. Además, quejarnos abiertamente y hablar mal de otros (incluidos seres queridos) se convierte en un modo de intentar equilibrar, a nuestro juicio, alguna injusticia percibida.

 Al actuar así, sin siquiera notarlo, nos colocamos en una posición similar a la de un acusador y asumimos un rol de juez, sobre todo, lo cual puede hacernos sentir orgullosos y autosuficientes. Creemos que merecemos todo lo que tenemos, lo que cierra los canales de paz, distancia a las personas y puede romper la comunión y la alegría. La persona ingrata se acostumbra a murmurar y criticar en lugar de elogiar.

 Esta actitud es errónea porque pretende usurpar el papel del Gran Juez. La falta de gratitud y las quejas constituyen una rebelión contra el Reino Supremo y su gobierno.

 En muchos hogares ha surgido una cultura del derecho donde los hijos crecen pensando que lo merecen todo, demandando lujos como si fueran obligaciones parentales. A menudo olvidan los sacrificios, las largas horas de trabajo y las renuncias que sus padres realizan por amor. Irónicamente, un hijo ingrato nunca estará satisfecho; cuanto más recibe, más exige.

 La Biblia ofrece guía clara sobre la gratitud familiar, especialmente hacia los padres, considerándola una orden con beneficio espiritual directo. Por ejemplo:

-           El mandamiento de honrar a los padres implica reconocer su valor, respetarlos y agradecerles.

-           Es el único mandamiento acompañado de una promesa para asegurar bendición y longevidad.

-           Jesús, incluso en la cruz, mostró gratitud asegurándose de que su madre quedara bajo el cuidado de Juan.

 Reflexionemos: ¿Alguna vez ha dado un regalo sin recibir las gracias? ¿Se ha sentido pasado por alto en tiendas o restaurantes? ¿Ha sentido que familiares o compañeros de trabajo no aprecian sus esfuerzos? Esto puede dejarnos con sentimientos incómodos.

¿De dónde proviene esta mentalidad ingrata? Es crucial entenderlo para poder superarlo. Se asemeja al comportamiento de los leprosos curados por Jesús que no regresaron para agradecerle (Lucas 17:11…19). Nos enfocamos más en lo que nos falta que en lo que Dios ya ha proporcionado. Adán y Eva ilustraron esto al centrarse en lo que no podían tener por prohibición de Dios, ignorando todas las bendiciones disponibles para ellos.

 A menudo idolatramos nuestras propias necesidades. La ingratitud sugiere una expectativa de merecerlo todo, convirtiéndonos en nuestros propios dioses y haciendo vanidad tanto de nosotros mismos, como jactándonos de nuestras posesiones.

 Las personas agradecidas suelen ser menos egoístas, reconociendo que han recibido más de lo que merecen. En lugar de centrarse en sí mismos con arrogancia, valoran humildemente la gracia recibida.

 No siempre alcanzamos a comprender plenamente la alegría, ya que pocos momentos son tan gratificantes como cuando reconocemos lo que Dios nos ha dado. Solo podemos arrodillarnos asombrados al darnos cuenta, una vez más, de que Dios es autosuficiente y todopoderoso. Sin embargo, para quienes no valoran lo que tienen, la alegría derivada de las posesiones materiales es pasajera e ilusoria.

 Somos seres imperfectos que no siempre seguimos la Palabra. Esta es clara respecto a la gratitud: en toda circunstancia, ya sea en lo bueno o en lo malo, en la confusión o en la paz, en la prosperidad o en la escasez… siempre debemos agradecer a Dios, quien gobierna sobre todo (1 Tesalonicenses 5:18). Cualquier otra actitud, como la ingratitud, es señal de nuestra naturaleza pecaminosa.

 Puede que estemos permitiendo que el pecado permanezca en nuestras vidas. No solemos dedicar mucho tiempo a la gratitud cuando nuestro corazón está centrado en cosas transitorias que nos proporcionan placer instantáneo, especialmente cuando pecamos en silencio. Esconderse sin arrepentimiento no lleva a la gratitud.

 En ocasiones, perdemos el sentido de la verdadera adoración. Basta con leer los salmos para ver cuántas veces el salmista expresó himnos de agradecimiento. Sin embargo, muchos de nosotros cantamos canciones de acción de gracias sin sentir auténtica gratitud en el corazón. Eso no es verdadera adoración.

 ¿Y tú? ¿Qué revela acerca de ti tu nivel de gratitud genuina? ¿Qué cambios piensas realizar?

S.A.G. - 06 – SEP – 2026 (Estudio No. 901)

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María, Madre de Jesús Por Saúl Guevara (Estudio No. 900)

 


¿Es María la madre de Dios? La Biblia no afirma que María sea la madre de Dios ni sugiere que los cristianos deban adorarla o venerarla. María nunca afirmó ser la madre de Dios. La Biblia indica que dio a luz al "Hijo del Altísimo" o "Hijo de Dios", pero no a Dios mismo (Lucas 1:32…35).

 Jesucristo no dijo que María fuera la madre de Dios ni que mereciera devoción. De hecho, cuando una mujer ensalzó a María por tener el privilegio de ser la madre de Jesús, Él la corrigió diciendo: “Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lucas 11:27…28).

 La frase "Madre de Dios" no se encuentra en la Biblia. Por otro lado, la expresión "reina de los cielos" que sí aparece en las escrituras, no hace referencia a María, sino a una deidad falsa adorada por los israelitas apóstatas (como se menciona en Jeremías 44:15…19). Esta deidad podría ser Astarté, una diosa de origen babilónico.

 En los primeros tiempos del cristianismo, los seguidores de la fe no rendían culto a María ni le otorgaban un trato especial. Según las Escrituras, Dios es eterno (Salmo 90:1…2; 93:2), por lo cual, al no tener un comienzo, no podría tener una madre. Además, la Biblia señala que María no pudo haber llevado a Dios en su vientre, ya que ni siquiera los cielos pueden contenerlo (1 Reyes 8:27).

 María fue la madre de Jesús, no la madre de Dios. Era de origen judío y desciende directamente del rey David, como se menciona en Lucas 3:23…31. Su fe y devoción le valieron el favor de Dios, como se destaca en Lucas 1:28. Dios la escogió para ser la madre de Jesús, según Lucas 1:31…35. Además, posteriormente tuvo otros hijos con su esposo, José, tal como lo registra Marcos 6:3.

 La Biblia indica que María se convirtió en discípula de Jesús, aunque no ofrece muchos detalles adicionales sobre ella (Hechos 1:14).

 Como madre de Jesús, María representa un ejemplo notable de fe, obediencia y confianza en Dios. A través de su vida, nos enseña a vivir dedicados al propósito divino, sin importar las dificultades y pruebas que podamos encontrar.

 La historia de María comienza con una visita celestial que transforma su vida por completo. En Lucas 1:28, el ángel Gabriel la saluda: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.” María fue seleccionada por Dios para cumplir una misión única y especial: ser la madre del Salvador del mundo. Dios no la escogió debido a su estatus o logros personales, sino por su gracia soberana. Esta selección nos enseña que Dios nos llama y nos utiliza, no por nuestros propios méritos, sino por su gracia y sus propósitos divinos.

Al recibir la noticia del ángel, la primera reacción de María es hacer una pregunta llena de fe: “¿Cómo será esto, pues no conozco varón?” (Lucas 1:34). Aunque inicialmente María experimenta incertidumbre y confusión, nunca cuestiona el poder divino. Ella está dispuesta a comprender, demostrando así una fe auténtica y profunda. Su reacción ante la fe nos ofrece una lección sobre la importancia de confiar en los planes de Dios, incluso cuando estos son difíciles de comprender.

 Tras escuchar la explicación del ángel, María responde con una admirable sumisión: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lucas 1:38). La presente afirmación ilustra una obediencia absoluta y una disposición incondicional a acatar la voluntad divina, sin considerar las repercusiones personales. La sumisión de María nos invita a aceptar el designio de Dios en nuestras propias vidas, con la certeza de que sus propósitos son siempre orientados hacia nuestro beneficio.

 El Canto de María, encontrado en Lucas 1:46…47, es una expresión profunda de alabanza y agradecimiento hacia Dios. En este pasaje, María declara: “Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” En este canto, María alaba la grandeza de Dios y su misericordia. Nos muestra cómo adorar a Dios en todas las situaciones, reconociendo su bondad y fidelidad.

 María también expresa una profunda confianza en Dios en Lucas 1:48, donde afirma que: “Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.” Pese a su humildad y la grandeza de su misión, María pone toda su confianza en la promesa y el plan divino. Esta seguridad nos inspira a depositar nuestra confianza en Dios, con la certeza de que Él reconoce y valora nuestra fe y obediencia.

 María fue testigo de uno de los instantes más dolorosos en la historia: la crucifixión de su hijo. En el Evangelio de Juan 19:25, se menciona que ella estaba al pie de la cruz de Jesús. Su presencia en ese instante de sufrimiento revela su increíble fortaleza y profundo amor maternal. María nos inspira a ser fieles y estar presentes, incluso en los momentos más difíciles y dolorosos, confiando siempre en el propósito redentor de Dios.

 Después de la resurrección y ascensión de Jesús, María continuó siendo una parte integral de la comunidad de creyentes. En Hechos 1:14, se menciona que ella estaba unida en oración con los discípulos. Su participación en la iglesia primitiva subraya su dedicación y compromiso con la misión de Cristo. Nos muestra la importancia de la oración y la comunión con otros creyentes mientras buscamos cumplir el propósito de Dios.

 Hermanos y hermanas, la vida de María, la madre de Jesús, es un ejemplo inspirador de fe, obediencia y confianza en Dios. Desde su elección divina hasta su participación en la iglesia primitiva, María nos enseña a confiar en los planes de Dios, a obedecer su palabra y a alabarle en todas las circunstancias. Sigamos su ejemplo, viviendo nuestras vidas con un compromiso profundo y una fe inquebrantable en nuestro Señor y Salvador.

S.A.G. - 30 – AGO – 2026 (Estudio No. 900)

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Fallas En El Grupo De Alabanza Por Saúl Guevara (Estudio No. 899)

 


El tema de los grupos de alabanza, con sus comportamientos cuestionables y errores, va más allá de la música en sí. Este ministerio refleja tanto la salud como la falta de salud de las congregaciones. En Romanos 15:1-2, se destaca la importancia de que quienes son fuertes en la fe apoyen a los más débiles, en lugar de buscar solo satisfacer sus propios deseos. Todos debemos apoyar al prójimo para su bienestar y para edificarlo. Las iglesias tienen una cuota de responsabilidad cuando los grupos de alabanza cometen fallos. Permíteme intentar explicar esto mejor:

 ·         Creencia que, entre más, mejor.

Normalmente se sueña con un acople en que los cantos e instrumento suenen tal como los grupos de alabanza del momento. La dificultad surge cuando algunos músicos del grupo no viven de acuerdo a principios espirituales, otros participan por razones poco sinceras, o cuando el conocimiento y la técnica de algunos son insuficientes, sin mencionar las habilidades vocales y su modulación.

 Por lo general, reclutamos sin haber realizado un trabajo espiritual previo, convencidos de que cuantos más miembros haya, mejor sonará el grupo, con la esperanza de que la dedicación espiritual llegará con el tiempo.

 ·         El tema de la responsabilidad.

Para algunos del grupo de alabanza, participar se ha convertido en una carga obligatoria. Por esta razón, siempre se enfatiza la importancia del compromiso y se enfrenta el desafío de que los integrantes asistan a los ensayos, oren, lean su Biblia, se inscriban en cursos bíblicos o al menos permanezcan en la reunión dominical después de su participación. Se espera que el compromiso se reduzca principalmente a estar presentes durante el ensayo y practicar disciplinas espirituales. Sin embargo, no entienden que se trata de una entrega a Dios, no solo por ser parte del grupo de alabanza, sino por ser discípulos de Jesucristo, a quien han declarado su Rey y Señor.

 ·         No entienden el rol de ser un líder.

No se les enseña lo que significa ser un líder y administrador de las cosas de Dios. Los miembros del grupo de alabanza están allí no solo por saber tocar un instrumento o cantar, ni por tener habilidades en dirección musical o coral, sino para servir a Dios y a la comunidad de la iglesia.

 Un siervo de Dios disfruta de una vida en sumisión a la voluntad de su Señor. La dedicación de cada creyente es esencial para ejercer su fe, y no se puede esperar menos de un líder. Eso es todo lo que Dios requiere.

 Muchos no comprenden que no deberían ocupar un lugar si su propósito no es el servicio genuino, sometiendo sus deseos a aquel a quien sirven, y viviendo de manera irreprensible para que, primero, sus vidas sean motivo de alabanza a Dios, y luego sus talentos y dones.

 ·         Casi nula responsabilidad de ser lideres.

En ocasiones, los integrantes de los grupos de alabanza persisten en conductas que claramente transgreden los principios divinos, y no obstante, reciben indulgencia debido a la primacía otorgada a la presencia de música durante el servicio dominical, en vez de a las condiciones de sus vidas personales o al testimonio que ofrecen. Resulta particularmente alarmante la falta de atención espiritual o la manifiesta intención de persistir en el pecado. Esto denota un menosprecio por la excelencia en su desempeño, ya que no se comprometen individualmente con el ensayo musical, olvidando que todo lo que realizan constituye una forma de adoración hacia Dios.

 Prepararse debidamente para realizar nuestras labores cotidianas o para rendir bien en un examen subraya la obligación de ofrecer lo mejor de nosotros mismos a quien es digno de toda gloria. Sin embargo, no cumplimos con esta exaltación cuando fallamos incluso en realizar lo estrictamente necesario. En consecuencia, se evidencia una marcada carencia de responsabilidad en quienes ostentan un rol de liderazgo.

·         La elección de las alabanzas.

Se utiliza el criterio de seleccionar lo que es efectivo, aquello que logra poner a la congregación en un estado de euforia o de gran emoción, incluso hasta las lágrimas. Esto es particularmente relevante cuando no ha habido tiempo para seleccionar o ensayar nuevas canciones de alabanza.

 ¿Cuál es la importancia si las letras entran en conflicto con las enseñanzas bíblicas? Parecería que ninguna. ¿Es relevante si nunca mencionan los términos “Dios”, “Jesús” o si queda incierto a quién están dirigidas? Tampoco parece serlo.

 Si la persona responsable de dirigir la alabanza no tiene el hábito de leer la Biblia ni busca conocer al Dios al que afirma adorar, como sucede en muchos casos, ¿qué criterios empleará entonces para seleccionar el repertorio?

 ·         Las iglesias no cuidan de sus vidas.

Este es un tema que toca a todos y cada uno de quienes sirven a los creyentes y a la misma congregación, pero hablemos específicamente de los grupos de alabanza.

 En la iglesia somos todos responsables de la salud espiritual de los miembros del grupo de alabanza, bíblicamente porque son parte del cuerpo del Señor. Nadie puede atribuir que es problema del músico, cantante o director. Es problema de todos porque somos un cuerpo.

 En ese sentido, debemos procurar la restauración de quienes han ejercido el ministerio aun sin ser dignos. Si implica disciplina, con disciplina, pero siempre procurando que el pecador restaure su comunión con Dios.

 ·         Saber lo anterior y no hacer nada.

Lo esencial no es contar con un grupo de alabanza, sino que las vidas de sus integrantes se conviertan en una razón y un medio para honrar a Dios, siendo capaces de atraer Su gloria en ese instante. Así, serán utilizados para guiar a la congregación hacia el lugar adecuado, evitando caer en un emocionalismo estéril y efímero, y promoviendo que los creyentes entreguen sus vidas y se conviertan en verdaderos adoradores de Dios.

 De lo contrario estaremos buscando la gloria que solamente pertenece al Rey y Señor de todos.

 Finalmente, tener conocimiento de que todo lo anterior está ocurriendo en nuestras congregaciones y no hacer algo al respecto nos hace cómplices. Así que pongamos manos a la obra como dice la Escritura: "Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado" Gálatas 6:1, NVI

S.A.G. - 23 – AGO – 2026 (Estudio No. 899)

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Prohibido Ser Cristiano Cobarde Por Saúl Guevara (Estudio No. 898)

 


Dios proporciona paz y requiere fe para superar la ansiedad humana. Las Escrituras sostienen que el amor perfecto de Dios expulsa el miedo y exhortan a no temer, asegurando la constante presencia de Dios para ayudar y proteger a sus creyentes.

 Adoptar el cristianismo en su esencia demanda valor, puesto que implica afrontar peligros, adversidades, oposiciones e incluso la muerte. Los verdaderos discípulos de Jesucristo no deberían anticipar un trato más favorable que el recibido por su Maestro. Como Jesús mismo expresó: "Ningún siervo es más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán..." NVI - Juan 15:20.

 Pese a las persecuciones que sufrió, en Jesús no se hallaba causa justificada para tales tratos. Demostró un compromiso activo con el bienestar ajeno, evidenciado a través de su compasión, bondad y amor. (Mateo 8:2…3; 11:28…30; Marcos 8:2) Su dedicación no conoció descanso; frecuentemente renunciaba al alimento y al reposo necesarios para aliviar el sufrimiento humano y proporcionar consuelo y aliento espiritual. (Mateo 14:13…14; Marcos 6:31…34) Pese a ser injuriado, nunca profirió injurias a cambio. Su conducta fue irreprochable y libre de pecado. (1 Pedro 2:22…23)

 A pesar de todo, Jesucristo se convirtió en el centro de una intensa hostilidad. Fue acusado de ser un borracho y glotón, violador de la ley de Dios e incluso de estar poseído por demonios. (Lucas 7:34; Juan 5:18; 8:48) Sufrió numerosas ignominias, lo escupieron, lo abofetearon, lo golpearon con los puños, lo azotaron, y finalmente lo crucificaron para que muriera en deshonra pública como si fuera un blasfemo contra Dios. (Mateo 26:65…67; Juan 18:22; 19:1, 17…18)

 El soportar esto requirió un tremendo valor de parte de Jesús. Podría haber evitado ser objeto de hostilidad simplemente llevando una vida tranquila como carpintero en Nazaret. Sin embargo, declaró valientemente la verdad, exponiendo las falsedades religiosas y la inmoralidad de una vida vivida solo para el propio interés. Esto le atrajo el odio del mundo, ya que aquellos que preferían vivir en oposición a la voluntad de Dios no querían ser señalados como injustos. Les dolía ser desenmascarados y ver que no eran las personas "justas" que muchos pretendían ser. (Juan 3:19…20)

 Los seguidores de Jesucristo son alentados a actuar como Él lo hizo. No solo deben vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, sino también estar activamente comprometidos en ayudar a otros a hacer lo mismo. (Mateo 28:19…20) Esta tarea a menudo los enfrenta directamente con personas que optan por seguir sus propios caminos malvados y que responden con violencia, deseando que esta labor se interrumpa. Frente a tal oposición, los cobardes podrían retroceder, pero los verdaderos cristianos no lo harán.

 La actitud predominante de los verdaderos cristianos no es una de cobardía. Aunque puedan ser tímidos o sentir miedo de sufrir daños e incluso necesitar un impulso para mostrar más valentía, no permiten que estos temores o la timidez los detengan en cumplir la voluntad de Dios, como lo harían los cobardes. Pablo subrayó esto a su dedicado colaborador Timoteo al decirle: "Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio" NVI - 2 Timoteo 1:7.

Pablo apreció muchísimo el hecho de que Dios le hubiera dado espíritu de poder. A los de Filipos, declaró: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13) Pablo fue dotado con la capacidad para enfrentar enemigos y peligros de todo tipo, por lo que no retrocedía con temor. Se le otorgó la resistencia necesaria para soportar duras pruebas y persecuciones. 2 Corintios 11:23…27; 12:9…10.

 Sentía un amor profundo por Jehová Dios y el Señor Jesucristo. Con gran aprecio por lo que habían hecho por él, expresó: "Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia que él me concedió no se quedó sin fruto. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" NVI - 1 Corintios 15:9…10 Por otro lado, Pablo también tenía un profundo amor por sus semejantes, incluidos aquellos conciudadanos que frecuentemente eran responsables de las persecuciones que enfrentó. Con una conciencia limpia, pudo afirmar: “Me invade una gran tristeza y me embarga un continuo dolor. Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los de mi propio pueblo” NVI - Romanos 9:2…3.

 Además, el buen juicio ayudó a Pablo a mantenerse fiel. Conservó una perspectiva equilibrada, comprendiendo que lo realmente importante era su relación con Jehová Dios, como devoto seguidor de Jesucristo. Esto evitó que sucumbiera a la presión de facilitar las cosas mediante compromisos.

 Pablo logró seguir siendo un discípulo aprobado de Jesucristo gracias al espíritu de poder, amor y buen juicio que recibió de Dios. Confiaba plenamente en su recompensa y, por eso, cuando se encontraba próximo a enfrentar la muerte, le escribió a Timoteo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” NVI - 2 Timoteo 4:7…8.

 Sin embargo, los cobardes carecen de fundamento para esa confianza. La Palabra de Dios indica claramente que no tienen recompensa. Se encuentran entre aquellos que enfrentan la "segunda muerte", una muerte de la que no hay resurrección. Apocalipsis 21:8.

 Es apropiado que sea de esta manera, puesto que el cobarde muestra deslealtad hacia Dios. Al observar que otros padecen por la causa de la justicia, se llena de temor y deja de servir a Dios para eludir el posible daño que podría recibir de otras personas. Frente a una prueba de integridad, opta por el lado de Satanás, el Diablo, evidenciando que, en su circunstancia específica, es verídica la afirmación del adversario. “Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida” NVI - Job 2:4.

 El cobarde revela completa falta de fe en el hecho de que Dios puede neutralizar todo el daño que Satanás y sus agentes pudieran causar. Si cede ante la amenaza de muerte, manifiesta falta de fe en la promesa de Dios de la resurrección. (Mateo 10:28; Hebreos 11:35) Si la presión económica lo hace desobedecer la ley divina, revela que no tiene fe en la declaración segura de Dios de proveer para sus siervos en conjunto. Hebreos 13:5…6.

 Si usted aspira a ser una persona que no sucumbe ante el miedo bajo presión, es importante fortalecer su fe. Para ello, estudie detenidamente la Palabra de Dios, busque Su orientación a través de la oración, rodeándose de cristianos valientes, y participe activamente en guiar a otros en el camino para convertirse en discípulos de Jesús. De este modo, al igual que Pablo, podrá esperar con confianza el premio de la vida eterna reservado no para los cobardes, sino para aquellos cristianos que demuestran valentía.

S.A.G. - 16 – AGO – 2026 (Estudio No. 898)

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El Cristiano Y La Prudencia Por Saúl Guevara (Estudio No. 897)

 


La prudencia es la virtud de actuar con moderación, cautela y buen juicio. Sus claves son pensar antes de actuar, medir las consecuencias y respetar a los demás. La prudencia evita los excesos y el daño innecesario y con su buen juicio, ayuda a elegir el camino correcto en cada momento. Es cuidadosa en el control de palabras y manejo responsable de información. En su aplicación en la vida diaria sirve para escuchar con atención y no juzgar a la ligera. Y en la toma de decisiones para analizar riesgos antes de dar un paso en falso.

 Es un hecho que, a menudo, somos tercos. Por Ej.: ¿recuerdas la última vez que fuiste víctima de una estafa? ¿O cuando compraste algo a precio de ganga y terminó siendo un fiasco? Todos hemos pasado por eso en algún momento.

 Como Padre protector, Dios nos exhorta a ejercer la prudencia y a reflexionar antes de tomar decisiones. Aunque pueda parecer una tarea simple, la prudencia puede ser engañosa, ya que es posible creer que actuamos prudentemente cuando, de hecho, persistimos en la insensatez. Este error se manifiesta de dos formas: ya sea al mostrar prudencia hacia aspectos incorrectos o al emplear métodos inadecuados para ello. Para alcanzar una verdadera prudencia, es esencial diferenciar entre la prudencia bíblica genuina y sus falsas semejanzas.

               La prudencia respecto a las cosas equivocadas

 La parábola de los talentos en Mateo 25:14…30, utilizando el contexto del trabajo ofrece un ejemplo claro de cómo ser cauteloso respecto a las cosas equivocadas. En esta historia, tres siervos reciben talentos. Dos de ellos deciden invertir y multiplicar lo recibido, mientras que el tercero simplemente lo entierra, explicando a su señor: “Tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; aquí tiene lo que es suyo” (Mateo 25:25). Este siervo pensaba que estaba siendo prudente al evitar cualquier tipo de riesgo, pero su enfoque resultó ser un error. Fue criticado como un “siervo malo y negligente” (Mateo 25:26). Su decisión de eludir el riesgo no fue bien recibida por su señor, y de la misma manera, nuestro Señor en el cielo no ve con buenos ojos que esquivemos todo riesgo. Jesús enseñó a Sus discípulos a “calcular el costo” (Lucas 14:28), no a ignorarlo.

 En lugar de evitar el riesgo, la prudencia bíblica se encarga de evaluarlos y actuar conforme a los deseos que Dios ha revelado. El error principal del siervo insensato fue juzgar incorrectamente el carácter de su señor, considerándolo severo cuando, en realidad, era una persona generosa que recompensaba a los siervos leales e incluso los invitaba a participar de su alegría. Si deseamos ser siervos leales, debemos fundamentar nuestras decisiones en un conocimiento preciso de Dios, Es al proteger lo que Dios valora y actuar con una visión acertada de Sus promesas y provisiones, cuando practicamos la verdadera prudencia bíblica.

               La prudencia por los medios equivocados

 El segundo impostor nos engaña al combinar dos verdades para convertirlas en una mentira. La primera verdad es que Dios es soberano; la segunda es que el poder de Cristo se perfecciona en la debilidad, tal como se menciona en 2 Corintios 12:9. Ambas son verdades valiosas y motivos para adorar a Dios. Sin embargo, el enemigo hábilmente tergiversa estas verdades, haciéndonos creer algo falso: que el trabajo arduo no se alinea con la obra de Dios. La verdadera prudencia busca servir a las prioridades de Dios utilizando los medios que Él ha dispuesto.

¿De qué manera se puede considerar el trabajo duro como peligroso? El acusador sugiere que tu dedicación es una falta de confianza en Dios o incluso una desobediencia a Su mandato de no estar afanoso. Según Satanás, tu esfuerzo es motivo de condena, ya que insinúa que trabajas por orgullo personal en lugar de para glorificar a Dios.

 Si el enemigo no logra engañarte con este enfoque para que te quedes inactivo, puede intentar otro, diciendo que tu trabajo duro refleja lo estrecha que es tu visión, ya que solo buscas lo que puedes lograr con tus propias fuerzas en lugar de lo que Dios puede lograr con las Suyas, que entonces dejes de trabajar tan duro para ser un candidato fuerte y, en su lugar, esperar y ver qué trabajo te da Dios. Esto pretende erróneamente quitarnos nuestra responsabilidad y mayordomía en la toma de decisiones.

               Contexto histórico y evolución del término

 El concepto de prudencia, y por ende de imprudencia, ha sido apreciado a través del tiempo en diversas culturas y corrientes filosóficas. Desde la antigüedad clásica, se ha considerado la prudencia una virtud cardinal, fundamental para llevar una vida equilibrada y exitosa. Aristóteles, describía la prudencia como la habilidad de deliberar adecuadamente sobre lo que es beneficioso y perjudicial tanto para uno mismo como para la comunidad.

 En la Edad Media, la prudencia seguía siendo una virtud fundamental, junto a la sabiduría y la capacidad de discernir el bien del mal. En el contexto religioso, la imprudencia era una falta que podía llevar al pecado y al alejamiento de Dios.

 A lo largo de la historia, la percepción de la imprudencia ha evolucionado, adaptándose a los cambios sociales y culturales. En la actualidad, la imprudencia se asocia a menudo con la impulsividad, la falta de previsión y la asunción de riesgos innecesarios. En un mundo cada vez más complejo y acelerado, la prudencia se presenta como un valor fundamental para navegar las incertidumbres y tomar decisiones responsables.

               La prudencia bíblica

 La visión mundana, la prudencia, falla en entender que Dios cumple Su perfecta voluntad a través de medios, incluyendo tu trabajo duro. Filipenses 2:13 dice: "porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad". Tu trabajo no está inherentemente en conflicto con el trabajo de Dios. Los dos pueden, y por diseño regularmente lo hacen, trabajar al unísono. Proverbios 10:5 dice: "El que recoge en el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza". Dios es honrado cuando trabajamos duro en aquello a lo que hemos sido llamados. Él no nos llama a quitarnos del camino para que Él haga el trabajo por nosotros; Él nos dice que nos pongamos en el camino para que Él haga el trabajo a través de nosotros.

 La verdadera prudencia sirve a las prioridades de Dios a través de los medios de Dios. La prudencia utiliza todos los medios legítimos y bíblicos a nuestro alcance para evitar el daño a los demás y a nosotros mismos, y para lograr lo que creemos que es el curso correcto de los acontecimientos. La prudencia bíblica incluye tanto la oración como el trabajo duro; cualquier otra cosa es un impostor.

S.A.G. - 09 – AGO – 2026 (Estudio No. 897)

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Respétate A Si Mismo Por Saúl Guevara (Estudio No. 896)

 


La Biblia enseña que es adecuado, e incluso necesario, tener un nivel saludable de amor propio. Esto implica cuidarse, respetarse y mantener una autoestima equilibrada, como se indica en Mateo 10:31 "Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos". Aunque rechaza el egoísmo, la Biblia reconoce la importancia de valorarse a uno mismo adecuadamente.

 ¿A quién deberíamos amar más?

 Deberíamos amar a Dios por encima de todo.

 La Biblia nos enseña que el mandamiento principal es: "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:5; Marcos 12:28…30) y el siguiente mandamiento en importancia lo hallamos en Marcos 12:31 "Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos" y Levítico 19:18.

 Aunque la Biblia no indica específicamente que debemos amarnos a nosotros mismos, el mandato de “amar a tu prójimo como a ti mismo” sugiere que es natural y positivo tener un nivel razonable de amor y respeto hacia uno mismo.

 La Biblia enseña que el respeto hacia uno mismo surge al reconocer que somos obra de Dios. El mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo utiliza el amor y el valor personal para definir cómo debemos tratar a otros. El cuidado del cuerpo, la mente y el espíritu es parte de honrar a Dios.

 ·         Principios Bíblicos sobre el Valor y Cuidado Personal:

 -       Valor incomparable: En Salmos 139:14, se afirma que estamos hechos de manera maravillosa: "Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien"

-       El cuerpo como templo: 1 Corintios 6:19…20 habla sobre la importancia de cuidar el cuerpo, ya que el espíritu habita en él: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios."

-       La medida del amor: En Mateo 22:39, el amor propio sano se presenta como la base para relacionarse bien con los demás: “…amaras a tu prójimo como a ti mismo”

-       Cuidar el corazón: Proverbios 4:23 manda proteger pensamientos y emociones de lo negativo: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida".    

 ·         Por qué es crucial respetarse a uno mismo

 Las personas que se valoran enfrentan los desafíos de la vida con confianza y no se rinden fácilmente.

 Diversos estudios han demostrado que aquellos con una baja autoestima son más propensos a sufrir de ansiedad, depresión y trastornos alimentarios. Además, tienden a abusar más del alcohol, los medicamentos y las drogas.

Quienes se respetan a sí mismos evitan compararse con otros, lo que facilita establecer buenas relaciones y mantener amistades duraderas. En cambio, las personas con poca autoestima tienden a criticar más, lo cual puede dañar sus relaciones personales.

 Incluso al enfrentar dificultades, las personas que se respetan muestran resiliencia y no permiten que los obstáculos las desvíen de sus objetivos. Por el contrario, quienes tienen baja autoestima suelen percibir sus fracasos menores como grandes derrotas, aumentando así su probabilidad de rendirse.

 ·         Cómo puede actuar

 Seleccione amigos que ejerzan una influencia positiva en su vida. Rodéese de personas respetuosas que realmente se preocupen por su bienestar y le aporten valor: “El verdadero amigo ama en todo momento y es un hermano en tiempos de angustia” (Proverbios 17:17).

 Practique la amabilidad con los demás. Ser generoso y bondadoso, incluso cuando no espere nada a cambio, le traerá felicidad y una sensación de utilidad. Esto es cierto aun cuando parezca que nadie agradezca sus buenas acciones. "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir" Hechos 20:35.

 Enséñeles a sus hijos a respetarse. Una manera de hacerlo es permitirles resolver sus problemas hasta donde sea posible. Así aprenderán a manejar situaciones difíciles y a superarlas, desarrollando respeto propio que les será crucial en la adultez. "Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios 22:6.

 ¿Seremos menos felices o nos amaremos menos si priorizamos a los demás sobre nosotros mismos?

 No, ya que fuimos creados a imagen de Dios, cuya principal característica es el amor desinteresado (Génesis 1:27; 1 Juan 4:8). Esto significa que nuestra naturaleza es amar a otros. Aunque es importante valorarse, la verdadera felicidad radica en amar a Dios sobre todo y en hacer el bien a los demás. La Biblia reafirma que hay más dicha en dar que en recibir (Hechos 20:35)

 En la actualidad, muchas personas sostienen que para alcanzar la felicidad es fundamental poner nuestras propias necesidades en primer lugar. Para estas personas, amar al prójimo ha pasado a un segundo plano, mientras que el amor propio se ha convertido en la máxima prioridad. No obstante, la realidad demuestra que nuestro bienestar físico y emocional mejora cuando aplicamos el sabio consejo que se encuentra en la Biblia: cada uno debería buscar no solo su propio beneficio, sino también el de los demás.

 

S.A.G. - 02 – AGO – 2026 (Estudio No. 896)

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Entiende Lo Que Es Ser Respetuoso Por Saúl Guevara (Estudio No. 895)

 


Den a todos el debido respeto: amen a los hermanos, teman a Dios, respeten al rey”, 1 Pedro 2:17 NVI, Consecuentemente, quienes optan por seguir las directrices bíblicas se esfuerzan en tratar a todas las personas con respeto, sin distinción de sus creencias o estilos de vida. Esto no implica la aceptación de todas las creencias u opiniones, ni el respaldo a cada decisión tomada por otros. Sin embargo, en lugar de recurrir al maltrato o la falta de respeto, se esfuerzan en emular el comportamiento de Jesús. Por ejemplo, en una ocasión, Jesús se encontró con una mujer cuya religión no compartía y que vivía con un hombre que no era su esposo, situación que Jesús tampoco aprobaba. A pesar de estas diferencias, Jesús eligió tratarla con respeto (Juan 4:9, 17…24).

 Además, la Biblia instruye a los cristianos a no imponer sus opiniones a otros. En 2 Timoteo 2:24 se establece que un seguidor de Cristo "no debe pelear, sino ser amable con todos", incluso con aquellos que sostienen puntos de vista divergentes.

 El respeto se concibe como una virtud que nos lleva a reconocer y recordar habitualmente la dignidad inherente de cada persona. Las consideramos como seres únicos e irrepetibles, creados a imagen de Dios, dotadas de inteligencia, voluntad, libertad y la capacidad de amar, así como sus derechos dentro de sus respectivas condiciones y circunstancias.

 1.    El respeto es una importante meta para los cristianos, guiándolos a:

 

-       Reconocer y entender que cada individuo es digno de respeto simplemente por su humanidad, sin importar su edad, género, educación o cultura, desde el momento de la concepción hasta la muerte.

-       Sentir y promover el respeto debido a las personas por sus circunstancias, condiciones y roles de autoridad que desempeñan, como padres, jefes, autoridades civiles o ancianos.

-       Aceptar que todos poseen la misma dignidad y merecen el mismo respeto en cualquier etapa o situación de su vida.

-       Descubrir el propio valor y dignidad personal y vivir en consonancia con ello, como base para respetar a los demás.

-       Comprender, aceptar y fomentar el valor y dignidad auténticos de las personas.

-       Identificar en cada persona su dignidad única y verla como una criatura singular e irrepetible, con la capacidad de conocer y amar a Dios, a pesar de sus errores y limitaciones.

 2.    ¿Por qué debemos fomentar la virtud del respeto?

 -       Porque el respeto es la primera condición para la convivencia entre las personas, e implica el reconocimiento de la dignidad de cada una.

-       Porque todo lo que pensemos, hagamos y digamos debe ir de acuerdo con nuestra dignidad. En esto se manifestará el respeto hacia nosotros mismos, el cual, nos permite ser mejores como personas.

-       Porque en nuestra sociedad se piensa erradamente que debemos regirnos por nuestros gustos y caprichos, aún a costa de pasar por encima de los demás. Esta visión y forma de vivir impide establecer relaciones interpersonales positivas y lleva a la soledad y el vacío.

-       Porque en algunos ambientes materialistas de nuestra sociedad, se piensa que vale más y merece más respeto el que más tiene, y no el que más es.

3.    Vivir el respeto se traduce en:

 -       Tratar a los demás como me gustaría ser tratado.

-       Mostrar amabilidad hacia todos, sin hacer distinciones.

-       Abstenerme de hablar mal de otros, no hacer burlas, no criticar y no ignorar a nadie.

-       Escuchar atentamente y brindar ayuda cuando alguien lo necesite, evitando hablar solo de mí o imponer mis preferencias.

-       Ser capaz de ceder y no siempre imponer mi voluntad, respetando las opiniones de los demás.

-       Valorar y cuidar el trabajo y el esfuerzo de las otras personas.

-       Desarrollar mis cualidades al máximo para mejorar continuamente como persona.

-       Respetar la privacidad y los sentimientos de los demás.

-       Ser alegre, generoso y bondadoso, ya que las personas merecen lo mejor de mí.

 4.    Factores que Dificultan la Practica de Esta Virtud

 -       Existen varias barreras que complican la vivencia de esta virtud, entre las cuales se destaca una comprensión errónea de la naturaleza humana, donde se prioriza el tener sobre el ser.

-       Además, el egoísmo y el individualismo fomentan una búsqueda constante de la satisfacción personal, desatendiendo las necesidades ajenas.

-       También, un entorno materialista y utilitarista propicia que las personas sean valoradas por sus posesiones o por su utilidad personal para los demás.

-       La insensibilidad hacia las necesidades del prójimo es otro obstáculo significativo.

-       Finalmente, la tendencia social a considerar al colectivo en lugar del individuo contribuye a ignorar la singularidad de cada persona.

 5.    Para fomentar la virtud del respeto

 -       Siempre dar ejemplo de amabilidad y buen trato hacia todos, sin importar el nivel de amistad o simpatía con otras personas.

-       Saber respetar las decisiones y opiniones acertadas de los demás.

-       No permitir en ningún caso críticas, burlas, actitudes arrogantes o juicios hacia ninguna persona.

-       Tratar con especial amabilidad y consideración a las personas que trabajan conmigo o para mí, pidiendo las cosas por favor y expresando gratitud.

 Cuando Pedro comprendió que Dios aceptaba en la congregación cristiana a personas que no eran judías ni estaban circuncidadas, declaró convencido: “Para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia” Hechos 10:34…35 NVI.

 Y el discípulo Santiago, en su carta a los cristianos del siglo primero, explicó: "Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante y entra también un pobre desharrapado. Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: “Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo”, pero al pobre le dicen: “Quédate ahí de pie” o “Siéntate en el suelo, a mis pies”, ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?" Santiago 2:1…4, NVI.

 Todos somos iguales ante los ojos de Dios y nadie debería ser irrespetado por su raza o situación económica.

 

S.A.G. - 26 – JUL – 2026 (Estudio No. 895)

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