¡Ojalá Fueras Frío O Caliente!

A excepción de algunos vinos que se prefieren tomar a temperatura natural, las bebidas por lo general se toman a temperaturas extremas: frías o calientes.

No hay alguna que de preferencia se tome tibia. Y es que ese estado térmico es muy desagradable, tanto así que en los servicios de emergencia médica se les da a tomar agua tibia a las personas que han ingerido alguna sustancia tóxica con la finalidad de provocarles vomito.

Cristo hablándole a la iglesia de Laodicea les dice que habían entibiado su relación con Él y por eso los podía vomitar

Habían obtenido tantos bienes materiales que se sentían autosuficientes, ya no querían hacer nada más para Cristo. Se habían vuelto indiferentes y hasta desagradables por su pasividad.

Ser tibio es sentirse autosuficiente y por tanto ya no depender de Dios. Es tener una relación muy distante con Él, tanto que no se desee servir en su obra. Es serle desagradable a Cristo, a tal punto que no quiera digerirnos y quiera vomitarnos.

Ser tibio también nos expone a que Dios en su inmenso amor trate con nosotros enérgicamente para que reavivemos nuestro amor, nuestra fe y nuestro servicio.

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Apocalipsis 3:15..16

Si somos honestos, cuando leemos este verso, debemos preguntarnos, "¿Soy yo caliente, frío o tibio? ¿Buena pregunta, verdad? La mayoría de nosotros la contestamos por decir que somos calientes. Pero, la verdad del asunto es que verdaderamente somos tibios.

El problema con ser tibio es que los tibios piensan que están bien (rectos). Siempre piensan que "tibio" refiere a otros, aquellos en otra iglesia u otra denominación. No reconocen que son ellos los que son tibios.

Si alguien es frío, lo sabe. Uno puede entrar a cualquier bar y preguntar a sus clientes si son fríos hacia el Señor y ellos contestarán que sí. Ellos saben que definitivamente van al infierno. Muchos bromean sobre el infierno, diciendo que allí ellos seguirán festejando con sus amigos. No entienden el sufrimiento de allí.

Por otro lado, las personas que son calientes por el Señor siempre tienen dudas. Constantemente son descontentados con si mismos por la forma como sirven el Señor; ellos piensan que podían ser mejores y más íntimos con él.

La mayoría de los creyentes, cuando reciben el Señor, comienzan por ser calientes hacia él. Ellos siempre quieren testificar a todos sus conocidos. Quieren estar en cada servicio de la iglesia. Pasan al frente a cada llamada al altar.

Luego, algún "santo" con buenas intenciones, posiblemente un anciano o diácono, se les acerca y dice, "Cálmate un poquito. Unos de estos días, tú serás un creyente maduro como yo y entonces no necesitarás comportarte así todo el tiempo. lo que en verdad le esta diciendo es cálmate, relájate y ponte tibio como yo."

A través de la historia, Dios ha siempre buscado a personas quienes le seguirían con todos sus corazones y todas sus vidas. Sus planes aquí en la tierra requieren tener una gente de pacto (rendida) quien sea tan entregada a El, como El, lo es hacia nosotros.

Hoy en día, muchos creyentes están dispuestos a seguir a Dios para recibir sus bendiciones, pero no lo son cuando hay un precio a pagar. Les interesa cualquier mensaje que habla de bendiciones y prosperidad, cualquier tema que les anime. Pero, cuando el predicador habla concerniente al diezmar, la santidad o hacer un sacrificio por el Señor, ellos están listos de salir. Ellos solo siguen a Dios hasta un punto.

En el principio de mi vida cristiana, el Señor empezó de hablarme respecto a diezmar. Yo hacía todas las excusas que la mayoría de la gente hace y no diezmaba. ¿Sabes por que hacemos las excusas? Porque por cualquier excusa que damos, lo que decimos es literalmente, "Estoy bien. No necesito cambiar. Tú debes hablar a otra persona." Por fin, el Señor agarró mi atención, y empecé a diezmar. Desde entonces, él pudo seguir más adelante a obrar en otra área en la cual yo le era sirviendo hasta un cierto punto.

Muchas veces, los creyentes dejan el trabajo de Dios a causa de que sienten que les es demasiado difícil hacer. Cuando hacen así, a menudo deciden hacer algún otra "buena" obra y hacen algo a su manera, a su entendimiento. Desafortunadamente, estas otras buenas obras no son las cosas que Dios quiere que hagan.

Si no edificamos el Reino de Dios de la manera que Dios quiere que lo hagamos, entonces edificamos algún otro reino, aun el propio nuestro o el de Satanás. Estos otros reinos no traen ninguna gloria a Dios. Si no le damos la gloria a Dios, se la damos a otro. El resultado de la tibieza es que nosotros ya no damos la gloria a Dios; ya no cumplimos su voluntad; ya no edificamos Su Reino.

La pregunta original debe ser contestada. ¿Eres tibio? Como dije arriba, la respuesta es probablemente "Sí." Si eres verdaderamente honesto contigo y con Dios para decir, "Sí," ¿Qué vas a ser ahora respecto a este asunto? ¿Serás satisfecho con ser tibio y arriesgar el perder todo? ¿O estás listo a arrepentirte ante el Señor y hacer un cambio a tu vida?

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