Emprendamos Una Sanidad Del Alma (Parte 1)


Si un automóvil no esta bien, lo llevamos al mecánico, él conoce su oficio y esta apto para reparar algunas de las partes dañadas. Pero si el automóvil tiene un problema muy grave, hay que enviarlo o consultar a la fabrica donde fue construido. El fabricante del auto, conoce su estructura y cada una de sus partes y sabe como ponerlo en funcionamiento de nuevo. De la misma manera Dios nos conoce y quiere reparar nuestras vidas. Cristo murió para salvar nuestro espíritu y nuestra estructura psíquica; su sacrifico tuvo como fin la restauración del individuo en una forma integral y plena.

Dios nos ha creado y nos conoce mejor que nosotros mismos. Los psicólogos han logrado encontrar ciertas verdades respecto a nuestra naturaleza; pero quien nos creo nos conoce detallada y minuciosamente en todos los aspectos. Si algo no anda bien, Dios conoce el origen del problema y tiene la capacidad de solucionarlo, si se lo permitimos.

La sanidad es un proceso que puede durar semanas, aun meses o años. Después de recibir sanidad, la persona tiene que aprender a andar en ella porque puede sufrir nuevos traumas

¿Cómo es eso que una persona pueda tener problemas tan agudos en su vida?

En Lucas 4:18..19 y 21 Jesús dice: “El Espíritu del Señor esta obre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” Y en Isaías 53:4..5 dice: “Ciertamente llevo nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido y abatido. Mas El herido de Dios fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados”

El versículo 4 dice que Cristo llevo nuestras enfermedades y nuestros dolores. Dolores y enfermedades son dos cosas de distinto significado que pueden presentarse simultáneamente o en situaciones independientes. La palabra nos habla de nuestras enfermedades físicas y nuestros dolores psíquicos. El también llevo nuestros pecados. Lo anterior nos permite entender que enfermedad, dolor y pecados son cosas diferentes que afectan diferentes partes de nuestro ser.

En 1Tesalonicenses 5:23, leemos: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sean guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo” En griego, la palabra que quiere decir alma es psykhe, la cual da origen a nuestra palabra psiquis, psicología. Así que al leer esta parte podemos decir...”todo vuestro ser, espíritu, psiquis y cuerpo, sean guardados...”

Oímos en nuestras iglesias que Cristo vino para sanarnos espiritualmente y perdonar nuestros pecados. Esta es la base de nuestra sanidad. Cuando nos entregamos al Señor Jesucristo, Él entra en nuestra vida, nos limpia de nuestros pecados, nos hace sus hijos y nos da su salvación. Cristo no vino solamente para salvarnos, sino también para sanarnos ambos elementos son parte de un proceso único y completo.

La Biblia también habla de la sanidad física. Santiago apunta que si alguien esta enfermo, debe llamar a los ancianos de la Iglesia, quienes le ungirán con aceite, oraran por él y Dios le sanara. De dicha sanidad física oímos hablar con frecuencia. Son frecuentes las campañas donde se ora por sanidad física, aunque esta área es de importancia para la vida de los creyentes, no la ampliamos en este estudio, ya que no constituye su propósito central. sin embargo, esta corta acotación lleva el propósito de acentuar la sanidad física en nuestro ser tripartita.

Por otro lado, si nos interesa desarrollar la parte de la psiquis, que es una parte importante de nuestra naturaleza humana y sin embargo, casi nunca se habla en nuestras Iglesias acerca de la sanidad que esta área requiere. Casi nunca se menciona que Jesús también vino para sanar nuestra psiquis. Dicha sanidad por lo general la dejamos en manos de psicólogos, la mayoría de los cuales no conocen a Cristo.

Es una lastima la carencia de una adecuada enseñanza en esa área, ya que el Señor vino para sanar nuestra psiquis tanto como nuestro espíritu y cuerpo. En Santiago 5:14..16 no solamente se habla de los enfermos que han de ser sanados y los pecados que serán perdonados; también se nos dice que debemos confesar nuestras ofensas los unos a los otros y orar los unos por los otros para que seamos sanados. A consecuencia de lo anterior, el triangulo de nuestra sanidad esta constituido de la siguiente manera:
  • Sanidad del cuerpo, al llamar a los ancianos y estos ungirnos con aceite. Jesús llevo nuestras enfermedades en la cruz.
  • Sanidad de la psiquis, al confesar nuestras faltas. Jesús llevo nuestros dolores en la cruz.
  • Sanidad del Espíritu, al confesar nuestros pecados. Jesús llevo nuestros pecados en la cruz.

Continuamente ayunamos y oramos para echar fuera demonios, con el fin de encontrar en el Señor solución a nuestros problemas. Si hay demonios en la vida de alguien, desde luego que se deben echar fuera; pero a veces el problema no es en el área espiritual, sino en el área psíquica. Muchos creyentes piensan que cuando uno se entrega al Señor, ya ha sido sanado espiritualmente y todo en la vida queda en total orden. Sin embargo no todo marcha bien, pues hay complejos y depresiones que persisten.

Entonces es valido preguntarnos: ¿No esta todo aquello que ocurrió en mi vida perdonado? Es cierto que todo esta perdonado, pero no necesariamente todo esta sanado. No hay culpa, pero si hay dolor. Cristo vino para llevar los dolores tanto como los pecados y las enfermedades.

Debemos entender que nuestra sanidad es relativa; ya que no estaremos completamente sanos, sino hasta que moremos eternamente en el cielo. Por lo tanto, así como podemos tener un resfrío de vez en cuando o una tentación u otro problema espiritual, de la misma manera podemos sufrir dificultades psicológicas. Sin embargo si llegamos a sufrir de cólicos nefríticos u otra enfermedad que nos hiciera permanecer en cama y/o ser hospitalizados, ya no estaríamos tratando con una enfermedad normal. Así mismo, en el área psicológica, no se tiene que estar necesariamente recluido en un hospital mental como prueba de la presencia de complejos y depresiones o de serias dificultades en nuestras relaciones con otros individuos. En ambos casos, nuestra salud psicológica, esta afectada y será consecuencia de no haber entregado nuestros dolores psicológicos al Señor Jesús.

Muchos cristianos piensan que al recibir sanidad espiritual toda la vida estará en un estado de gloria y todo deberá marchar a la perfección. Y como consecuencia, llegamos a creer que si se presentan problemas psicológicos es porque nuestras vidas no son genuinamente cristianas.

Muchas de nuestras enfermedades del alma se expresan en los llamados complejos; todos nosotros tenemos complejos. Ellos son el producto de no haber recibido amor, perdón, protección o halagos de una forma adecuada. El sentimiento de inferioridad (sentirse menos que los demás) generado por un complejo de inferioridad son muy agudos.

Si tenemos sentimientos de inferioridad, tenemos que compensar esa deficiencia haciendo cosas que nos hagan sentir iguales a los demás.¿Cómo nos comportamos cuando tenemos sentimientos de inferioridad? ¿Cuáles son los mecanismos que usamos para defendernos de la descompensación? Los siguientes síntomas nos dan unas pautas:

Personas que le gusta aislarse
Hay personas que no les gusta tener amistad con otras del medio en que se desenvuelven y siempre se meten en problemas. Según ellos no tienen problemas, son los otros los que los tienen. Este es el resultado de un complejo de inferioridad, pues se sienten demasiado inferiores para tener compañerismo y por eso se aíslan.

Los que tratan de llamar la atención.
Muchas veces queremos ser el centro de atención, que todo gire a nuestro alrededor, nos sentimos que tenemos algo de valor. Es por eso que tratamos de llamar la atención. Un joven me dijo una vez: “Yo soy profesional, así como usted es profesional, así, también soy yo” El tenia sentimientos de inferioridad muy agudos; a pesar de eso, había logrado obtener un titulo universitario y con eso trato de obtener valor ante los demás. Así compenso su complejo de inferioridad con su carrera.

Personas demasiado susceptibles.
Quien se siente inferior es demasiado susceptible; no resiste la critica; mira a todo el mundo como si fuera superior a él. Cuando lo critican se siente aun más inferior, no puede aceptar la critica. La persona con sentimientos de inferioridad busca recibir halagos todo el tiempo o los rechaza completamente. Cristo podía recibir halagos o criticas sin sentirse inferior, porque El sabia quien era y a donde iba, no tenia ningún sentimiento de inferioridad o de superioridad.

Personas demasiado posesivas.
Quien se siente inferior tiende a ser demasiado posesivo. Se le oye decir: Esas son mis cosas, que nadie me las toque. Es mi amigo. Hacen de sus vidas un incesante Mi: mi casa, mi perro. Mi iglesia, Mi etc..

Personas perfeccionistas
Hay personas que tienen que hacer todo perfecto. Si no lo hacen así, se sienten sin valor. Si no pueden alcanzar el 100% de perfección, sienten que ya no valen nada. Si tienen cinco de nota de inferioridad, los tienen que compensar con diez de perfeccionismo.

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