Sorprendería
a muchos saber que millones de cristianos todavía se encuentran en prisiones
espirituales. Una persona en prisión no puede ser feliz. Aunque en ocasiones
pareciera serlo. La persona en prisión se adapta a su nuevo ambiente. Se
acostumbra a ciertas cosas. Pero en el fondo de su ser, hay amargura.
Jesús
enseña que la envidia se anida en el corazón humano y de ahí, desde adentro,
sale y contamina al hombre. Entre otras cosas produce: desobediencia, robo,
enfermedad, celos, codicia, crítica, traición, amargura y muerte.
La
envidia es el sentimiento que acompaña al temor de perder algo amado, deseo enfermizo
de obtener algo que alguien posee. Este sentimiento se ha utilizado como
justificación de conductas muy negativas. La Biblia aporta cantidad de ejemplos
en personas envidiosas y los efectos y perjuicios que cada uno se acarreó al
actuar con envidia.
Hoy debemos
de examinar nuestro corazón y ver si tenemos envidia. Un mal sentimiento que no
sólo contamina, sino que va arrinconando al hombre y le va minando,
impidiéndole vivir la santidad y lo lleva a la muerte; Eclesiastés 4:4 “He
visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia
del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.”
Muchas
veces en lugar de alegrarnos de que a nuestro prójimo le vaya mejor que a
nosotros se despierta la envidia y los celos. Raquel, envidiaba a su hermana
Lea porque tenía más hijos que ella. Génesis 30:1; El hermano del hijo pródigo
Él era el dueño absoluto de todo lo que había en su casa, pero envidiaba el
amor del papá, el vestido, el anillo y el becerro gordo. Lucas 15:22…32
La
envidia genera codicia y va encaminando a otros pecados, incluso puede llevar a
la muerte; hay ejemplo en José. Dice Génesis 37:11 que sus hermanos le tenían
envidia y por esa envidia quisieron matarlo, pero uno de ellos le preservó la
vida. La envidia puede encerrar un intento de homicidio, que a veces es
completado recordemos a Caín.
La
envidia también genera pecados como la crítica, el chisme, la murmuración y la
calumnia. Recordemos cuando Jesús fue ungido en Betania. Juan 12:3…5 “Entonces
María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los
pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del
perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le
había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos
denarios, y dado a los pobres?”
Vean
quién saltó: Judas. Si María, en vez de Jesús, unge los pies de Judas ¿hubiera
protestado Judas? ¡No! Le hubiera dicho: Ay María, no te hubieras molestado.
Como
puede verse la envidia también está conectada con celos y con robo y con tantos
pecados, la envidia ha estado siempre presente el ser humano y en el mundo.
Mateo
27:17…18 “Reunidos,
pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a
Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado.”
Ese verso 18 consigna uno de los pecados que significaron para Jesús la
sentencia de muerte, es nada menos que la envidia.
No
hay, como algunos predican, envidia de la buena. La envidia es calificada por
Dios como obra de la carne y, por tanto, como pecado. ¡Cuidado!
Curiosamente
podemos encontrar que hay quienes no solamente envidian el bienestar de los
demás, sino que envidian a los injustos, porque gozan de impunidad,
aparentemente viven bien y son ricos… aparentemente Oímos decir… ¿por qué a los
malos les va bien? ¿Por qué los mentirosos triunfan? ¿Por qué los injustos
tienen mucho dinero y la policía nunca los captura?
Recuerde
que la envidia encamina a desobediencia, enfermedad, celos, codicia, robo,
crítica, amargura, desazón, rivalidad, rencor, ambición, odio, enojo, molestia,
irritación, queja, amargura, traición y muerte; contamina todo alrededor. Los
celos y la envidia amargan y son una condición espiritual en el ser humano que
hacen mucho daño, vienen de la carne, pero su efecto se manifiesta en nuestro
corazón.
La
persona envidiosa nunca puede encontrar paz por largo tiempo. Siempre su mente está
corriendo en busca de algo, sin saber que es ese algo, lleva a contiendas con
facilidad. Cuando llega la noche, se traen todos los pensamientos tormentosos y
hasta en sueños sufren con pesadillas y angustias.
Pero
nuestro Padre Celestial nos ama, y envió a su hijo para hacernos libre de esas
prisiones. No hay necesidad de que sigamos viviendo así.
Isaías
61:1 “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me
ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados
de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la
cárcel”
Jesús
vino a predicarme la mejor noticia. Jesús vino a vendar mis heridas y sanarlas.
Jesús vino a dejarme saber que ya no somos más cautivos del pecado.
Yo no
tengo necesidad de vivir con pensamientos de malicia en mi vida. Porque Cristo
trae la luz a mi vida, ya las puertas de esas prisiones que antes me
atormentaban se abrieron totalmente.
Lo
difícil de salir de ahí, es que ya tú te acostumbraste a vivir en esa prisión.
Ya hay muchas cosas que vienen naturalmente a ti. Estas costumbres son como el
que después de acostumbrarse a dormir en cama dura no puede dormir en cama
suave. Hay que cambiar de lugar. Afuera de la celda no se puede vivir como
cuando se está en la celda.
Ya
deja de publicar tanto resentimiento en las redes sociales, ten presente que, en
el Reino de Dios, la carrera la ganan los que perseveran, no los alocados.
Triunfan los verdaderamente comprometidos, no los de palabras sin hechos.
Si
quieres triunfar, no dejes de perseverar. Es la clave para el triunfo en lo
espiritual, en el servicio a Dios y en lo secular. Necesitamos ajustarnos a las
enseñanzas de la Biblia para que el fruto de nuestra perseverancia sea real y
no imaginario.
S.A.G.
– 13 – MAR – 2023
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