La Queja Enferma – Saúl Guevara

 


Filipenses 2:14 NVI "Háganlo todo sin quejas ni contiendas"

 Las redes sociales están llenas de quejosos y entre ellos muchísimos cristianos, basta una breve incursión por ellas y leeremos cosas como: ¡Qué pereza, es lunes!, ¡Esos profesores a mis hijos les dejan muchas tareas! ¡No me trago a mi jefe! ¡Este sueldo miserable! ¡Estas sillas son insoportables!...

 ¿Alguna vez se ha cruzado con un quejoso? O… ¿usted es de aquellos que se queja todo el día?

 Dolor, pena, resentimiento, no estar contento con lo que tiene, envidia, tener baja autoestima, entre otros factores, suelen convertirse en queja. Estudios psicológicos aseguran que una persona suele quejarse entre 20 y 50 veces al día. Es por eso que casi todos creen que con lamentos y lloriqueos se solucionan las incomodidades, pero en la mayoría de casos no es así. Un estudio realizado por una compañía británica descubrió que los hombres se quejan más que las mujeres especialmente cuando están enfermos. La estrategia que la mayoría usa, es exagerar los síntomas para lograr compasión del amigo, familiar o pareja.

 ¿De qué se queja más la gente? Según estudiosos existen varios factores:

  •          El sueldo.
  •          El impacto del trabajo en la vida privada.
  •          El número de horas semanales que hay que trabajar.
  •          El cuidado de los hijos, la casa y hasta de las mascotas.
  •          El largo viaje de ida y vuelta al trabajo.

 Las personas que se quejan constantemente terminarán por deprimir, estresar y poner de mal humor a otros. Algunas veces los quejosos hablan de lo mismo una y otra vez y no llegan a nada. Si se tomarán el tiempo para detenerse y escucharse a sí mismos, ellos se enfocarían algo que valiera pena y no exasperar a otros.

 Antes de alejarse de cualquier persona de su vida por quejarse demasiado, usted debería intentar tomarse el tiempo para remediar el problema. Lo más aconsejable es hablar con dicha persona y hacerle saber que la está molestando con sus quejas continuas. Muchas veces la gente no se da cuenta de lo que hace y usted podría ser de ayuda para ellos. Recuerde no regañar, sino hablar de la mejor forma sin ofender. Si la persona se pone a la defensiva y reclama que no se queja en exceso, recuérdele algunos ejemplos específicos.

 Usted no necesita a los quejosos habituales en su vida. Ellos solo deprimirán y evitarán que usted disfrute de todo su potencial y de las metas que se ha propuesto.

 Quejarse es una de las actitudes más antiguas de la Biblia. Desde la creación, hubo confrontamientos por acciones y decisiones. “Fue culpa suya, no mía”, “si no hubieran… yo no habría…”. Adán no necesitó tomar clases intensivas de queja. Cuando Dios lo sorprendió “in fraganti”, Adán respondió: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: —¿Qué es lo que has hecho? —La serpiente me engañó, y comí —contestó ella. Génesis 3:12…13.

 Ni Adán ni Eva se responsabilizaron de sus actos. Y dado que Dios no ayuda a las personas que no se hacen cargo de lo que hacen, decidió sacar a los dos “quejosos” del Paraíso. No sabemos si después de eso, Adán y Eva aprendieron la lección respecto a la queja; lo cierto es que, si lo hicieron, no se la pasaron a sus descendientes, el pueblo de Israel. Un día, el pueblo se quejó de sus penalidades que estaba sufriendo. Al oírlos el Señor, ardió en ira y su fuego consumió los alrededores del campamento. Números 11:1. No cabe duda que a Dios no le gustan las quejas. Filipenses 2:14 NVI dice: "Háganlo todo sin quejas ni contiendas"

 
¿Cómo afecta la salud?

 La queja es capaz de acabar con su vida literalmente. Quejarse afecta al cerebro y trae consigo repercusiones negativas para la salud mental. En el cerebro las neuronas están separadas por un espacio vacío llamado hendidura sináptica. Cada vez que tenemos una idea, un pensamiento, una sinapsis, se dispara un químico a través de esta hendidura, creando un puente por el que cruzará una señal eléctrica. “Cada vez que se activa esta carga eléctrica, las sinapsis se agrupan para disminuir la distancia que esta carga eléctrica tiene que cruzar: el cerebro cambia sus propios circuitos, para hacer más fácil y más probable el desencadenamiento del pensamiento”

 Es vital dejar de lado la manía de quejarse y cambiar nuestra forma de hablar. ¿Qué tal si detectamos, rechazamos y desechamos toda palabra de queja de tu vocabulario?

  •           Cuando nos quejamos pecamos contra el carácter de Dios. Es decir, ponemos en duda que Él es un Dios bueno, poderoso y fiel. Es una manifestación de injusticia, y tratamos de cuadrar todo a nuestro acomodo. Consideramos lo bueno, malo y lo malo, bueno.
  •          La queja se convierte en amargura que contagia a los demás.
  •          Terminamos siendo codiciosos, ya que la queja nos lleva a querer más y más.
  •          Destruye el gozo, el bienestar y nos impide disfrutar lo que Dios hace por nosotros.

 Quejarse por un dolor físico o emocional concreto, es completamente normal y, además, saludable. Las exclamaciones de insatisfacción, en estos casos, ayudan a liberar parte de la carga que supone la situación. Son la expresión de la aflicción por una realidad que se escapa de las manos y frente a la cual, no queda más recurso que el lamento. Sin embargo, existe la incesante manía de quejarse.

 Hay otro tipo de queja que no corresponde a esos estados excepcionales de dolor. De hecho, quejarse se convierte para algunas personas en un verdadero deporte. La incesante manía de quejarse no solo afecta a las personas que se quejan, sino también a su entorno.

 La insatisfacción inicial pudo haber surgido por un motivo razonable. Una pérdida, un abandono, una mala experiencia. Pero cuando se instala en el lenguaje y en la vida de una persona, poco a poco va volviéndose cada vez más trivial. Si antes se quejaba por una experiencia traumática, ahora se queja del calor, del frío, del día, de la noche, de la tele, o del ruido de una mosca que voló.

 Estas personas son altamente dañinas para quienes les rodean. En principio pueden despertar cierta solidaridad, pero con el tiempo se hacen insoportables. Cuando los demás le expresen sus reparos, el quejoso estará feliz: ya tiene un nuevo motivo para lamentarse. Esa es su tragedia.

 ¿Te quejas en demasía? Piénsalo y cálmate.

S.A.G.- 20 – MAR – 2023 


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