Para los fines de este estudio, se empleará el término “líder
de alabanza” para describir a una persona que no forma parte del ministerio
quíntuple y que se encarga de dirigir la música durante las reuniones de la
iglesia.
El Ministerio Quíntuple se refiere a los cinco dones
espirituales que Jesucristo otorgó a la Iglesia (Apóstoles, Profetas,
Evangelistas, Pastores y Maestros), según Efesios 4:11, con el propósito de
dotar a los creyentes con las herramientas necesarias para la obra del
ministerio, edificar el cuerpo de Cristo y alcanzar la unidad en la fe y el
conocimiento de Jesús. Estos roles resultan de vital importancia para el
gobierno, el orden y el crecimiento de la Iglesia, ya que permiten que cada
miembro desarrolle sus dones y preste servicio de manera efectiva.
Según lo establecido en Hebreos 13:17, son los pastores,
no los líderes de alabanza, quienes tienen la responsabilidad de informar i dar
cuentas a Dios sobre los miembros de la iglesia. Los pastores son los
encargados de la enseñanza y del repertorio de canciones de la iglesia. Resulta
imperativo que los pastores tengan conocimiento previo sobre las canciones que
serán interpretadas, así como que desempeñen un rol activo en la selección de
las mismas. Como líder de alabanza, es fundamental que te asegures de cumplir
con todos los requisitos necesarios para obtener la confianza del pastor.
Es imperativo comprender y aceptar que la Palabra de Dios
tiene una relevancia superior a la de nuestras propias palabras para Él (Isaías
66:2; Salmo 19:7...11). Es crucial reconocer la importancia de proclamar la
Palabra de Dios con fervor y compromiso. Es fundamental que se realice un
esfuerzo por conocer la Biblia más allá que el propio instrumento. La misión
que nos incumbe es la de interpretar, expresar y divulgar la Palabra, así como
contemplar y orar en su nombre. Todo ello debe llevarse a cabo de manera
cantada.
Prácticamente el alabante discípula a la congregación con
lo que canta. Somos lo que cantamos. Entonces, escoge nuestras canciones
sabiamente: Colosenses 3:16: "La palabra de Cristo more en abundancia en
vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando
con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos
espirituales"
Es pertinente mencionar que las congregaciones religiosas
tienden a recordar más las palabras de los sermones que las melodías entonadas.
Por favor, construya un repertorio de canciones que nos permita expresar la
variedad de los aspectos de la gloria de Dios. Es importante prestar atención a
las introducciones de las canciones, ya que el líder de adoración no es el
predicador. Su función principal es facilitar que la Palabra de Cristo impregne
nuestras vidas mientras cantamos, en lugar de centrarse en la prédica. Es
importante mantener la discreción y la mesura en el discurso. Seleccione
canciones de calidad y permita que estas sean el recurso educativo.
Como líder de alabanza, su función es respaldar el canto
en la congregación, evitando tanto el agobio como la sustitución (Efesios 5:18…19;
Apocalipsis 5:9...10). Es crucial asegurar que el encargado de sonido esté
plenamente consciente del valor intrínseco de la voz de la congregación. Si la
voz de usted es la única que se escucha, algunas personas podrían experimentar
dificultades para identificar la melodía. Es importante evitar asumir que los
instrumentistas requieren tocar de manera constante. En ocasiones, se ha
observado una interrupción en la interpretación musical por parte de algunos
miembros, permitiendo así la expresión vocal sin acompañamiento instrumental.
Por favor, seleccione canciones apropiadas para la
congregación, teniendo en cuenta su nivel de habilidad y su capacidad para
interpretar las piezas musicales seleccionadas. Mas de una vez, se ha observado
la necesidad de modificar la disposición, el ritmo o el ambiente de una pieza
musical con el propósito de ofrecer a la congregación una nueva perspectiva
para la interpretación de las letras..
Su participación no se centra únicamente en el canto,
sino que su objetivo principal es elevar sus propias voces. Si se requiere
cantar con mayor intensidad, se recomienda ocasionalmente incorporar diferentes
tonos que potencien el impacto y el significado de las letras interpretadas.
Las congregaciones pueden experimentar fatiga si se les exige cantar en notas
que no han sido diseñadas para su voz.
Le solicitamos respetuosamente que limite la presentación
de nuevas canciones, ya que esto nos impide aprender y beneficiarnos de ellas.
Ciertamente, resulta perfectamente factible aprender un par de canciones cada
semestre. Aprender cuatro canciones en un mes no es una tarea que pueda ser
llevada a cabo de manera eficiente. Actualmente, disponemos de un acceso
inmediato a una cantidad de canciones sin precedentes en la historia. Por
favor, proporcione aquellas que contribuirán al enriquecimiento espiritual. Si
su objetivo es colaborar con nosotros, no será necesario que intente
impresionarnos.
Es imperativo aceptar las críticas de manera profesional
y constructiva. La condición de líder o músico no implica una superioridad
inherente. El mal humor, la susceptibilidad, el orgullo, la irresponsabilidad y
la pereza no son consecuencia de un temperamento, sino de una soberbia interna.
Establecer contacto con personas ajenas a la comunidad musical de la iglesia
puede proporcionar una nueva perspectiva y una fuente de inspiración.
Su objetivo como líder no radica en la demostración de su
habilidad para cantar, sino en la guía y la participación activa. Es esencial
observar atentamente a la congregación, ya que, por lo general, si las personas
en la iglesia no están cantando, se está demostrando la capacidad individual
para hacerlo, en lugar de liderar la adoración congregacional. Es imperativo
que las personas canten. Es crucial liderar con atención y estar atento a las
respuestas del público.
Tú no eres el Espíritu Santo, pero puedes depender de Él.
La música, en su esencia, no posee la capacidad
intrínseca de transformar nuestras emociones, iluminar nuestras mentes o
modificar nuestros patrones de conducta. No obstante, es pertinente considerar
que el Espíritu de Dios posee la capacidad de superar estas expectativas. No es
necesario indicarles que “canten más alto”, que “canten como si lo sintieran” o
que les exhortemos con un “¡vamos!”. Es preciso proporcionar combustible
doctrinal para el fuego emocional y confiar en que el Espíritu hará el resto. Cuando
se dedica tiempo a la oración y se le pide a Dios que conceda el poder
necesario para llevar a cabo las tareas diarias, se adquiere la capacidad de
liderar con una confianza humilde y accesible.
Finalmente, Cristo es nuestro líder de adoración, no tú
ni yo (Hebreos 2:11…12, 8:1…2). No tienes que traernos al trono. Cristo ya lo
hizo (Hebreos 10:19…22). No tienes que sentir presión o estar ansioso cuando
nos lideras. Cristo perfecciona todas nuestras ofrendas (1 Pedro 2:5).
Entre más nos señales lo que Cristo ha hecho y hace por
nosotros, menos te veremos a ti y más nos beneficiaremos de las formas en que
Dios te ha dotado.
Si usted es pastor y se identifica con algunas de estas
observaciones, le instamos a que no dude en compartirlas. Por favor, considere
invitar a su líder de alabanza a cenar y exprese su aprecio de manera
específica. En ese sentido, se invita a reflexionar sobre las áreas de
oportunidad que podrían ser objeto de mejora. Es pertinente considerar la
posibilidad de que la intervención divina pueda generar resultados inesperados.
S.A.G.
- 18 – ENE – 2026 (Estudio No. 868)
Si deseas escribirnos o
pedir que nuestros estudios te sean enviados por email, puedes solicitarlos a: igelrenuevo@gmail.com
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