Salmo
90:12 NVI "Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón
adquiera sabiduría."
Vivimos
tiempos inciertos. La pandemia mundial ha y esta transformado la vida de
millones de personas en una forma insospechable. Los cambios se han dado tan
rápidamente que nos han tomado por sorpresa a la mayoría de la población en
todo el mundo.
Todos
estamos tratando de adaptarnos a esta nueva realidad con la esperanza de que termine
pronto, aunque es imposible decir cuánto durará y cuáles serán sus consecuencias
para todos.
En
estos días de cambios y de confinamiento en casa he estado recibiendo consultas
de hermanos en Cristo, que me hacen meditar en diferentes principios basados en
mi punto de vista como seguidor de Jesucristo, tales como:
1. La vida
es corta y los seres humanos somos frágiles.
Las
crisis nos recuerdan que todos somos vulnerables, frágiles y susceptibles a
enfermarnos, inclusive a morir repentinamente. Somos tendientes a hacer planes
para el futuro pensando que tenemos el dominio de nuestras vidas, pero basta un
pequeño virus, un microorganismo que no podemos ni ver, para alterar
completamente nuestras rutinas y destruir nuestros planes.
Olvidamos
a 1 Pedro 1:24 NVI: "Porque todo mortal es como la hierba, y toda su
gloria como la flor del campo; la hierba se seca y la flor se cae"
2. Todos
somos iguales.
Las
enfermedades y calamidades no diferencian entre personas, afectan a todos por
igual. Los seres humanos tratan de marcar diferencias económicas, sociales o
culturales, pero el Covid-19 nos vino a demostrar que todos podemos enfermarnos
y que todos estamos interconectados y que nos necesitamos unos a otros.
No
importa en qué país vivamos, qué edad tengamos o a qué nos dediquemos, todos
somos importantes y necesarios en este mundo. Solamente se puede detener la
propagación del virus con la colaboración fraterna de todos.
Eclesiastés
3:19 NVI "Los hombres terminan igual que los animales; el destino de ambos
es el mismo, pues unos y otros mueren por igual, y el aliento de vida es el
mismo para todos, así que el hombre no es superior a los animales"
3. Cada
vida es importante.
Genesis
1:27 NVI “Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios.
Hombre y mujer los creó,”
La
imagen de Dios es la base fundamental para el valor y dignidad de absolutamente
todas las personas. La Biblia enseña que Dios es el dador de la vida, por lo
que desde la concepción hasta la tumba debemos proteger y valorar la vida de
todos.
La
vida humana no tiene precio y no importan las consecuencias económicas que una
catástrofe como la que enfrentamos traiga, debemos luchar a toda costa por
cuidar las vidas de todos. Cualquier llamado a “sacrificar” a unos por el bien
de otros es deleznable y contrario a la dignidad dada por Dios a todos los
seres humanos; de ahí que la vida de los ancianos es igual que la del niño y el
joven.
4. Dios
está cerca, es nuestro refugio en medio de la tormenta y la hecatombe que
enfrentemos.
No
importa si los problemas son pequeños o grandes o si las consecuencias parecen
imposibles de soportar, nuestro Dios es la única fuente de verdadera seguridad
y podemos confiar en Él.
Proverbios
18:10 RV: "Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y
será levantado"
Dios
cuida de nosotros como lo menciona el Salmo 121 y podemos corroborarlo a lo
largo de toda la Escritura; sé que muchos lo hemos experimentado durante
nuestras vidas. Los cristianos sufrimos como todos los demás, pero lo podemos
hacer con la paz que Dios nos da al saber que nuestro Padre Celestial está al
pendiente de nosotros.
El
miedo ha ocasionado en países dis que, desarrollados como los Estados Unidos,
que la venta de armas haya aumentado considerablemente o como sucedió al inicio
de la pandemia en el mundo entero con las compras de pánico de artículos como
el papel de baño se han dado de manera casi incontrolable. Dios no nos ha dado un
espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio (2 Timoteo 1:7) que nos
permite enfrentar las circunstancias confiados y en completa paz (Isaías 26:3).
5. El
amor al prójimo es la prueba fundamental de nuestra fe.
Juan
13:13: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los
unos con los otros”.
En
tiempos de crisis, nuestro genuino amor por los demás es la luz a un mundo
oscurecido por los problemas. Este amor es concreto y tiene como ejemplo máximo
el amor que Jesús nos demostró al morir por nosotros en la cruz (Juan 13:34).
Una
muestra de ese amor, que puede parecer sencilla, pero es fundamental en estos
momentos, es mantener nuestra distancia social para con los demás no
necesariamente para cuidarnos a nosotros mismos sino para cuidar a los demás.
Nuestra perspectiva y misión debe ser el bien común y necesitamos hacer lo
necesario para proteger el bienestar de los demás.
También
esta crisis mundial por el coronavirus, está evidenciando la enorme desigualdad
social y económica de todos los países, pero que se palpa con más claridad en
los países en vías de desarrollo. Tristemente son los pobres los que tendrán el
mayor impacto de esta pandemia mundial y todos tenemos la responsabilidad de
ayudar a los más necesitados y luchar por reconstruir un mundo en donde haya
más justicia y equidad.
6. La paz
completa y la redención final aún está por venir.
Los
cristianos vivimos con la esperanza de un mundo mejor aún por venir. Esto no
quiere decir que en el presente no nos preocupemos por tener un mundo mejor
para todos, sino que hacemos lo mejor que podemos en el presente, pero también
esperamos la segunda venida de Jesús en donde por fin disfrutaremos de la
plenitud de la vida que Dios quiere para todos nosotros.
Las
tres virtudes cristianas son la fe, el amor y la esperanza. Nuestra fe en
Cristo nos sostiene, nuestro amor por Dios y por los demás nos define y nuestra
esperanza nos alienta a seguir adelante en medio de las dificultades. En las
circunstancias a las que nos enfrentamos estos días, lo animo a que juntos
unamos al clamor del apóstol Juan al recibir la promesa de Jesús al final de
las Escrituras: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en
breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” Apocalipsis 22:20.
S.A.G.
01 JUL 2020


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