Mateo 26:52: “Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”
Esta expresión tan antigua como la Biblia que se expresa en el Evangelio de Mateo, se atribuye a Jesús, quien pide a uno de los sus compañeros que guarde su espada.
Esta frase actualmente tan vigente, tiene relación con la creencia o confianza de que el tiempo pone las cosas en su lugar y que quien actúa de una manera negativa recibe en pago el mismo daño que causó.
Esto es lo que está sucediendo estos días en mi país El Salvador, por años pandilleros y malos políticos quisieron forjarse una imagen de implacables, que generó una tormenta de todo tipo de abusos en los instintos y las más bajas pasiones que Satanás puede poner en los hombres. De esta generación de degenerados, no se salvaron muchos y tristemente hemos visto cristianos y hasta pastores incluidos en ellos.
Actualmente, el país, con sus tres órganos que dan vida al estado, libran una batalla abierta contra estos pandilleros y contra aquellos políticos corruptos, ladrones y abusadores del erario nacional. Gobernantes que con sus familias y amigos cercanos irrespetaron al pueblo y generaron mas y mas pobreza y pandilleros que con alianzas con esos políticos y gobiernos, se lacraban del pueblo con uso de violencia generalizada.
Ahora un nuevo régimen combate a estos parásitos, asesinos sociales, que dejaron a tantas familias sin nada, ahora vemos como al perderse una valor de la convivencia humana como lo es el respeto, una sociedad entera puede ser sometida.
Respetar es un valor de suma importancia para el ser humano. Quien no es respetuoso, se gana problemas con otras personas. Cuando dos personas no tienen paz entre sí mismas, sin duda que hay una falta de respeto. El respeto se aplica en nuestra relación con los demás y tiene que comenzar con nosotros mismos, Pablo al respecto dice: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos” (Romanos 12:18).
Pedro para indicar de manera imperativa a quiénes debemos tratar con respeto, comienza diciendo: “Den a todos el debido respeto: amen a los hermanos” (1 Pedro 2:17). Obviamente no se trata de amar o respetar a los hermanos sin antes ser respetuosos con los de nuestra propia familia, porque entonces solamente seríamos protagonistas de una viva hipocresía; sino que lo que practicamos en la vida familiar también lo pongamos en práctica primeramente con nuestra segunda familia, la familia de Dios. Una familia cristiana no debe proceder con sentimientos ni acciones negativas, pecaminosas en contra de aquellos que son nuestros hermanos que también están transitando en la misma fe en Cristo Jesús. La instrucción de Pedro, es clara.
Sigue diciendo el texto bíblico: “teman a Dios, respeten al rey” (1 Pedro 2:17). Respetar a las autoridades, no es un detalle ajeno a nuestros deberes para con Dios. Es interesante que Pedro, menciona juntos estos dos conceptos, porque respetar es una evidencia del temor que una persona, tiene primeramente a Dios y luego aplica para cualquier autoridad que tengamos al frente. Se debe respetar la autoridad de nuestros gobernantes, la autoridad del policía, la autoridad de papá y mamá, la autoridad del maestro de la escuela, la autoridad de la iglesia, etc.…
Es en el hogar donde especialmente los padres tenemos que enseñar el respeto de nuestros hijos hacia toda autoridad. Tenemos que enseñar y ganarnos el respeto de nuestros hijos hacia sus propios padres. Pero también es necesario que enseñemos a nuestros hijos a respetar a los maestros cuando están en la escuela, a los policías cuando están transitando en las calles, porque ellos son autoridades en sus respectivos ámbitos de trabajo.
Pedro concluye en el versículo 18: “Criados, sométanse con todo respeto a sus amos, no solo a los buenos y comprensivos, sino también a los insoportables” (1 Pedro 2:18). La relación criado-amo era una relación laboral común en la época apostólica que tenía cierto sentido de ser un esclavo que trabaja para una persona rica. Los amos podrían ser “buenos y afables” pero también podrían ser “difíciles de soportar”. Sin importar qué tipo de amo le corresponda, Pedro les instruye que tienen que estar sujetos y ser respetuosos.
En la actualidad no existe la relación laboral criado-amo, sino la relación empleado-patrón, sin embargo, para los que somos cristianos, el principio o el valor del respeto no cambia. Es necesario delante de Dios respetar a nuestros patrones.
Es respeto cuando un trabajador llega a tiempo en su trabajo, pero es falta de respeto cuando uno se toma la libertad o el mal hábito de llegar tarde al trabajo y por si fuera poco, también de retirarse antes del tiempo establecido. Es respeto cuando un trabajador cumple el mínimo de producción o rendimiento que le han encargado, pero es falta de respeto cuando uno se pasa el tiempo de trabajo haciendo otras cosas.
Seamos siempre respetuosos con los hermanos con quienes convivimos una y otra vez, son nuestra familia, la familia de Dios que Él mismo nos comparte.
Seamos respetuosos con las autoridades que Dios ha establecido en nuestro entorno civil, religioso, escolar, judicial, familiar, etc.… son puestos por Dios para que mediante la autoridad de ellos aprendamos a ser obedientes ante el prójimo y ante Dios mismo.
Seamos respetuosos con los patrones, las personas a quienes tenemos el privilegio de servir en el nombre de Cristo con nuestro oficio o con la profesión que Dios nos ha permitido aprender y practicar para obtener el pan de cada día.
Pero sobre todas las cosas, seamos primeramente respetuosos comenzando con nuestra propia familia, con la esposa, con el esposo, con el padre, con la madre, con los hijos o hijas, con los abuelitos, etc.…
Si existe una persona, sea natural o jurídica, que impida el libre ejercicio de la vida, en todos sus goces, está incurriendo en una infracción de las leyes y es digna de denuncia, juicio y condena penal aquí en la tierra.
S.A.G.- 11 – ABR – 2022


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