Acéptalo, Dios Al Que Ama… - Por Saúl Guevara


Proverbios 3.11…12 “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere”

 Tocar de este tema es difícil. No nos gusta, aun cuando sabemos que es necesario. Y si observa bien, cada vez se trata menos este tema en las iglesias.

 ¿Por qué no nos gusta? Respondamos con la Biblia: Hebreos 12:11 “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”

 Dice: “pero después da fruto” y sabía usted que muchos no llegan a él. Esto es una enorme verdad que sabemos, especialmente los que somos padres.

 De niño es difícil entenderlo. Muchos de niños pensamos: cuando sea mayor no disciplinaré a mis hijos, los criaré en libertad y amor. Pero cuando ya estamos grande y con hijos terminamos disciplinándolos y no precisamente por falta de amor, sino justamente porque los amamos.

 Dios enseña a:

 ·         No menospreciar la disciplina.

 Quien la menosprecia jamás entenderá su utilidad. Todos hemos visto a un niño mal criado. Y se cumple lo que dice el Proverbios 29:15 “La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”

 El problema viene a veces, de la persona que nos corrige. Porque, en ocasiones estamos dispuestos a recibir la corrección de algunas personas, pero no de otras. Por ejemplo, muchos jóvenes son capaces de aceptar la disciplina de un extraño, pero no de sus propios padres. Pero sea quien sea quien nos disciplina o quien Dios use para disciplinarnos, si algo debemos entender es que esa persona nos ama. Pues, si no nos amara no se arriesgaría a disciplinarnos. Por ello está escrito: “Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez”. Proverbios 19.20.

 Varios creen que los viejos son sabios porque son viejos y no es cierto. Porque no todos los viejos son sabios. Lo sabios lo son porque recibieron el consejo y la disciplina. Si no aceptamos el consejo y la disciplina, aun cuando seamos viejos seremos, no sabios, sino necios.

 También está escrito: “El necio menosprecia el consejo de su padre; Mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente” Proverbios 15:5 La prudencia no es algo que se hereda, sino que se aprende en la disciplina.

 Así que hay beneficio en aceptar la corrección y la disciplina.

 ·         No te fatigues de la corrección.

 A veces, aun entendiendo la utilidad de la disciplina, nos cansamos y nos damos por vencidos. Muchas veces hemos oído: “Ya no puedo más con este niño”. Este error lleva al fracaso. Es la perseverancia lo que finalmente le llevará al éxito, en la ardua tarea de la educación de los hijos.

 Ahora, bien, todo esto está bien cuando se trata de disciplinar a nuestros hijos, pero ¿Qué ocurre cuando se trata de que se nos discipline a nosotros? ¿Cómo solemos actuar cuando es Dios el que nos disciplina a nosotros?

 En nuestra relación con Dios, Él es el Padre y nosotros los hijos. Muchas veces necesitamos corrección. Pero en no pocas veces, reaccionamos contra la disciplina como si Dios, o la persona que Dios usa, quisiera hacernos daño. Cuando es todo lo contrario, intenta evitarlo.

 Cuesta entenderlo. Pero al final, acabamos viéndolo. Por eso está escrito: “Camino a la vida es guardar la instrucción; Pero quien desecha la reprensión, yerra” Proverbios 10:17.

 ·         El ejemplo de Dios.

 A veces, actuamos como niños. Y niños mal criados. ¿Sí o no?

 

Alguien compartió una vez una historia al respecto de esto: No debemos ser como el niño que se paraba constantemente en el banco de la iglesia. - Juanito, siéntate en el banco, por favor- le decía su papá. Juanito se sentaba por un rato, pero después de un momento se volvía a parar. De nuevo su papá le decía: - Juanito, siéntate en este instante-. Se sentaba para volverse a parar en pocos minutos. Finalmente, el papá, cansado de decirle lo mismo, exclama: - Juanito, si no te sientas en este instante y permaneces sentado, te llevaré al baño y te disciplinaré en cierta parte del cuerpo que tú ya sabes-. Juanito se sienta muy desconcertado, con la cara hacia abajo y haciendo un gesto de muy mal gusto, dice: ¡Estaré sentado por fuera, pero sigo parado por dentro!

 Muchos de nosotros nos comportamos como Juanito. Aceptamos la disciplina, pero no permitimos que realmente cambie nuestra manera de vivir. El Señor espera que seamos sumisos a la corrección para que nos transforme en esas personas que, con tanto amor, Él quiere que lleguemos a ser.

 Menospreciamos y nos cansamos de la disciplina del Señor. Nos cuesta porque, el que nos corrijan, no parece ser causa de gozo. ¿Menosprecia Dios el valor de la disciplina? Desde luego que no. ¿Se cansa de corregirnos? Tampoco. Por tanto: Oremos que Dios nos haga entender Su Palabra.

 Seamos dóciles a la disciplina del Señor. Porque lo hace por amor. E imitemos a Dios como padres y a Cristo como hijos.

S.A.G. – 23 – MAY – 2022

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario