Muchos cristianos, por ignorancia o porque se lo han
inculcado sus pastores o alguna otra autoridad, tienen la creencia
de que es imposible para un verdadero creyente deprimirse a menos que esté en
pecado, tenga falta de fe o falta de conocimiento bíblico. Sin embargo, un
estudio de la Palabra demuestra que varios profetas se deprimieron: algunos por
su propio pecado (como David), y otros por el pecado del pueblo (como Moisés).
Al
decir que todos los deprimidos lo están por haber pecado, hacemos mucho daño a
los que están deprimidos por razones médicas. Ellos terminan sintiendo los
síntomas típicos de la depresión y además la culpabilidad por “haber pecado”,
cuando muchas veces no lo han hecho.
Generalizar
de esta forma a creyentes con depresión, convierte a sus detractores en
personas como los amigos de Job, quienes dieron consejos y explicaciones sin
entender completamente la situación. Algo típico en los ignorantes.
La
depresión y la tristeza están vinculadas, pero no son lo mismo. La tristeza es
una emoción que todos vivimos, a menudo después de eventos estresantes o
perturbadores de la vida. La depresión es un trastorno de salud mental
abrumador y continuo que puede impactar drásticamente en la vida diaria.
¿Cuándo
la tristeza se convierte en depresión?
La
depresión es más que tan solo sentirse triste o tener un mal día. Cuando la
tristeza dura bastante tiempo e interfiere con las actividades normales
diarias, usted podría estar deprimido. Los síntomas de la depresión incluyen el
sentirse triste o ansioso con frecuencia o todo el tiempo.
La
depresión es un padecimiento que se ha propagado grandemente afectando a
millones de personas, tanto a cristianos como a no cristianos. Quienes sufren de
depresión pueden experimentar intensos sentimientos de tristeza, ira,
desesperanza, fatiga y una variedad de otros síntomas. Pueden empezar a
sentirse inútiles y aún pensar en el suicidio, perdiendo interés en cosas y
personas con las que antes disfrutaban. Con frecuencia la depresión es
provocada por las circunstancias de la vida, tales como la pérdida del trabajo,
la muerte de un ser querido, el divorcio o problemas psicológicos como el abuso
o la baja autoestima.
La
biblia nos dice que estemos llenos de gozo y alabanza (Filipenses 4:4; Romanos
15:11), así que aparentemente Dios propone que vivamos vidas con gozo. Esto no
es fácil para alguien que atraviesa por una situación depresiva, pero ésta
puede mejorar a través de los dones de Dios en la oración, estudios bíblicos y
su aplicación, grupos de apoyo, compañerismo con otros creyentes, confesión,
perdón y consejería. Debemos hacer un esfuerzo consciente para no estar centrados
en nosotros mismos, sino, dirigir nuestros esfuerzos al exterior. Los sentimientos
de depresión con frecuencia pueden resolverse cuando el que sufre quita la
atención de sí mismo y la pone en Cristo y los demás.
La
depresión clínica es una condición física que debe ser diagnosticada por un
médico especialista. Puede no ser causada por circunstancias, ni los síntomas
pueden ser aliviados por voluntad propia. Contrariamente a lo que algunos creen
en la comunidad cristiana, la depresión clínica no siempre es causada por el
pecado. En ocasiones la depresión puede ser un desorden que necesita ser
tratado con medicamentos y/o consejería. Desde luego, Dios es capaz de curar
cualquier enfermedad o desorden; sin embargo, en algunos casos, el consultar a
un doctor por una depresión, no es distinto a ir a un médico por una herida.

Hay
algunas cosas que pueden hacer quienes sufren de depresión, para aliviar su
ansiedad. Deben asegurarse de estar firmes en la Palabra, aun cuando no sientan
deseos de hacerlo. Las emociones pueden desviarnos, pero la Palabra de Dios
permanece firme e inmutable. Debemos mantener firme también nuestra fe en Dios,
y acercarnos aún más a Él cuando pasemos por tribulaciones y tentaciones. La
biblia nos dice que Dios nunca permitirá en nuestras vidas, aquellas
tentaciones que estén más allá de nuestra capacidad para manejarlas (1
Corintios 10:13). Aunque el estar deprimido no es pecado, el cristiano sí es
responsable de la manera cómo responda a la aflicción, incluyendo el obtener la
ayuda profesional que necesite. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios por medio de
Él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre”
(Hebreos 13:15).
Alábale.
La alabanza tiene un poder increíble de “soltar, liberar, desatar las cadenas
que te oprimen”; así que la próxima vez que experimentes frustración enciende
la radio en tu casa, en tu automóvil o en tu oficina y ponte a cantar a Dios a
todo pulmón, hacer esto no solo liberará tensiones, sino que elevará tu
espíritu fuera de los problemas que te atormentan.
Declara
Liberación. En varias ocasiones hemos enseñado que nuestras palabras tienen
poder y hoy lo vuelvo a decir. Así entonces en vez de “maldecir tu suerte”,
criticar tu situación o quejarte por aquello que te está frustrando, dale la
vuelta y di todo lo contrario, ¡bendice tu frustración! En vez de quejarte
alaba, en vez de deprimirte declara victoria, en vez de enojarte di “¡todo lo
puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:13).
La
solución que busca, no está en ningún hombre, no está en tu esposo, no está en
tu esposa, no está en tus hermanos, ni si quiera está en tu pastor, ¡el único
que puede sacarte de esto es Jesucristo! Y lo tienes que buscar como nunca
antes lo has hecho. Tienes que clamar: ¡Señor, te necesito!
Siga
el consejo del Salmista:
Salmos
55:16…18 “En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y
a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. Él redimirá en paz mi alma de la
guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos…”
S.A.G.
– 16 – ENE – 2023
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